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Dogville

31/05/2006- Por Natalia Villani y Angel Manuel Elgier -

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“Si yo pudiera unirme a un vuelo de palomas y atravesando lomas dejar mi pueblo atrás, juro por lo que fui que me iría de aquí. Pero los muertos están en cautiverio y no nos dejan salir del cementerio.” (Pueblo Blanco, de Joan Manuel Serrat) Con esta mágica poesía de Serrat la autora nos introduce en la mágica oscuridad de Lars Von Trier en Dogville.

Dogville

 

Ficha técnica y artística

 

Dirección y guión: Lars von Trier.
Países:
Dinamarca, Suecia, Francia, Noruega, Holanda, Finlandia, Alemania, Italia, Japón, USA y Reino Unido.
Año: 2003.
Duración: 177 min.
Interpretación: Nicole Kidman (Grace), Harriet Andersson (Gloria), Lauren Bacall (Ma Ginger), Jean Marc-Barr (El hombre del sombrero grande), Paul Bettany (Tom Edison Jr.), Blair Brown (Sra. Henson), James Caan (El gran hombre), Patricia Clarkson (Vera), Jeremy Davies (Bill Henson), Ben Gazzara (Jack McKay), Philip Baker Hall (Tom Edison padre).
Producción: Vibeke Windeløv.
Fotografía: Anthony Dod Mantle.
Montaje: Molly Marlene Stensgaard.
Diseño de producción: Peter Grant.
Vestuario: Manon Rasmussen.

 

 

 

Si yo pudiera unirme

a un vuelo de palomas

y atravesando lomas

dejar mi pueblo atrás

juro por lo que fui

que me iría de aquí.

Pero los muertos

están en cautiverio

y no nos dejan salir del cementerio.

 

“Pueblo Blanco”, de Joan Manuel Serrat

 

 

 

Comenzaremos desarrollando el tema de responsabilidad subjetiva. Para ello tomaremos a un personaje, Tom, analizando el circuito de la responsabilidad en el discurrir de la película.

Tom es uno de los quince integrantes del pueblo Dogville. Es un ser humano muy idealista, que se muestra durante largo tramo del film como una persona con altos valores morales. Se consideraba minero porque creía que hacía estallar el alma humana con sus ideas, y soñaba con que se reconociera su labor como escritor, aunque en realidad siempre postergaba el momento de escribir.

En la introducción de la historia, Grace es una fugitiva que llega a Dogville por azar, hecho que le viene a Tom muy bien, ya que él consideraba que Dogville debía aprender a recibir, a aceptar, y Grace era ese regalo que le hacía falta al pueblo. Tom reúne a los habitantes en la parroquia y les habla de esto, Grace se presenta y Tom pide a Dogville dos semanas para que la recién llegada se quede, y si hubiera una sola objeción, ella se tendría que ir.

Ubicamos como tiempo uno del circuito de responsabilidad subjetiva el hecho de que Tom haga entrar a Grace al pueblo para que éste aprenda a aceptar la novedad. A lo largo del film, Grace se muestra como un ser diferente a los integrantes del pueblo, y estos la aceptan; Grace le brinda una hora de trabajo por día a cada familia de Dogville a cambio de la protección que ellos le ofrecen, al tiempo que entre Grace y Tom comienza una historia de amor.

Pero los tiempos felices en Dogville no duraron demasiado, y tras la segunda visita policial al pueblo, éste empieza a considerar peligrosa a Grace, razón por la cual Tom le propone que trabaje el doble, así el pueblo sigue aceptándola. Así fue, pero también empezó el maltrato y la violencia hacia Grace. En un momento del film, el pueblo, salvo Tom, se pone de acuerdo en echar a Grace. Tom se dirige al cuarto de Grace y le dice que él la eligió a ella y no al pueblo, que tendrían que liberarse de Dogville, que ese era el momento para que hagan el amor, que hasta el momento no habían hecho, pues había que esperar a ser libres. Grace le contesta que aún no eran libres, que sería un error para su amor. Luego Tom le dice que él renunció al pueblo por ella, que ella debería hacer al menos una concesión, que todos la poseyeron menos él (porque cuando empezó el maltrato y la explotación hacia Grace, los hombres del pueblo la violaron). A ésto, Grace responde que hiciera lo que quisiera, que la tomara por la fuerza y así sería uno más de ellos. Le pregunta si le molesta ser tan humano y le dice que no se preocupe, que dudar está bien. Ubicamos el tiempo dos en estas palabras de Grace dirigidas a Tom. En este momento hay un cambio de actitud en Tom. Se despide de Grace y se va a caminar para pensar.

Tom estaba enojado, nos cuenta el relator, y en un momento descubre que su enojo no se debía a una acusación injusta, sino a que Grace estaba en lo cierto, entonces en ese mismo momento se da cuenta de que ella es peligrosa, que el pueblo tenía razón, que él no se podía permitir dudar, pues toda su carrera de escritor se desbarrancaría. Grace lo compara con el resto de los hombres, e introduce la duda en él. Este tiempo dos en Tom interpela el tiempo uno, es decir, querer que ella entre al pueblo. La acción del tiempo uno ya no se agota en sus fines, hay algo más allí, y ese algo más es por lo que haremos responsable a Tom. En ese más podemos ubicar algo del orden deseante en Tom; es decir, según nuestra hipótesis clínica, Tom, supuestamente, sólo quería que Grace se quedara en el pueblo, pero cuando ella lo “invita” a que la viole y le habla de su debilidad, es decir que es tan débil como los otros hombres que la violaron, hay algo que tambalea en él, ya no es el Tom de las certezas, sino que se enfrenta con algo ante lo cual queda perplejo.

“El campo de la responsabilidad subjetiva no se restringe a las fronteras del yo. Por lo contrario, se ubica en el punto en el que el yo se enfrenta a su inconsistencia: algo extraño irrumpe y quiebra todo sentido, el yo se desorienta frente a esto que le es ajeno”[1].

No se llega a un tiempo tres, rápidamente se cierra el circuito de la responsabilidad subjetiva pues Tom responde a la interpelación vía proyección, que es una de las figuras de la culpa, es decir que Grace es peligrosa, por lo tanto había que deshacerse de ella. Tom no se permite dudar y traslada a Grace el miedo que genera en él la duda, entonces hay que eliminarlas a ambas: a la duda y a Grace. Además él jamás hubiera permitido que se lo igualara al resto de los hombres, pues él, con sus ideales, es superior; se ve claramente la dicotomía entre el cuerpo y el alma, y cómo Tom considera que dejarse llevar por los placeres de la vida no era acorde a sus valores, él no era así de salvaje, aunque deseaba a Grace e intentaba convencerse de que esto no era vergonzoso. Tom quería sentirse diferente, diferenciarse del Otro, que sería Dogville, pero esto se presenta como una contrariedad, pues si Tom no se permitía dudar, había pocas probabilidades de que pueda introducir algo nuevo. Así, Tom aparece siendo todo lo contrario de lo que él hubiera querido, era un hombre que no podía desprenderse de los significantes del Otro, de esos significantes que el pueblo también había forjado en él. Cuando Tom le dice a Grace que él todo lo entendía, que él comprendía a todos los habitantes del pueblo pero a ella no, pues ella era diferente, notamos el esfuerzo de Tom por nombrar a Grace de algún modo, hecho que se resuelve sólo al final de la película, cuando Grace termina siendo unánimemente peligrosa. El peligro de lo nuevo, el riesgo de lo desconocido. Cuando al final del film Grace decide matar a todos los integrantes de Dogville, Tom (temblando y con lágrimas en los ojos) le pregunta a Grace si tener miedo está mal, y le dice que él la usó, que eso es verdad, pero ella no lo deja terminar su discurso. En ese momento vemos un Tom arrepentido, culposo y con miedo, reconociendo que él la usó, la usó para hacerle creer a Dogville que él era diferente de ellos. Si bien este arrepentimiento es un cambio de posición en Tom (en caso de que fuese real, y no sólo una jugada para salvar su vida) pues ya no estaría acusando a Grace de ser peligrosa, sino reconociendo que él la usó y reconociendo también que él tiene miedo, que es tan humano como cualquiera de los otros, tampoco alcanza para marcar un tiempo tres, el tiempo en el cual se produce un cambio subjetivo con relación al deseo. Tanto la proyección como el inculparse son dos respuestas a la interpelación, pero ambas obturan el tiempo del acto ético en que se produce un sujeto del inconsciente.

“El me equivoqué es cómo se dice, una disculpa por la que el yo se desculpabiliza del deseo aceptando la culpa moral del reconocimiento de la equivocación. La culpa moral está en las antípodas de la culpabilidad del deseo”[2] (la cursiva es nuestra).

Grace mata a Tom, de no haber sido así quizás pesquisáramos en Tom algo de la responsabilidad subjetiva, pues “la dimensión del yerro es crucial porque es la llave que puede abrir la dimensión del deseo”[3]

En cuanto al azar, ubicamos el hecho de que Grace haya llegado a Dogville. Es una cuestión azarosa ya que estaba en riesgo su vida y debía esconderse en el primer lugar que encontrara apropiado para tal fin. Y con respecto al orden de la necesidad, pensamos que no era necesario que se tuviera que quedar en Dogville, no era necesario que Tom la ayudase y la invitase a quedarse, y tomarla como un regalo, como una oportunidad que le venía bien al pueblo. Por esto, vemos cómo se abre así el circuito de la responsabilidad subjetiva.

 

Articulando con los ejes universal-singular y particular, podemos decir que el pueblo de Dogville es lo particular, es un universo en el cual irrumpe Grace, que sería la portadora de la novedad, de la singularidad. Cuando Tom no puede nombrar a Grace vemos claramente cómo todo lo que implica la persona de Grace no está contemplado en ese universo, en esa moral sostenida por Dogville.

“Podremos hablar de singularidades sólo cuando algo que se presenta hace desfallecer las capacidades clasificatorias de la lengua de la situación, cuando ese algo no se deje contar como un individuo por ninguna de las propiedades discernibles –estructurantes- de la situación.”[4]

Aunque Grace sea una singularidad para Dogville, ella no es la que produce un acto ético, no hay acto ético pues ella también se revela portando una moral con la cual no puede romper, aunque eso es lo que inicialmente hubiera querido al escapar de su padre, vemos que no lo logra, y termina en el universo particular de la moral que ella sostiene. Consideramos que en Tom se dan dos movimientos, uno es similar al de Grace, es decir él quería, aparentemente, romper con las categorías sostenidas por el pueblo, quería introducir algo nuevo en este pueblo, pues todo era demasiado rígido, pero sus acciones: postergar el momento de escribir, delatar a Grace por introducir la duda en él, nos dan la pista para pensar que no lo logra; pero el segundo movimiento que se da en Tom, nos parece el más interesante, pues él, al final de la película, reconoce haber usado a Grace y reconoce tener miedo, lo cual quizás podría ser un modo de darse cuenta realmente de lo que es Dogville, es decir, ser el portador también él de una novedad.

“No hay sino habitantes de situaciones, para los cuales lo que está excluido de su universo de discurso no está reprimido ni escondido ni latente: simplemente, no existe, sin más. Por eso el advenimiento singular suplementa realmente el universo de lo existente. Una singularidad es entonces, irremediablemente, un proceso situacional.”[5]

Consideramos a Dogville una película osada, compleja y provocadora, con habilidad despliega un escenario donde desnuda la condición humana, y nos lleva a preguntarnos por nuestras luces y sombras. Se ponen en juego la sensibilidad, los principios morales y las limitaciones del ser humano.

Nuestro director, Lars Von Trier, junto con Thomas Vinterberg, han esbozado un manifiesto cinematográfico contra el cine industrial y las prácticas convencionales: el Dogma 95. La intención de este movimiento es rescatar la esencia del cine que se expresa en los personajes y las situaciones. Brevemente, el manifiesto consta de 10 reglas:

 

-    Cámara en mano

-                     Sonido directo

-                     Linealidad temporal y espacial

-                     Actores no profesionales

-                     Utilización de luz natural

-                     Ausencia del nombre del director en los créditos

-                     No deben ser filmes de género ni contar con argumentos superficiales

-                     Queda prohibido el uso de música incidental

-                     No debe haber armas u ocurrir crímenes

-                     No se admiten filtros ópticos ni trucos de cámara

-                     Todo el rodaje se debe realizar en un set natural

 

La obra de este realizador invita a abrir múltiples sentidos que ponen de manifiesto lo irreductible de la conducta humana. Creemos que sus obras son verdaderas singularidades, y lo consideramos artista en el sentido que le da a la categoría Cristina Daneri, en tanto apela al deseo del espectador, llevándolo más allá de lo que se muestra en la pantalla.

La propuesta artística es la de ruptura con los cánones estéticos del cine de estudio. Von Trier implanta un modelo “hiperrealista”: busca hacer del espectador un testigo no pasivo de la experiencia cinematográfica. La experiencia del “estar ahí” se transmite sin trabas como si se tratara de un registro documental.

En el juego perverso de poder que se despliega cuando los habitantes del pueblo comienzan a abusar de Grace, se desnudan las miserias y emergen los dilemas éticos que Von Trier saca a relucir en sus filmes.

“La poética de la «obra abierta» tiende a promover en el intérprete «actos de libertad consciente», a colocarlo como centro activo de una red de relaciones inagotable entre las cuales él instaura la propia forma sin estar determinado por una necesidad que le prescribe los modos definitivos de la organización de la obra disfrutada; (...) cualquier obra de arte, aunque no se entregue materialmente incompleta, exige una respuesta libre e inventiva, si no por otra razón, sí por la de que no puede ser realmente comprendida si el intérprete no la reinventa en un acto de congenialidad con el autor mismo.”[6]

Relacionamos el concepto de “obra abierta” de Eco, con la propuesta de la cátedra, ya que se invita al estudiante a participar, a hacer la obra junto con el artista mediante una ejecución personal, existiendo múltiples lecturas posibles desde la perspectiva en que nos situemos.

 

 

Natalia Villani y Angel Manuel Elgier

nati_villani@yahoo.com.ar

 

 

 

Bibliografía

 

Ø                  D´Amore, Oscar. “Responsabilidad subjetiva y culpa”. Ficha de cátedra.

 

Ø                  Eco, Umberto. Obra Abierta, Editorial Planeta. 1998.

 

Ø                  Fariña, Juan Jorge Michel. Ética, un horizonte en quiebra. EUDEBA, 2002.

 

Ø                  Fariña, Juan Jorge Michel. Ética y Cine. EUDEBA, 2000.

 

Ø                  Lewkowicz, Ignacio. “Particular, Universal, Singular” en Ética, un horizonte en quiebra. EUDEBA, 2002.

 

Ø                  Mosca, Juan Carlos. “Responsabilidad: otro nombre del sujeto” en Ética, un horizonte en quiebra. EUDEBA, 2002.

 

Ø                 Salomone, Gabriela Z. “Responsabilidad y formaciones del inconsciente”, Ficha de cátedra.



[1] Salomone, Gabriela Z. “Responsabilidad y formaciones del inconsciente”, Ficha de cátedra.

[2]  D´Amore. Oscar. “Responsabilidad subjetiva y culpa”. Ficha de cátedra.

[3]  Idem.

[4] Lewkowicz, Ignacio. “Particular, Universal, Singular” en Ética: un horizonte en quiebra. EUDEBA, 2002.

[5] Idem.

[6] Eco, Umberto. Obra Abierta, Editorial Planeta. 1998.


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