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Sin justicia. Acerca de “La patota”01/09/2015- Por Hugo Dvoskin - Realizar Consulta
La cámara enfoca a Paulina que camina a pie firme. No hay lugar para bajar la mirada o girar, mirar atrás, y ver qué ha dejado. Muestran su rostro. Aunque sabemos que ya tiene un embarazo avanzado, su andar no tiene huella de esos avatares. Nos adentraremos en el derrotero de la protagonista bajo la pluma avezada del autor.

Ficha técnica y artística
Dirección: Santiago Mitre
Guion: Santiago Mitre, Mariano Llinás, Eduardo Borrás
Producción: Agustina Llambi-Campbell, Fernando Brom, Santiago Mitre, Lita Stantic, Axel Kuschevatzky, Walter Salles
Elenco: Dolores Fonzi, Esteban Lamothe, Oscar Martínez
Género: Thriller/Suspenso/Remake
País: Argentina, Brasil, Francia
Año: 2015
Duración: 103 minutos
Idioma: español, guaraní
La cámara enfoca a Paulina que camina a pie firme. No hay lugar para bajar la mirada o girar, mirar atrás, y ver qué ha dejado. Muestran su rostro. Aunque sabemos que ya tiene un embarazo avanzado, su andar no tiene huella de esos avatares. El final acompaña otros finales de mujeres que marchan solas hacia su destino. Un largo derrotero como el que vimos en De prisa, de prisa[1]; en la argentina Buena vida delivery[2]; y en la más próxima y muy premiada, la polaca Ida, que está incluida en este libro. Las semejanzas no deben ocultar las diferencias que podrían ser cruciales en la vida, en las elecciones y en la posición subjetiva de estos personajes. En la primera de ellas, la de Saura, la protagonista deja a su novio en el departamento desangrándose luego del robo al banco. La letra de la canción de los Chunguitos que acompaña su andar, conmueve: “si me das a elegir entre tú y la gloria, yo te juro mi amor que me quedo contigo”… poco antes ha tomado el dinero del asalto, del que todos suponen no había participación de mujeres, mientras fallecía el último testigo. Sobre ella no habrá sospechas. “Esta será mi vida”, podría escucharse. En la Argentina, la de Di Cesare, la protagonista abandona la complicidad forzada con sus padres, la de conseguirles un lugar para las máquinas de churros y alojamiento en casa de sus “parejas”, sostenidas en amoríos inconsistentes. “Esta no era mi vida”, podría decir mientras marcha a la vida con su hija, que ahora ya no le dirá “mamá” a la abuela, se lo dirá a su madre. Ida vuelve al convento para tomar los hábitos, ha hecho el recorrido por la judeidad que hereda pero que no le pertenece. Deja las marcas que podrían haber sido pero no fueron: abogada, liberal, promiscua, judía, víctima del holocausto, agraciada porque no ser circuncidada la mantuvo viva, esposa y madre. Se apropia de aquellas marcas que sí le pertenecen: ser una monja sensual. “A partir de hoy, esta será mi vida”.
¿Cómo ubicar la marcha de Paulina?
La escena decisiva
Oscar en cada momento sabe qué decir: ya sea frente a la decisión de Paulina de viajar a Posadas o la de postergar (¿abandonar?) el doctorado, como así también cuando decide frenar la investigación sobre el aborto si no se conocen previamente los culpables o llevarla adelante a fondo sin respeto por los derecho civiles si se los conocen. No vacila en dar por sentado el aborto si está embarazada. Coincide con lo que Lacan define como las resistencias del analista en el Seminario 1, “saber en cada momento qué debe decirse”. La posición del padre es la de quien tiene respuestas antes de conocer la pregunta, la de quien no da lugar a la subjetividad que la misma pregunta implica según quien la enuncia. Apenas un matiz en el comienzo cuando le propone a su hija que argumente. Paulina desconoce que esa dinámica sea posible entre él y ella aunque sea abogada. Sus argumentos se diluyen en líneas poco convincentes. El público esta vez no juega cien por ciento a favor de la protagonista lo cual es un gran mérito del director. Aunque se solidariza ligeramente con los buenos sentimientos de Paulina, el corazoncito del público está con el juez que quiere lo “mejor” para su hija. ¿Quién querría perderse la posibilidad de tener “una hija doctora y exitosa”?
Paulina se encarga de subrayar las limitaciones de su padre. Es un revolucionario precario. O un “subversivo” avenido hombre del stablishment que lleva adelante la justicia burguesa. Además su apellido, salpicado de su pasado “izquierdista”, perjudicaría la posibilidad de llevar adelante proyectos progresistas en el área gubernamental. Más adelante será quien utilice su nombre para obstruir la justicia o quien lo instrumente para obtener por métodos veloces y non sanctos las delaciones cruzadas de los imputados. A Oscar se lo ha visto acusar a la tía sin prueba alguna, de empujar a Paulina a proseguir con el embarazo y, como dijimos, dio por zanjada la cuestión de quién haría el aborto sin tener el consentimiento de su hija. En medio de semejante desaguisado en el que su posición de juez se entremezcla con su condición de padre de una hija violada tiene un momento de lucidez. Uno, sólo uno. Suficiente para que se definan las posiciones subjetivas de padre e hija, fundamentalmente de Paulina, que es la que más nos interesa. Le pregunta a su hija si seguiría adelante si el embarazo fuera, no del violador, sino de quien ahora es su ex novio, en cuyo caso, se sabe, contaría sin dudas con el apoyo del padre. Paulina vacila porque entiende que han dado en el centro. Es una encrucijada. Dice que no lo continuaría, que abortaría. Se nos aclara entonces que continuar no es una posición ideológica frente a la interrupción del embarazo. Tampoco es su deseo de ser madre porque no lo tendría si fuera de otro padre, singularmente su ex novio. Su posición incluye evitar la prisión de un violador activo por la ineficiencia del sistema carcelario para recuperar a este joven.
Es hora de hablar de Nolo, el violador, porque si las acciones de Paulina guardan algún sentido sólo pueden encontrarse en la supuesta condición de víctima del violador. Es un hombre que tiene trabajo relativamente calificado. Un trabajador en blanco con horarios. Con su ex novia se presenta prepotente. En el momento de la violación no sólo toma la iniciativa sino que quiere forzar a otros a que también la realicen. Sin embargo, sostendremos que para situarlo subjetivamente, el punto que consideramos decisivo es el modo en que Paulina se entera de quién ha sido el responsable de semejante barbarismo. Será justamente a través de la ex novia, a quien Nolo previamente se lo cuenta. Nos interrogamos. ¿Por qué se lo cuenta? Acaso se trata de una situación que le resulta traumática y requiere compartir con otro. Lejos de eso, no ha estado solo al momento del crimen y tiene a sus amigos de la patota para compartir sus “hazañas”. Intuimos. Se lo cuenta para amenazarla. Para mostrar de lo que es capaz. Para que sepa que ella también podría ser violada si él se lo propusiera. Un poco más… que no se niegue a tener sexo con él. Nolo considera el hecho aberrante como una medalla de su curriculum, un acto valioso con el que pretende darse corte y mostrar masculinidad. El acto cobarde, el cinco contra uno, es de lo que se jacta Nolo. Aquí no hay emoción violenta, malas lecturas de un vínculo ni vergüenza posterior como podremos encontrar en Milosc.[3] Esto es un miserable delito hecho con premeditación y alevosía… Cuando Paulina va a verlo, no sólo no muestra arrepentimiento sino ni un ápice de vergüenza. No sólo el sistema carcelario no tiene modo de reinsertarlo socialmente sino, que a nuestro criterio, una vez cumplida la pena es casi impensable la posibilidad de reinsertarlo. Es un interrogante abierto qué hacer con estos sujetos que, una vez cumplida la condena, saldrán de las prisiones. No es un robo seguido de muerte, no es un homicidio innecesario de un sujeto drogado, no es una violencia desmedida que pueda ser pensada desde la marginalidad, el resentimiento social, la opulencia y la prepotencia de las clases ricas. No es el caso. Es otra vez Sean Penn en Mientras estés conmigo, un sujeto que está fuera de las posibilidades del sistema carcelario en cuanto a su resolución subjetiva y de los avatares de los pobres y la justicia. Es cierto que hay ricos que cometen las mismas tropelías y evitan ser condenados. Es una degradación del sistema judicial que no se subsana de modo alguno dejando impunes otros delitos gravísimos porque los que delincan carezcan de recursos económicos. Es confundir cuestiones sociológicas, limitaciones, que sobre todo afectan delitos vinculados al robo, a los hurtos y a la corrupción con las cuestiones civiles. Nos referimos singularmente a aquellas que afectan la salud y los derechos de las minorías, en este caso las mujeres y su intimidad. Que un rico no vaya preso por sus delitos no puede ser razón suficiente, ni siquiera atenuante, para que un violador con pocos recursos económicos quede libre, sin menoscabo del debido proceso. Paulina, en nombre de “su” justicia con los sectores desposeídos, comete la injusticia de dejar libre a este violador que seguramente seguirá haciendo sus patrañas fundamentalmente sobre mujeres del sector social más débil, incapaces de defenderse. Deja libre a un violador que, probablemente más temprano que tarde, saldrá a cobrarse nuevas víctimas. Ahora con su patota menos temerosa porque han sido liberados incluso cuando los encuentran. Liberado por la acción de Paulina ahora se apresta sin temores ante la ley para continuar con su cosecha de mujeres humilladas y de hijos no deseados que carecerán de padre.
Paulina, bien podría ser una spinoziana a ultranza que ama indistintamente el bien y el mal porque los considera parte de la naturaleza ¿Acaso es como la monja de Maldito policía[4] o la protagonista de la ya referida Milosc? Entendemos que no es el caso. Sólo la domina la intención de demostrar la barradura de su padre, que es impotente y pedante. Si algo la alienta es mostrar las contradicciones y la ineficiencia de Oscar.
La ex novia de Nolo le advierte de los riesgos de tener un hijo producto de una violación. Ella, cuyo hijo como producto de una violación por parte de un familiar cuando aún era menor, no sólo odiaba al violador sino que festejó su muerte, la del padre de su hijo. El niño por venir de Paulina no tendrá padre y al abuelo le costará recibirlo. Para ella, el niño es más trofeo que hijo. Por si las paradojas no alcanzaran, este niño tendrá que agradecerle a la vida una violación. No la tiene fácil. Al contrario. Le convendría hacerse religioso para agradecer sin pensar mucho. El legislador tuvo la sensatez, la clarividencia, de autorizar los abortos en caso de violación.
Paulina va. Su padre llora. El director la acompaña con la cámara. Es cómplice de ese desafío que no es sino una suma de injusticias. Es injusto para ese niño, para las mujeres que seguirá violando Nolo, para la ex novia que ahora seguramente al sentirse amenazada cederá a sus presiones y volverá a tener relaciones con él, para la Patota que se mal entona, quizás también para el director que aborda un tema tan complejo, que realiza una gran película pero que la cierra de un modo tal que, para elevar a Paulina a la categoría de heroína, no hace sino apología de un delito.
[1] De prisa, de prisa, film español de Carlos Saura. 1981.
[2] Buena vida delivery, film argentino de Leonardo Di Cesare. 2004
[3] MIlosc, film polaco de Slawomir Fabicki. 1912.
[4] Véase, Dvoskin, H. El amor en tiempos de cine, “Ser un lugar teniente”. Letra Viva, p. 181.
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