» Cine y Psicoanálisis

El pianista

09/05/2006- Por Paola Tolcachier -

Imprimir Imprimir    Tamaño texto:

Esta no es la historia de un héroe, apenas la de un sobreviviente. Se puede considerar que una de las tablas con las que este náufrago consiguió mantenerse a flote durante esos años tan oscuros fue la música, siempre presente, porque era su deseo.

Paola Tolcachier: paola_lorena@ubbi

 

 

 

 

 

Ficha técnica y artística [1]

 

Dirección: Roman Polanski.
Países:
Francia, Alemania, Reino Unido, Polonia, Holanda.
Año: 2002.
Duración: 148 min.
Interpretación: Adrien Brody (Wladyslaw Szpilman), Thomas Kretschmann (Capitán Wilm Hosenfeld), Daniel Caltagirone (Majorek), Frank Finlay (El Padre), Maureen Lipman (La Madre), Emilia Fox (Dorota), Ed Stoppard (Henryk), Julia Rayner (Regina), Jessica Kate Meyer (Halina), Ruth Platt (Janina).
Guión: Ronald Harwood; basado en la novela El pianista del guettho de Varsovia" de Wladyslaw Szpilman.
Producción: Roman Polanski, Robert Benmussa y Alain Sarde.
Música: Wojciech Kilar.
Fotografía:
Pawel Edelman.
Montaje: Hervé de Luze.
Diseño de producción: Allan Starski.
Dirección artística: Sebastian T. Krawinkel.
Vestuario: Anna B. Sheppard

 

 

 

El film relata la historia de Wladyslaw Szpilman, un pianista judío, que conoce el horror de cerca cuando una bomba interrumpe su ejecución de Chopin en la radio polaca para la cual trabaja. A partir de este momento, la familia Szpilman comienza a sufrir las humillaciones racistas de no poder poseer sus bienes, tener que llevar la estrella de David por imposición y ni siquiera poder circular por la acera. Para Wladyslaw, es apenas el comienzo de una pesadilla inacabable en la que perderá a su familia y se lo pasará refugiado, hambriento, en casas de amigos o en edificios abandonados. En un primer momento evade al tren que se lleva a su familia a un campo de concentración, evitando ser deportado, pero termina viviendo encerrado en el ghetto de Varsovia y obligado a tareas subalternas. Allí vive los sufrimientos, humillaciones y la lucha de sus correligionarios. Finalmente, Szpilman escapa hacia la Varsovia no judía, fuera del barrio-prisión, y permanece escondido en casa de unos amigos de la Resistencia, primero, pero más tarde pasa meses exhausto, solo y muerto de hambre escondiéndose entre las ruinas de la ciudad.

Desde entonces, será un extranjero en su propia tierra asolada por un invasor criminal. Su último refugio es un ático de una casa en las ruinas de Varsovia, es en este lugar donde lo encuentra el capitán del Ejército alemán, que lo descubre, le hace algunas preguntas, entre ellas le pregunta quién es, si es judío, por su profesión. Szpilman le responde que es judío, y que es pianista, el oficial lo invita a tocar el piano que se encuentra en una habitación. Wladyslaw comienza a tocar, el capitán parece conmovido al escuchar la interpretación de Chopin en el piano, su música lo salva, el capitán no lo mata. Es más, le trae comida y alimenta sus esperanzas diciéndole que los rusos están por llegar. Finalmente, llegan los rusos, que al verlo con el tapado que el alemán le había dejado, le empiezan a disparar. Luego de aclarar esta situación aparece otra escena en la cual los alemanes habían sido capturados por los rusos y están en un campo vallado. El general que había ayudado a Szpilman se encuentra allí y le pide al violinista (amigo de Wladyslaw), que ahora sea él quien lo ayude. El protagonista va al campo, junto al violinista, pero allí ya no ahí nadie. La escena final muestra a Szpilman tocando el piano en una orquesta.

Para comenzar este comentaro, me parece pertinente diferenciar la responsabilidad subjetiva de la responsabilidad jurídica, para ello citaré a Salomone: La noción de responsabilidad de la que se trate estará directamente vinculada a una determinada noción de sujeto: mientras que la responsabilidad subjetiva interpela al sujeto más allá de las fronteras del yo, asentándose en la noción de sujeto del inconsciente; la responsabilidad jurídica se plantea en función de la noción de sujeto autónomo, la cual restringe la responsabilidad a la égida de la conciencia, al ámbito de la intencionalidad conciente.

El trabajo consistirá en dilucidar si hay responsabilidad en Szpilman y verificar de qué índole es. Para ello me centraré en establecer el circuito de la responsabilidad, con sus tres tiempos lógicos. El Tiempo 1 de dicho circuito es cuando Wladylaw decide escapar del ghetto. Una vez atrapado allí la única posibilidad de escapar es la muerte, por medio de dos vías: ya sea a bordo de uno de los trenes que parten hacia el campo de exterminio o la muerte social elegida por el protagonista ya que, mientras habitaba dentro de los muros, Wladyslaw mantenía algunos vínculos sociales: trabajaba, resistía a la violencia, aún formaba parte de su comunidad. Cuando elige la vía individual, para salvarse, la única actitud que le cabe es la muerte social: viviendo encerrado en pequeños departamentos, sin posibilidad de comunicarse con el mundo exterior. El momento en que él se esconde en los distintos apartamentos, siendo un extranjero en su propio país, coincide con el Tiempo 2. Es en este tiempo cuando Szpilman es sorprendido por el capitán en su escondite. El alemán comienza a hacerle preguntas, el pianista se encuentra sorprendido por su presencia, en un principio no responde, o no sabe qué responder, porque sabe que en ello está en juego su vida. Sabe que puede pagar un precio muy caro por haberse escapado del guetto. Él fue testigo de varias muertes horrorosas, por eso sabe que debe elegir, y debe elegir bien, dando una buena respuesta para poder seguir sobreviviendo -que es su intención-. Por eso, Wladyslaw responde frente a la pregunta por su profesión que él es “pianista”, responde con la verdad. El capitán, frente a esa respuesta, lo invita a tocar el piano, quizá para desafiarlo porque considera que le está mintiendo porque sabe del buen gusto de la música de los alemanes, o quizá para deleitarse con la música. Por lo tanto, en el Tiempo 1 hay un hombre que escapa de la muerte real, dándole lugar a un 2º Tiempo. El Tiempo 2 es el momento de la interpelación, el sujeto se ve interpelado, Szpilman frente a la presencia del capitán puede hacer dos cosas distintas: puede mentir o puede decir la verdad. Por lo tanto, este Tiempo 2 se sobreimprime al Tiempo 1 resignificándolo, fundándolo como tal. Esto abre la posibilidad de un Tiempo 3, cuando el pianista accede tocar para el capitán, todavía sin saber si lo va a matar o no. Luego de la ejecución del instrumento, el capitán no sólo no lo mata, sino que en el transcurso de esos días le trae comida, además le dice que los rusos están por llegar, dándole la esperanza de que todo va a terminar pronto. El pianista le agradece, pero el capitán le dice: “agradécele a Dios no a mí, Él quiere que sobrevivamos”. El Szpilman que ahora toca el piano, no es el mismo del Tiempo 1, cuando escapaba de su muerte dentro del guetto. Ahora él está allí tocando el piano para el capitán, pero en realidad lo está tocando para sí. Wladyslaw sabía inconscientemente que debía pasar por esta muerte social –Tiempo 1- para luego vivir nuevamente y poder así volver a tocar esa melodía.

Luego del encuentro con el capitán ya nada volverá a ser igual, ahora él sabe que su vida no corre peligro, que ya no intentará sobrevivir, sino que ha vuelto a vivir, que ahora está más cerca de la vida que de la muerte. El sujeto que adviene en el Tiempo 3 es el sujeto de la responsabilidad, bien llamado el de la responsabilidad subjetiva. Pero, como dice Fariña, es en la acción emprendida en el Tiempo 1 donde el sujeto anticipa, sin saberlo, una verdad que se evidenciará sustancial para su existencia. Es en el Tiempo 1 donde Wladyslaw intenta sobrevivir, se muestra seguro al decidir escaparse del guettho. En el Tiempo 2 el protagonista ya no se muestra tan convencido por haberse escapado del guettho, siente la muerte más próxima que nunca, por su encuentro fortuito con el capitán. Advierte que la acción cometida en el Tiempo 1 quizá no fue la mejor, que ahora puede pagar por ello con su muerte, que todo el tiempo estuvo escapándose para ahora encontrarse cara a cara con ella. Es este Tiempo el que hace dudar sobre la intención original –del Tiempo 1-, esa intención no era tal cosa, el Tiempo 1 se ve conmovido. La verdad se evidencia en el Tiempo 3, en la posibilidad de volver a tocar el piano, su arte. Por lo tanto, el Tiempo 3 actúa retroactivamente sobre el Tiempo 1, sobre la lectura que hace el sujeto de su acto, produciéndose una implicación subjetiva que Szlipman, más allá de haberse escapado para sobrevivir lo más lejos posible de los alemanes, en el Tiempo 3, se ve implicado subjetivamente cuando toca el piano dando cuenta de su deseo; esto puede verse reflejado en la expresión de su rostro, por ejemplo. Asimismo, cuando finaliza, el alemán le pregunta: ¿qué harás cuando termine la guerra? Y él responde volver a tocar el piano, puede notarse cómo aparece la responsabilidad subjetiva. Es en el Tiempo 3 donde ya no hay nadie que interpele al sujeto, es la posición de Szpilman frente a su acto: él logra volver a tocar el piano. Se puede advertir al sujeto como deseante, es la experiencia del sujeto dividido, en la cual no puede decidir sobre su deseo inconsciente. Wladyslaw alcanza esta meta, mas allá de su interés consciente que es vivir. Las palabras que le dice el capitán al pianista hacen que la vida de Szlipman haya cambiado, sabe que los rusos están por llegar, que la muerte se aleja nuevamente, que su deseo está cada vez más cerca. Pero para llegar a este lugar tuvo que pagar un precio muy caro: haber perdido a toda su familia.

La hipótesis clínica que sostengo es la siguiente: claro está que Szpilman quiere vivir, o mejor dicho intentar sobrevivir -debido a las condiciones en las que está inmerso-. Su accionar durante toda la película está dirigido en esta dirección. Lo que subyace a este intento de sobrevivir es el de volver a tocar el piano, poder volver a componer música, en volver a tocar la melodía de Chopin. Este deseo se manifiesta cuando él en uno de los apartamentos encuentra el piano y hace como si tocara en el mismo, en esta escena puede observarse que aunque se encuentra solo y con condiciones mínimas para vivir, el deseo está todavía despierto en él. En otra escena que hace la mímica de tocar el piano es cuando se encuentra en el hospital. En relación a la otra escena, él ya no dispone de las condiciones mínimas que tenia antes, además ahora está totalmente solo, pero su deseo todavía está presente.

Con respecto a la categoría de azar, puede notarse la coincidencia del momento en que el capitán se dirige hacia la casa en ruinas en la cual se encontraba el protagonista. También cabe resaltar que el alemán gustaba de la música y justamente encontró en una casa en ruinas a un sujeto judío de profesión pianista. Cabe preguntarse: si el protagonista hubiera tenido otra profesión, ¿qué hubiera pasado con él? Si se tiene en cuenta el campo de la necesidad, Szpilman encontró esa casa para refugiarse hasta que la guerra terminara, fue allí para escapar de los alemanes, sin pensar que allí frente a él encontraría a uno. En relación con el campo de la determinación, podría pensarse en la religión, debido a que un niño nacido en el seno de una familia judía, su religión puede ser la misma, o no. Por esto mismo, se puede conjeturar que el sujeto es responsable sobre su posición frente al campo de la determinación. En este caso el haber elegido la misma religión.

Para los nazis, todas sus leyes, eran leyes "morales",  quien la transgrediera era un "inmoral" e iba a la cárcel. Pero, creo encontrar en este particular específico, en estas leyes, algo que va más allá de lo particular en sí mismo, y es: un efecto particularista: (…) Es distintivo de la falla ética y se verifica en la pretensión de que un rasgo particular, devenga condición universal. Es así como el acto de Szlipman deviene en singular, con respecto al particular, -devenido universal-: él escapa del guettho, la pena para ello era ser fusilado –por la trasgresión-, entonces él escapa pero no es fusilado por el capitán, desplegándose la singularidad de su situación, que por ser pianista no lo matan.

En definitiva, el sujeto siempre es responsable, haga o no haga algo con su deseo. De su posición siempre es responsable. La responsabilidad está referida a la singularidad de un sujeto en acto, que significa un plus, es decir, ampliar al sujeto en sus posibilidades simbólicas. No se trata de liberarlo de la responsabilidad alienándolo al Otro, bajo el azar como máscara del destino. Y por otro lado, si se invoca al azar como principio se borra al sujeto de toda responsabilidad. Por lo tanto, si nos preguntamos acerca de la responsabilidad, ésta supone la interpelación al sujeto, es decir que de lo que se trata es del deseo inconsciente, es ver si allí había sujeto. Y como sostiene J. Jinkis, el deseo inconsciente vuelve al hombre responsable de lo que dice. El azar quiso que, sin saberlo, sucediera algo de lo que él mismo no sabe, es decir, de su deseo inconsciente, y las cosas fueron sucediendo de una manera que él ya no podía controlar, parecía que todo se le escapaba de las manos cuando quería evitar algo. Lo relevante aquí no es juzgar su moral, sino cómo se ubique el sujeto frente a lo sucedido. Su acto comprende consecuencias: no sólo el seguir viviendo, sino también su deseo de vivir para seguir tocando el piano. Todo acto comprende consecuencias y el sujeto no puede desentenderse de tal compromiso. Hecho que deja una marca que, por un lado, registra una imposibilidad ya que es imposible volver al mismo punto, pero que por el otro, da lugar a la posibilidad de que, por medio de su recorrido, el sujeto sepa el lugar que ocupa en él y lo haga propio, es decir, que se implique y se responsabilice de su acto para que pueda inscribirse el deseo en él. Por lo tanto, si liberamos a Szlipman de esta responsabilidad estaríamos provocando la traición a su deseo y, como dice Lacan: ...de la única cosa que puede ser culpable un sujeto es de haber cedido a su deseo.

Esta no es la historia de un héroe: apenas la de un sobreviviente. Se puede considerar que una de las tablas con las que este náufrago consiguió mantenerse a flote durante esos años tan oscuros fue la música, siempre presente, porque era su deseo. Por lo tanto, el final del film hace hincapié en la música como algo sublime que pudo vencer hasta la muerte. Siguiendo a Ariel, el autor dice que la ética es la posición de un sujeto frente a su soledad. Por lo tanto, este acto final que presenta la película es un acto ético de pleno derecho, porque el sujeto está tocando frente a otros, pero en realidad toca para sí, frente a su soledad, siendo éste un acto creador, a pesar de que toca la misma melodía que tocó al principio, él sabe que no es la misma, porque él ya no es el mismo, desde aquel momento que gracias a la música pudo vivir, y no meramente sobrevivir.

 

 

 

E-mail: paola_lorena@ubbi.com

 



[1] Trabajo de una ex alumna de la cátedra Psicología, Ética y Derechos Humanos. Facultad de Psicología, UBA.


© elSigma.com - Todos los derechos reservados


Recibí los newsletters de elSigma

Completá este formulario

Actividades Destacadas

La Tercera: Asistencia y Docencia en Psicoanálisis

SEMINARIOS

Modalidad online. Sábados de 11 hs.

Leer más
Realizar consulta

Del mismo autor

No hay más artículos de este autor

Búsquedas relacionadas

» música
» deseo
» hambre
» racismo