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Good bye, Lenin !26/12/2006- Por Gisele Castro y Karina Rudak -
La familia Kerner vive en la República Democrática Alemana. La madre sufre un infarto y permanece en coma. Ocho meses más tarde, merced a los cuidados de su hijo, se recupera. Y éste hará lo imposible por evitar que su madre sufra una nueva recaída al enterarse de todos los cambios operados en el país que ella ayudó a sostener. Decide ocultarle la caída del muro y la consiguiente occidentalización de Berlín Oriental. Inventa realidad idéntica al tipo de sociedad que su madre consideraba ideal. Pero, ¿cuáles serán las consecuencias de este accionar?
Ficha
técnica y artística
Dirección: Wolfgang Becker.
País: Alemania.
Año: 2003.
Duración: 121 min.
Interpretación: Daniel Brühl (Alex), Katrin Sass (Madre de Alex),
Chulpan Khamatova (Lara), Maria Simon (Ariane), Florian Lucas (Denis),
Alexander Beyer (Rainer), Burghart Klaussner (Padre de Alex), Franziska
Troegner (Sra. Schäfer), Michael Gwisdek (Director Klapprath).
Guión: Bern Lightenberg.
Producción: Stefan Arndt.
Música: Yann Tiersen.
Fotografía: Martin Kukula.
Montaje: Peter R. Adam.
Dirección artística: Lothar Holler.
Vestuario: Aenne Plaumann
Sinopsis
La familia Kerner vive en la República Democrática Alemana. El padre se ha ido. La madre encerrada en su dolor se niega a hablar. Dos meses después se rearma y se hace cargo de la casa y de la política, convirtiéndose, en el transcurso de diez años, en una figura destacada dentro del Partido. Un día ve cómo su hijo Alex, participante de una manifestación contraria al gobierno convocada el día anterior a la caída del muro, es reprimido ferozmente. Sufre un infarto y permanece en coma. Ocho meses más tarde, y merced a los cuidados y la persistencia de su hijo, se recupera. Y Alex hará lo imposible por evitar que su madre sufra una nueva recaída al enterarse de todos los cambios operados en el país que ella ayudó a sostener. Decide ocultarle, hasta su muerte, la caída del muro y la consiguiente occidentalización de Berlín Oriental. Así inventa con una puesta en escena cotidiana, obsesiva y cada vez más difícil de sostener, una realidad idéntica al tipo de sociedad que su madre consideraba ideal. En el lapso de recuperación, ella decide revelar el secreto de la ausencia de su padre, el cual no se había ido con una mujer occidental tal como ella misma lo había relatado sino que era ella quien había decidido cortar los lazos en función de sus ideales políticos.
1.
Podemos ubicar la singularidad
de Alex Kerner en los tiempos lógicos del circuito de la responsabilidad. En
este análisis no nos referiremos a la responsabilidad jurídica, ni moral, sino
a la que llamaremos responsabilidad subjetiva.
Se puede ubicar un Tiempo 1
donde el protagonista lleva adelante una conducta con determinados fines,
suponiendo que su accionar se agotará en los objetivos planeados, sin
intencionalidad subyacente. Con el fin de evitar que su madre sufra una recaída
luego del infarto, Alex decide encubrir los cambios que se produjeron en
consecuencia de la caída del muro. Resuelve ambientar el departamento donde
vivían, que había sido transformado en base al estilo de la Alemania Oriental.
Consigue los antiguos muebles, las viejas ropas y electrodomésticos. Recolecta
viejos envases de productos nacionales para llenarlos minuciosamente con los
únicos alimentos que se vendían de marcas importadas. Hasta llega a diseñarle,
con la ayuda de un amigo, un programa periodístico que muestre la realidad que
ella deseaba. Cada día se hacía más difícil sostener esta “mentira”, la
realidad Occidental se mostraba vigorosamente en carteles de empresas
multinacionales que se desplegaban a la vista de su madre, en la voz de los
medios de comunicación y en la nuevas costumbres adoptadas por toda la
sociedad. Sin embargo, debido al esfuerzo inquebrantable de Alex se mantenía en
esa habitación un mundo en pleno proceso de extinción.
En un Tiempo 2, recibe de
la realidad indicadores que lo ponen sobre aviso respecto de que algo anduvo
mal, las cosas van más allá de lo esperado. El sujeto se ve interpelado por
esos elementos disonantes. Este momento es la escena donde la madre le cuenta a
su hijo la verdadera historia de la ausencia paterna. Él había crecido con la
idea de que su padre los había abandonado por otra mujer con la que vivía en
Alemania Occidental. Lo inesperado para Alex fue enterarse de que su madre fue
la que había decidido alejarlo del padre, ocultándole las cartas que éste le
escribió durante años. Él había propuesto a su mujer mudarse al Oeste de
Alemania, pero ella no aceptó ya que era inconciliable con sus ideales
sociopolíticos, quedándose en el Este con su hijo y “sublimando su energía
sexual a la actividad política”, como relata Alex en el film.
Cuando él recibe esta
noticia se levanta enfurecido y se retira. Aquí surge la escena donde Alex
sentado a la vera del río permanece en silencio, reflexionando sobre lo
acontecido, que aparece como elemento disonante dentro del plan que sostiene el
protagonista, como algo que va más allá de lo calculado. El Tiempo 2 se
sobreimprime al Tiempo 1, resignificándolo. Esto nos permite pensar la
existencia de un tercer tiempo del circuito.
Es el Tiempo 3 el que abre
la potencialidad de la responsabilidad no jurídica ni moral sino subjetiva. El
aparente acto inocente de Alex fue llevado a cabo amparado en la excusa del
amor filial y la necesidad de no
revelarle la verdad a su madre acerca de la caída del muro y la consecuente
occidentalización de Alemania, con el fin de evitar un nuevo ataque cardíaco.
El protagonista podría haber elegido el camino de la verdad, contándole los
cambios sociopolíticos que atravesó el país mientras ella permanecía en coma.
Sin embargo, se podría pensar que el azar
quiso que Alex desarrollara una historia ficticia para su madre. Pero no todo
se explica en el orden de la necesidad y
el azar, hay una brecha, una grieta
donde se abre el circuito de la responsabilidad subjetiva. Una responsabilidad
que atañe al sujeto en relación a aquello que desconoce de sí mismo, aquel
propósito inconsciente que, ajenamente a la voluntad del yo, propició la
acción. Ese punto de ruptura, de quiebre del sentido, es un punto en donde se
supone la mayor potencialidad del sujeto. Entonces, ¿Cuál es el verdadero lugar
del azar?, ¿hasta qué punto es azarosa la simulación que ejecuta Alex?
El sujeto que adviene en
este tercer tiempo no es el mismo del primero, sin embargo es la acción
emprendida en el Tiempo 1 donde el sujeto anticipa, sin saberlo, una verdad que
se evidenciará sustancial para su existencia. Nuestra hipótesis clínica indica que no es azaroso que Alex elija generar
una puesta en escena cotidiana para salvaguardar la salud de su madre, sino que
responde a otra cosa, a una verdad que el Yo no puede dar cuenta. Aquí es donde
está ubicada la responsabilidad en relación a un propósito inconsciente. Alex,
en la elección de llevar a cabo una “mentira”, estaría optando por el mismo
camino que su madre eligió para informarle acerca del paradero de su padre en
su infancia. Alex repite en una situación actual lo anteriormente
reprimido, lo no sabido. Lo reproduce como acción sin ser conciente de ello. Es
algo desconocido para él sobre lo que se supone un saber no sabido. Nos enfrentamos al campo de la responsabilidad
subjetiva y su relación con aquello que, perteneciéndole al sujeto le es ajeno,
aquello donde el Yo se enfrenta a su inconsistencia. Alex sería responsable de
su acto en tanto repite para reelaborar el episodio olvidado o reprimido, se
hace presente el determinismo inconsciente. Se puede afirmar que la repetición
es la transferencia del pasado olvidado sobre todos los ámbitos de la situación
presente.
Al ser el psicoanálisis una
propuesta ética se sostiene en el propósito del develamiento de aquella verdad
que, estando encubierta para el propio sujeto que la soporta, se presenta como
una “acción sintomática”, que manifiesta algo que el protagonista mismo ni
sospecha en ella. La puesta en escena que emprende Alex para su madre se debe
al ocultamiento familiar y cotidiano, al “secreto de familia” que como factor
patógeno opera en su historia.
Alex llevaría a cabo un
acto ético en tanto se hiciese cargo de la responsabilidad subjetiva de su
accionar, sosteniendo la responsabilidad del sujeto del inconsciente. El
protagonista mediante su “acción sintomática” permitiría la expansión de su
universal–singular, permitiría el despliegue de su deseo.
Lacan dice, acerca de la
ética, que la única cosa de la que puede ser culpable un Sujeto es de haber
cedido a su deseo. Freud señala que cuanto más renuncia el Sujeto al deseo más
culpable se siente. En este sentido Alex asentaría un despliegue, un “plus” de
subjetividad si se confrontara con este simulacro, en contraposición a lo que
ocurriría si adviniese el sentimiento de culpa donde habría un “déficit” de
subjetividad y un aplastamiento del deseo.
Castro, Gisele Adriana y Rudak, Karina Natalia[*]
gigina83@hotmail.com karinarudak@hotmail.com
Bibliografía:
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Salomone, G. Z.: Las formaciones del inconsciente y
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Freud, S. (1925) : “La responsabilidad moral por el contenido de los sueños”. En
Algunas notas adicionales a la interpretación de los sueños en su conjunto. Obras
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Freud, S.: Más allá del principio de placer,
(Cap. III), Tomo XVIII, Amorrortu Editores.
·
Freud, S.: “Recordar, repetir, reelaborar”.
Tomo XII, Amorrortu Editores.
·
Good bye Lenin - Directores: Wolfgang Becker / Protagonistas: Daniel Brühl, Chulpan
Khamatova, Katrin Saß / Género: Comedia Dramática / Nacionalidad: Alemania
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