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La verdad desnuda

17/11/2004- Por Sebastián Matías Maggi -

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El protagonista es un abogado defensor, Martin Vail, quien asume la tarea de representar a Aaron Stampler, acusado de asesinar en primer grado a un arzobispo de la parroquia en la cual oficiaba de monaguillo. El despliegue de su defensa tomará diferentes giros durante toda la película, hasta el final. A lo largo de la misma, aparece un periodista que si bien no es protagonista, para nuestros propósitos es primordial, puesto que hará las veces, en cada entrevista, de una suerte de “analista” para Martin Vail. En las escenas con tal personaje es donde Vail hablará de sí, y donde encontraremos el lugar del Otro como oyente; un discurso que básicamente va en una dirección, es decir, en la dirección de la escucha; una confesión; una relación transferencial; un oyente que como periodista y poseedor de cierto rasgo voyeurista sabe callar cuando Vail pregunta, para en definitiva responderse a sí mismo.

sebastianmaggi@arnet

 

 

 

Titulo original: Primal Fear

Procedencia: Estados Unidos, 1998

 

Director: Gregory Hoblit

 

Guionistas: Steve Shagan / Ann Biderman (Basado en la novela de William Diehl)

 

Elenco actoral:  Richard Gere....................Martin Vail (Abogado defensor)

                      Edward Norton................Aaron Stampler / Roy (Acusado)

                      Laura Linney...................Janet Vernable (Abogada fiscal)

                       Frances McDormand.......Molly Arrington (Psicóloga)

                       Alfre Woodard.................Shoat Connerman (Periodista)

 

 

De nuestra posición de sujetos somos siempre responsables...

el error de buena fe es entre todos el más imperdonable.

“La ciencia y la verdad”, Jacques Lacan

 

Citemos, al respecto de los tiempos lógicos de la responsabilidad subjetiva, estas palabras de Michel Fariña:

 

“En el Tiempo 1 el personaje lleva adelante una conducta con determinados fines, en el supuesto de que su accionar se agota en los objetivos para los cuales fue concebida. En un Tiempo 2 recibe de la realidad indicadores que lo ponen sobre aviso respecto de que algo anduvo mal. Las cosas fueron más allá –o más acá- de lo esperado. El sujeto se ve interpelado por esos elementos disonantes. Algo de esa diferencia le pertenece [...] El Tiempo 2 se sobreimprime al Tiempo 1, resignificándolo. La hipótesis que explica clínicamente este movimiento es la que abre la potencialidad de un Tiempo 3, el de la responsabilidad. El sujeto que adviene en ese Tiempo 3 no es el mismo que dejamos en el Tiempo 1. Sin embargo, es en la acción emprendida en el Tiempo 1 donde el sujeto anticipa, sin saberlo, una verdad que se evidenciará sustancial para su existencia.”

 

Para comenzar, nos vamos a referir al protagonista que encarna el papel de abogado defensor, Martin Vail, y en base a su conducta plantearemos los tiempos lógicos del circuito de la responsabilidad. En el Tiempo 1, Vail asume la tarea de representar a Aaron Stampler, quien es acusado de asesinar en primer grado a un arzobispo -llamado Rushman- de la parroquia en la cual oficiaba de monaguillo. Vail, entonces, despliega su defensa en un caso sumamente difícil puesto que su cliente, Aaron, es sorprendido abandonando la escena del crimen, cubierto con la sangre de la víctima. Luego de una persecución es finalmente detenido y se le encuentra un anillo, perteneciente al arzobispo, en su bolsillo. En la escena del crimen se halla al cuerpo mutilado del arzobispo con 78 cuchilladas y la mutilación de su mano derecha, sus genitales y ambos ojos. Las huellas del arma, encontrada en la escena, se ajustan a las del acusado. Ante este caso de notable dificultad, Vail (un abogado famoso por el éxito en otros casos) no puede sino tomarlo. El despliegue de su defensa tomará diferentes giros durante toda la película, hasta el final. En resumidas cuentas, la doble personalidad que comienza a evidenciar Aaron, en mitad de la película, manifiesta un trastorno en su psique que dará un vuelco a la estrategia de defensa de su inocencia por parte de Vail: si bien al principio no existía un “motivo” aparente como evidencia que involucre al acusado (la más importante tarea en que debía ocuparse la fiscalía) y la estrategia, para la defensoría, era buscar un tercero  (aparte de Aaron y el arzobispo asesinado) culpable y apelar a la amnesia de Aaron, luego aparece tal “motivo” (un video casero del arzobispo donde obligaba a Aaron, su novia y a otro monaguillo a tener relaciones sexuales frente a él para “purgar sus pecados”) y será, entonces, la nueva cara de Aaron (su otra personalidad, Roy, quien aparece en escena en cuanto Aaron es presionado con preguntas incómodas y confiesa a Vail, en privado, haber sido el asesino) la que modifique el curso de acción de la defensa. Frente a esta nueva evidencia que imputa plenamente a Aaron, la estrategia del abogado defensor apunta a sostener la inimputabilidad del acusado siendo que éste (Aaron) no se encontraba presente al momento del crimen sino su otra cara, Roy (esa otra personalidad agresiva que aparecía para hacer lo que Aaron jamás podría). Finalmente, la defensa triunfa en su estrategia y el juicio es anulado y el acusado transferido a una institución psiquiátrica. 

Con respecto al Tiempo 2, éste nos arroja una nueva verdad hacia el final de la película. En esta escena hay un diálogo que resignifica la trama. El diálogo es el siguiente:

 

Vail (V) ingresa en la celda de Aaron (A), concluido el juicio.

V- ¿Estas bien?

A- Me duele la cabeza.

V- ¿Te acordás lo que pasó? –le pregunta refiriéndose al momento del juicio en que apareció su otra personalidad, Roy.

A- Perdí el tiempo.

V- Tengo buenas noticias. Decidieron parar el juicio, te van a mandar a un hospital donde te darán la ayuda que necesitás. Es posible que algún día salgas libre (Aaron se sorprende, se muestra maravillado).

A- No me lo creo. No sé qué decir, Sr. Vail.

V- Está bien.

A- Lo supe cuando vino a mi celda, supe que todo iba a salir bien. Me salvó la vida. –dice tartamudeando.

V- Tengo que irme.

A- ¿Cuándo lo veré de nuevo?

V- Eso lo decidirá la corte. No quiero que te preocupes, me preocuparé por tu caso. (Se abrazan)

A- Gracias.

V- Llámame si necesitas algo. (Vail  sale de la celda...)

A- De acuerdo. ¿Sr. Vail? ¿Puede decirle a la Srta. Venable que lo siento? Espero que no le duela el cuello. (Vail asiente con la cabeza y camina tres pasos fuera de la celda, se detiene por un instante y regresa)

V- ¿Qué acabas de decir? (Vuelve a abrir la puerta de la celda) Me dijiste que no recuerdas nada...¿Cómo sabías lo del cuello? (Aaron abre la boca estupefacto y se queda callado...entonces comienza a aplaudir, sonriendo con  complacencia)

A- Bien hecho, Marty. -Le dice en el tono de voz que usualmente usaba Roy- No iba a decir nada, te vi tan contento que pensé... A decir verdad, me alegro que lo hayas descubierto porque me moría de ganas de decírtelo. No sabía quién querías que te lo diga ¿Aaron o Roy, o Roy o Aaron? Le diré un secretito de clientes a abogados: No importa quién se lo diga, es la misma historia –dice riéndose-. Sencillamente tuve que matar a Linda, Sr. Vail. (tartamudeando) La puta se lo merecía. Pero rajar al hijo de puta de Rushman... fue una obra de arte. (Vail  mueve su cabeza de lado a lado en manifiesta negación y Aaron, al mismo tiempo, se ríe).

V- Eres realmente muy bueno.

A- Sí, pero me pillaron.

V- ¿Entonces Roy nunca existió?

A- Jesucristo, Marty... Si eso es lo que crees, me has defraudado y no tengo problema en decírtelo. Nunca hubo un Aaron. (le guiña un ojo al mismo tiempo que se incorpora). Vamos Marty, pensé que lo habías descifrado. Cuando me pusiste de testigo eso fue brillante (se acerca a la reja). Y lo de “Actúa como un hombre...” sabía exactamente lo que querías de mí. Fue como un baile (con la frase entre comillas, Roy-Aaron se refiere al momento del juicio en que Vail lo provoca diciendo eso para despertar su supuesta otra personalidad).

V- ¡Guardia! –llama para que le abran y poder abandonar la escena.

A- Vamos, no seas así Marty. ¡Lo hicimos de puta madre! ¡Somos un gran equipo, tú y yo!. (Vail continúa caminando y se aleja con extraviada expresión). No creo que lo pudiera haber hecho sin ti. (Vail sale del recinto) Te pusiste un poco bravo porque comenzaste a tomarle cariño a Aaron. –dice riéndose- Yo entiendo eso, pero el amor duele, Marty. ¿Qué puedo decir? –dice gritando, porque Vail se alejaba-. ¡Estoy bromeando, colega! ¿Qué más debía hacer? Con el tiempo me lo agradecerás porque te hará mas duro. ¿Me oyes? Es una promesa. (Vail se acerca a la puerta principal del juzgado donde se había agolpado la  prensa esperando atacarlo con preguntas que en otras oportunidades, animoso, siempre contestó. Frente a esto, esta vez Vail decide salir  por la puerta de atrás, solo.)

 

Como vemos, la confesión de Roy enfrenta a Vail con la certeza de que siempre se había tratado de una farsa, que la responsabilidad jurídica del acusado era plena ya que su trastorno psíquico de personalidad múltiple no era más que una buena actuación (y Aaron nunca había existido). En este mismo Tiempo 2, también resulta inesperada la reacción de Vail ante el triunfo de su representación. Lo esperable hubiese sido que no esquive a la muchedumbre.

 

Planteados los dos tiempos, solo resta hablar acerca de si hubo o no responsabilidad subjetiva. Y para ello vamos a apostar a que sí la hubo, alegando que la novedad que nos arroja el  Tiempo 2 no admite ser atribuida de manera íntegra al azar ni tampoco a la necesidad. La reacción de Vail de no afrontar el gentío nos habla de que algo anduvo mal, que algo no salió según lo planeado. He aquí nuestra hipótesis, y para ello trataremos de rastrear indicios en la trama que den idea de qué cosas rondaban la mente de Martin Vail en ese momento...

 

 

ESCENAVail (V) en su despacho, siendo entrevistado por un periodista (P):

 

V- Mi profesor dijo dos cosas el primer día de clase. Primero, “si sus madres dicen que les quieren, obtengan una segunda opinión”. Y, “si quieren justicia vayan a un burdel; si querés que te cojan, andá a la corte”.

P- Si sabe que su cliente es culpable... (Vail lo interrumpe)

V- No empieces con eso. Eso no importa ni al sistema de justicia ni a mí. Cada acusado, no importa lo que haya hecho, se merece la mejor defensa que pueda contratar.

P- ¿Qué piensa de la verdad?

V- ¿La verdad? ¿Qué clase de verdad?

P- No sé cuantas verdades hay.

V- ¿Crees que solo hay una verdad? De hecho, ¿Cuál es la correcta? Sólo hay una correcta: mi versión. La que planto en la mente de los doce hombres y mujeres del jurado. Si querés podés llamarla “la ilusión de la verdad”. ¿Necesitás más?

P- Sí.

V- ¿Mañana por la tarde? Mi secretaria te llamará. (Vail  está yéndose y vuelve rápido) Es para la portada, ¿verdad?

P- Sí. (Vail sonríe y finalmente se retira de su despacho)

 

ESCENA: Vail (V) en un bar, conversando con el periodista (P), el día siguiente por la tarde:

V- ¿Sabés lo que odio? Odio cuando dicen que los abogados defensores son como putas. ¿Sabés por qué? Porque nos asocian con los desgraciados de nuestros clientes. Asumen que son culpables y asumen que lo sabemos. No lo sabes, no preguntas, no te importa. Es tu trabajo. No es como si fueran tus amigos. -se ríe- Bueno, algunos lo son...

P- ¿Por qué dejó la oficina de la fiscalía?

V- No había futuro. O entrás en política o te convertís en juez. ¿Para qué ser árbitro si puedes ser jugador?

P- ¿Cuándo supo que iba a ganar? (Vail se distrae con las noticias del arresto de Aaron, en un televisor del bar)

V- ¿Perdona?

P- Durante el juicio de Pinero, ¿Cuándo supo que iba a ganar?

V- El día que acepté el caso.

 

 

 

ESCENA: Vail (V) en una celda, conversando por primera vez con Aaron Stampler (A), que hace poco había sido arrestado:

V- ¿Sabés quién soy?

A- No, señor. No sé. (tartamudeando)

V- Me llamo Martin Vail. Soy un abogado famoso... 

 

Luego:

 

V- No tienes que convencerme a mí.  Necesito que contestes mis preguntas.

A- No lo hice, tiene que creerme.

V- No tengo. No me importa. Soy tu abogado, que quiere decir que soy tu madre, tu padre, tu mejor amigo y tu párroco.

 

 

ESCENA BAR: Vail (V) en un bar tomando tequila a solas, hasta que de pronto llega el  periodista (P) y se sienta a su lado. Vail  le alcanza la botella ofreciéndole un trago pero el periodista se rehúsa con un gesto de agradecimiento:

 

V- Vamos, Connerman, pregunta.

P- ¿Qué?

V- Pregunta lo que querías saber antes.

P- No entiendo, Sr. Vail.

V- “¿Cómo puede defender a alguien que sabe que es culpable? ¿Cómo puede defender a cabrones así?” –dice en tono imperativo-, ¿no es acaso lo que quería saber? Todas esas preguntas de mierda y al final, la pregunta de fondo es “¿Cómo puede hacer lo que hace?” (el periodista solo asiente con la cabeza, Vail suspira, se toma un tiempo y observa hacia atrás como vigilando que estén solos para luego acercarse más a él, con tono confidente) Crees que es el dinero, ¿verdad? (el periodista asiente) El dinero es bueno. El dinero es muy, pero muy bueno... ¿Sabes que es lo primero que les pregunto a mis clientes? Les pregunto, “¿Ha estado ahorrando para un día lluvioso”, -hace una pausa-, “Ahora está lloviendo” (Vail se ríe por el chiste). ¿Crees que es por ver mi cara en revistas? ¿Mis quince segundos en televisión? Me encanta, de veras. Pero... adivina, ¿te gusta ir a Las Vegas?

P- Sí.

V- No voy a Las Vegas. ¿Por qué crees que no voy?

P- Marty, es tarde. Deberíamos... (Vail lo interrumpe)

V- ¿Por qué jugar con dinero si puedes jugar con vidas? –dice y se ríe ante la cara de asombro y rechazo del periodista- Era una broma. (Vail luego toma aire) Está bien, te lo diré. (Hace una pausa). Creo que uno es inocente hasta ser probado culpable. Creo en esa noción porque creo en la bondad humana. Creo que no todos los crímenes son cometidos por gente mala y trato de entender por qué gente buena hace cosas malas. Cuando estaba trabajando para Shaugnessy (la fiscalía estatal) hice algo muy malo e ilegal. Entonces era un fiscal, lo que hice cambió mis creencias. Por eso dejé la fiscalía y me convertí en abogado defensor. Todos creen que estamos mintiendo. Prometí a mi mismo que en mi vida pública prescindiré de mis mentiras. (Vail se levanta, hace un paso, se da media vuelta y se acerca a su oído). Si publicas esto, te llevaré a la corte. (Finalmente, Vail se retira del bar)

 

 

ESCENA: Vail (V) reunido en el despacho de la jueza (J) del juicio de Aaron, luego de agredir a Shaugnessy (de la fiscalía) en venganza por la muerte de otro de sus clientes:

 

J- No le dejaré ridiculizar mi tribunal. Sugiero que empiece a representar a su cliente en vez de a usted. (Vail la mira serio, sin palabras para responder).

 

 

 

A lo largo de la película, aparece un periodista que si bien no es protagonista, para nuestros propósitos es primordial, puesto que hará las veces, en cada entrevista, de una suerte de “analista” para Martin Vail. En las escenas con tal personaje es donde Vail hablará de sí.  Además de esto vemos la escena donde Aaron y él se conocen personalmente por primera vez. Vail, le pregunta si lo reconoce y se presenta como un abogado “famoso”, definición que sostiene de sí. Es visto por muchos como el fenómeno del momento y él, a su vez, se reconoce en dicho lugar. Su postura arrogante y exhibicionista es coherente con lo antedicho. Además, en esta escena se ofrece a representarlo gratuitamente, sin importarle su inocencia o culpabilidad. Cabe suponer que se encuentra sólidamente instaurado en su rol de defender los casos difíciles, a aquellos sujetos por los que nadie apostaría suponer inocencia. De todo esto hablaremos más adelante...

La escena del bar es considerada de suma importancia. Resulta ser una bisagra a través de la cual nos permite, junto con la escena ultima y otra a la que él hace referencia, plantear tiempos lógicos de su conflicto. La apuesta que propongo hagamos con referencia a esta escena es tomarla como una sesión de análisis, lo cual nos permitirá postular todos los lugares de dicha sesión. Encontramos el lugar del Otro como oyente; un discurso que básicamente va en una dirección, es decir, en la dirección de la escucha; una confesión; una relación transferencial; un oyente que como periodista y poseedor de cierto rasgo voyeurista sabe callar cuando Vail pregunta para en definitiva responderse a sí mismo. Las intervenciones permitieron que él prosiga en su confesión y, por último, un estado de alcoholemia facilita en Vail el hablar. Vail confesará que, además del dinero y la fama, él hace lo que hace porque cree en la bondad humana, en que todos son inocentes hasta probar lo contrario. Confiesa, además, que siendo fiscal hizo algo malo e ilegal y que por eso ahora se ve impedido para probar la culpabilidad del otro (a’) en donde él se ve reflejado y en donde se repite y revive su conflicto irresuelto.

Nuestra hipótesis, será entonces, que el conflicto de Vail viene desde aquel momento, momento en que siendo fiscal se equivocó y sus teorías tambalean, su coherencia se disuelve y como formación reactiva decide sin más remedio cambiarse de bando para convertirse en abogado defensor de sí mismo (recordemos la escena donde la jueza le dice algo en este sentido); sólo que encarnará su propio conflicto en la persona de cada uno de los clientes que represente como defensor. Lo que Vail no puede admitir es que él, alguien bueno, hizo algo malo y no fue juzgado. Esto es lo que no puede ligar. Como no puede decir su falta, entonces la repite en acto cada vez que se para frente al estrado en un juicio (digamos que, en verdad, él es quien se sienta cada vez en el banquillo del acusado).

Entonces, en este Tiempo 3, donde se entraman los dos primeros, será para nosotros portador de la hipótesis acerca del protagonista y su responsabilidad subjetiva. No puede entonces atribuirse al azar o destino el resultado final (la “liberación” de Aaron) puesto que en su decisión inicial (defender a Aaron) él decide también creerlo inocente independientemente del desarrollo de los hechos (esto lo suponemos hipotéticamente cuando él dice que todos son inocentes, que hay bondad innata, que sólo hay gente buena que se “equivoca”, discurso en el cual habla en realidad de él mismo, de su propio sentimiento de culpabilidad). Citemos, al respecto de la responsabilidad subjetiva, lo siguiente:

 

“La responsabilidad interpela a un sujeto, quien debe, o puede, dar “respuesta”, responder por su acto [...] La responsabilidad la referimos a la singularidad de un Sujeto en acto. No a la “sustancia” de ese Sujeto [...] El interés está puesto en la subjetivación de una acción, si es así ya no será una acción cualquiera, sino una que recae finalmente sobre el sujeto, poniéndose éste en acto [...] Sólo se puede ser culpable de haber cedido su deseo, el Yo no es propietario del deseo, pero sí diremos que el Sujeto es responsable de su puesta en acto [...] No habiendo voluntad manifiesta de producir un efecto dado y si los hechos son consecuencia de una razón contenida en el principio de razón, no hay lugar a la responsabilidad. Si son efectos del azar tampoco. Pero la ausencia de voluntad no obliga a la intervención del azar, ni de la voluntad del destino, ni siquiera invocar una voluntad inconsciente [...] Invocar el azar, lo no determinado, como principio, no es mas “liberador” de la alienación del sujeto, porque en esa forma se borra el sujeto de toda responsabilidad, borrando su acto [...] Ni una determinación que lo trasciende y está fuera de su voluntad alienándolo al Otro, ni la apelación al puro azar, nueva máscara del destino, es decir, finalmente el Otro, son buen escondite para el sujeto.”

 

Es así como en el final, luego de la escena en la celda con Aaron, cuando la verdad se desnuda ante él, vemos que en Vail se resuelve de alguna manera su conflicto primero, gracias al cual se había visto obligado a abandonar su lugar de acusador, puesto que ahora él mismo era un acusado. Entonces, siendo de allí en más un abogado defensor, su idea de justicia (del sistema jurídico en tanto tal) se había desmoronado y lo único que importaba era defender a cualquiera puesto que cualquiera era defendible. De alguna manera, es el mismo Aaron (o, diremos mejor, Roy) quien atisba esta resolución interna dentro de Vail, al decirle que se lo agradecerá luego puesto que lo hará más duro (y, para Martin, es elemental ser otra vez duro para volver a creer en el sistema jurídico, para poder ocupar nuevamente el lugar de fiscal, o sea, de buscar esas pruebas que demuestran la culpabilidad). Ocurre que, ante la sorpresa de Vail, finalmente la realidad, los indicios externos, le muestran que sí existe gente con malicia, gente que hace con intención cosas malas. Suponemos, por último, que ahora esta evidencia final reestablece el equilibrio, quebrado antes, y al poder salir de su lugar de defensor, Marty tiene la posibilidad potencial de volver al de fiscal (quedando así fuera del círculo de acusados y, por ende, de alguna forma redimido).

Finalmente, la situación de Aaron/Roy y su giro durante la película, puede ser leído como metáfora de la película en sí: ocurre que no todos los buenos son tan buenos y no todos los malos son tan malos. Lo vemos en el arzobispo (respetable ciudadano que con su fundación ayudaba a la sociedad y es sorprendido, a posteriori de su asesinato, como “director” de videos pornográficos caseros); en el propio Aaron (el que todos pensaban que era culpable termina siendo inimputable, cuando en realidad era tan culpable como se creía de entrada); y en Shaugnessy (que desde la fiscalía tenía negociados enormes y ningún escrúpulo a la hora de mandar a matar a quienes lo estorbaban). Martin Vail, en cambio, se nos presenta en un inicio como un abogado arrogante, inescrupuloso, exhibicionista, para luego confesarnos sus verdaderas creencias, su fe en la bondad humana.

        

E-mail: sebastianmaggi@arnet.com.ar

 

 


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