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Entre el deseo y el sujeto ... la responsabilidad23/10/2006- Por Yamila Vilar -
El presente trabajo analiza la singularidad del personaje principal de la película El Abogado del diablo, encarnado por el actor Keanu Reeves. Se tomará un recorte de situaciones y acciones que ubicaremos en los tiempos lógicos del circuito de la responsabilidad y que transitaremos con una hipótesis clínica que estará presente a lo largo de todo el desarrollo; nos permitirá dar cuenta de algo del deseo inconsciente de nuestro personaje y a la vez desarrollar respecto de qué éste debe responder, en términos de responsabilidad subjetiva. Se articularán las categorías de azar, culpa, la ética como un horizonte en quiebra, lo universal-singular, lo particular y el acto ético.
Ficha técnica y artística
Título
original: The devil's advocate
Director: Taylor Hackford
Productor: Arnold Kopelson, Anne Kopelson, Arnon Milchan
Género: Fantástica
Año: 1997
Origen: EE.UU.
Duración: 144 minutos
Rating: + 18 años
Intérpretes: Keanu Reeves, Al Pacino, Charlize Theron,
Jeffrey Jones
El presente trabajo analiza la
singularidad del personaje principal de la película El Abogado del diablo, encarnado por el actor Keanu Reeves. Sin
embargo no se tomará la totalidad de la misma sino un recorte de situaciones y
acciones que ubicaremos en los tiempos lógicos del circuito de la
responsabilidad y que transitaremos con una hipótesis clínica que estará
presente a lo largo de todo el desarrollo; nos permitirá dar cuenta de algo del
deseo inconsciente de nuestro personaje y a la vez desarrollar respecto de qué
éste debe responder, en términos de responsabilidad subjetiva. Se articularán
las categorías de azar, culpa, la ética como un horizonte en quiebra, lo
universal-singular, lo particular y el acto ético.
Para comenzar con nuestro “plan
de vuelo”, es necesario que conozcamos a nuestros “pasajeros”. El personaje
principal es Kevin Lomax, un abogado nacido en el pequeño pueblo de Gainsville,
Florida, quien nunca conoció a su padre dado que, según su madre (Alice Lomax),
murió antes de él nacer. Kevin, que acumula un total de sesenta y cuatro casos
ganados consecutivamente, se encuentra felizmente casado con Mary Ann y muestra
siempre una gran presencia que es acompañada por sus infaltables botas de
vaquero y un aire de superioridad.
Una de las primeras situaciones
que destacamos se refiere al momento posterior a ganar un caso de abuso sexual
a un menor, aún cuando advierte en el curso del mismo, que su cliente es
culpable. En este momento nuestro personaje acepta una oferta de trabajo en una
firma legal internacional, muy prestigiosa de Nueva York. Atraídos Kevin y su
esposa por la cuantiosa suma de dinero y el lujoso departamento, reservado sólo
para “la cumbre más alta de la firma”, dejan el pequeño pueblo casi sin
pensarlo, con el fin de una mejora económica.
Conjuntamente con este momento,
se pueden ubicar una serie de acciones relacionadas al trato con su esposa:
Kevin trabajaba mucho, por lo que no le dedicaba el suficiente tiempo; no hace
caso cuando le plantea repetidas veces que todos allí son monstruos y que algo
anda mal, ella aparece cada vez más perturbada y en cambio Kevin acepta su
primer caso (un triple homicidio) y tiene menos dedicación que antes,
finalmente la cree loca hasta el punto de internarla en un psiquiátrico, con un
solo fin que, como verá el lector, Kevin mismo resume en la siguiente frase,
formulada en la película como una respuesta al pedido de John Milton (socio
mayoritario) de dejar el caso Cullen: “Dejo el caso, ella mejora y la odio por
eso. No quiero vivir resentido.”
En contraposición con las
situaciones descritas anteriormente, ubicamos el momento en que la realidad le
muestra a nuestro personaje que todas esas acciones no agotaron los fines para
los cuales fueron llevadas a cabo. Este es el momento en que su esposa, casi
inmediatamente después de ser internada, se suicida. Casi en forma simultánea a
este hecho, su madre le confiesa a Kevin que John Milton es su padre. Es decir,
que había aceptado el trabajo con el fin de mejorar su situación económica y
que su esposa no tenga que tener dos trabajos. Pero este fin tuvo otras
consecuencias más allá de lo que nuestro personaje esperaba y que tiene que ver
con un deterioro de la relación con su esposa e incluso un deterioro de la
salud de ella. Es en este tiempo donde el universo particular se quiebra y se
configura un momento propicio para la emergencia de una singularidad que
demuestre la incompletud del universo.
Fieles a la tradición
psicoanalítica, partimos de la idea de que un sujeto nunca decide o lleva a
cabo una acción con una intención transparente, puramente conciente para él
mismo sino que aparece una intención que va más allá de esto y que tiene que
ver con una determinación inconsciente, con un deseo inconsciente del cual el
sujeto no sabe nada, se trata, en él, de un saber no sabido. De este modo,
partiremos de la hipótesis de que en nuestro personaje hay algún asunto no
resuelto y que tiene que ver con la pregunta ¿Qué es un padre?, a la vez que
con una negación de la castración que tomará una forma particular en él para
articular subjetivamente la función del padre. En relación a esto último el
sujeto busca cumplir el deseo incestuoso infantil. Podemos partir del mito de
la horda primitiva que Freud propone para explicar la represión de los deseos
edípicos y en consecuencia algo de las raíces del inconsciente.
Brevemente, el mito: el
protopadre de un clan tiene a su disposición y puede gozar de todas las mujeres
mientras que la horda fraterna no tiene acceso a ellas, por este motivo, e
impulsados por sentimientos de odio, se organizan y matan al protopadre. Luego
de esta acción aparecen los sentimientos de culpa (explicados por la
ambivalencia afectiva) y el padre muerto adquiere más poder que cuando estaba
vivo. Por obediencia retroactiva se internaliza su ley, instaurándose así el
superyo, la prohibición del incesto y la exogamia. Podemos suponer que nuestro
personaje busca ubicarse en el lugar del protopadre, un lugar de puro goce,
omnipotente, de ley, busca mantenerse en este lugar desde el cual podría
cumplir su deseo incestuoso.
Los mitos son producciones de
diversos pueblos que tienen analogías y una relación íntima y recíproca con las
producciones psíquicas individuales, es decir, entre lo colectivo y lo
individual. Más aún, hay analogía con la estructura de las formaciones del
inconsciente y tienen por función velar la falta en el Otro, negar la
castración inherente a la estructura de lo simbólico, suponiendo un padre que
podría legar el goce total. Dada la reciprocidad entre lo individual y lo
colectivo, el análisis de los mitos permitirá comprender a nuestro sujeto
singular, entonces podríamos pensar que la “muerte” de su padre funciona igual
que la muerte en el mito. Para Kevin su padre está “muerto” y esto le deja las
puertas abiertas para ocupar su lugar y ensayar qué es un padre. Nosotros
diremos, qué es la función del padre dado que el lugar del padre muerto (o
padre real, según Lacan) es imposible. Busca ser el agente de la transmisión de
la ley aunque también de la imposibilidad misma de ocupar este lugar. Un signo
relacionado con esto lo vemos en el hecho manifiesto de que Kevin quería
siempre ganar todos los casos que aceptaba, incluso aquellos en los que sabía
que su cliente era culpable, conjuntamente con el aire de omnipotencia que
nunca faltaba. En este punto, se posiciona como aquel que hace cumplir la ley,
aquel que la transmite. ¿Por qué elige el ámbito del Derecho?, ¿por qué
convertirse en abogado y no en otra cosa?, creemos que no es casual, ya que el
sistema jurídico expresa la función paterna pero en el orden de lo social. No
es casual y es el modo singular que asume la determinación significante a
través de un discurso concreto que marca su destino y que nosotros ubicaremos
como el discurso materno, aquel que le dice a Kevin “tu padre está muerto”.
Éste encarna la ley en el Derecho, en tanto podemos pensarlo como un caprichoso
ordenador que decide quién es culpable y quién no. Esto supone, por un lado,
que es ese “caprichoso” quien podría impedir el goce, de aquí lo imperioso de
ganar los casos; por otro lado, supone que ese goce puede ser heredado, tal
como ocurriría si algún miembro de la horda fraterna ocupara el lugar del padre
muerto. El ganar cada caso aparece como una subversión del capricho, es él
mismo quién decide quién es culpable y quién no lo es, es él quien marca la
ley, en otras palabras y como ya se dijo, busca posicionarse en ese lugar.
Pero la función del padre
siempre se ejerce de manera incompleta e imperfecta, por lo que queda un resto
no legislado del goce total que insiste y persiste en sus efectos. Así, vemos
que, de acuerdo a esto, podemos nuevamente referir que Kevin busque ganar todo
el tiempo, en otras palabras, busca el goce total y se rehúsa a no encontrarlo,
hecho que nos es demostrado desde el momento en que comienza a defender
personas culpables aún sabiendo de esta condición. Se rehúsa a “no ganar”, se
rehúsa al “no goce”.
Hacemos hincapié en el padre de
la horda (en Lacan, padre imaginario que puede tomar dos figuras: de
omnipotencia o de impotencia), en tanto éste constituye la negación del padre
real, que responde a las condiciones estructurales de la castración, por lo que
hay una negación de la misma.
El padre imaginario es ubicado
por Lacan en el segundo tiempo del Edipo, o segundo efecto de la metáfora
Paterna. Allí, este padre opera privando a la madre del falo (simbólico), hiriendo
su omnipotencia y constituyéndolo en un Otro barrado. Del lado del sujeto, el
padre se aparece como aquel que porta el falo, objeto de deseo de la madre, al
cual el sujeto se identifica en el primer tiempo del Edipo (tiempo del padre
simbólico que actúa como una presencia velada manteniendo la distancia entre
madre-niño-falo). Así, aparece como alguien omnipotente, aquel que posee a la
madre y frente al cual el sujeto no puede ganar. Resaltamos el término “ganar”,
el perder tomaría el significado de ser castrado. Del mismo modo, dejar su
pequeño pueblo natal en busca de “algo más”, de una “mejora económica”, nos
demuestra la búsqueda de ese goce total, de querer acercarse cada vez más a su
deseo y alejarse más de la castración. Por otra parte, los reclamos de su mujer
en torno al lugar y a su incomodidad, podrían funcionar como un indicio de que
nada es perfecto, de que hay “fallas”, lo cual podríamos traducir de este modo:
son un indicio de que el goce total no existe, es imposible, son una marca de la
castración. Así, siguiendo el camino de su deseo inconsciente, es que Kevin
prefiere hacer caso omiso a estas cuestiones así planteadas y continuar con sus
casos, continuar con su deseo.
Hemos planteado que aparecería
una negación de la castración, tal como ocurre en la neurosis. En ella aparece
algún tipo de elección, involuntaria y no conciente, que tiene que ver con la
participación del orden del ser en tanto hablante, sexuado y viviente. Lo
inconciliable de una representación o significante con otro, es lo que fuerza a
tomar una posición, respecto de lo que le es dado desde el lugar del Otro
(materno), que en la neurosis tiene que ver con un no querer saber nada de esa
representación, no querer saber nada de la castración. El sujeto quiere olvidar
pero, en su lugar, reprime. Y sólo lo que fue afirmado primordialmente (según
Freud, Bejahung) puede ser reprimido
y sólo lo que fue reprimido puede retornar, una de las formas es bajo la
negación (Verneinung), ya que sólo lo
que fue afirmado puede ser negado en el aparato psíquico. Así podemos decir
que, con la negación de la castración Kevin no hace más que saber algo acerca
de ella. Hacer caso omiso o, lo que es lo mismo, negar las “fallas” que Mary
Ann le muestra, es un modo de afirmarlas y esto es lo que resulta inconciliable
para nuestro personaje y de lo cual no quiere saber nada y que lo lleva
finalmente a la internación de su esposa. Es ese un modo de huir, evitar el
conflicto que esto puede producirle.
Es el suicidio de Mary Ann, lo
que le pone de manifiesto, por un lado, la castración, y por el otro, que su
negación tiene que ver con el cumplimiento de su deseo incestuoso infantil y
con buscar un goce total.
Estaríamos tentados de ubicar un
momento de cambio de posición subjetiva, cuando casi al final de la película,
Kevin va en busca de su padre y descubre que encarna al diablo (podríamos
utilizar este “condimento” del film para plantear que el padre/diablo, con su
presencia, marca la amenaza de castración). Lo acusa de haber hecho que su
esposa se suicide y es a partir de allí que el diablo/padre comienza a
mostrarle que lo único que él hizo fue “preparar el escenario”, haciéndole
explícito que fue él solo quien tomó las decisiones y llevó a cabo las acciones
que ya mencionamos. La escena continúa con la confesión de su destino de
engendrar el Anticristo con su hermana, Kevin cede pero finalmente se suicida
al son de “Libre albedrío, ¿no?”.
Entramos ahora en el terreno de
la responsabilidad y la culpa. Siguiendo la lógica de nuestro desarrollo, no trataremos
de ubicar la responsabilidad jurídica, es decir, de restringirla al terreno de
la intencionalidad conciente (ya que se maneja con la noción de sujeto
autónomo, de un sujeto capaz de decidir libre y voluntariamente sobre su propia
vida), sino de ubicar la responsabilidad subjetiva, es decir, aquella que
confronta al sujeto con aquello que si bien es de su pertenencia, le es ajeno,
que aparece vinculada a un propósito desconocido para el sujeto. En este campo,
y a diferencia del jurídico, el sujeto es siempre imputable en términos éticos
y no morales. No hablamos ya de un sujeto autónomo sino de uno sujetado a la
ley y al lenguaje, a los significantes. El sujeto es responsable también de
aquello que desconoce de sí mismo y que puede ir en contra de sus valores
morales, si se presentaran a la conciencia. La responsabilidad se encuentra en
relación al propósito inconsciente que propició la acción, así, constituye una
respuesta a la castración y cada sujeto responderá (será responsable) de manera
particular a ella. Lacan lo marca muy claramente cuando afirma que la única
cosa de la que se puede ser culpable es de ceder ante el deseo. Es la culpa lo
que obliga a responder y depende de la interpelación subjetiva. La respuesta
puede tomar varias formas, entre ellas, el sentimiento de culpabilidad, la
proyección y la negación, ninguna de las cuales supone un efecto sujeto, es
decir, ninguna implica una responsabilidad subjetiva. En nuestra película vemos
que la primera respuesta particular de nuestro personaje tiene que ver con la
proyección. Kevin proyecta la culpa a su padre/diablo y esto lo vemos
claramente cuando lo acusa de haber sido él quien le hizo llevar a cabo las
acciones. De esta manera queda momentáneamente desresponsabilizado. Sin
embargo, se muestra seguidamente una segunda forma de respuesta que aparece
bajo el sentimiento de culpabilidad, luego de que se da cuenta de que realmente
fue él quien tomó las decisiones. Esto es expresado claramente en la siguiente
afirmación: “Lo hice todo, la dejé morir (a su esposa), la dejé atrás y seguí
caminando”. Evalúa su accionar y encuentra que es malo desde el punto de vista
moral. Pero no nos dejemos engañar, esto no significa que haya un cambio de
posición ya que seguidamente cede ante lo que le habían marcado como su
destino, nuevamente persuadido por todo lo que se le ofrece, todo aquello que
alimenta su deseo, sus ansias de un goce pleno, y, en un solo giro (su
suicidio), nuestro personaje nos hace plantear que en realidad aparece una
respuesta, como ya dijimos, desde la culpa, que se define como el reverso de la
responsabilidad, es decir, que cuando no hay responsabilidad, la culpa aparece
como su sustituto.
En un intento desesperado por
recuperar su autonomía, se suicida, como si quisiera mostrar con este acto que
él es dueño de sí mismo, es un intento de responsabilizarse moralmente al modo
de “yo me equivoqué, la culpa es mía”, que podríamos homologar con la frase,
“Libre albedrío, ¿no?”. Pero decir “me equivoqué” no hace más que
desculpabilizar al yo del deseo.
A partir de lo dicho,
reafirmamos: no hay efecto sujeto, es decir, no hay responsabilidad subjetiva,
por lo que no podemos plantear un cambio de posición subjetiva.
Al hablar de efecto sujeto nos
encontramos en la dimensión ética, la cual implica la noción de acto ético, en
el que se produce un sujeto de deseo inconsciente y la responsabilidad
subjetiva es la relación ética del sujeto al deseo. El acto ético implica la
puesta en juego de lo universal-singular realizado sobre un particular y es suplementario
respecto de la moral. El acto de nuestro personaje (suicidio), podríamos decir
que no es ético, dado que no supone un efecto sujeto, no hay una relación ética
con el deseo, y esto tiene que ver con obrar en el sentido del bien. Esto lo
verificamos también cuando, al final de la película, el tiempo retrocede hasta
el momento en que decide representar a ese abusador de menores, aún sabiendo
que es culpable y se le plantea la posibilidad así de tomar una decisión
diferente. Finalmente, corre el riesgo de perder su licencia, pero no
representa a ese cliente y alude que cree que eso es lo correcto. Esto último
puede traducirse también, como ya lo hemos hecho anteriormente, en un “me
equivoqué” y lo que esta escena nos muestra es que Kevin querría volver atrás,
a ese punto donde, para él, todo comenzó, pero elegir otra cosa no resuelve las
cosas.
Aparece en juego la ética como
un horizonte en quiebra, un horizonte que quiebra un universo y en el mismo
movimiento lo amplía, lo que era singular pasa a formar parte del universo
ampliado. Lo universal aquí es la castración simbólica, la interdicción y lo
singular, o sea, la forma de emergencia de lo universal, es la negación de la
misma, es decir que a partir de esta forma singular es que sabemos algo de la castración.
También aquí puede ubicarse la respuesta singular de Kevin. Lo particular (que
se comprende sólo articulado con lo universal-singular) está constituido por el
complejo de Edipo.
Finalmente, vemos que hay una
cuota de azar en todo lo visto, y que tiene que ver con que Kevin tenga esos
padres, el modo en que su madre tuvo a su hijo y que haya crecido en un pequeño
pueblo. Pero esto no hace a la pregunta por la responsabilidad subjetiva, por
lo que no diremos más que esto.
Para finalizar, es dable tener
siempre en cuenta que el deseo inconsciente puede ser reprimido pero nunca
podrá ser destruido, por lo que siempre se abrirá paso en cada acto.
Yamila
Vilar [*]
yamila_vilar@yahoo.com.ar
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