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Whisky10/02/2007- Por Marina Straschnoy - Realizar Consulta
Relata una historia con tres personajes principales. Jacobo es dueño de una fábrica de medias en donde reina la monotonía, las persianas bajas y la suciedad. Marta es su empleada de mayor confianza. Es a ella a quien le pide un favor: su hermano Herman vive hace 20 años en Brasil con su mujer e hijas y vuelve a Uruguay por unos días. El motivo de su visita es que ha pasado un año desde la muerte de la madre y en la tradición judía eso significa que es tiempo de poner una lápida. Jacobo desea que su hermano crea una cosa: que ha contraído matrimonio y elige a Marta como su mujer ficticia.

Ficha técnica y artística
Dirección: Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll.
Países: Uruguay, Argentina, Alemania y España.
Año: 2004.
Duración: 94 min.
Género: Comedia dramática.
Interpretación: Andrés Pazos (Jacobo Köller), Mirella Pascual (Marta), Jorge Bolani (Herman Köller), Ana Katz (Graciela), Daniel Hendler (Martín), Verónica Perrota, Jorge Temponi, Alfonso Tort, Ignacio Mendy.
Guión: Juan Pablo Rebella, Pablo Stoll y Gonzalo Delgado Galiana.
Producción: Fernando Epstein.
Música: Pequeña Orquesta Reincidentes.
Fotografía: Bárbara Álvarez.
Montaje: Fernando Epstein.
Dirección artística: Gonzalo Delgado Galiana.
Vestuario: Adelaida Rodríguez
Whisky. Película lenta, tranquila, hecha de silencios. Relata una historia con tres personajes principales. Jacobo es dueño de una fábrica de medias en donde reina la monotonía, las persianas bajas y la suciedad. Marta es su empleada de mayor confianza. Es a ella a quien le pide un favor: su hermano Herman vive hace 20 años en Brasil con su mujer e hijas y vuelve a Uruguay por unos días. El motivo de su visita es que ha pasado un año desde la muerte de la madre y en la tradición judía eso significa que es tiempo de poner una lápida. Jacobo desea que su hermano crea una cosa: que ha contraído matrimonio y elige a Marta como su mujer ficticia. Durante esta estadía que los tres juntos comparten, Jacobo permanece con su monótono mal humor, Herman permanece alegre y vital y contagia a nuestra protagonista con estas actitudes. Durante un viaje que realizan a Piriápolis, en una de las cenas, mientras Marta está ausente, Herman le ofrece a Jacobo una gran suma de dinero por haber cuidado a su madre en el último tiempo de enfermedad. Este dinero es entregado con la explicación de que representa su parte de los gastos con un extra que le ofrece. Si bien al comienzo Jacobo no desea aceptarlo luego lo toma y apuesta a un pleno en el casino multiplicando la plata recibida. Esta suma es entregada a Marta, quien en la última escena desaparece.
La síntesis de la película es la monotonía versus el cambio. Mientras que Jacobo permanece durante el film en la pura repetición, en lo tedioso de lo cotidiano, en el pasado con una madre muerta, Marta se transforma. Si bien comienza en la misma actitud hacia la vida que su esposo ficticio, termina queriendo algo más, algo distinto, termina haciéndose responsable de su deseo y eligiendo para ella un futuro diferente al que le esperaba si permanecía en la siempre igual fábrica de medias.
El comienzo de la película, que coincide con el tiempo uno, destaca, por sobre todas las cosas, la monotonía de lo cotidiano vivida por Jacobo y Marta. Esta invariabilidad es tal que en el film repiten el comienzo de tres días diferentes de forma igual: las mismas escenas, los mismos comentarios, el mismo orden de acciones, las mismas palabras. Parece difícil creer que son días diferentes, ya que no hay nada allí que los diferencie como tales. Exactamente lo mismo se vivencia una y otra vez. Son escenas que invocan la completud, pareciera ser que nada falta, que nada piden, que nada desean ninguno de los sujetos que en esta fijeza se desenvuelven.
El tiempo uno implicaría una acción que el sujeto inicia pensando que allí termina todo, no habría nada más que un objetivo planteado de antemano que se debe cumplir. Es el primer tiempo lógico, aunque sólo tenemos el derecho de mencionar un primer tiempo por la existencia de un segundo. Por esta razón, si bien comienzo comentando este tiempo, es sólo la existencia del tiempo dos lo que lo funda como tal.
La propuesta que Jacobo le hace a Marta es clara y sencilla: durante la estadía de Herman ella debe convivir con ambos hermanos jugando el rol de esposa de su empleador. Ella acepta este ofrecimiento sin saber de antemano las consecuencias que esto traería para su vida. Inicia esta acción pensando que no habría nada más allá de ella. Sólo por unos pocos días participará de este juego, arreglando el departamento, cocinando para los tres, inventando un lugar como destino de la luna de miel inexistente y juntando las camas en las que los supuestos esposos dormirían. Las frases dichas en esta parte de la película son cortas y monótonas, las conversaciones pobres. Es en este primer tiempo donde aparece por primera vez la palabra whisky, expresión que denomina a la película en su conjunto. Parece ser que gracias a las vocales que contiene el término facilita una sonrisa en los labios en el momento de tomar una foto. Marta y Jacobo deciden sacarse una como parte del plan que simula su matrimonio. Coincidiendo con este primer tiempo, podemos tomar este retrato como algo estático en el tiempo, como algo que no cambia, como una imagen congelada, como parte de un plan ficticio, que como tal no permite ni la responsabilidad ni el surgimiento del deseo. Son movimientos realizados para otro, hechos para otro. Por lo tanto el campo de la subjetividad aparece limitado.
El tiempo dos es el tiempo de la interpelación subjetiva. En este circuito lógico de tres tiempos, el segundo implica la retroacción. Algo que vuelve sobre la acción iniciada en el tiempo primero exigiendo una respuesta. Es un tiempo de pregunta y por lo tanto permite la apertura de un abanico de respuestas. Si bien al principio de la película, ella acepta la oferta pensando que tan solo por unos días vivirá con esos hombres y que después de eso todo volverá a ser como era antes. Ese “como era antes” no volverá nunca más.
Este tiempo en la película aparece como un proceso. Proceso en el cual la pregunta clave que Marta se formula es si el modo de vida que llevaba es el que desea vivir.
En este segundo tiempo aparece el segundo whisky pronunciado en la película. Es un whisky diferente al primero. La foto que se sacan es junto el mar de Piriápolis y esta vez están los tres personajes principales de la película. La inclusión de esta terceridad es importante, ya que le abre a Marta una posibilidad diferente.
Herman es muy distinto a su hermano. Ha logrado un cambio de vida, la modernización de la maquinaria de su fábrica de medias instalada en Brasil, produce medias distintas y coloridas (las producidas por Jacobo son todas iguales), formó una familia diferente a la que le dio origen (Jacobo vivía con su madre hasta el momento de su muerte), con hijas universitarias. La observación de parte de Marta de esta vida diferente produce la interrogación sobre qué es lo que ella desea para su propia vida. Que el matrimonio sea tan solo ficticio parece no alcanzarle esta vez y busca a partir de pequeños detalles acercarse a su empleador. Esta es una película de los detalles, de las pequeñas acciones y estas son las que Marta emprende buscando un acercamiento amoroso con Jacobo. Que sea únicamente para otro, tiene gusto a poco esta vez.
A pesar de estos intentos claros y tranquilos por parte de la protagonista de armar una pareja, estos indicios son rechazados por su marido ficticio. Es aquí cuando ella decide realizar una visita al cuarto de su supuesto cuñado. Estas acciones son anecdóticas, ya que lo que se abre en Marta va más allá de estos hermanos, y lo que indican es la búsqueda de algo más allá de lo previamente establecido.
La hipótesis clínica se puede explicar a partir del pasaje que Marta realiza de una posición de alienación, de voluntad, de la realización de un objetivo que sea únicamente para otros, a una posición diferente, deseante. La visión de la vida de Herman, una vida diferente a la monotonía, le permite a ella la perspectiva de una nueva posibilidad: algo distinto a la cotidianeidad que llevaba es viable. Surge en ella la potencialidad del cambio, la búsqueda de una vida que incluya placeres, viajes, amor, algo más que el puro trabajo rutinario en una fábrica que implica la repetición, la fijeza. La vida que alguna vez le alcanzó le es, a partir de estas experiencias, insuficiente. Marta quiere un cambio de vida y busca en esta dirección abriendo para ella misma la posibilidad de la elección.
El tiempo tres es un tiempo de apertura. Si bien en el segundo momento la presencia de Herman era significativa, este lapso se caracteriza por la ausencia de él, de Jacobo, de todos los personajes conocidos y desconocidos por el espectador que corresponden a la historia personal de Marta y que la crearon como sujeto. El tiempo tres implica la toma de una decisión por fuera de los otros. Por fuera de los otros y por dentro de uno. Dentro de uno y en soledad. Por lo tanto, si en los tiempos anteriores es necesario recurrir a otros personajes para la explicación, en este no hace falta más nada que dejar a Marta sola con su deseo. La completud, la monotonía, la cotidianeidad, la pura repetición característica del primer tiempo se ven invadidas, penetradas por algo nuevo que irrumpe.
La última escena de la película es la misma que la del inicio: es el comienzo del día en la monotonía de la fábrica, pero esa monotonía ya no es tal: le falta algo esencial. Marta ya no esta allí. No está frente a la persiana vieja y baja que funciona como puerta saludando a Jacobo como todas las mañanas con su misma frase, no está para cambiarse en el baño recogiéndose el pelo de la misma manera que siempre, no está para preparar el té que Jacobo toma todas las mañanas. Marta no está. No está en ninguno de los lugares que solía estar. No está en la puerta ni en el baño, ni en el despacho, ni junto a las máquinas ni con sus compañeras. Está en un lugar diferente. Y no sólo en un lugar sino que también en una posición diferente.
Esta posición es claramente diferenciable de la atinente a cuando de azar y necesidad se trata, ya que son sucesos que acontecen por fuera de la voluntad humana. Los sujetos no somos responsables de todo lo que acontece, creer de otro modo implicaría anular la responsabilidad, ya que lo que está presente siempre, no está presente nunca. En la grieta que se establece entre la necesidad y el azar podemos situar la responsabilidad subjetiva, ya que ambos existen pero nunca de manera total, siempre dejan un margen abierto que permite la formulación de la pregunta.
Marta decide tomar lo que es propiamente humano: lo no todo, la incompletud, la falta que es necesaria para permitir el surgimiento del deseo. La elección de Marta se funda en esta incompletud, en esta falta que da lugar a la movilidad. Si bien en la posición inicial encontramos voluntad de trabajar, de cumplir con su jefe, de aceptar lo que le piden, en este tiempo aparece una modificación respecto de eso. La apariencia de cubrirlo todo en las primeras escenas queda descubierta retroactivamente tan solo como una fachada. Desde el presente, mirando hacia el pasado, descubre Marta lo restringido de su cotidianeidad, para su futuro, en su horizonte, se abre la puerta de la situación deseante. Si el punto de partida de Marta implica la aceptación de un ofrecimiento, acá la que crea la propuesta es ella misma. Hay un pasaje de creada a creadora.
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