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Caramel o los usos de la mascarada

26/09/2013- Por Ana Cano - Realizar Consulta

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En un salón de belleza de Beirut, es donde convergen cinco mujeres y sus cinco historias (…) Mujeres que desvían su mirada en un imaginario que les impide acercarse a su deseo. Mujeres que sitúan su mirada en la Otra esperando encontrarse con la respuesta que pueda dilucidar algo de su femineidad.

 

 

Ficha técnica y artística

Dirección: Nadine Labaki.
Países:
Francia y Líbano.
Año: 2007.
Género: Comedia dramática.
Interpretación: Nadine Labaki (Layale), Yasmine Al Masri (Nisrine), Joanna Moukarzel (Rima), Gisèle Aouad (Jamale), Adel Karam (Youssef), Siham Haddad (Rose), Aziza Semaan (Lili), Fatme Safa (Siham), Dimitri Stancofski (Charles), Fadia Stella (Christine), Ismail Antar (Bassam).
Guión: Nadine Labaki, Jihad Hojeily y Rodney Al Haddad.
Producción: Anne-Dominique Toussaint.

 

 

En un salón de belleza de Beirut, es donde convergen cinco mujeres y sus cinco historias. Layale ama a Rabih, pero es un hombre casado. Nisrine es musulmana y tiene un problema frente a su próxima boda: ya no es virgen. Rima se siente atraída por las mujeres. Jamale se resiste a envejecer. Rose se ha sacrificado por cuidar de su hermana mayor. Allí, las mujeres buscan encontrarse y se despliegan sus conversaciones íntimas y liberadas, entre cortes de pelo y depilación con una pasta caramelizada de azúcar, agua y limón.

Situaré el análisis en Layale y Jamale.

Historias de mujeres, que desvían su mirada en un imaginario que les impide acercarse a su deseo.

Mujeres que sitúan su mirada en la Otra esperando encontrarse con la respuesta que pueda dilucidar algo de su femineidad.

Layale, dueña del salón de belleza, deja todo ante una bocina del auto de su amante, ante el llamado de un hombre, Rabih, hombre casado que cuando puede o quiere la convoca al encuentro.

Layale, frente a las ausencias de Rabih parece desesperar, y comienza a preguntarse sobre el misterio de la otra mujer, la Otra de la histeria, que le hace preguntarse qué tiene esa otra mujer a la cual Rabih no puede dejar.

El encuentro con la esposa de Rabih aparece de la mano de sus compañeras que la invitan al salón, y luego es esta esposa quien la solicita en su domicilio. Es en ese momento en donde la esposa le cuenta a Layale que quiere que la arregle para su aniversario de bodas. La formulación deseante en la histeria incluye a la Otra. En el filme, Layale, siguiendo ese camino, se acerca, la observa, la depila, y así la destituye de cierto lugar de ideal quedando liberada luego de esa captura. Su accionar le habilita un otro lugar, distinto del lugar de objeto de amor.

Es a partir de este momento que Layale puede dejar de responder al llamado de Rabih. Algo cae en esa escena que se sostenía de promesas para poder ver el lugar al que ella se sometía a la espera de su amor.

Una mujer está muy atada a preguntarse siempre si es amada,  o esperando “algo” que el hombre le debe dar.

Lo característico del amor en las mujeres es que en ellas predomina el hacerse amar y desear. Dice Lacan: “Es por lo que no es por lo que pretende ser deseada al mismo tiempo que amada.”[i]

Al hacerse amar la mujer recibe el falo que le falta  a través de la metáfora de amor, en su relación con el partenaire, como una de las salidas planteadas por Lacan frente al penisneid, la otras son la mascarada femenina y la maternidad.

Lo femenino está asociado a lo imposible de representar, pero hay en la histeria una figura en donde una mujer cree en la identificación al falo, y se encuentra en el ser de la mascarada.

Lo que muestra esta película es la mascarada femenina, el parecer ser. La mascarada femenina, es la presentación de un semblante que intenta suturar la castración del Otro, constituye una dimensión esencial de la sexualidad en la mujer, porque la asunción de una mascarada es lo que le permite encarnar un objeto de deseo para el hombre.

La mascarada tiene el sentido de jugar a nivel simbólico, un semblante tiene por función velar un vacío, vela la ausencia, crea y a su vez se ofrece, da a ver. Detrás de ese velo no hay más que un vacío a contornear. El semblante tiene la función de velar la nada, introduce un “parecer-ser” en el lugar de lo real, en el lugar del vacío de representaciones y significantes que produce la castración.

Velos de lo femenino, mascarada que busca taponar al agujero que no tiene representación.

Jamale, unas de la clientas del salón, busca ocultar su edad, intentando retener algo de una juventud que se le escapa, fijada en un juego que juega para la Otra… mostrarle los signos de juventud en esas manchas visibles. Pero esto se le torna fallido, tan pronto como el ojo/cámara la confronta en su punto de angustia... es por la pregnancia a una mostración que la deja por fuera de los ideales de la época en donde la juventud es un ideal de perfección del cuerpo. 

Ella al ofrecerse a la mirada, también se pierde en el fondo del espejo/cámara, no pudiendo escapar a las leyes del mercado y de la globalización. Porque para Jamale su belleza depende de atributos fálicos que se tienen o no, que están sometidos a la medida fálica y al dictamen de los ideales de la época.

Jamale no puede decir su historia, que no es sólo historia de marcas psíquicas, sino también de las marcas de la vida en su cuerpo.

Hay otro personaje que ronda a Layale, un policía al que en principio ella mira sin ver, y es a quien podrá comenzar a ver, luego que él deje caer también sus imposturas de virilidad... su uniforme y su bigote, en el salón de Layale.

Se deja entrever, en el film, la posibilidad para Layale de un encuentro con este hombre, ya que si el amor es ni ser ni tener, ambos estarán afectados por la castración.

Si no hay deseo más que implicando la castración, avanzar en el camino de su propio deseo implica necesariamente avanzar en el descubrimiento de la castración de Otro permitiendo localizar al sujeto[ii] .

Jacques-Allain Miller en “De mujeres y semblantes” afirma que las máscaras no son más que máscaras de la nada, y que la mujer para relacionarse al hombre necesariamente debe pasar por la vía de la mascarada, es decir, disfrazarse del objeto del fantasma del hombre.

¿Cuál puede ser el buen uso de la mascarada? Su buen uso implicaría poder decir sí y no, hacer uso de ella, pero sin creérsela demasiado, estar advertido de que detrás del velo no hay nada, que el velo no es sino una máscara de la nada. Y a su vez, lugar imprescindible para ubicarse en una posición femenina frente al deseo del partenaire.

Usar serenamente la mascarada femenina, a condición de servirse de ella. Un psicoanálisis debería conducir a un saber hacer con eso, savoir y faire. [iii]

 

 

Bibliografía

 

Lacan, J. Escritos. Buenos Aires, Siglo Veintuno, 1986: “La significación del falo” (1958) e “Ideas directrices para un congreso sobre sexualidad femenina” (1960).

Miller, J. A., De la naturaleza de los semblantes. (1991-1992) Paidos, Buenos Aires, 2002.

Miller, J. A., Lógicas de la vida amorosa. (1989)  Manantial, Buenos Aires 2009,

Estacolchic, R. -  Rodríguez, S. Escenas, causas y razones de la vida erótica. Letra Viva, Buenos Aires, 2003.

Barros, M. La condición femenina. Ediciones Grama, Buenos Aires, 2011.

Tendlarz, S.,  Las mujeres y el amor, entre semblante y sinthome. Web AMP

Goya, A. Análisis: Revista de psicoanálisis y cultura de Castilla y León. Nro. 14, (Ejemplar: ¿Quién se analiza hoy?), 2007.



[i] Lacan, J., “La significación del falo” (1958), Escritos. Buenos Aires: Siglo Veintiuno, 1986, pág. 674.

[ii] Tendlarz, S., Las mujeres y el amor, entre semblante y sinthome. AMP

[iii] Goya, A. Análisis: Revista de psicoanálisis y cultura de Castilla y León. Nro.  14,  año 2007,  pág. 33.  “Del buen uso de la mascarada femenina”.


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