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Psicoanálisis y nuevas tecnologías. Lo público, lo privado y lo íntimo. Cupido motorizado 3D

23/07/2014- Por María Laura Trotta - Realizar Consulta

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Los nuevos modos de presentación de los pacientes con que nos encontramos los psicoanalistas en nuestros consultorios reclaman una revisión de algunos conceptos que quizás ya no nos permitan dar cuenta de los fenómenos clínicos del mismo modo. Niños diagnosticados como trastornos de atención y medicados desde la psiquiatría, que pasan gran cantidad de horas sobre estimulados por todos los aparatos tecnológicos que tienen a su alcance. Sujetos empujados al consumo de sustancias, adormecidos para poder soportar la soledad y el vacío que la vida contemporánea promueve. La demanda del mundo globalizado de super productividad, éxito y belleza eterna, está provocando cambios importantes en el ser humano, su cuerpo y sus formas de existencia. El psicoanálisis debe pronunciarse frente a esta coyuntura, no solo desde el análisis de la misma, sino ofertando un espacio desde su dispositivo para rescatar al sujeto del arrasamiento que los cambios epocales provocan. Se acompaña de una viñeta clínica.

 

 

 

Eje: "Íntimo, privado y público en la era de internet"

 

  Introducción

 

  En el siglo XIX Virginia Woolf daba una explicación a porqué había tan pocas escritoras mujeres. Para ella se debía a que la mujer no contaba en esa época con un lugar donde tener intimidad para poder pensar “… hasta principios del siglo XIX, tener un cuarto propio, para no hablar de una habitación tranquila o a prueba de ruidos, era inconcebible…” (Woolf, 1993, p. 72).

La conquista de lugares privados donde el sujeto estuviera al resguardo de la mirada de otros llega hacia el final del siglo XIX. No tenemos más que revisar la historia de la casa para darnos cuenta que antiguamente, por ejemplo en los castillos feudales, todo sucedía en espacios comunes, donde se compartía todo tipo de intimidades.

Las casas pasaron de albergar esclavos, sostenedores de una economía agraria, a sumar otro tipo de confort para el obrero, productor de una economía ya volcada hacia la industria.

Paradójicamente hoy, este logro que fue la obtención de privacidad, va perdiendo su valor. Como en un movimiento dialéctico somos testigos de un retorno a esos momentos donde lo privado se torna público, pero las causas que provocan esto ya no son las mismas.

La inclusión de la tecnología en nuestra vida promueve un control de nuestra privacidad, con mecanismos muy sutiles y perfectos que se introducen en la vida cotidiana lentamente e invaden ese ámbito, donde la figura de “lo íntimo” se va desdibujando.

 

  Lo público y lo privado. La constitución de la subjetividad

 

  ¿Hay diferencia entre lo público y lo privado? ¿Cómo podemos pensar hoy la construcción de la subjetividad? Se pasa de un momento donde se privilegiaba la interioridad psicológica a una cada vez más creciente exteriorización del yo.

Lo que en un momento anterior fue la brújula que guiaba la existencia humana, como es la búsqueda de la esencia interior hoy se va perdiendo, y hay que mostrarse cada vez más espectacularmente para que la existencia cobre sentido y ser considerado por los otros. Dice Paula Sibila al respecto  “… como una tentativa de rescatar esa autenticidad perdida, se exhibe en la superficie corporal (y en las pantallas) el personaje atractivo que cada uno desea ser…” (2009, p. 309).

Entra en cuestión a qué concepción de sujeto nos estamos refiriendo.

Es Lacan quien en 1951 diferencia el yo y su inercia especular del sujeto del inconsciente. Para ello toma la noción de sujeto vacío de Hegel, no se trata del individuo viviente y sustancial sino que se constituye en el diálogo intersubjetivo, es una posición, que irá cambiando a medida que el saber y la verdad se conjuguen dialécticamente en el recorrido de un análisis. En esta experiencia, el sujeto, que desconoce lo que afecta su ser, parte de la ignorancia y va constituyéndose por lo que dice.

Hoy se presenta en nuestros consultorios como un sujeto desorientado, desbordado, extremadamente ansioso, producto de su intento de respuesta a las demandas de un capitalismo globalizado que le exige cada vez más para tener un lugar dejándolo así sin lugar para su aparición como sujeto. Podríamos decir sin brújula.

Nestor Braunstein, destaca la articulación entre la escritura de la ciencia informática de nuestro tiempo y sus manifestaciones sobre la subjetividad. Nomina al sujeto como a-dicto, sin palabra, y por ende con dificultades para la instalación de la transferencia, y A-dicto, sin la palabra orientadora del otro, no tiene otro que escuche sobre su sufrimiento. Un sujeto a-votante, un contado para votar pero que no cuenta.

¿Podemos decir, que la práctica psicoanalítica hoy es una alternativa posible para el padecimiento y el malestar de la cultura actual? Pienso que si, es la posibilidad de alojamiento de este sujeto, un espacio donde su a-dicción pueda tener un lugar y posibilitar así la escucha de alguna diferencia. Para ello también Braunstein invita con su pensamiento a que las instituciones psicoanalíticas se saquen la venda de los ojos y puedan repensar como abordar las nuevas presentaciones clínicas de sujetos atravesados por este malestar.

Con esto no digo que desaparecieron las neurosis ni que cambiaron, el punto es no quedarnos rápidamente excluyendo una clínica donde el síntoma analítico como tal o las formaciones del inconsciente no siempre llegan de entrada.

¿Podríamos preguntarnos cuál es el ideal de la época?
Es el ideal de la SUPER-EXISTENCIA. Ya no hay más anonimato. Es, existir mucho.

¿Cómo se entra al mundo en esta época? Metiéndose en la casa y abriendo la computadora. En detrimento del fortalecimiento de los lazos con el otro surge un nuevo partenaire: cada uno está emparejado con sus aparatos.

Alan Badiou, nos advierte que las nuevas tecnologías instauraron una suerte de ilusión igualitaria, muy molesta y es la ilusión de que estamos todos conectados y así somos todos iguales.

Pero se trata de una igualdad virtual. La tecnología es la realización de una ideología que ya existía antes: se pretende creer que los individuos tienen a su alcance el mismo sistema de posibilidades.

Zygmunt Baumann caracteriza la sociedad de consumo como aquella que considera al mundo como un lugar que actúa como depósito de posibles objetos de consumo, y que estimula al individuo a consumirlos haciéndoles creer que satisfacer sus deseos mediante el consumo es la regla que debe orientar sus elecciones. Así, tener una vida válida y exitosa requiere sostener una vida de consumo de la cual no es fácil desentenderse, ya que la publicidad bombardea al sujeto prometiéndole que con el consumo obtendrá sensaciones placenteras e inexploradas, creando todo el tiempo nuevos deseos que llevan a su vez a buscar satisfacerlos. Como esas sensaciones son fugaces e instantáneas se desvanecen rápidamente, generando así un círculo vicioso en el consumo de objetos. Lacan también auguró este peligro cuando conceptualiza sobre el discurso capitalista, las letosas y los gadgets.

     Slavoj Žižek advierte sobre las dificultades que propicia la pantalla de una computadora como forma de comunicación con el ciberespacio.

Nunca soy la persona que soy en la pantalla, o no soy todo lo que aparece en la pantalla. La supuesta igualdad que se genera en este tipo de comunicaciones es engañosa, no tiene en cuenta por ej: todas las disposiciones materiales complejas (mi riqueza, mi posición social, mi poder o su falta, etc.).

Dice Žižek “… La inercia de la vida real desaparece mágicamente en la navegación sin fricción en el ciberespacio. Lo que la Realidad Virtual provee es la realidad en sí misma deprivada de su sustancia. Del mismo modo en que el café descafeinado huele y sabe como el café real sin ser la cosa real, mi persona en la red, el ‘tú’ que veo ahí, siempre es ya un Yo descafeinado…” (2007).

La identidad social que asumimos es una “máscara”, que implica la represión de los impulsos que no nos resultan admisibles. Justamente las reglas que regulan los intercambios de la vida real se suspenden temporariamente y permiten que se desplieguen esas actitudes reprimidas. Así vemos que la gente se queda días jugando a cantidad de juegos, muchas veces de gran violencia, donde logran ser aquello que nunca se animarían a realizar en acto.

Y lo mismo sucede con aquellos con los que me comunico en el ciberespacio: nunca puedo estar seguro de quienes son. No podemos saber si son realmente como se describen. Tampoco sabemos si la persona que aparece en la pantalla es real, o si es una identidad virtual que pueden usar como máscara varias personas distintas. Una misma persona puede poseer y manipular más de una identidad de esta forma. O podría ser que nos estemos conectando con una entidad digitalizada que no se corresponde con ninguna persona real.

Hay una anécdota muy simpática con la que Zizek ejemplifica como es el encuentro entre un hombre y una mujer que interactúan en el ciberespacio. En una publicidad de TV en Inglaterra, que ya tiene varios años, más de una década, una chica camina por un riachuelo y ve una rana, la toma con cuidado y la besa, poniendo en escena el conocido cuento de hadas, en el momento del beso la fea rana se convierte milagrosamente en un hombre joven y bello. Ahí no termina todo, el hombre mira a la chica de manera codiciosa, se le acerca y la besa y así ella se convierte en una botella de cerveza que él sostiene triunfante en su mano.

Para la mujer, su amor puede convertir una rana en un hombre bello, mientras que el hombre, reduce a la mujer a un objeto

Si un hombre y una mujer interactúan en el ciberespacio, lo hacen bajo el espectro de una rana abrazando una botella de cerveza. Ya que ninguno de los dos es conciente de ello, estas discrepancias entre lo que “tú” realmente eres y lo que “tú” pareces ser en el espacio digital puede acabar en una violencia salvaje. Después de todo, dice Zizek, “… cuando descubres de pronto que el hombre que estás abrazando realmente es una rana, ¿no te tienta aplastar a la viscosa criatura?...” (2007).

 

  La rana y su botella de cerveza. Cupido Motorizado 3D

 

  En los comienzos del año 2011 me consulta Clara, de 23 años, que se presenta como “torta”. Con historia de amores homosexuales, mezclados con un episodio “hetero”, que después de un año de intentar decidió “abandonar” ya que “con un hombre le dolía”. El motivo de consulta en ese momento era que peleaba mucho con su pareja actual, una mujer de su edad, que venía de relaciones heterosexuales y se anima a probar con una mujer a partir de que la conoce a ella.

Casi al mismo tiempo me llama, después de cinco años de ausencia, un paciente al que atendí aproximadamente 3 años, Gastón. Su consulta es porque no está bien en su matrimonio, tiene una hija y le cuesta pensar en separarse pero dice “no aguantar más”.

Clara viene en bicicleta, la deja atada a un poste que hay en la entrada del edificio del consultorio. Siempre lleva su casco reglamentario.

Gastón viene en moto, que deja encadenada en la entrada del edificio, también usa casco.

El azar hizo que Clara se atienda en el horario anterior a Gastón.

Un día abro la ventana del consultorio, después que sale Clara de su sesión, y escucho que ella y Gastón hablaban y se reían. No se escuchaba exactamente lo que decían, pero sí la charla entre ambos. Entre que ella desataba su bicicleta y se ponía su casco y él aseguraba su moto y se sacaba el casco aprovechaban el tiempo que quedaba libre entre los dos horarios y algo hablaban.

Esos pocos minutos por semana parece que bastaron para que Gastón un día, después de haber pasado aproximadamente 4 meses, me diga que algo le pasaba con la sonrisa de esa chica. Gastón decide en este tiempo separarse de su mujer.

Casi paralelamente a la decisión de Gastón, Clara me pide un “cambio de turno” porque quiere comenzar una actividad deportiva que es justo en el horario de su análisis. Después de haber trabajado esto y por su insistencia pensé que quizás algo de lo que pudiera pasar con Gastón antes de su ingreso en la sesión pudiera tener que ver con esta demanda, pero como ella no lo mencionó nunca, no me pareció pertinente la intervención en ese momento, decidí acceder y ver qué sucedía.

Llegó el momento de la última sesión de Clara en ese horario. Gastón entra muy apesadumbrado y relata con tristeza que se manejó mal, que no se animó a decirle nada, que le tendría que haber pedido su mail y relata que ella le dio oportunidades para eso y él no las aprovechó, ya que Clara le dijo que seguramente se encontrarían por la zona, a lo que él respondió “no creo, yo nunca vengo para acá, salvo a la sesión”.

También el azar hizo que tuviera que mudarme de consultorio en ese tiempo. Clara finalmente se separa de su pareja, con gran angustia pero también aliviada, ya que los últimos tiempos fueron muy difíciles. Antes de esto ya en sus sueños aparecían hombres, su ex y algunos compañeros de facultad. Gastón, ya separado y mudado de casa viene un día y dice:

“Hice algo que no se si te va a gustar, me vine el lunes y hablé con el encargado, le traje una carta para Clara, muy correcta, en la que le pedía su mail. El pibe se enganchó enseguida, no la ubica, dice que no se acuerda de la bici, pero que se va a fijar y que me quede tranquilo que ‘lo vamos a hacer’”.

Una mañana Clara entra con una sonrisa y un sobrecito roto en sus manos.

El encargado descubrió el casco y la famosa bicicleta, era demasiado fácil la búsqueda.

Ella quedó absolutamente cautivada por tamaña proeza y el amor comenzó por vía epistolar, y una nueva variable, Internet, donde el tiempo de respuesta de un mail puede indicar el posible grado de interés del otro.

Decidieron de común acuerdo postergar el encuentro cuerpo a cuerpo. La catarata de mails hacía que Gastón no se ocupe como correspondía de su trabajo y Clara de sus finales en la facultad. Ella no le dijo de su homosexualidad y él no le contó que tenía una hija. Se dijeron la edad, que sorprendió al principio por la diferencia (más de 10 años) pero eso no frenó el contacto.

Ambos seguían con otras historias que iban apareciendo, chicas él y chicos ella, pero la importante, la que prometía felicidad futura, era ésta.

Un día Clara le confiesa a Gastón que su pareja anterior era una mujer y le pregunta si a él no le importa, a lo que responde que no. Él entonces, se animó, y le contó que tenía una hija. A lo que ella respondió también que no tenía problema con eso. Pasaron así 4 meses.

                       Gastón me cuenta que se van a encontrar, un día de diciembre a la tarde. Él llegó decepcionado del encuentro, le pareció muy fría y de carácter demasiado fuerte y se preguntó cómo fue que llegaron hasta ahí. Rememora los mails que le escribió y piensa en que él con su modo de proceder y sus escritos produjo en ella llegar hasta aquí tan cautivada. En algún correo ella le dijo “tenemos que cuidar esto que hemos construido”, y ahora él siente que no hay nada entre ellos. Menciona un abrazo que le dio ese día y que ella casi no pudo responder: “la sentí fría, no me pude conectar, con los mails era diferente” “... no es que me moleste que estuvo con una mina, pero que se yo…”

Clara viene a la última sesión del año con una novedad, “ya sucedió” dice, y se refería a que tuvo relaciones sexuales con un hombre y que no le dolió. Luego cuenta el encuentro con Gastón y dice: “tiene una hija, todo bien con la edad, pero con una hija… no”.

 

  Conclusión

 

  Es importante ubicar el concepto de subjetividad que se considera, en este pasaje de una sociedad disciplinaria que lentamente estamos dejando, donde se necesitaban modelar cuerpos y subjetividades dóciles y productivos, haciendo un sujeto adecuado a las normas y propenso a la masificación a la vez que a la individualización, a esta nueva sociedad, regida por los procesos de globalización, en la que hace falta modelar a los cuerpos y subjetividades en función del cambio acelerado y el consumo constante. Lo privado de lo íntimo ya es de público conocimiento.

 

  Bibliografía:

 

*Badiou, A.  “La tecnología de Internet y la conexión universal son la realización material y tecnológica de una falsa ilusión igualitaria”. Método Helmer. En: El blog del método. 8 de noviembre de 2010. Recuperado el 16 de febrero de 2012 desde http://blog.metodohelmer.com/2010/11/08/alain-badiou

 

*Bauman, Z. Amor líquido. Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos. México DF Ed. Fondo de Cultura Económica. 2003.

 

*Braunstein, N. “Entrevista a Nestor Braunstein, por Emilia Cueto” para www.elsigma.com. Por Emilia Cueto. 26-10-2007. Recuperado el 16 de febrero de 2012 desde www.elsigma.com/entrevistas?page=5

 

*Lacan, J. (1951) Intervención sobre la transferencia, en Escritos 1, México, Ed. SXXI, 1985.

*Sibila, P. El hombre postorgánico. Cuerpo, subjetividad y tecnologías digitales. 2ª ed. – Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica 2009.

*Sibilia, P. “En busca del aura perdida: Espectacularizar la intimidad para ser alguien. Psicoperspectivas”, VIII (2), 309-329.2009 Recuperado el 16 de febrero de 2012 desde http://www.psicoperspectivas.cl

*Woolf, V. Un cuarto propio y otros ensayos. Buenos Aires: A-Z Editora.1993

* Žižek, S: “En Tí Más que Tú Mismo. El potencial revolucionario de Internet está lejos de ser evidente”. Publicado el 26 de enero de 2007 en el medio In These Times. Recuperado el 16 de febrero de 2012 desde http://www.13t.org/decondicionamiento/forum/viewtopic.php?t=565

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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Creo que como señala la autora en el recorrido que hace en el artículo hay una modificación en los lazos en esta época. El empuje al consumo permanente, y la inmediatez pulverizan la dimensión del deseo, y si el deseo no orienta, entonces nos encontramos con sujetos "sin brújula", como se señala en el trabajo, que declaman el derecho a "probar todo",La proliferación de la oferta del mercado capitalista produce desorientación, dispersión.
En cuanto a nuestro lugar como psicoanalistas , creo que es importante no retroceder y estar a la altura de la época, dando lugar en nuestros consultorios a estas nuevas formas de presentación del sufrimiento contemporáneo, sosteniendo la apuesta analítica de mantener encendida la llama del deseo.

Por: PATRICIA KARPEL


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