» Cine y Psicoanálisis
Bailarina en la oscuridad25/07/2006- Por Mercedes Gárgano -

La condición humana es de naturaleza trágica en tanto entrecruzamiento conflictivo del amor y del odio, del cuidado y la agresión, de solidaridad y egoísmo.
Ficha técnica y artística
Película: Bailarina
en la Oscuridad
Título original: Dancer in
the dark
Origen: Dinamarca / Francia /
Suecia, 2000, 134'
Género: Drama
Protagonistas: Björk, David Morse, Catherine
Deneuve, Peter Stomare
Director: lars von trier
Guión: LARS VON TRIER
Desarrollo.
“La condición humana es de
naturaleza trágica en tanto entrecruzamiento conflictivo del amor y del odio, del cuidado y la agresión,
de solidaridad y egoísmo.”[1]
Bill es un policía que vive con su mujer en Estados Unidos, tiene su
casa y sus bienes materiales. Su mujer, Linda, aparece como una mujer a la que
le gusta hablar del dinero que heredó su marido, y gracias a eso puede comprar
todo lo que necesita. Este matrimonio alquila el trailer que tiene a una inmigrante checa, Selma Jezkova, quien llega a ese país con su hijo. Debe
trabajar duro para mandar el dinero a su padre que vive en su país. Está, por
lo tanto, en una situación muy diferente a la del matrimonio norteamericano ya
que ella es muy pobre y no se puede dar el lujo de comprar ni siquiera un
regalo para su hijo, ya que la plata sólo le alcanza para vivir.
Hay un episodio en la película donde esta situación se revierte: Bill
muy angustiado va a hablar con Selma y le cuenta que en realidad a él tampoco
le alcanza el dinero, que no puede mantener el status de vida que lleva, no
podrá seguir comprando cosas a su mujer y por lo tanto concluye que ésta,
entonces, ya no lo querrá más. “No podía dormir, no tengo más dinero, todo el
que tenía se acabó, y Linda… no para de gastar, mi salario no alcanza, el banco
se quedará con mi casa, estoy atrasado con el pago, perderé a Linda, lo sé”. Selma, al verlo tan angustiado, le
cuenta su secreto, no tiene un padre al cual le manda el dinero, sino que lo
está ahorrando para pagarle una operación de la vista a su hijo, para que éste
no quede ciego como ella, de esta manera ella saldaría la deuda que le impone
la culpa de haberlo tenido sabiendo que en un futuro quedaría ciego, debido a
que era una enfermedad hereditaria.
Es en otra escena donde Bill pide a Selma su dinero prestado, pero ella
se lo niega diciendo que es dinero de su hijo. Es entonces cuando parece
cambiar la posición subjetiva de Bill. Va al trailer y le dice a Selma que ya tiene la solución a su problema: “no
es nada especial, ya lo decidí, hablaré con Linda, después de todo ella me ama,
saldremos de esto juntos”. Parecería que aparece algo de la responsabilidad del
sujeto. Sin embargo, en este momento se da cuenta de que Selma
ya estaba completamente ciega; aparece en este punto algo del orden de la
necesidad, si Selma está ciega, entonces no lo puede ver. Ante este
descubrimiento, Bill hace que se va del trailer
pero permanece para ver dónde es que Selma esconde el dinero. Finalmente Bill,
ante la no mirada de Selma, toma su dinero y de esta manera puede seguir
evitando el acto.
El sujeto parecía que iba a tomar una actitud responsable frente a algo
que lo desborda, le rematarán la casa y todo terminará. Pero ante las palabras
de Selma, de que ella sí tiene el dinero se da cuenta
de que puede seguir evitando el acto.
Podemos situar en este film un tiempo 1, donde el personaje Bill lleva adelante
una conducta con determinados fines, con el supuesto de que su accionar se
agota en los objetivos para los cuales fue concebido. Toma el dinero de Selma,
al estar ella ciega no tiene su mirada presente que lo juzgue en su accionar.
Así se abre la posibilidad de poder evitar el acto de hablar con su mujer. Es
decir que en este primer tiempo, encuentra una solución mucho más cómoda para
su yo. Le sacaría el dinero a Selma y se evitaría el riesgo de perder a la
mujer, al decirle que no tiene más dinero. El sujeto no se interroga sobre su
accionar, ya que no hay nadie que registre la situación, no aparece culpa,
piensa que en un futuro devolverá el dinero. Así, su acto no perturba su moral
sino que queda del lado de un préstamo.
Sin embargo, pasa algo inesperado: la mujer, Linda, le dice que lo vio
entrar al trailer. Es decir, en este
segundo tiempo aparecen indicadores de que algo irrumpe. Aparece esa mirada que
no estaba presente en la escena, esa ausencia de la mirada que permitía al
sujeto no cuestionar la situación. Ante la pregunta de ella, sobre qué estaba
haciendo ahí, el hombre puede tomar dos decisiones: o le cuenta lo que sucede y
se hace cargo tomando una decisión responsable, se hace cargo de su falta, o
evade la situación, evitando hablar, escapando de lo que lo implica como sujeto
en falta. ¿Qué hace Bill frente a esto? No se hace cargo, evita la situación,
le dice que Selma lo sedujo y que se enamoró de él, pero que él la rechazó. El
culpable entonces no es él, sino Selma. La falta queda del lado de Selma y él
queda como un hombre completo del que cualquier mujer se enamoraría. La
responsabilidad aparece en la grieta entre la necesidad, que podría pensarse
como la ceguera inevitable de Selma (por más que
quiera ver si realmente está Bill en el cuarto no puede) y el azar, del lado de
la mirada presente de la mujer que lo descubre entrando al trailer. Aparece entonces la pregunta por la responsabilidad del
sujeto, lo que supone un cambio en la subjetividad, dando la posibilidad a un
tercer movimiento, donde el sujeto ya no es igual que en el primer tiempo. Su
respuesta es evitativa y por lo tanto el circuito se cierra, él queda del lado
de un hombre moral, casado que rechaza a una mujer que se enamoró de él. El
tiempo 2 interpela al tiempo 1, lo resignifica porque es la culpa lo que lo
obliga a responder. Bill es llamado a responder y con su respuesta vuelve al
surco de lo moral porque, como dice D’ Amore, la respuesta resulta un
taponamiento de la dimensión ética.
Hipótesis clínica y
conclusiones.
“La pregunta por la respuesta no supone un cuestionamiento a la persona,
sino a la interpelación al sujeto. Se trata evidentemente del deseo
inconciente.”[2]
El tiempo 2 abre una hipótesis clínica para intentar situar qué cosas del inconsciente se juegan en el sujeto, qué deseo inconsciente entra en juego.
En el Seminario 5, “Las formaciones del inconciente”, Lacan va a plantear que la inserción del hombre en el deseo sexual está condenada a una problemática que va a encontrar su lugar en la dialéctica de la Demanda. Es decir, para no saber nada de su deseo, en tanto que es deseo del Otro -el cual si desea por lo tanto evidencia la falta- el neurótico[3] se las ingenia para no saber nada de éste, reduciendo el deseo a la Demanda. Es decir que se hace pedir, intentando por todos los medios cumplir con lo pedido y así taponar la falta, evitando la angustia que esto produciría. “Si quieres esto, aquí lo tienes”. En Bill se podría pensar la relación que tiene con su mujer en el plano de esta dialéctica. Podríamos decir que desea taponar la falta que estaba en juego en él. Deseo de mantener la perfección narcisista extendiendo ese deseo a su mujer, mantenerla como no deseante ya que él es capaz de darle todo lo que necesita.
Si tenemos en cuenta el contexto donde transcurren los hechos se podría
pensar que se juega el discurso de un país capitalista como lo es Estados
Unidos. Según el Licenciado Schejtman[4],
el capitalismo se presenta como una Verwerfung
de la castración, lo que forcluye, dice, es la no complementariedad entre
los sexos que plantea Lacan. Aparece un discurso donde el gadget, el producto de la
tecnología, los ama, obstruyendo el lugar de la relación sexual que no hay. Hay
una irresponsabilidad generalizada anudada a la ilusión de que todo es posible.
Es decir, comprando todo los bienes materiales que su mujer le demanda, evita
plantearse el problema de la castración estructural que da cuenta de la entrada
en el lenguaje. El goce no sólo está permitido sino que está operando, las
comunidades de goce llevan al objeto al ideal del yo. Al lugar del ideal viene
el simulacro. El discurso capitalista marca la caída en un precipicio, intenta
borrar la barradura en un intento sin fin.
Lo que no tiene en cuenta Bill es que todos estamos determinados
estructuralmente y que no puede taponar la falta, porque su mujer siempre le va
a pedir más, ya que es así como se juega el deseo (siempre insatisfecho). Llega
un punto donde ya no tiene con qué responder, se acaba el dinero, ya no puede obturar
la relación sexual con el gadget. Aparece entonces la angustia.
Aquí se encuentra con el siguiente dilema: hablar con su mujer y
reconocer su falta o mantenerse como no castrado, robar la plata a la mujer
ciega y que sea ella la que quede en falta demandándole su amor.
En este film la culpa parece llevarse el protagonismo. Por un lado, Bill
se siente culpable[5]
moralmente y aparece la angustia al no poder responder a la arrasadora Demanda
de su mujer. Se podría ubicar esta culpa del sujeto como lo que D’ Amore llama sentimiento de culpa, como forma de
escudarse, un modo de sustraerse de la responsabilidad subjetiva. Se siente
culpable pero no habla con su mujer, no se interroga de dónde es que viene
tanta culpa. No sólo este sujeto se sirve del sentimiento de culpa sino que
también niega su falta, su no poder responder a la demanda abrumadora, y por
otro lado, proyecta toda su culpa en el personaje de Selma. “Si el culpable es
el otro yo no soy responsable”[6].
La acusa de ser ella la que le roba el dinero y de ser ella la que lo mata,
cuando en realidad es él el que le suplica que termine con su vida porque él no
es capaz de hacerlo. Prefiere morir, que sea Selma quien lo mate, antes de
verse barrado.
Queda entonces la culpa en este personaje, del lado de lo que Mosca
plantea como déficit, la sustancialización del sujeto en el sentido de intentar
borrar la falta y en el sentido de la materialización del efecto capitalista.
Por el contrario, aparecería en el personaje de Selma la culpa, pero no
como sentimiento de culpa, sino como plantea D`Amore,
como condición para entrar en la responsabilidad subjetiva. Tiene un hijo, tal
cual como la impulsa su deseo de ser madre, pero ante la gran culpa que se le
plantea por heredarle a su hijo su ceguera, la interpelación que se abre allí,
la lleva a querer saldar esta deuda, trabajando duro para pagar la operación
del niño, demostrando que es capaz no sólo de matar sino también de sacrificar
su vida en pos de la responsabilidad que tiene con su hijo.
Bill le dice que es una mujer muy fuerte pero ella contesta que no lo
es. Tiene angustia, pero escapa de ella por medio de la fantasía, la que le
permite seguir adelante, llevar a cabo su acto, vivir para saldar la deuda con
el niño. Dice Selma: “No soy fuerte sino que empiezo a soñar y todo se vuelve
música.”
“Cuando el caminante canta en la oscuridad, desmiente su estado de
angustia, mas no por ello ve más claro.” [7]
Es clara la diferencia con Bill, quien no puede hacer nada con esa
culpa, no toma una responsabilidad subjetiva sino que la evita constantemente.
Él mismo le dice a Selma: “Podría suicidarme”, pero este hecho también lo
dejaría en falta, entonces a la solución que llega es que mediante la
proyección sea el otro quien ejecute el acto. Proyecta la falta en el otro,
haciéndola culpable de su muerte. Para la ley, si es responsable de sus actos,
entonces es culpable. Bill[8] le
dice antes de morir: “Hiciste lo
correcto, debería haberlo hecho yo. Apiádate de mí y mátame.”
El dilema ético se da en el momento en que el sujeto debe responder. En
el caso de Selma se podría hablar de un acto ético. Responde desde la
responsabilidad subjetiva, abriendo el campo a la singularidad. Selma, después
de tener un hijo, pudo haberse quedado sumergida en un sentimiento de culpa,
sin embargo, se cuestiona qué hacer con este hijo. “La respuesta es otro nombre
del sujeto, del sujeto en acto… contraer una deuda es contraer una culpa, estar
en deuda obliga a responderse, es decir, pagar la deuda”[9]
Selma en ningún momento se desentiende de su deseo y logra al final de su vida
diluir la culpa que tenía. “No hay deseo sin culpa, implica retornar sobre la
acción”[10]
Por otro lado, Bill quedaría del lado del particular, se podría decir
que se hace el distraído. Hay algo de verdad en la mentira de Bill, algo que
toca su deseo. Selma enamorada de él, un hombre completo capaz de darle lo que
necesite. Éste dice a Selma “no debí contártelo, tú tienes bastantes problemas”.
¿Por qué le cuenta su falta justamente a Selma? Ella, hasta el momento aparecía
como otro barrado, que apenas tenía dinero para vivir, pero se encuentra
finalmente que no está barrada como él pensaba, es entonces que su falta se
hace sentir también frente a ella. Dentro de su moral, Bill no ha excedido su
particular porque no puede posicionarse respecto de su deseo. “Cuando la muerte
es lo que más se anhela. Cuando todo se ha borrado y sólo queda la muerte en el
horizonte, allí no hay elección posible.”[11]
Para concluir, quiero destacar que ambos personajes
tienen el mismo destino: la muerte inevitable por ser del orden de la
necesidad, sin embargo será el modo de respuesta de cada personaje lo que los
diferenciará.
Mercedes Gárgano
BIBLIOGRAFÍA
§
Fariña, J. Ética profesional.
Dossier bibliográfico en Salud Mental y derechos humanos. Acápite 3.3: el
status de la responsabilidad sobre los actos. 1992.
§
Freud, S. (1925). “Inhibición,
síntoma y angustia” en Obras completas.
Tomo XX. Amorrortu editores.
§
Freud, S. (1925). “La
responsabilidad moral por el contenido de los sueños”. En Algunas notas
adiciona-les a la interpretación de los sueños en su conjunto. Obras completas.
Tomo XIX, Amorrortu editores. 1984.
§
Lacan. Seminario 5 Las formaciones
del inconsciente. Paidós.
§
Michel Fariña, J. & Gutiérrez, C. «Veinte años son nada.
Causas y azares”. Número 3. Buenos Aires. 1996.
§
Mosca, J. C. (1998).
Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba,
Buenos Aires.
§
Salomone y Domínguez. “Clínica
y deontología”. Ed. Letra viva.
§
Ulloa, F.: La ética del
analista ante lo siniestro. En Territorios, número 2. MSSM. Buenos Aires, 1986
[1] ULLOA, “La ética del analista ante lo siniestro”
[2] FARIÑA Y GUTIERREZ. “Veinte años son nada”. Pág.
50
[3] Se refiere específicamente a la neurosis obsesiva.
[4] Fabián Schejtman. Titular de cátedra de Psicopatología de la Facultad de
Psicología de la UBA. Presentación en el
"Congreso de Ética y Cine" el día Jueves 8 de Junio del 2006. “Ética y clínica: notas para una
psicopatología del nuevo siglo”. Crash (David Cronnenberg)
[5] “…la neurosis obsesiva, en que el pobre yo se siente culpable de toda clase
de mociones malas de las que nada sabe, mociones que le son enrostradas en la
conciencia pero es imposible que él pueda confesarse. En toda persona normal hay un poco de esto”
(Freud, “La responsabilidad moral por el contenido de los sueños”. Pág. 136.)
[6] Se está refiriendo a la responsabilidad moral. D’
AMORE. Responsabilidad subjetiva y culpa.
Pág. 159
[7] FREUD. “Inhibición, síntoma y angustia”. 1926. Cáp.
II. Pág. 92. Tomo XX. Amorrortu Editores.
[8] Creo que es significativo destacar que Bill era
policía, en tanto policía representante de la ley y el orden.
[9] D’ AMORE. Responsabilidad
subjetiva y culpa. Pág. 147
[10] Idem. Pág. 154
[11] FARIÑA. “Veinte años son nada”. Pág. 52
© elSigma.com - Todos los derechos reservados