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El Código Da Vinci: una lectura posible

06/06/2006- Por Mónica Federmann - Realizar Consulta

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Los avatares de una época y la humanización de Jesús, que introduce el film, generan polémicas, críticas y respuestas contestatarias en los medios de comunicación, como si no se tratara de una ficción, una novela, y su puesta en la pantalla grande. Pareciera que este relato atentara contra la integridad de una institución, tal como lo anticipara S. Freud en Psicología de las masas y análisis del yo.

Ficha técnica y artística

Dirección: Ron Howard.
País: USA.
Año: 2006.
Duración: 149 min.
Género: Thriller.
Interpretación: Tom Hanks (Robert Langdon), Audrey Tautou (Sophie Neveu), Ian McKellen (Sir Leigh Teabing), Alfred Molina (Obispo Aringarosa), Jürgen Prochnow (Vernet), Paul Bettany (Silas), Jean Reno (Capitán Fache), Etienne Chicot (Teniente Collet), Jean-Yves Berteloot (Remy Jean), Jean-Pierre Marielle (Jacques Saunière), Marie-Françoise Audollent (Hermana Sandrine), Seth Gabel (Michael).
Guión: Akiva Goldsman; basado en la novela de Dan Brown.
Producción: Brian Grazer y John Calley.
Producción ejecutiva: Dan Brown y Todd Hallowell.
Música: Hans Zimmer.
Fotografía: Salvatore Totino.
Montaje: Dan Hanley y Mike Hill.
Diseño de producción: Allan Cameron.
Dirección artística: Giles Masters y Tony Reading.
Vestuario: Daniel Orlandi.     
           

 " La verdad tiene una estructura, por así decirlo, de ficción"

J. Lacan                                                                            

La película El Código Da Vinci, basada en la novela de Dan Brown, es una ficción que durante más de dos horas sostiene el interés del espectador, al mismo tiempo que genera polémica e irritación en sectores de la sociedad de todo el planeta.

Para referirme al film, lo haré desde la noción de mito, introducida por J. Lacan en el Seminario 4. El mito es un relato que siempre apunta a dar respuesta a las preguntas sobre el origen, entre ellas la creación del hombre, la invención de los recursos humanos que permitieron resolver y avanzar en la subsistencia frente a los obstáculos de la naturaleza y de la vida cotidiana.

Además, los mitos plantean una relación del hombre con una fuerza secreta benéfica o maléfica, caracterizada por lo que tiene de sagrado. En sus aspectos estructurales el mito muestra ciertas constancias que resisten a la invención subjetiva, es atemporal e inagotable.

Cito a Lacan: “También indicaré el problema planteado por el carácter de ficción que el mito tiene en su conjunto. Pero esa ficción presenta una estabilidad que no la hace nada maleable para las modificaciones que puedan aportarse, o, más exactamente, implican que cualquier modificación supone al mismo tiempo alguna otra, sugiriendo así invariablemente la noción de estructura. Por otra parte, esta ficción mantiene una relación con algo que siempre se encuentra detrás implicado, contiene incluso su mensaje formalmente indicado, se trata de la verdad. He aquí algo que no se puede separar del mito”.[2]

Las preguntas por el origen y las teorías sexuales infantiles remiten a las respuestas que son del orden del mito y constituyen el mito individual. Esta actividad de la infancia engloba toda la actividad del sujeto y dirige los afectos. La investigación infantil se encuentra en la base de la actividad sublimatoria posterior como uno de los destinos de la pulsión.

Respecto del film, vemos cómo la protagonista, Audrey Tautou, se ve movilizada a avanzar en la búsqueda e investigación -que compone el hilo vertebrador del relato y de los acontecimientos del film que tiene estructura de ficción- de una verdad sobre su origen (es descendiente de Jesús y fue secuestrada a los 4 años).

Asistimos con el relato del film a visualizar las coordenadas de la época actual, la capacidad del hombre para resolver, mediante la investigación, el saber, la ciencia y la lógica racional, los enigmas sobre el origen. Ubica a Jesús como un hombre, un mortal, descendiente de un linaje, ubicado en las relaciones del parentesco y en relación a una mujer con la cual ha procreado. Un hombre con ideales, al que por razones de táctica y estrategia político-económica los intereses de sectores de poder habían ubicado en un lugar privilegiado. Podríamos hacer infinitas analogías con acontecimientos y sucesos históricos de vigencia en nuestros tiempos, que los historiadores se han encargado de reconstruir.

Las diversas escenas de la película, ponen de relieve la rivalidad imaginaria, la hostilidad y las exteriorizaciones de la pulsión sexual, con actos que ubican en el escenario la condición humana y sus miserias.

Los avatares de una época y la humanización de Jesús que introduce el film generan polémicas, críticas y respuestas contestatarias en los medios de comunicación, como si no se tratara de una ficción, una novela, y su puesta en la pantalla grande. Como si este relato atentara contra la integridad de una institución, tal como lo anticipara S. Freud en Psicología de las masas y análisis del yo: “Al desaparecer la ligazón de los miembros de la masa con su conductor desaparecen las ligazones entre ellos, y la masa se pulveriza como una lágrima de Batavia a la que se le rompe la punta”.[3]

Sabemos que el cristianismo ha sostenido durante más de veinte siglos un mito que supone la existencia de Otro del amor y la posibilidad de que los actos más perversos, tal como lo muestra el film, con el pecado y la culpa, puedan ser redimidos por la gracia divina, descentrando así la responsabilidad subjetiva que a cada sujeto le cabe por sus palabras y sus actos.

El código Da Vinci es entonces una ficción llevada al cine, como tantas otras. ¿Qué aristas de la verdad se ponen al descubierto al punto de transformarla en un film polémico, que promueve diferentes respuestas? Algunas al extremo de sugerir la prohibición de su difusión, ¿intentando protegerse de algo por venir?


Referencias

[1]  J. Lacan. “Seminario 4: La relación de objeto”.

[2]  Ibidem.

[3]  S. Freud. “Psicología de las masas y análisis del yo” en Obras completas.

 


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