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Certeza de preñez; envidia; y otra lectura posible del caso Juanito

06/12/2003- Por Silvia Fantozzi - Realizar Consulta

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Partiendo de una de las teorías sexuales infantiles, la teoría de la cloaca. Sostenemos que el primer paso de este proceso podría enunciarse con la siguiente frase: Todos pueden tener niños. La paternidad no existe en tanto tal, sino como una maternidad del padre, para la subjetividad ubicada en esta posición psíquica la paternidad es igual a la de la madre. Luego el camino de las fantasías toma nuevos rumbos, más es factible otra lectura -para la cual es menester volver a Totem y Tabú-. Y pensar: matriarcado, y conceptos tales como la certeza de preñez y la envidia. Resulta interesante intentar otro recorrido posible al, por muchas razones, paradigmático Análisis de la fobia de un niño de cinco años. No es posible analizar aquí todo el material, tomaremos sólo algunos retazos ilustrativos, aunque el resto se adecuaría a nuestras suposiciones.

 

     Un solo pie no basta para saltar una                

    zanja, ni para trazar un sendero.

                                                     Proverbio africano.

                                                    Nación Bambaras

 

 

1        - Totemismo y matriarcado.

 

  En su texto Tótem y tabú Freud menciona en repetidas oportunidades que “Por regla general el tótem se transmite hereditariamente por línea materna, siendo muy probable que originariamente la transmisión por línea paterna no existiese en absoluto.” (1)Aunque para Freud el totemismo, sistema social particular, estaba considerado como un  estadio previo a todas las civilizaciones, éste no es tomado en la actualidad como universal de acuerdo a lo demostrado por investigaciones posteriores, (2) pero si sería posible concebir al matriarcado -como el sistema que regula la organización social- anterior al patriarcado para casi todas las culturas conocidas. (3)  Si consideramos  el concepto de transmisión, el matriarcado es una forma -la primera- de ordenar el parentesco y en consecuencia  la prohibición del incesto estaría determinada por el vientre de la madre. A pesar de lo innumerable de las particularidades de las organizaciones sociales podemos constatar y comprobar que el matriarcado fue anterior al patriarcado y que la madre es la única prohibida por todas las civilizaciones.(2) (3)

  “En Madagascar, la madre, la hermana y a veces también la prima, son cónyuges prohibidos para las gentes comunes; mientras que para los grandes jefes y los reyes, sólo la madre, -pero de cualquier modo la madre- es fady, ‘prohibida’.” (2)

 

  En “Tótem y tabú” se plantea que la transmisión hereditaria del parentesco -vererbung- por línea materna es más antigua que el patriarcado, pero sólo en una nota al pié se dan razones: “Estas consecuencias de las prohibiciones totémicas demuestran que la herencia materna es más antigua que la paterna; pues tenemos más de una razón para admitir que tales prohibiciones van dirigidas contra los deseos incestuosos del hijo varón”.(1)  No nos queda clara la razón de la antigüedad del matriarcado y por qué los deseos incestuosos son monopolizados por los hijos varones.

 

De la certeza a la duda

  Para intentar responder a estos interrogantes y analizar las razones por las que primitivamente la madre regiría la organización social disponemos de:

  a) una observación obvia,

  b) una teoría mencionada por Freud en el texto y

c)     investigaciones sobre mitología griega.

  

  a) El dato empírico está constituido por la certeza acerca de quién es la madre del hijo, no caben dudas ni sospechas sobre este hecho. La madre puede ser la única prohibida porque también es la única identificable en relación al hijo. De nuevo la madre y sólo la madre puede con certeza transmitir por herencia el parentesco. Del padre puede dudarse “De él nacido me dice mi madre, más yo por mí mismo no lo puedo saber: ¿qué mortal reconoce su sangre” (4)Podemos deducir de los dos aportes siguientes que el padre puede ocupar el lugar de ser puesto en duda  solo si se produce cierta asociación.

 

  b) En el capítulo IV de “Tótem y tabú” Freud nos informa de la particularidad de un sistema descrito por Spencer y Guillén: una tribu de Australia Central, los Arunta, quienes sostienen una singular teoría sobre la concepción: no le adjudican ninguna intervención al sexo masculino en la fecundación.La importancia secundaria que le atribuyen al acto sexual, suprimiendo el nexo entre éste y la concepción, estaría explicada por la ignorancia de los salvajes acerca del proceso por el cual los hombres y los animales reproducen su especie y en particular al papel que desempeña el macho en la fecundación; a su vez esta ignorancia se debería -según Freud- al prolongado intervalo que transcurre entre el acto sexual y el nacimiento.Si bien Freud desestima esta teoría de la concepción para explicar el origen del totemismo, opinión sustentada por Frazer, ella encuentra un correlato histórico, que constituye nuestro tercer dato.

  

  c) Investigaciones sobre las más remotas civilizaciones tienen la opinión de que se desconocía la relación entre el coito y el parto, dato que se encuentra fechado oficialmente en un mito hitita. Se consideraba responsable de la fecundación a los vientos o a los ríos, animales y plantas... Al mismo tiempo: “Toda la Europa neolítica, a juzgar por los artefactos y mitos sobrevivientes, poseía un sistema de ideas religiosas notablemente homogéneo, basado en la adoración de la Diosa Madre de muchos títulos, que era también conocida en Siria y Libia.” (3) El poderío religioso que este hecho confería a la mujeres encuentra probablemente sustrato en esta teoría.

 

  Momentos

  La conexión coito-parto no es un a priori kantiano. No tenemos motivos para suponer que la relación que hoy nos parece natural, en un momento dado de la vida no se produce naturalmente “como la caída de un diente de leche”, sino que necesita de un proceso de desarrollo psíquico -constitutivo en ambos sexos- que consta de varias fases. La relación entre el coito y el parto no es obvia ni natural, como tampoco lo son los significados que se le atribuyen al coito y al parto.

 

  Fase I: Certeza de preñez

  Partiendo de una de las teorías sexuales infantiles, la teoría de la cloaca. Sostenemos que el primer paso de este proceso podría enunciarse con la siguiente frase: Todos pueden tener niños.  La ambigüedad del concepto tener(*) -tener niños-  torna compleja cada fase, resultaría interesante explorar a cuál de los significados adhiere cada particularidad en cada fase.

       - Tener equivalente de concebir. Producción o participación en la producción.

       - Tener equivalente de embarazo. Albergar un futuro producto.

       - Tener equivalente de parto. Expulsión del producto.

       - Tener equivalente de propiedad. Prodigar cuidados, poseer el producto.

 

  En esta primer fase la paternidad no existe en tanto tal, sino como una maternidad del padre, para la subjetividad ubicada en esta posición psíquica la paternidad es igual a la de la madre.Podemos situar en este período no sólo lo referido al placer de evacuar las heces ligado a la mucosa intestinal, donde se observa que la evacuación equivale a parir, sino también la valoración de los contenidos intestinales lo que establece otras equivalencias:

contenido intestinal = embarazo, y el producto heces = niño.

  En esta fase no hay dudas ni conflictos, complejo de gravidez, lo llama Freud, que abarca la fecundación, embarazo y parto posible para ambos sexos.

 

  Fase II: La sospecha y el conflicto

  En un segundo momento podríamos localizar un hecho, un suceso de la realidad que desmienta la teoría. Podría tratarse del nacimiento de un hermanito/a, o los nacimientos de hijos de personas conocidas, animales, o cualquier referencia visual o auditiva. La incipiente investigación, comenzará a asociar embarazo con parto. Se empezará a relacionar sólo a la mujer con el parto. No sin resistencia, se abandonará la teoría, laberinto sin salida será al principio, hasta arribar a la segunda frase: Sólo la mujer puede tener niños. Con la consecuente ambigüedad de tener: sólo la mujer puede concebir/ embarazarse/ parir. Esta fase puede desdoblarse en dos momentos, la sospecha y el conflicto. La desmentida es la primer reacción ante la sospecha. El descubrimiento produce el conflicto. La reacción concomitante es la envidia -envidia de preñarse y parir- con las diferentes posibilidades e intentos de solución que ofrece resignar una teoría. Consideramos vigentes para estas fases las vicisitudes de abandonar la teoría de la premisa universal de falo.

 

  Fase III: La huella del padre

  En un tercer momento, empujado por intensos e incontrolables impulsos, se prosigue la investigación hasta a la frase: La mujer sola no puede tener niños.  Algún significado de tener se retiene. Este tercer momento se encuentra signado por el descubrimiento del papel que juega el padre en la fecundación.

   

  2   - Paradigmático Juanito[fs1] [fs1]*

  

  Resulta interesante aplicar esta teoría al, por muchas razones, paradigmático “Análisis de la fobia de un niño de cinco años”.

  No es posible analizar aquí todo el material, tomaremos sólo algunos retazos ilustrativos, aunque el resto se adecuaría a nuestras suposiciones.

 

  Fase I: certeza de preñez.

  El pequeño es un niño normal, preocupado sólo por el -wiwimacher- “cosa para hace pipí” de las mujeres -su madre-. “Su infancia parece transcurrir sin grandes preocupaciones.”

 

  Fase II.

  a) La sospecha: Desmentida. Intento de solución 1

  El gran acontecimiento en la vida de Juanito -según Freud- es el nacimiento de su hermanita.

  Relaciona el parto de la madre con la siguiente frase:

  “-Pero... de mi cosa para hacer pipí no sale nada de sangre...”

  El niño asocia su cosa para hacer pipí, con ese parto, pero equivocadamente. Si bien considera que la cosa para hacer pipí guardaría relación con el nacimiento desconoce el acto por el cual se produce el embarazo. Posteriormente manifiesta en las conversaciones con su padre que ha establecido la relación  embarazo-parto, que ha observado e inferido de las trasformaciones del cuerpo de su madre.

  Desmentida: La primer reacción es la desmentida. Intento de solución 1

  Multíparo como Zeus, como Schreber, Juanito llama “mis niñas, mis niñas” a sus amigas. Y tiene parvas de hijos-lumpf: asociados con el acto de defecar  constituyen un intento de solución a la angustia frente a la sospecha. “Por anudamiento con sus tempranas sensaciones de placer a raíz de la deposición de las heces, pudo representarse placentero ese parto, -el de su hermana- y entonces, con una doble motivación pudo desear tener hijos él mismo a fin de parirlos con placer y luego (con un placer de retribución ¿?, por así decir) cuidarlos. Nada había en todo ello que llevara a la duda o al conflicto.” Freud, en una llamada al pié considera que no es un rasgo femenino la añoranza por tener hijos y da una explicación por lo menos incompleta -papel activo de cuidados maternos- existen diferencias entre desear cuidar hijos/ desear albergarlos en el vientre/ desear parirlos. Concordamos que no es femenino si el sistema de pensamiento está todavía aferrándose a la posibilidad de que ambos sexos pueden tener –fecundación/ embarazo/ parto/ propiedad-  hijos.

 

  b) El conflicto: La envidia. Intento de solución 2 y 3

  Jugo de frambuesa y fusil para disparar: Freud dice que el padre emplea la técnica psicoanalítica sin gran resultado sin embargo las dos cosas que primero se le ocurren a Juanito guardan relación con el conflicto:

Jugo de frambuesa. Múltiple determinación: palangana sanguinolenta, jugo para el estreñimiento /enemas  -Freud lo define como complejo excremental-, sangre Fritzl en un recipiente con agua, sangre en la cesta de la cigüeña donde esperan los niños por nacer. Sangre que teme y desea de su cosa para hacer pipí y que desea a su padre -en dos asociaciones con Fritzl- no sólo por celos.

  El padre refiere en un resumen, acerca del fusil para disparar que “Disparar ‘Schiessen’ y ‘cagar’ ‘Scheissen’ es una permutación en términos corrientes en él.” Si como Freud afirma el jugo de frambuesas y el fusil para disparar son deseos del niño: desea un fusil para disparar = cagar = parir.

Carros cargados = mujeres grávidas.

  El punto de máxima angustia se produce cuando Juanito descubre que no todos poseen una cosa para hacer pipí como la suya, y todavía no sabe para qué sirve tan valiosa posesión -de la que para colmo puede ser separado- si no es para tener hijos. El placer que imagina y que le es vedado: embarazo y parto son atribuidos a las mujeres, su madre, su hermana. Información corroborada por el padre, convenientemente instruido por Freud. Pero cuesta resignarse aunque el esclarecimiento pedagógico del parto se pinte con grandes dolores. Juanito le dice a su padre:

“-¿Por qué no tienes tú una niña? Oh, sí; ya la tendrás, sólo tienes que esperar.” ¿A cuál de los tendrás se referirá?

  Le queda claro que los varones no pueden tener -embarazo/parto- niños.   Disposición divina, si ella -su madre- quiere Dios querrá. Asombrosamente coincide con la mitología, las diosas, las mujeres de civilizaciones remotas decidían unilateralmente su preñez. ¿Cuál es la reacción posible?

   La envidia. La siguiente definición magistral de envidia pertenece a K. Abraham, si bien el se refiere a la envidia de las niñas ante el descubrimiento de los genitales masculinos que ofende su narcisismo, podría considerarse la posibilidad de que tal sentimiento no es privativo de un sexo. “Durante el período narcisista de su desarrollo, el niño vigila cuidadosamente sus posesiones, y considera con celos la de los demás. Quiere conservar lo que tiene, y obtener lo que ve. Si alguien tiene sobre él alguna ventaja, se producen dos reacciones estrechamente asociadas: un sentimiento de hostilidad hacia la otra persona, y un impulso de privarla de lo que posee. La unión de estas dos reacciones constituye la envidia, que es una típica expresión de la fase anal-sádica de la evolución de la libido.” (5)

  Este instrumento teórico permite arrojar alguna claridad en:

  La fantasía de las jirafas -sorprende la desatención de este diálogo entre el padre                       y el niño- “La mami es la jirafa grande, tras lo cual Hans dice ¿No es cierto que sí? ¿Y Hanna es la jirafa arrugada?” Los bebés nacen arrugados. Él se apodera del bebé de la madre, sentarse encima dice Freud es tomar posesión.

       Fantasías y sueños de robos y delitos.

  El castigo de la fantasía del plomero -taladro en la panza- de quién intensamente desea tener niños, y quién quizás desearía hacerle eso a su madre.Oscuro impulso sádico con la madre. Intenta varias veces Freud explicarlo sin   resultado satisfactorio, la ternura, dice él, no produce angustia ni hostilidad. A él le gustaría más pegarle a su madre que a su padre o a su hermana, si le dan a elegir, pero ni su padre ni Freud le creen.La envidia promueve el apoderamiento de privar al otro y obtener aquello que sabe que no posee: Intento de solución 3.

 

  Fase III: El padre y su huella.

  Aunque no es informado oficialmente Juanito llega a la conclusión de que la mujer sola no puede tener hijos: ¿Desdoblamiento del tener? ¿Participación en la fecundación?

“-... y si no quiero ningún hijo cuando esté casado, el buen Dios tampoco lo querrá..”

Plomero2 . El plomero le extirpa un ano que nunca parirá y le coloca una cosa de hacer pipí que puede hacerlo padre. Que le permitirá tener -concebir, cuidar, poseer?- un hijo.

“- Lo sé. Antes yo era la mami, ahora soy el papi.”

 

  Preguntas

  Podríamos considerar que se llevó a cabo una investigación paralela. Y que tal vez sería posible ampliarla.

  ¿Cuáles serían las vicisitudes para ambos sexos en relación a estas fases?

  ¿Cuáles serían las consecuencias de los intentos de solución en cada particularidad?

  ¿Cuáles serían las salidas para la niña al descubrir primero que sólo ella puede preñarse y parir, para luego sufrir la caída como las diosas mitológicas? En Tótem y tabú encontramos un enigma previo al parricidio “Lo que no nos es posible indicar es el lugar que corresponde en esta evolución a las grandes divinidades maternas, que precedieron quizás en todas partes a los dioses padres.” (1) Podemos pensar que la transformación religiosa fue también social, se adoptó el orden patriarcal: el padre se apoderó del hijo.

 

Bibliografía

 

(1) Sigmund Freud. “Tótem y tabú”

(2) Claude Levi-Straus “Las estructuras elementales de parentesco”

(3) Robert Graves “Los mitos Griegos”

(4) Homero, “Odisea”

(5) Sigmund Freud “Análisis de la fobia de un niño de cinco años”

(6)  Karl Abraham “Psicoanálisis clínico” Cap. XXIII Manifestaciones del complejo de castración femenino. 

 

 


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