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Mary Shelley’s Frankenstein25/06/2001- Por Florencia Lanús -
El presente comentario se refiere a su adaptación llevada al cine, estrenada hace algunos años.
La trama transcurre a fines del siglo XVIII. El joven Víctor Frankenstein es un apasionado y dedicado estudiante de medicina, hijo del mejor médico de Ginebra y de una madre, a la cual adora, que no ahorró amor, cuidados y presagios para su hijo: "serás mejor médico que tu padre". Su infancia estuvo, a su vez, marcada por la llegada de una "hermana" no sanguínea sino de crianza -Elizabeth- con quien el vínculo fraterno no alcanzaba para definir aquello que los unía desde el día en que se conocieron.
En un trágico día Víctor Frankenstein fue sacudido por la muerte de su madre mientras daba a luz a su hermano William y por la impotencia de su padre y eximio médico ante lo cual todos somos impotentes: la muerte.
Tres años más tarde se gradúa de médico y recibe por intermedio de su orgulloso padre un regalo de su madre ausente: el diario de Víctor Frankenstein para ser llenado con las notas de una formidable labor científica por venir.
Bajo estas coordenadas, el joven Frankenstein se encuentra frente a la tumba de su madre y en lugar del duelo (completamente ausente) formula su promesa: "Oh madre no deberías haber muerto, nadie tiene que morir. Detendré esto, te lo prometo".
A partir de entonces se dirige a estudiar ciencias médicas a Inglostadt, con el propósito de lo que se transformaría en su secreta obsesión: crear vida para desafiar los límites de la muerte.
Antes de partir promete a su enamorada Elizabeth sellar, a su regreso, en matrimonio la pasión que los une.
Ya en la Universidad se encuentra con los límites y la interdicción de la medicina clásica hacia sus secretos y oscuros propósitos. Sin embargo este apasionado joven no piensa escuchar tales prohibiciones y se aferra a un prestigioso médico cuyo oscuro e inquietante pasado parecía mostrarle el camino hacia su obsesión. El profesor Waldman "aquel que en su juventud podía enseñarle ciencias al mismo Dios. (y que) Tuvo problemas con la autoridad por experimentos ilegales". Se transforma, así, en su incansable discípulo y logra confirmar aquello que sospechaba y ansiaba en una conversación entre ellos (y el fiel amigo de V. F.): - "El mejor modo de engañar a la muerte será crear vida. -dice Víctor Frankenstein, dirigiéndose a su amigo que lo miraba atónito- Amas a alguien, tiene un corazón débil ¿no le darías uno saludable? No es imposible. Estamos cerca. Y si podemos reemplazar una parte podemos reemplazar todas las partes del ser humano. Y si podemos hacerlo podemos diseñar una vida. Crear un ser que no envejezca, ni que enferme, que sea más fuerte que nosotros, (eugenesia positiva) mejor que nosotros, más inteligente, más civilizado.
-¡No! - interrumpe enfáticamente Waldman
-¿Cuán cerca llegó? - pregunta V. F.
- Demasiado... Mi trabajo actual se reduce a la preservación de la vida.
-¿Por qué? - pregunta Frankenstein
-Porque el resultado fue una abominación... -
responde Waldman
Poco tiempo después la muerte volvió a sacudir a Frankenstein, en este caso la del propio Waldman. En su locura y desesperación viola las notas del diario de su maestro, y allí encuentra los detalles y alcances de sus experimentos. Con su genialidad corrige los errores y fallas de aquél y da forma a su propia teoría. Con vehemencia realiza todos los preparativos, entre ellos la materia prima para la creación de este ser, pedazos de muertos recientes e inclusive "el mejor de los cerebros", el de Waldman. Nada de lo que sucedía afuera podía frenar lo que se había puesto en marcha, ni el ruego de su desesperada prometida que vino a buscarlo temiendo algo que no se podía explicar, ni la cuarentena por cólera que amenaza a toda la ciudad, ni su amigo que en su silenciosa sospecha intenta recordarle la dimensión de la ley.
En su oscura y vehemente soledad concluye aquello que había comenzado. ¿El resultado? Frankenstein lo escribe en su diario de notas: "Defectos masivos de nacimiento, fuerza física aumentada, pero el reanimado resultante es defectuoso y digno de lástima y está muerto".
Para ahorrarnos detalles sobre lo que sigue, este engendro, cuerpo fragmentado y unido por negras costuras escapa con el abrigo de su creador y su diario en el bolsillo.
No es que no esté muerto, debemos darle crédito al valor de verdad que esto tiene para el deseo de Víctor Frankenstein (sería mas ajustado hablar en su caso de avidez narcisista, al decir de Carlos Gutiérrez). Lo cierto es que esta criatura pudo ingresar al lenguaje y en el lugar de la pregunta por su origen, en vez de un mito se encontró con las notas del diario [1] de Víctor Frankenstein [2] y en su grito de horror juró vengarse de su creador.
Tiempo después Frankenstein intentaba desconocer aquello que había desatado y en esa ignorancia regresó a su hogar para casarse con Elizabeth como si nada hubiera sucedido. Allí se encontró con la muerte de su hermanito William, que anticipaba una seguidilla, que solo podía detener con el cumplimiento del trato que le proponía aquello que había creado. El diálogo entre ambos, o la lección de este siniestro ser, no tiene desperdicio:
-Hablas... -le dice Víctor Frankenstein sorprendido
-Hablo y leo. Y pienso y conozco las costumbres del hombre (observemos que con sus expresiones parece ubicarse por fuera de la humanidad). Tu me diste estas emociones pero no me dijiste como usarlas. Ahora dos personas están muertas por nosotros. ¿Por qué?
-En mi alma sucede algo que no comprendo...- le dice V. F.
-¿Qué hay de mi alma? -responde la criatura - ¿Tengo una? (léase deseo) ¿O fue una parte que omitiste. ¿Quiénes eran esos de los cuales estoy hecho? ¿Buena gente? ¿Mala gente?
-Materiales nada más -le responde Frankenstein
-Te equivocas. ¿Sabes que yo se tocar esto? (agarra una flauta) ¿En qué parte de mi reside este conocimiento? ¿En estas manos? ¿En este corazón? Y leer y pensar... ¿Son cosas aprendidas tanto como recordadas?
-Quizás rastros de recuerdos en el cerebro
-¿Alguna vez consideraste las consecuencias de tus actos? -dice el reanimado- Me diste vida y luego me dejaste morir ¿Quién soy?
-No lo sé. ¿Y qué puedo hacer?
-Hay algo que quiero. Una amistad ("a friend" significante de peso para esta criatura)
-¿Una amistad?- pregunta V. F. sorprendido
-Compañía, una hembra. Alguien como yo para que no me odie.
-¿Cómo tú? ¡Dios! No sabes lo que pides
-Se que por la simpatía de un ser viviente haría las paces con todos (pide a gritos algún deseo...) En mi hay tanto amor como tu... apenas te podrías imaginar. Y tanta furia como jamás podrías creer. Si no puedo satisfacer el uno, liberaré a la otra.
-¿Y si consiento?
-Iríamos al norte mi esposa y yo, al punto más extremo del polo donde jamás piso hombre alguno. Allí viviríamos juntos. Ningún ojo humano volvería a vernos. (nuevamente puede leerse su ser despojado de toda humanidad) Lo prometo. Debes ayudarme por favor...
-Si es posible enmendar este error, lo haré - Concluye V. F.
Pese a lo que dijo Víctor Frankenstein no cumple lo que prometió y no puede enmendar su error...
Para adelantar el fin, el doctor Frankenstein termina sus días sin poder responder por sus actos [3] , siguiendo a su criatura para matarla luego de que "todo lo que amé yace en una tumba" (incluso Elizabeth, lo cual nos llevaría unas cuantas reflexiones). Así, en la escena en la que el "reanimado" llora ante la muerte de su creador, alguien le pregunta:
-¿Quién eres tú?
-Él nunca me dio un nombre [4] -responde el desgraciado
-¿Por qué lloras?
-Él era mi padre...- dice conmovido el engendro
El final queda anticipado, como lo único que podía vehiculizar algún "deseo que no sea anónimo" yacía muerto... El siniestro cuerpo sin nombre se incendió con su [no] padre [ni madre] en brazos, escenificando su subjetividad abolida.
[1] Debemos pensar el Diario de V.F. ocupando el lugar del Otro para la criatura
[2] "No hay ningún mito que cubra ese real" (Carlos Gutiérrez)
[3] "A lo que el científico no puede responder en los objetos de su experiencia, es al impacto subjetivo que el mismo produce y a la ética que se desprende de este impacto. Ética en el sentido de permitir desplegar una pregunta precisa: ¿Qué consecuencias tiene nuestro acto?" (Marcelo Viñar)
[4] Recordemos la importancia que tiene la articulación de un nombre y sus consecuencias en la constitución de la subjetividad.
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