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Acerca del vacío en arte y psicoanálisis20/09/2013- Por Mariela Rodríguez Rech - Realizar Consulta
El recorrido por diferentes textos en relación al concepto del vacío en el arte y en el psicoanálisis me llevaron a cambiar mi manera de mirar. La incorporación de ciertos conceptos, su articulación con la clínica y con algunas producciones artísticas, me generaron una serie de preguntas que no tienen respuestas acabadas y certeras. El presente ensayo aspira a compartir este viaje de reflexión y pensamiento, luego del cual, como en todo viaje, uno ya no es el mismo: atravesado por lo nuevo, conmovido, impelido a nuevas búsquedas, desea llegar a la orilla y volver a zarpar.
“Lo que no se puede ver, sólo el arte puede mostrarlo”.
Gérard Wajcman
El arte y la mirada
El artista realiza un recorrido interno para plasmar en la tela, en la hoja en blanco o en el material en bruto una producción, una obra que podemos leer como un significante bañado de múltiples sentidos. El espectador, quien mira, será quien pueda develar también a partir de un recorrido un sentido para él.
Se produce así un encuentro de elementos interactuando: el autor, el espectador, la obra y un objeto que esa obra plasma. Todos interrelacionado. Hay un autor además -el artista- que plasma en ese acto un deseo de hacer ver y por el lado del espectador un deseo de mirar, de develar qué hay para ver en esa obra.
En esta experiencia emocional que es el arte, hay un recorrido que ambos protagonistas tienen que transitar desde un punto de vacío, desde la nada en la que el objeto podría ser prescindible. En tanto menos vemos ese objeto, menos a la vista está, más hay para ver. Mientras más despojados estemos y lo esté la obra de arte, la creación artística, más podremos ver en profundidad esa nada dispuesta a mostrarse. No importa la masa sino el hueco, no importa en un punto el objeto visible, sino develar la incógnita detrás del velo, descifrar el enigma que porta toda obra de arte.
En este sentido me parece importante rescatar esta posición del arte: muestra, llama a mirar, invoca a hacerse cargo de eso que uno como espectador está dispuesto a develar. Correr el velo tiene sus riesgos: nos implica, aunque no querramos ver. Esta es la esperanza que lleva implícita el arte como construcción: nos saca del aletargamiento, nos cuenta de aquello que no queremos saber, nos amortigua en parte, del profundo desasosiego de ser Sujetos en el tiempo.
La producción artística, cualquiera sea, nos saca del desgarramiento inicial, estructural, de la nada, del vacío, para -como el Ave Fénix- volver a surgir. Vaciar para crear. La nada creadora, productora de sentido. Es el artista el que en su recorrido desnudará al objeto, reducirá los elementos a la mínima expresión, se desprenderá del aspecto material del objeto para así dejar entrever la nada detrás de la que se encubre todo.
Pensemos en obras como “La Rueda” de Duchamp; o “Cuadro negro sobre fondo blanco” de Malevich, en el que por medio de la abstracción geométrica se sumerge en la búsqueda de la nada para lograr la supremacía del sentimiento puro; liberar al arte del mundo de los objetos. Pensemos en algunas obras de Klee, en autores como Kandinsky, Gertz, Ulman y tantos otros de distintas ramas del arte que han marcado con sus obras lo importancia de mostrar la ausencia, portadora de una contundente presencia.
La clínica y el silencio
Haciendo un parangón entre lo mencionado más arriba y nuestra tarea analítica me pregunto una y otra vez: ¿qué me dice el paciente en su silencio? ¿Acaso ese ser callado no grita en su mudez? Como una obra de arte, analista y analizado (cada uno desde su posición diferenciada) no deben recorrer un camino desde el vacío, la nada, para construir, armar y dejar fluir a partir de la palabra? Es el silencio del analista que apunta a la voz muda que grita en el silencio del paciente y lo convoca, lo invita, como una obra de arte, lo insta a hablar, a poner en palabras algo del orden de lo indecible para que devenga una palabra enunciada, con sentido, y de ahí el despliegue de todo sentido.
Es como el creador, sobre esa nada: la hoja en blanco, la tela, la arcilla, el paciente desde su silencio, su “no tengo nada que decir”, tendrá que crear una red significante, una letra que lo ubique como protagonista y creador de su propia obra. Empezará un viaje dispuesto a surcar múltiples geografías para también llegar a la orilla y volver a zarpar. Podrá incluirse en una historia con sentido, podrá narrar, trazar los hilos de su propia existencia, hacerse un nombre propio y escribir su propia historia.
Monumentos invisibles
Me detengo en Jochen Gerz, artista moderno denominado conceptual, alemán, contemporáneo, que vive en Francia. Gerz tiene una particularidad: trabaja justamente sobre esta “nada para ver.” Los monumentos que construye, sus obras de arte, tienen que ver con esta separación del objeto, de la imagen y su acento en la palabra. No es casual que los inicios artísticos de Gerz tengan que ver con la poesía y la prosa.
Gerz se basa en la siguiente concepción: la obra de arte moderno debe partir de una operación de vaciamiento. Las imágenes se desgastan y son las palabras las que deben venir en su lugar.
Si nos detenemos a pensar y observamos detenidamente, los monumentos son objetos escultóricos que se instalan en un determinado lugar y en un cierto tiempo, y se supone que evocan algún acontecimiento del pasado que ha tenido una impronta emocional para una determinada cultura y sociedad.
Pero vamos un poco más allá: ¿no serán estos monumentos, con toda su grandeza y grandilocuencia, un intento de ocultar, más que de mostrar? ¿No será que estos monumentos están hechos justamente para no ser vistos? No hay mejor manera de invisibilizar algo que evidenciarlo todo lo posible. Si hay algo que se quiera recuperar no será a partir de los monumentos, del objeto, de la imagen, sino mediante la palabra.
De todas las obras de este artista una particularmente me llamó la atención porque me parece que muestra de manera muy consistente lo anteriormente expuesto: ”2146 piedras - Monumento contra el racismo,” realizado en 1993 en Sarrebruck, Alemania. En una avenida de 250 mts, en la cual la Gestapo tuvo su cuartel general, compuesta por 8000 adoquines, Gerz tomó al azar 2146, número que hace referencia a la cantidad de cementerios judíos que había en Alemania en 1939.
En cada uno de esos adoquines se grabó el nombre del cementerio y luego cada adoquín fue reimplantado hacia abajo, es decir que la inscripción no se ve. La avenida tiene así un aspecto intacto, nadie sabe dónde están esos 2146 adoquines grabados. No se ve nada. La única marca es el nombre: “Plaza del Monumento Invisible.”


Muchos artistas evocan estas ausencias y trabajan a los fines de mostrar esta presencia contundente. Micha Ulman, escultor israelí construye en 1995 la Biblioteca Subterránea en la Plaza August-Bebel de Berlinza, Alemania, plaza en la que en 1933 estudiantes nacionalsocialistas quemaron libros como un modo de protesta. La obra se puede distinguir a través de un cristal subterráneo por donde se ve una biblioteca vacía. Estos lugares vacíos obligan a recordar, a hablar de lo que no está.

Estas obras, como tantas otras, son una muestra muy fuerte, al modo de una metáfora, de todo lo mencionado anteriormente.
El arte, como el psicoanálisis, tienen esa esperanza de hacernos ver, de despertarnos y ponernos a mirar, a comprometernos en eso que develamos por más doloroso que sea, para que por medio de la palabra, eso tan doloroso, indecible y atroz, ocupe otro lugar.
Estas obras antes mencionadas en su nada para ver, no muestran. No hay imagen, los adoquines no se ven, los libros no están. Los Monumentos muestran que hay que hablar sobre lo que representa el lugar, hay que poner en palabras por que la Ausencia es el gran Real.
A modo de conclusión
Arte y Psicoanálisis descansan sobre el zócalo de la Ausencia.
La propuesta es despojarnos, vaciar para crear, desprendernos de tantas imágenes, de tantos objetos, para lograr justamente ese encuentro: artista-espectador, analista-paciente, donde la ausencia, el silencio primordial, pueda evocar una obra de arte, una creación que posicione a cada uno de los hacedores en otro lugar.
Bibliografía
Freud, Sigmund: ”El creador literario y el fantaseo” (1908 (1907)), en Obras Completas, Volumen IX, Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1979, pp123-136.
Freud, Sigmund: “El malestar en la cultura”, (1930(1929)), en Obras Completas, Volumen XXI, Amorrortu Editores, Buenos Aires,1979.
Kovadloff Santiago: “El silencio primordial”, Emecé editores, Buenos Aires, 2009.
Le Poulichet, Sylvie: “El arte de vivir en peligro. Del desamparo a la creación”, Ed. Nueva Visión,Buenos Aires, 1998.
Wajcman Gérard: “El objeto del siglo”, Amorrortu Editores, Buenos Aires, 2001.
En Internet:
Sitio de Joschen Gerz y Micha Ulman.
Revista Observaciones Filosóficas (http.//www.observaciones filosóficas.net/la estética de los nuevos monumentos.htm)
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