28/11/2003- Por Ricardo Costa Brizuela -
La película es increíblemente humana, pese a que sus personajes principales son un mamut, un tigre y un perezoso, porque logra combinar las emociones y sentimientos típicos de las personas comunes y corrientes. La era de hielo reúne a Manny, Diego y Sid (El mamut, el tigre y el perezoso) alrededor de un pequeño humano, en plena migración de las especies hacia la parte sur de la Tierra, justo en el inicio del congelamiento de esta, 20.000 años atrás.
El cine animado con cada nueva producción que lanza
al mercado no termina de asombrar y entretener al público, que cada día
encuentra más atractivas estas cintas, que por estos días dominan la cartelera
local de las salas de cine. A mediados del 2002 nos sorprendimos por la calidad
de Jimmy Neutron (ya lo
habíamos hecho con Monsters y Toy
Story) pero lo que descubrimos en la pantalla con “La
era de hielo” es fascinante y de verdad que uno se queda corto de
palabras para describir la cinta, no sólo por su conducción técnica, sino
argumental. Dirigida por Chris Wedge,
el ganador del Oscar por la realización del cortometraje Bunny,
este filme de Twentieth Century
Fox Animation, es un
divertido acercamiento al mundo prehistórico, en el que el drama, el humor y la
aventura son elementos básicos de la producción.
La película es increíblemente humana, pese a que sus
personajes principales son un mamut, un tigre y un perezoso, porque logra
combinar las emociones y sentimientos típicos de las personas comunes y
corrientes. La era de hielo reúne a Manny, Diego y Sid (El mamut, el tigre y el perezoso) alrededor de un
pequeño humano, en plena migración de las especies hacia la parte sur de la
Tierra, justo en el inicio del congelamiento de esta, 20.000 años atrás. La
extraña manada que conforman estos personajes tiene que atravesar puentes de
hielo sobre lava volcánica, deslizarse por impresionantes toboganes de hielo,
escapar de avalanchas y, hasta luchar, contra un torpe grupo de dodos por comida. Pese a que cada uno tiene objetivos
diferentes y hasta malvados, al final la amistad se impone sobre sus principios
básicos, y terminan consolidando una manada bastante particular.
Ficha Técnica:
Dirección:
Chris Wedge.
Codirector: Carlos Saldanha.
Producción en
dibujos animados con las voces de: Ray Romano (Manfred), Lori Forte. (Sid), Denis Leary (Diego), Goran Visnjic (Soto), Jack Black (Zeke), Tara
Strong (Roshan), Cedric “The Entertainer” y Stephen Root (Rhinos), Alan Tudyk y
Diedrich Bader (Tigres Dientes de Sable), Lorri Bagley y Jane Krakowski (Osas
Perezosas), Scrat (Chris Wedge), etc.
Guión: Michael Berg, Michael J.
Wilson y Peter Ackerman, a
partir de una historia de Michael J. Wilson.
Música: David
Newman.
Montaje: John Carnochan.
Cast: Alan
Filderman.
Diseño de
producción: Brian McEntee.
Diseño de personajes: Peter de Sève.
Diseño de
ambientes: Peter Clarke.
Producción: Una producción de Blue Sky.
Producción
ejecutiva: Christopher Meledandri.
Distribución
en Argentina: Twentieth Century Fox.
Estreno en
Buenos Aires: 11 de julio de 2002.
Calificación: ATP.
EEUU, 2002.
Doblada al castellano, color, 81m.
1. Circuito de la Responsabilidad:
“El hombre obra suponiendo que es libre,
porque la ley moral implica la libertad, así como ésta implica la primera”. (Kant,
E.: - Crítica de la Razón Práctica. - )
La escena
que aquí hemos seleccionado es aquella en la cual Diego (el tigre dientes de
sable) decide cambiar de parecer acerca de lo que le ha manifestado a su
manada, a su jefe y sus compañeros. Hasta aquí, la idea primaria era conducir
al grupo que intentaba devolver al bebé, el cachorro humano, a su manada, hasta
una efectiva e insospechada emboscada. Ahora bien, anteriormente, Diego, bajo
el pedido (orden) de su jefe tenía que secuestrar y entregarle, con vida, el
bebé para que éste encuentre así una venganza justa por lo que los humanos
habían hecho con el resto de su grupo: Habían matado a la mitad de la manada de
tigres diente de sable y utilizaban sus pieles para abrigarse.
Ahora
bien, Diego en esta parte del film,
realiza una praxis, que será tomada o interpretada como buena o mala
según el observador, es decir, según quién sea el sujeto que la juzgue, el
término praxis será tomado en sentido aristotélico. Pero, ¿qué es para Aristóteles
una praxis? Ante todo, no una acción cualquiera, sino una acción que está
vinculada a una “elección”. Pero, ¿de qué elección se trata?
Se trata de la responsabilidad del sujeto. No nos referimos a la
responsabilidad jurídica, ni a la responsabilidad moral, sino a lo que
llamaremos, justamente, responsabilidad subjetiva.
A saber, Diego, con su
facilidad para rastrear lleva al grupo (Mamut, Perezoso, y Bebé) a una
emboscada, supuestamente debería conducirlos hasta los humanos pero no es así;
durante el trayecto son diversas las situaciones por las que estos personajes
pasan, situaciones cómicas, trágicas, diversas aventuras, etc. Esta sumatoria
de acontecimientos comienzan a atravesar a Diego, a ser interiorizados por él,
y a repercutir en su manera de pensar, influyen directamente en sus ideales, y
objetivos. De alguna manera, Diego, comienza a hacerse responsable por la
elección, por la decisión que ha tomado.
Como sabemos,
la responsabilidad interpela a un Sujeto, quien debe, o puede, dar “respuesta”,
responder, por su acto. La responsabilidad la referimos a la singularidad de un
Sujeto en acto. Ahora bien, pero aparentemente Diego se ve influenciado o
acciona guiado por el mandato de su jefe, lo cual lo libraría de
responsabilidad alguna, ya que en este momento debemos aclarar que la falla en
el objetivo, o sea, que Diego no consiga el bebé, le implicaría un castigo;
castigo que en términos de su jefe es “o me traes el bebé para el desayuno, u
ocupas tal lugar”... lo que deja sobreentendido que la muerte será para Diego
el castigo por el fracaso en su misión. Luego, en el punto 4 de dicho trabajo,
en el desarrollo de la “hipótesis clínica” veremos si esto es tan así o no,
analizaremos si es responsable por guiarlos a la emboscada o no.
Volviendo al
tema, aquí el interés está
puesto en la subjetivación de una acción, si es así
ya no será una acción cualquiera, sino una que recae finalmente sobre el
Sujeto, poniéndose éste en acto. Y el que deseamos analizar es el de
“rebelarse” a el mandato del jefe.
O sea, aquí una
pequeña aclaración para evitar confusiones. Desarrollaremos a continuación una gráfico que da cuenta de la secuencia temporal de los
hechos:
a. El jefe le ordena a Diego que
consiga el bebé
b. Los tigres atacan la aldea de los
humanos y no consiguen el bebé porque la madre de éste se arroja por una
cascada.
c. En la ribera, el bebé es encontrado
por el mamut (Manfred) y el perezoso (Sid).
d. El tigre, Diego, intenta
arrebatárselos pero cuando ve su objetivo dificultado por la fuerza del mamut (Manfred), los engaña diciéndoles que les servirá de guía.
e. Se comienza a entretejer la
emboscada. Diego debe guiarlos hasta la manada de tigres diente de sable.
f.
El recorrido, de peculiar trayectoria, comienza a hacer reflexionar a
Diego sobre los acontecimientos pasados y futuros.
g. Una vez Manfred,
Sid, el bebé acompañados por Diego en el lugar
escogido, son atracados por los demás tigres dientes de sable.
h. Cuando Manfred
se ve rodeando y reducido a una presa fácil ya que, a pesar de poseer más
fuerza, pierde en estrategia y en cantidad; y en el momento en que el jefe de
los tigres se abalanza sobre él, Diego toma una decisión que cambiará el
destino de los personajes, intercepta la mordida, el ataque, dándole así la
oportunidad a los demás (Manfred, Sid
y el bebé) a escapar de dicha emboscada.
i.
Finalmente el bebé es devuelto a los humanos, y Diego, quién los demás
creyeron muerto aparece en escena uniendo al grupo.
Ahora bien lo
importante acá no es apresurarse ya que de esta manera caeríamos en los calígines abismos de la incongruencia. Aquí resulta
necesario resaltar que Diego se hace responsable de su acto, se ubica cara a
cara, por así decir, ante los sucesos. Pero, ¿cuál es la importancia de cómo se
ubique el Sujeto frente a esto que “le sucedió”? No se trata de utilidad
práctica para la justicia, para formarnos una opinión respecto de su “moral”,
ni para cambiar algo de los hechos. Pero sí es importante para el mismo Sujeto.
Eso inesperado e impensado que le ha sucedido lo toca de cerca, “realmente” lo
toca. No es puro “bla-bla”.
Roza lo real, pero todavía falta una segunda vuelta, que recorte la posición
del Sujeto. De ese roce, que hace marca, la segunda vuelta plantea qué hacer
con esa marca, siendo imposible volver ya al mismo punto, ni simplemente
repetirlo.
Para explicar
mejor la cuestión, vamos a valernos de un pequeño esquema: (
Ver Esquema 1)

Se
trata de lo que llamaremos “circuito de la responsabilidad”.
En
el Tiempo 1, el personaje lleva adelante una conducta con determinados fines,
en el supuesto de que su accionar se agota en los objetivos para los cuales fue
concebida. En un Tiempo 2, recibe de la realidad indicadores que lo ponen sobre
aviso respecto de que algo anduvo mal. Las cosas fueron más allá de lo
esperado. El sujeto se ve interpelado por esos elementos disonantes. Algo de
esa diferencia le pertenece. Se trata de la responsabilidad; no de la
responsabilidad moral, la de levantarse
a la mañana para ir a trabajar, la de no defraudar a los demás. Se trata de una
respuesta que suponga un cambio de posición del sujeto frente a sus
circunstancias. Nuevamente, no se trata de un mecanismo consciente ni
voluntario. Es una transformación de la cual el primer sorprendido es el propio
protagonista. En nuestro esquema, este movimiento supone que en el Tiempo 2 se
sobreimprime el Tiempo 1, resignificándolo. La hipótesis
que explica clínicamente este movimiento aparece ubicada en el marco superior
del grafo. Es la que abre la potencialidad de un Tiempo 3, el de la
responsabilidad. El sujeto que adviene en ese Tiempo 3 no es el mismo que
dejamos en el Tiempo 1. Sin embargo, es una acción emprendida en el Tiempo 1
donde el sujeto anticipa, sin saberlo, una verdad que se evidenciará sustancial
para su existencia.
Ahora bien, en nuestro ejemplo
tendremos que ubicar dichos tiempos para visualizar cómo, efectivamente, se
completa el circuito de la responsabilidad. (Ver: Esquema 2)
Es así como llegamos a concluir que la
praxis de Diego no ha tenido nada que ver con el azar. El azar implica incertidumbre y podría estimarse que
no habría apuesta sin incertidumbre.
Invocar al azar, lo no determinado, como principio, no es más
“liberador” de la alineación de Sujeto, porque en esa forma se borra el Sujeto
de toda responsabilidad, borrando su acto. Justamente, Diego, no invoca el azar
en su acto, sabe que se juega la vida en su accionar y se hace responsable de
las consecuencias, es decir, de su posible muerte.
En el Tiempo 1,
Diego, decide abalanzarse e interceptar el ataque de su jefe. Ataque que poseía
como destinatario a Manfred, el mamut que cargaba al
bebé. Posteriormente, en un Tiempo 2, la realidad interpela el accionar de
Diego. Aquello que no andaba bien era, ni más ni menos, que su salud, su vida.
La realidad le muestra al agonizante tigre que Manfred,
Sid y el bebé lograr escapar de la mortífera
emboscada. Y justamente aquí, se resignifica su
acto y nos da como resultado un sujeto
diferente al del Tiempo1, es entonces, en el Tiempo 3 cuando Diego acepta su
destino, su inminente muerte que acecha, acepta el fracaso de su misión, el
castigo de su jefe, acepta su destino.

.
..“De
nuestra posición de Sujeto somos siempre responsables... el error de buena fe
es entre todos el más imperdonable”... ( “La
ciencia y la verdad”. - J. Lacan ).
2. Hipótesis Clínica:
Resulta
menester retomar ciertas nociones que nos servirán de apoyo para el desarrollo
ulterior de la/s hipótesis clínica/s. A saber, un acto ético se realiza siempre “en soledad”, lo
cual no significa que la persona carezca de compañía. Se trata del sujeto y el
sentido singular de su acto. Acto cuya constitución misma resiste toda fórmula
genérica. De allí que el acto ético revista carácter suplementario respecto de
la moral. Ningún sistema moral puede colmar el horizonte ético. Hemos insistido
sobre el sentido del acto ético. No vendrá mal, sin embargo, reiterar que se
trata de la puesta en juego de lo universal-singular de la especie, realizado
sobre una superficie particular. Pero mientras que lo universal-singular parece
gozar de buena salud, se suelen establecer falsas jerarquías, en las cuales lo
particular no queda bien parado. En ocasiones se llega incluso a considerarlo
como una suerte de “formalidad”, un escenario bobo e
indiferente al servicio del despliegue de un abstracto “universal-singular”.
Nada más alejado de la realidad. Lo particular, lejos de ser indiferente al
universal-singular que soporta, va modelando su margen mismo de realización. Lo
universal-singular carece de toda existencia fuera de lo particular. No existe
entonces lo universal sino a través de lo singular y recíprocamente, el efecto
singular no es sino una de las infinitas formas posibles de realización de lo
universal y es justamente en la dimensión universal-singular sobre la que se
comenzará a dibujar el horizonte de la ética. Lo universal (ahora
nombrado universal-singular) constituye aquel rasgo que es propio de la
especie: su carácter simbólico. Lo universal simbólico no tiene ninguna
necesidad de difundirse por toda la superficie de la Tierra para ser universal.
Lo particular no puede comprenderse separado de lo universal-singular y, a su
vez, eso que hemos llamado universal-singular no existiría sin lo particular.
Lo particular es un efecto de grupo. Un sistemas de
códigos compartidos. Si dijimos antes que lo universal-singular denotaban lo propio de la especie, lo particular será el
soporte en que se realiza ese universal-singular.
La dimensión
ética se despliega en el circuito universal-singular, sosteniéndose en el campo
de lo particular, del que toma prestado su carácter de código. La singularidad
está por fuera del “uno”; el universal va más allá del “todos”. La singularidad
es lo que se sustrae al régimen del uno. El universal es este hecho de ir más
allá de sí. La singularidad es una potencia de sustracción al régimen del uno;
el universal es su acto de exceso respecto de las totalizaciones dadas. La
singularidad no es una función monótona. Por eso requiere de una intervención
subjetiva que la produzca. Las singularidades no son objetividades dispuestas
para el conocimiento de un sujeto puesto enfrente, sino intervenciones
subjetivas que producen una novedad en la inmanencia de la situación. Una
singularidad es entonces, irremediablemente, un proceso situacional. No son las
éticas las únicas singularidades. Difieren en su especificación según la
específica situación en que operan; pero coinciden en la relación formal que
guardan con ese universo: exceso sobre el conjunto de lo socialmente existente
en una singularidad histórico-social; exceso sobre lo teóricamente transmisible
en las singularidades clínicas psicoanalíticas; exceso sobre el régimen de las
regularidades y los intereses en las singularidades políticas; exceso sobre las
codificaciones disponibles en géneros y estilos en las singularidades
estéticas.
Ahora bien,
la pregunta a resolver aquí sería “¿Cuál es el motivo que empujó a Diego a tal
elección?”. Nos preguntaríamos si ha sido necesaria o no tal acción, o bien,
deberíamos analizar si la culpa juega un papel primordial en ese
acontecimiento. Entonces, comenzaremos desde un principio.
Diego, bajo
la orden de su jefe, se ve obligado a rastrear al bebé humano, a traerlo con
vida para elucubrar así una venganza. A simple vista, podemos afirmar que del
acto de intentar secuestrar al bebé, Diego, no es responsable ya que actuaba
bajo la orden de su jefe. Aquí se abre, inexorablemente, el interrogante, la
discusión acerca de la “obediencia debida”, y las atrocidades de la última
dictadura militar. Lo fundamental es que no debemos confundir a la
responsabilidad subjetiva de la responsabilidad objetiva. La diferencia radica
que la última yace avalada bajo lo legal, lo normativo, lo jurídico. O sea,
quizá legalmente un sujeto no tenga condena por algún acto singular, pero
subjetivamente, moralmente, y hasta “humanamente”, si se me permite la
expresión, puede ser tan culpable o
responsable por lo sucedido. Esta es la base del dilema acerca de la
“obediencia debida”. Aquí la primera pregunta que aparece en nuestra
subjetividad es “¿Diego (u otro sujeto, bajo una orden, y vale recordar las
experiencias de Asch, los episodios trágicos de la
dictadura, entre otros...) no es responsable de aceptar una orden, la orden de
su jefe; no estaría eligiendo aceptar tal mandato, o no... ?”
Hay motivos para pensar que no es así y que sí lo es, los fundamentos son
diversos e ingeniosos... pues, así la discusión, para muchos continúa
abierta... el tema es que aquí no nos interesa filosofar acerca de tales
sucesos o teorías.
Bueno, el
hecho que hemos elegido para analizar no es tal elección sino la de rebelarse
ante ella. Entonces, sí Diego tiene la capacidad de rebelarse ante tal mandato,
de negarlo, de interrogarlo, esto implica que tiene la capacidad de aceptarlo o
no; implica que él no es un títere autómata que ejecuta lo ordenado, implica un
cambio en la posición subjetiva, implica que no ha perdido su esencia como ser
vivo, es decir, que no ha perdido por completo su libertad... Ante esto,
tendremos que averiguar cuáles fueron los motivos para que se produzca ese
cambio de decisión.
Ahora bien,
vemos que Diego decide rebelarse a una orden, proceso que implica diversos
reajustes de pensamiento, elaboración que lo confronta con una realidad que lo
supera, y al mismo tiempo, lo libera. Es decir, tal decisión lo posiciona a
Diego frente a un duelo, una pérdida, una castración. El objeto perdido aquí se
desdobla en dos, por un lado encontramos a su manada, los demás tigres y por
otro, al bebé. Diego tiene que enfrentarse a la pérdida de ambos objetos, ya
que perder al bebé, bajo el mandato del jefe, implica perder la manada, o bien,
su vida. La elección que toma Diego, es pues, rebelarse al mandato, al gran
Otro que lo somete, al superyó que castiga, pagando
un precio excesivamente alto, pagando con su vida. La paradoja se desprende de el hecho que, al igual que la horda de hermanos, el clan
mata y devora a su animal totémico, ejecutando la acción prohibida. Aquí lo
prohibido es no acatar las normas, la ley, el mandato. Diego, al rebelarse, al
buscar su libertad en la acción, pero aún identificado con su jefe, como los
hermanos con el padre que han devorado y así incorporado su fuerza, su ley; cae
a su servicio, convirtiendo la amenaza del jefe (la que si no conseguía al bebé
para el desayuno, Diego ocuparía su lugar) en una profecía auto-cumplidora, es
decir, además de la identificación con el jefe, Diego se identifica con el
bebé, reemplazándolo en el lugar del banquete que los tigres iban a tener.
Pero, ¿cuál ha sido la intención oculta de tal reemplazo? Justamente,
desobedecer y mal lograr el festín de su jefe, impidiéndole así alcanzar su
objetivo de venganza.
Diego, como
sabe que la traición lo llevará a la muerte, toma una decisión y se hace
responsable de ésta ya que no es azaroso que haya elegido anteponerse a la
mordida letal que era destinada para el mamut (Manfred).
O sea, tarde o temprano, según Diego, él iba a morir en los colmillos de su
Jefe. Esta decisión es tomada porque, de alguna manera, pretende conformar,
satisfacer a ambos sujetos en pugna. Es decir, por un lado, encuentra la
satisfacción de la liberación, la traición, el enfrentamiento, y por otro lado,
la encuentra en ofrecerse como objeto de amor, como “desayuno” y así conseguir
la satisfacción de su jefe.
Habíamos
adelantado que la identificación con el bebé hace posible el sacrificio, ahora
bien, no sólo da lugar al mismo, sino que es el motivo por el cual se producen
los pertinentes reajustes de pensamiento para que Diego, se haga responsable de
su acto.
Quizás,
Diego, aquí se encuentra con algo desconocido para él, la paternidad. O bien,
se enfrenta a los retoños de su pasado como cachorro. El tema a plantear acá
es: ¿a qué padre o a qué hijo intenta salvar Diego?
Son variadas
las hipótesis que hemos empezado a trazar en este trabajo, y seguramente, cosa
que no nos parece mal, tendremos muchas menos respuestas que interrogantes. A
saber, este personaje, efectivamente, realiza un cambio en su posición
subjetiva; y tal cambio lo enfrenta con
su muerte, o mejor dicho, con su vida. Diego sabe que de tal decisión, de tal
encuentro (emboscada) alguien tiene que morir. Y enroca ese rol, el del
asesinado, con el bebé humano. Ese es el precio de la liberación. Ese es el
precio por evitar la pérdida, la castración que igualmente llega, se hace
presente y se resignifica en su agonía.
La pregunta
acá será: ¿Tan prodigioso ha sido el guionista, el escritor, que se ha
percatado de todo esto?, es decir, finalmente, Diego muere. ¿Cuál Diego? El del
Tiempo 1.
Es así, muere
el Diego del Tiempo 1, el que ha llevado a sus nuevos amigos a una letal
emboscada. El que se arrepiente y toma conciencia de sus actos. El que
ávidamente encuentra en la muerte la solución a sus enigmáticos problemas.
Pero, ¿quién
es el tigre que aparece en el final del film?
Es Diego. El
Diego del Tiempo 3; el que ha sobrevivido de la interpelación y se ha hecho responsable
de su acto. El que, supuestamente, de ahora en adelante, lo será de su propia
historia personal, de su destino que él comienza a rescribir.
...“Ante el deseo el
Sujeto cede, se desvanece, se inhibe”... (J. Lacan).-
3. Conclusión:
Esta divertida producción animada tiene
como marco principal la violenta embestida de la Era Glacial y un mundo cargado
de maravillas y peligros. Allí, inolvidables personajes harán de las suyas y
divertirán a todo el mundo. Retrocediendo veinte mil años, la Tierra aparece
como un mundo prehistórico maravilloso y lleno de peligros, momento exacto en
el que da inicio la denominada Edad de Hielo. En este tiempo es donde conocemos
a la manada más extraña de todos los tiempos. Sus integrantes son: Manfred, un singular mamut que está acostumbrado a hacer
las cosas a su manera; el oso perezoso llamado Sid
disfruta no haciendo nada durante todo el día; Diego es un siniestro tigre
dientes de sable; mientras que la ardilla conocida como Scrat
se destaca por sus dientes de sable y su locura por las bellotas. Este cuarteto
de inadaptados se embarca inesperadamente en una increíble aventura para
devolver a un bebé humano con sus padres.
Apenas logran escapar de las
avalanchas, luchan por comida con una desventurada bandada apocalíptica de “dodos”, exploran los misterios de un pañal, navegan a
través de una montaña rusa prehistórica de túneles de hielo y atraviesan
puentes de hielo sobre lava volcánica. Con todas sus peripecias, esta loca
manada se convierte en algo así como los primeros héroes de la historia de la
humanidad
Ahora
bien, qué podemos agregar acerca de este film, o de la experiencia reveladora
de Diego y los demás miembros de la manada que emprende tal travesía?
Que creo
que esta película ha sido, más allá de
los prejuicios, muy ejemplificadora, no sólo acerca
de los temas aquí desarrollados o desarrollados por la materia, sino también de
ciertos valores que nosotros, los humanos, muchas veces, y sobre todo en estos
tiempos postmodernos, hemos olvidado. Así pues, siendo responsable de lo dicho,
sólo puedo agregar que ésta es una de las infinitas formas de ver o analizar un
acontecimiento particular.
...
“Todo es según el color del cristal por el que se mire”....
4. Bibliografía:
·
Juan J. M. Fariña & Carlos Gutiérrez (comps.)
“Ética y Cine” (eudeba) 2001
·
Carlos E. Gutiérrez; Gabriela Z. Salomone: “La responsabilidad profesional: entre la legislación y los principios
éticos”.
·
Gabriela Z. Salomone:
“El consentimiento informado y la responsabilidad: un
problema ético”.
·
Calos Gutiérrez:
“Supervisión y conflictos de interés. Ética y deontología”.
·
Perls,
F.: “Teoría y técnica de integración de la personalidad”
·
Juan J. M. Fariña: “Ética. Un horizonte en
quiebra”. (eudeba) 2002
·
Freud, S.: “La Negación”. AE.
·
Giberti, Eva: “Aspectos éticos de la
práctica profesional”.
·
Freud, S.: “Tótem y tabú” (Cap. 4 – pto. 5) AE
·
Gabriela Z. Salomone:
“Ética profesional: ética y deontología”.
·
Freud,
S. “Conferencia 32: Angustia y vida pulsional”.
AE.
·
Artículo “Un enfoque sobre la ética”.
Publicado en el Periódico “El Otro” – año VI – Nº 52 – Febrero – 1999.
·
Muchinik, E. & Seidman,
S.: “Aislamiento y Soledad”. (eudeba) 1998.
·
Artículo “De nuestros antecedentes”.
Publicado en la Revista “Extensión Universitaria” – Nº 42 – Marzo – 2001.
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