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"Arkangel: para ver a través de tus ojos"

09/01/2018- Por Natacha Salomé Lima - Realizar Consulta

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Los implantes de localización de personas son una realidad […] La utilización de este tipo de dispositivos en niños plantea dos problemas éticos de primer orden. Uno es el del consentimiento. ¿De qué modo podría un niño consentir a la implantación de este dispositivo? […] El discurso del Bien, que se ha utilizado para justificar la implantación de esos dispositivos, no elude la responsabilidad sobre los efectos del mismo en el futuro […] Cuando el discurso del Bien utiliza dispositivos de control para concretarse, el sujeto queda inerme, absolutamente pasivo frente a la autoridad parental o la decisión del adulto responsable.

 

 

 

                            

 

 

Ficha Técnica y artística

 

 

Título: Black Mirror: Arkangel

Título original: Black Mirror: Arkangel

Año: 2017

País: Reino Unido
Dirección:
 Charlie Brooker (Creador), Jodie Foster (Directora)
Guión:
 Charlie Brooker
Música: Mark Isham
Fotografía: Ed Wild
Género: Serie-Thriller, drama, ciencia ficción
Duración: 60 minutos
Reparto: Rosemarie Dewitt (Marie), Brenna Harding (Sara), Owen Teague (Trick)
Rodado en:
 Toronto (ambientada en los Estados Unidos)
Distribuidor: Netflix

 

 

“I'm a mother
Treat me like a mother
You wanna suck on my breast
It's no surprise you do
I'm the source and the force
You owe your life to, brother”

 

       The Pretenders 

 

 

Chip de localización y rastreo

 

  Los implantes de localización de personas son una realidad. En el ámbito local tal vez el chip de Burlando sea el ejemplo más conocido. Justificado a partir del discurso de la seguridad, el desarrollo de estos dispositivos de control ha sido evaluado para personas mayores que padecen alzhéimer, y también se ha proyectado un posible uso para casos de personas privadas de su libertad, donde ante una eventual fuga, se arriesgaría la seguridad nacional.

 

  La utilización de este tipo de dispositivos en niños plantea dos problemas éticos de primer orden. Uno es el del consentimiento. ¿De qué modo podría un niño consentir a la implantación de este dispositivo? En el caso que analizaremos a continuación, al tratarse de un procedimiento experimental, que supone la implantación de un dispositivo con efectos a largo plazo desconocidos, los recaudos éticos debieran extremarse. Más aún, al no poder realizar una evaluación de los efectos psíquicos futuros, el alcance del principio de autonomía requerido para la firma de un consentimiento informado se vería al menos comprometido.

 

  Si bien para este tipo de procedimientos se requiere la firma de los adultos responsables, la noción de consentimiento en niños está vinculada con el principio de autonomía progresiva, es decir a medida que el desarrollo madurativo, afectivo, y psicosocial del niño avanza, mayor será su capacidad para discernir y por ende consentir, con un mayor grado de autonomía, a prácticas que afectarán su vida.

 

  La cuestión del consentimiento está íntimamente ligada al tema de la responsabilidad. Al ser los padres o adultos a cargo los responsables legales del niño, el uso de este dispositivo en la niñez podría justificarse considerando la edad de imputabilidad de las normativas de cada país. Es decir, los padres o los adultos a cargo, al ser los responsables ante la ley, firman el consentimiento y deciden lo que es mejor para sus hijos, incluida su participación en estudios experimentales.

 

  El límite es claro y estaría fijado por la norma. Esta justificación práctica sin embargo no legitima la utilización de estos dispositivos. La responsabilidad no se contabiliza sólo desde el ámbito jurídico. La dimensión que introduce la noción de responsabilidad subjetiva desacopla la responsabilidad parental al orden jurídico introduciendo la pregunta por el bien de los hijos.

 

  El discurso del Bien, que se ha utilizado para justificar la implantación de esos dispositivos, no elude la responsabilidad sobre los efectos del mismo en el futuro. Es por el bien de las personas. Nadie quiere perder a un niño de vista. Tampoco nadie quiere salir a buscar desesperadamente a un abuelo/a perdido/a. Sin embargo como dice el refrán: el camino hacia el infierno está empedrado de buenas intenciones. Cuando el discurso del Bien utiliza dispositivos de control para concretarse, el sujeto queda inerme, absolutamente pasivo frente a la autoridad parental o la decisión del adulto responsable.

 

  La vida mediada por lo tech, eje de las cuatro temporadas de la serie televisiva Black Mirror, ha explorado distintas facetas de la condición humana. El capítulo Arkangel, segundo episodio de la cuarta temporada, como The entire history of you (Lima, 2015) plantean la tensión entre el par mirar-ser visto. En ambos, la implantación de un chip en el cuerpo funciona como un dispositivo de realidad aumentada con distintas funciones.

 

  En el caso de Arkangel, el chip implantado en la cabeza de Sara, permite emitir distinto tipo de información a la tablet de la madre: pudiendo acceder a su localización, o visualización, es decir ver lo que la niña está viendo, arroja también información sobre las condiciones fisiológicas/corporales del organismo, incluso permite activar un filtro de realidad para pixelar, es decir censurar, imágenes que disparan reacciones hormonales asociadas a sentimientos de miedo o ansiedad. Si el armado de la realidad se construye a partir de parámetros propios de una vivencia de evitación ¿qué realidad construye?

 

 

El Arte como mediación: anticipación y diálogo moral

 

  El problema de la tecnología no es su desarrollo, sino el uso que hacemos de los dispositivos que creamos. La afectación de las relaciones personales a expensas de los distintos usos tecnológicos (Apps para el encuentro amoroso, Apps diagnósticas para determinadas condiciones médicas) es una constante en los distintos episodios de Black Mirror (Ariel, 2014; Lima, 2015; Michel Fariña, 2017; Ormart, 2017; Provenza, 2016)

 

  Algunos autores (Boenink, Swierstra, Stemerding, 2010; Swierstra, 2015) han distinguido el impacto moderado (soft) o imperceptible de la tecnología, de los grandes impactos tecnológicos en las vidas de las personas, claro que parte de la diferenciación depende de la relación subjetiva que cada quien establece con lo “tech”. Un ejemplo concreto es la transformación de las representaciones de la amistad o de la privacidad a partir del desarrollo de FB y las redes sociales.

 

  Durante los últimos años se han desarrollado muchas herramientas para anticipar el impacto futuro de los nuevos y emergentes desarrollos tecnológicos. Muchos estudios se han focalizado en los aspectos “hard” (duros) es decir impactos que pueden apreciarse cuantitativamente, investigando como la tecnología de punta puede afectar la salud, el medio ambiente o la seguridad. Menor atención se ha prestado a lo que han dado en llamar impactos “soft” suaves o imperceptibles, es decir el modo en que la tecnología puede influir en, por ejemplo, la distribución de los roles sociales y las responsabilidades, los valores y normas morales, incluso las identidades. (Boenink, Swierstra, Stemerding, 2010)

 

  A partir de la tesis que desarrolla Narciso Benbenaste, distinguimos las mediaciones instrumentales, que “median entre el hombre y la naturaleza. Internalizando las pautas acerca de cómo lidiar con la materia, mediatizan al ser humano respecto del orden de necesidad. Un arado, una red, un ardid, son los ejemplos de Sófocles: herramientas y saber técnico integran esta primera serie de dispositivos que emancipan al hombre respecto de la naturaleza. (…) Si el lenguaje es el mediador subjetivo por excelencia, la referencia a la legislación –que imprime un orden al caos– será su correlato lógico.

 

  Siempre siguiendo a Benbenaste, vamos a denominar mediaciones normativas a estas instancias de la Ley entre los hombres. Resumiendo, el hombre es la cosa más formidable; de un lado porque se ha mediado con la naturaleza, generando instrumentos –desde herramientas hasta algoritmos– que lo emancipan de ella; de otro, porque dispone del lenguaje, mediador por excelencia entre los sujetos. (Michel Fariña, Solbakk, 2012).

 

  A estos dos tipos de mediación: las mediaciones instrumentales y las mediaciones normativas, podemos agregar una tercera, como un tipo de lenguaje distinto y suplementario que es el de la expresión artística. El arte como mediador de la experiencia subjetiva del ser humano en el mundo. A partir de esta tercera forma de mediación, intentaremos anticipar una reflexión sobre los efectos imperceptibles (soft) que la tecnología imprime sobre la subjetividad, focalizando en el dinamismo de la moralidad, en su interacción con la tecnología.

 

 

Pensamiento mágico

 

  El grado de afectación es variable y dependerá en gran medida del uso, es decir de la relación subjetiva que establecemos con los dispositivos y la participación que les damos en nuestra vida. Es innegable que la tecnología ha transformado las relaciones entre las personas. No sólo los vínculos amorosos pueden erosionarse a partir del monitoreo constante que posibilitan los dispositivos electrónicos. El chip de Burlando es uno de los ejemplos locales más conocidos.

 

  Pero también los vínculos parento-filiales se modifican cuando la vida de los hijos puede ser mediada in velo por la mirada del Otro.

La confianza es un sentimiento que se construye sobre la base del no saber. La mirada que comenzó siendo protectora y atenta -aunque limitante y perturbadora- de esta madre sobre su pequeña niña, se torna obscena, intrusiva y vigilante en la adolescencia.

 

  De entre las distintas funciones de la aplicación, la selección de un “filtro de realidad” que se dispara a partir de elevados índices de cortisol, tiene la función de ser un velo protector que encierra a la niña sobre sí misma, alejándola de los demás seres vivos de su entorno, incluidos los pares que la consideran un fenómeno (freak).

 

  Sara llega a la consulta a la edad de 7 u 8 años cuando comienza a lastimarse para poder ver su sangre sin filtro. Este llamado de atención interpela a la madre acerca del uso del dispositivo que decidió implantarle a su hija aproximadamente tres o cuatro años antes. El profesional tratante, que bien podría ser un psicólogo infantil, le dice que si bien el dispositivo no puede quitarse, “ella puede no mirar”. Dejarla crecer supone no mirar.

 

  En la infancia de todo niño parte del pensamiento mágico le posibilita creer que los otros significativos y sobre todo la madre sabe lo que está pensando; puede leer sus pensamientos. El niño es transparente, no oculta, no sabe mentir. A mentir hay que aprender. Parte de ese aprendizaje supone sucesivos instantes de diferenciación que posibilitan la individuación. El niño comienza a construirse como otro, diferenciado y diferente al Otro materno.

 

  Piaget (1997) estudia el desarrollo del pensamiento del niño desde el sujeto epistémico y propone que el pensamiento deriva de la acción. Siguiendo la constitución del juicio moral, distingue el periodo de las operaciones concretas propio de la moral heterónoma, es decir, de una moral que depende de otros, para pasar luego a constituirse en una moral autónoma.

 

  Con Freud podríamos decir que ocurre a partir de la internalización del superyó. Antes de los 6 años, el niño desarrolla una moral heterónoma que se construye a partir del juicio moral de los otros. Por ejemplo, si le preguntamos a un niño que se encuentra en este estadio, ¿cuál es la mentira más grave? 1) hoy le dije a mi mamá que me pusieron un 10 en la escuela, cuando en realidad desaprobé la prueba. 2) Cuando venía caminando de la escuela vi una vaca pasar volando por arriba de mi cabeza. Para el niño que posee una moral heterónoma, la peor mentira es lo imposible, es decir la vaca voladora. La moral intuitiva o heterónoma según Piaget no valora la norma común. Las normas son externas a los niños, e impuestas por los adultos. Cuando aparece la reversibilidad en el pensamiento, y el niño se sitúa entre otros, puede desarrollarse una moral autónoma que corresponde al periodo de latencia.

 

  Este ejemplo concreto tomado del desarrollo de la psicología del niño elaborado por Piaget demuestra la importancia para el armado de la realidad, de la relación del niño con los otros significativos y con los pares.

 

  Para poder llegar a esta instancia del desarrollo, el niño debió primero constituir su yo como un otro diferenciado de la madre, por medio de complejos procesos de diferenciación, uno de los cuales supone la internalización del superyó que, como instancia psíquica interna, ordenará el juicio moral. El chip como superyó electrónico está lejos de cumplir su cometido, interfiriendo tal vez con la internalización de la norma, su severidad se torna amenazante.

 

 

¿Puedes perderme?

 

  Lacan trabaja en las clases XVI y XVII del Seminario 11 los conceptos de alienación y separación como operaciones lógicas que dan cuenta de la causación del sujeto. Mientras que en la alienación la forma lógica es la reunión e indica que el sujeto se constituye en el campo del Otro, en la separación se trata del producto.

 

  La alienación presenta, por un lado, la relación a lo éxtimo –neologismo inventado por Lacan y que implica que “la alteridad más radical habita el núcleo más íntimo del sujeto” (Muñoz, 2011:103); y, por otro, designa a aquel que no es él mismo actuando (alius, alienus, ajeno a sí mismo).

 

  En la primera operación la alienación es al significante, mientras que en la segunda “se funda sobre la intersección de dos faltas, ya no cuenta más la relación con el significante mismo, sino lo que está en juego es el intervalo, la distancia entre los significantes donde juega el enigma del deseo del Otro. Es pues en la separación donde se produce la realización del sujeto del deseo en su relación con el deseo del Otro, en tanto lo decisivo es el enigma del deseo del Otro, interpelado por los “¿por qué?” infantiles que apuntan a demostrar que le es imposible responder a todo. Vale decir: el “¿por qué?” en verdad pregunta por el deseo del Otro (Muñoz, 2011:106).

 

  La pregunta que Lacan propone para la separación es ¿puede perderme? Se trata entonces de “[d]os faltas, una producida por la pérdida de ser en la alienación, el $, y otra, su ausencia como objeto a causa del deseo del Otro. Esta última planteada por Lacan en términos de juego, jugar con la ausencia de su ser para explorar la reacción del Otro ante su falta: ¿Puedes perderme? Jugueteo fantaseado que, encontrando la dimensión del deseo del Otro, da cuenta de la constitución del fantasma como resultado de la reunión del $ y a.” (Muñoz, 2011:106)

 

  Singulares condiciones de ese fantasma -desde el instante mismo del nacimiento de Sara su madre siente que algo terrible puede pasarle- lógica que comienza en la prehistoria de la relación parental. La madre, el Otro primordial de los primeros cuidados, es también el primer objeto de amor para ambos sexos. Tanto el niño como la niña seguirán distintos caminos edípicos de investimentos y desinvestimentos de este objeto privilegiado.

 

  El hijo, el objeto más preciado, se erige como sujeto de una división, de un resto. ¿Hasta dónde el amor y el cuidado maternal además de iniciar el proceso de subjetivación, trastorna la relación del sujeto a su deseo?

 

  El tercer término del triángulo edípico no aparece en el relato. El único padre de la historia es el abuelo materno. Nada sabemos del padre de Sara. La decisión acerca de la implantación del dispositivo es cuestionada por su propio padre, quien desconfía que sea “sin costo”. El costo subjetivo que afrontara Marie, presa de su intromisión desmedida, representará la pérdida irremediable del único vínculo significativo.

 

  Luego de esta infancia cercenada y mediada por una madre vigilante, podía preverse una eclosión adolescente, con bombos y platillos, desafiante y riesgosa como un renovado intento de separación/diferenciación de este Otro materno que como agujero negro amenaza con reintegrar su producto.

 

  No sucede eso. La adolescencia de Sara transcurre desafiantemente normal, se entrega al chico que con el mismo amor infantil le contaba la realidad sin filtro.

Una noche que la madre no la encuentra, luego de tratar de localizarla para descubrir que no está donde dijo que estaba, Marie toma la decisión de activar el localizador. Rastrea la ubicación de su hija en el lago. Y violando su intimidad se mete en la cama para ver(la) junto al joven.

 

  Alienación-separación. Ya no hay vuelta atrás. Al comienzo del episodio nos preguntábamos si era lícito, incluso ético insertar un localizador en un niño pequeño que no puede consentir a ello. La decisión que desencadena esta segunda utilización, cuando Sara es adolescente, inscribe una acción que no tiene el mismo estatuto que la primera. La intrusión no se juega en el nivel de perder de vista a un niño pequeño, sino de perder la virginidad ante el escrutinio materno.

 

  Este es el punto de no retorno. De ahora en más los acontecimientos se suceden in crescendo: la madre arremete contra el amor infantil, lo amedrenta y toma una decisión que traicionará el amor de Sara en el punto más verdadero.

 

 

Referencias

 

Ariel, A. (2014) Black Mirror: The National Anthem. Conferencia dictada en la Facultad de Psicología, UBA, el miércoles 28 de Mayo de 2014. Online: http://www.eticaycine.org/Black-Mirror

Boenink, M., Swierstra, T., & Stemerding, D. (2010). Anticipating the interaction between technology and morality: A scenario study of experimenting with humans in bionanotechnology. Studies in Ethics, Law, and Technology, 4(2).

Lacan, J (1964) Seminario XI Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Clases XVI y XVII. Paidós

Lima, NS (2015). Memoria perpetua. Comentario del episodio The entire history of you de la serie televisiva Black Mirror (2011). Revista de Medicina y Cine. Universidad de Salamanca. Volumen 11, Número 3, Septiembre de 2015. Pág. 147-156. ISSN 1885 5210. Online en: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=5645659

Michel Fariña, JJ (2017) La lejanía infinita de la muerte: una narrativa ética Reseña de serie: Black Mirror [pp 89-91] Vol. 13 (2) Aesthethika. Online: http://www.aesthethika.org/La-lejania-infinita-de-la-muerte

Michel Fariña, JJ, Solbakk, JH (2012). Antígona: una lectura ético-musical. Online: http://www.eticaycine.org/Antigone-una-lectura-etico-musical

Muñoz, PD. (2011). La lógica de alienación-separación en el pasaje al acto. Anuario de investigaciones18,101-111. Recuperado en 07 de enero de 2018, de http://www.scielo.org.ar/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1851-16862011000100064&lng=es&tlng=es.

Ormart, E (2017) El estadio del espejo en la era de Black Mirror. Intersecciones Psi. Revista Electrónica de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires. Online en: http://intersecciones.psi.uba.ar/

Piaget, J., & Inhelder, B. (1997). Psicología del niño (Vol. 369). Ediciones Morata.

Provenza, AL (2016) No es copia fiel. Acerca de un sustituto inquietante. Congreso Online de ética y cine 2016. Online en: http://www.eticaycine.org/No-es-copia-fiel

 

Swierstra, T. (2015). Identifying the normative challenges posed by technology’s ‘soft’ impactsEtikk i praksis-Nordic Journal of Applied Ethics9(1), 5-20.


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