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Coraline o ¿abriendo la puerta secreta?

04/11/2009- Por Ana Cano - Realizar Consulta

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Coraline es una niña que se muda a un complejo habitacional gris y aburrido, con unos padres a los cuales encuentra ocupados y poco disponibles para escucharla. Pero es a su madre a quien Coraline reprocha y espera que la escuche, que la deje salir, que le cocine… en fin, que le dé lo que le pide…
Y es desde esta falta que recibe Coraline de su madre, falta estructural existente en la relación madre–hija, que Coraline descubre este mundo secreto detrás de la puerta con llave. Mundo ideal pero que encierra una trampa. Mundo de lo familiar que se torna siniestro.

 

Ficha técnica

Título original: Coraline (Estados Unidos)

Título en España: Los mundos de Coraline

Título en Hispanoamérica: Coraline y la puerta secreta

Dirección: Henry Selick

Producción: Claire Jennings

Guión: Henry Selick (libro de Neil Gaiman)

Música: Bruno Coulais They Might Be Giants

Editor: Christopher Murrie

Fotografía: Paul Gentry, Pete Kozachik

Reparto:

Dakota Fanning
Teri Hatcher
Keith David
Robert Bailey Jr.

 

El film Coraline, además de ser una obra de arte en lo que se refiere a la técnica cinematográfica de stop motion, permite realizar varias lecturas, en torno a esta historia que trata de una niña en su pubertad.

Coraline es una niña que se muda a un complejo habitacional gris y aburrido, con unos padres a los cuales encuentra ocupados y poco disponibles para escucharla. Pero es a su madre a quien Coraline reprocha y espera que la escuche, que la deje salir, que le cocine… en fin, que le dé lo que le pide…

Y es desde esta falta que recibe Coraline de su madre, falta estructural existente en la relación madre–hija, que Coraline descubre este mundo secreto detrás de la puerta con llave. Mundo ideal pero que encierra una trampa. Mundo de lo familiar que se torna siniestro.

Lo Unheimlich, lo siniestro, es lo opuesto a Heimlich, propio de la casa, familiar, íntimo, no extraño, dócil, confidencial, lo que recuerda el hogar, que también remite a su opuesto. Freud introduce la definición que da Schelling de lo siniestro: unheimlich es todo lo que, estando destinado a permanecer oculto, secreto, ha salido a la luz.

Al traspasar esta puerta secreta Coraline se encuentra con su otra madre, que al parecer es igual a la suya sólo que en los ojos tiene botones. Frente a la pregunta de Coraline sobre quién es ella, ésta le responde, “tu otra madre”, “¿mi otra madre?”, replica Coraline. “Todos tienen otra madre”, dice la bruja.

Esta otra madre brinda a Coraline los mejores manjares, y los regalos más maravillosos, pero como dice Marcelo Barros, “…plenitud y saciedad pueden presagiar la catástrofe, ya que el horror de lo lleno puede ser tan opresivo como el del vacío, quizás porque éste no es más que una versión de aquel. Desde Hansel y Gretel, la literatura infantil nos enseña que el más suculento festín precede a la manifestación atroz del deseo del Otro, tan a menudo representado como voracidad”[1].

Así es como en esta película, basada en la novela de Neil Gaiman, aparece esta voracidad que torna lo familiar, en siniestro. El deseo del otro en su versión de voracidad aparece retratado en la película como La Otra Madre, la bruja, ficción de la estragante relación entre madre e hija.

Es esta bruja que intenta mostrarle todo su brillo fálico, intentando que Coraline se quede en este mundo de ensueño, brillante y colorido, en contraste con el mundo “real” gris y aburrido.

¿No es necesario salir a buscar en otros objetos para no quedarse atrapado en un vínculo estragante, para no quedar atrapado en las fauces de la madre? Nos dice Freud que la niña se aparta de la madre porque descubre a la madre castrada. Esta Madre del mundo secreto, que SABE, cuando al hacer realidad sus fantasías dice: “Madre te conoce como la palma de la mano”. En ese mundo la madre sabe todo, aparece no castrada, y el otro padre es un títere.

Dice Lacan: “El papel de la madre es el deseo de la madre. Esto es capital. El deseo de la madre no es algo que pueda soportarse tal cual, que pueda resultarles indiferente. Siempre produce estragos. Es estar dentro de la boca de un cocodrilo, eso es la madre. No se sabe qué mosca puede llegar a picarle de repente y va y cierra la boca. Eso es el deseo de la madre.”[2]

Luego de un enojo con su madre del mundo real, Coraline retorna a la puerta secreta pero recibe un ofrecimiento, Madre le dice: “Podrías quedarte para siempre. Para ti, muñequita nuestra, botones para quedarte. Sólo queremos lo mejor para ti. Pronto pensarás como nosotros.” Y es con este ofrecimiento de que ella sustituya también sus ojos por botones que se dispara lo siniestro. Aparece en Coraline esta mirada infantil extrañada de lo familiar que repetidamente se hace ajeno y terrorífico. Y como en la novela de Hoffman, “El hombre de Arena”, la pérdida de los ojos o su sustitución en esta película, pone de relieve el lugar de objeto.

Freud sitúa como primer motivo de sentimiento ominoso el miedo a ser despojado de los ojos. El miedo a perder los ojos es una angustia infantil que a menudo persiste en algunos adultos. En la misma línea habla de expresiones como "la niña de mis ojos" tan comunes en lo cotidiano, y que confirman también que este miedo no es más que un sustitutivo de la angustia de castración. En este punto, nos pone como ejemplo a Edipo con su particular forma de castración, a saber, arrancándose los ojos. La película Coraline muestra la falta de límites entre realidad y fantasía que nos lleva de nuevo al mundo infantil de Coraline.

Es frente a este pedido de cambiar sus ojos por botones, que Coraline intenta escapar, pero Madre la retiene. Entonces intenta salir de ese mundo de ficción y acompañada de un gato, que en ese mundo puede hablar, se pregunta: ¿Qué madres comen a sus hijas? A lo que el gato le responde: “Tal vez para amar algo más que a sí misma.” El goce materno en su versión estragante, hijos en manos del narcisismo materno, como objetos de su goce. Coraline también se pregunta: “¿Cómo puedes alejarte de algo para volver al mismo lugar?”

Madre, como la llaman los títeres en la película, le dice: “tú sabes que te quiero mucho”, y Coraline responde: “tienes una manera muy rara de querer”. El deseo del Otro es algo que no deja, sin duda, de producir las marcas más profundas en el sujeto.

Luego Coraline se encuentra con los niños que fueron previamente devorados por la bruja, quienes le cuentan: “…nos dio todo lo que queríamos, pero queríamos más, entonces dejamos que nos cosa los ojos y devoró nuestras vidas…” Devorar, este aspecto canibalístico en torno a la madre. Dice Lacan… “el deseo de la madre en su fundamento es insaciable, el niño toma el camino de hacerse él mismo objeto falaz, engañador… […] esta madre insaciable, insatisfecha, a cuyo alrededor se constituye el narcisismo del niño es alguien real, ella esta ahí como todos los seres insaciables, busca devorar”[3]. ¿No es acaso este otro mundo detrás de la puerta secreta, como un velo que muestra lo terrible de la Madre, como se nombra a la bruja? Que muestra como el deseo del otro puede tornarse siniestro.

Si el niño queda fijado en el lugar de falo de la madre, obtura la posibilidad de que ella pueda tener acceso a su propia verdad, y deja al niño hipotecando su cuerpo y su existencia para satisfacer la exigencia materna.

Cuando Coraline logra escapar el grito de la bruja es: “No me dejes, no me dejes... me moriría sin ti”. Este aspecto mortífero del amor que ahoga, en tanto deja a la hija como objeto de goce de la madre, muestra el estrago en su peor vertiente.

Para finalizar, esta película pone sin velo, algo del primer despertar sexual, ya que para que el segundo despertar tenga lugar debe haberse producido un primer despertar en el que el sujeto despertó de “un sueño: ser el falo que completa al Otro”[4]. Porque en lo que respecta a la inscripción del significante fálico, debe ser retraducida en el trazo particular que lo representa, sin necesitar ofrecerse en posición de objeto al Otro.

Coraline de lo familiar ingresa a lo siniestro para transformar su mirada, no en botones como objeto de goce del Otro, sino para poder mirar con nuevos ojos: los propios.

 

 

Bibliografía

 

 

·         Jacques Lacan,  Seminario XVII El Reverso del Psicoanálisis. Editorial Paidós.

·         Jacques Lacan,  Seminario IV La relación de objeto. Editorial Paidós.  

  • Sigmund Freud, Lo siniestro. 1919. Biblioteca Nueva. López Ballesteros.
  • Alba Flesler, EFBA Cartel de Carteles: Clínica con adolescentes.
  • Colette Soler, La cosa materna en el inconciente del niño. Conferencia en París.

 

 



[1] Marcelo Barros. Prólogo  de “Porciones de Nada. La anorexia y la época”.  Alejandra Eidelberg, Claudio Godoy, Fabián Schetjman, Nieves Soria Dafunchio.  Editorial Serie del Bucle. Año 2009.

[2] J. Lacan  Seminario XVII El Reverso del Psicoanálisis. Editorial Paidos. (11/03/1970)

[3] J. Lacan, Seminario IV. La Relación de Objeto. Editorial Paidos. (27/02/1957)

[4]  Alba Flesler. E.F.B.A. Cartel de Carteles: Clínica con adolescentes.

 


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