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De la escritura o la muerte a la escritura y la vida. El "largo viaje" de Semprún

05/12/2002- Por Mónica Soledad Vidal - Realizar Consulta

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"...La abstención de la escritura, ésta es la salida de la opción alienante, lo que implica una salida para el sujeto produciendo efectos de preservación subjetiva, frente a la posibilidad de la afánisis o de lo mortífero que viene del Otro. El artificio de la ficción es la introducción de la metáfora que implica la articulación simbólica. En Semprún es aquello que en la lúnula, ése espacio compartido entre el campo del ser y el del sentido, entre el del sujeto y el del Otro, ése sin-sentido, ése agujero que implica el deseo, permite el pasaje de la escritura o la muerte a la escritura y la vida..."

 

Sobre la alienación y el deseo

“Quien pretenda recordar ha de entregarse al olvido, a ese peligro que es el olvido absoluto y a ese hermoso azar en el que se transforma entonces el recuerdo” 

                    Maurice Blanchot.-

 

 

Historizar de eso se trata el recorrido de éste trabajo.

Jorge Semprún, escritor y guionista nació en España en 1923. Se exilia en Francia junto a su familia, en el inicio de la guerra civil española (l936). Cursó filosofía en La Sorbona.

En 1942 ingresa al Partido Comunista Español y en setiembre del 43 es apresado por la gestapo por participar en la Resistencia antinazi siendo deportado y detenido en el campo de concentración de Buchenwald hasta 1945.

En 1963 renuncia al P.C.E. en el que había militado utilizando diferentes seudónimos por su actividad clandestina; es precisamente en ese año que escribe y publica su primera novela llamada “El Largo  Viaje” que inicia la serie de su producción literaria.

En 1998 es convocado por Felipe Gonzalez como Ministro de Cultura de España.

En 1995 luego de haber retornado a Buchenwald escribe “La Escritura o La Vida “.

 “El largo viaje”, es una novela que narra el viaje desde el lugar de su captura hasta la llegada al lager. Se inventa un personaje, ”el chico de Semur” para evocar ese viaje real y vivido, pero a través de un relato novelado. Este, como todas sus narraciones es un ir y venir en el tiempo a través de lugares, personas y sensaciones, así el sonido de una canción, el aroma de un vino, el sabor de una comida, el eco de una poesía le alcanzan para despertar recuerdos, que le sirven de artilugio para contar aquello que le provocó horror, espanto.

De “El Largo Viaje: “Fue aquel día cuando ví morir a los niños judíos”... pero al final, sólo quedó el andén de la estación esta quincena de niños judíos...los SS soltaron los perros, y empezaron a golpear con porras a los niños y obligarles a correr...los niños corrían, se movían de manera torpe, a la vez lenta y sincopada, como cuando en el cine se proyectan viejas películas mudas, o como en las pesadillas en las que se corre con todas las fuerzas sin llegar a avanzar un solo paso, aquella jauría de perros y SS corrían detrás de los niños...bien pronto un perro devoró a los más débiles entre ellos, a los que perdieron las fuerzas y que eran derribados...los SS se reunieron disparando a boca de jarro una bala en la cabeza bajo la mirada vacía de la águilas hitlerianas, pero hoy está desierta la avenida...miro la inscripción “El trabajo os hace libres”.

La escritura, que se le presenta como una forma de contornear ese real, Semprún la propone no como un testimonio de lo sucedido en el lager, no como un raconto de sufrimientos, sino a través de un artificio que es la ficción. Hay una necesariedad del recubrimiento ficcionario ante lo intolerable de las vivencias del campo, de la convivencia con la muerte y el dolor.

Allí, en el acto de acompañar a otro, a un prójimo en la agonía del desenlace lo hace recitando poesías, recurriendo así a las letras, a las palabras de otros que lo rescatan, que acuden en su auxilio, a su salvataje frente a la angustia.

Dirá en La escritura o la vida: “la verdad esencial de la experiencia no es transmisible, sólo mediante la escritura literaria, mediante el artificio de la obra de arte, la literatura, no la mera descripción del horror, será la exploración humana en el horror del mal”

De regreso a Francia, recluido en el silencio, comienza a esbozar los borradores en un intento de relatar lo vivido en primera persona del singular, esto lo enfrenta con el abismo de la angustia, los recuerdos se agolpan y lo sumergen en el vacío, su marca frente a los otros, es la de ser un “aparecido”.

“Comencé a hablar por otros que no regresarían, había que hablar en su nombre, hablar en nombre de los desaparecidos, de los hundidos y de los salvados. Para hablar en su nombre, para devolver las palabras por primera y última vez hasta los 16 años siguientes”.

“La escritura jamás borraría este pesar de la memoria, todo lo contrario, lo agudizaba, lo ahondaba, lo volvía insoportable...sólo el olvido podía salvarme, sólo puedo ir asumiendo ésta muerte mediante la escritura, pero la escritura me prohíbe literalmente vivir”.

Al “chico de Semur” le dirá: ”tiempo para olvidar, para contar después del olvido”.

Es en éste tiempo, donde la alienación se le presentifica.

“La escritura o la muerte”

La imposibilidad de escribir en 3° persona, más aún en 1°, por la proximidad de lo mortífero de la escritura, marca como dice Freud en Recuerdo Repetición y Elaboración, que la repetición es en acto, lo vive de nuevo. No ha habido posibilidad aún de una elaboración, de un eslabonamiento entre lo Real, lo Imaginario y lo Simbólico.

La abstención de la escritura, ésta es la salida de la opción alienante, lo que implica una salida para el sujeto produciendo efectos de preservación subjetiva, frente a la posibilidad de la afánisis o de lo mortífero que viene del Otro.

La suspensión de la escritura, a su vez, va acompañada del “olvido concertado”, el recuerdo existe más allá del olvido aparente.

Será a posteriori, mediante la creación de historias, de personajes en sus novelas, en los que reacaerán sus “otros nombres”, los nombres de guerra, los seudónimos de la clandestinidad, éstos que encubren otro nombre, el propio, ésta recreación literaria le impide quedar del lado Real de la muerte.

Cuando se le impone ”tengo que fabricar vida con tanta muerte y la mejor manera es la escritura” ahí deviene la elección alienante.

Ante escritura o muerte, ni lo uno ni lo otro, la abstención de la escritura dará lugar al deseo, a la vida  y luego, como efectos, a la articulación simbólica. La escritura entonces, es lo simbólico de la muerte.

El significante que viene del campo del Otro, en este caso, ¿es un significante con rasgos mortíferos?

En 1987, los esbozos de las primeras líneas de un nuevo texto:

”estan delante de mí...escritos en 1° persona, lo han vuelto al desasosiego, titula inicialmente a éstos trazos. La escritura o la muerte”.

Esto coincide con la noticia del suicidio de Primo Levi, otro sobreviviente de Auschwitz, quien testimonia a través de una trilogía de libros: “Si esto es un hombre”, “Los hundidos y los salvados” y “La tregua” su experiencia en el lager y el regreso a Italia.

Digo: testimonia, allí donde su decir está despojado de investiduras ficticias, testimonio como repetición de sucesos traumáticos, como intentos de elaboración. Se repite en lugar de recordar sin haber olvidado antes.

Cito a Primo Levi: “las cosas que había vivido, padecido, me quemaban por dentro, me sentía más cerca de los muertos que de los vivos”...

“Nada era real fuera del campo, sencillamente. Lo demás tan sólo habría sido breve vacación, ilusión de los sentidos, sueño incierto: eso es.”

Semprún dirá de Levi: “Ha hablado de sus sentimientos de aquellas épocas, de los severos goces de la escritura...”

Sin suspensión de goce, ¿no hay un posicionamiento del sujeto como objeto de puro goce del Otro, transformándose así  en mortífero? ¿No es una repetición del lugar al que fueron condenados en los lager?

Quedan en borradores, otra vez suspendido por años, el relato sobre Buchenwald. ¿Cuál fue el efecto del suicidio de Levi en Semprún? Interrogantes que se me formulan: ¿es la posibilidad de la identificación con el otro, el semejante? O, ¿la ratificación que lo que viene del Otro es un deseo de muerte? O, ¿el temor a que sucumba la escritura ante la muerte?


La novelización, la necesariedad de la ficción produce un achicamiento de la hiancia entre lo Real -como aquello imposible de abarcar o de recubrir por el significante- y la articulación con el escrito, como expresión de lo simbólico.

El artificio de la ficción es la introducción de la metáfora que implica la articulación simbólica. En Semprún es aquello que en la lúnula, ése espacio compartido entre el campo del ser y el del sentido, entre el del sujeto y el del Otro, ése sin-sentido, ése agujero que implica el deseo, permite el pasaje de la escritura o la muerte a la escritura y la vida.

Lacan, Seminario 11: “el sujeto primero aparece en el Otro, surge del campo del Otro y representa al sujeto para otro significante, significante cuyo efecto es la afánisis del sujeto.

Mediante la separación el sujeto encuentra el punto débil de la pareja primitiva de la articulación significante (alienante).

En el intervalo entre los dos significantes se aloja el deseo, que se ofrece a la localización del sujeto en el discurso del Otro.

En la medida que el deseo del Otro es desconocido, allí en ése punto de carencia, se constituye el deseo del sujeto.”

 

Si al escribir en la lengua francesa, la de adopción, y no en la lengua materna que es el español, ¿se puede inferir que hay algo de factibilidad de pérdida del sujeto, si lo que viene del campo del Otro contiene algo mortífero?

 

Cito en “Adiós, luz de veranos” (1998)

“Artigas fue uno de los numerosos seudónimos o nombres de guerra de la clandestinidad antifranquista, durante el decenio de mi doble vida..

Yo era consciente del papel que desempeñaban esas muertes  ficticias en mi vida... Yo arrojaba a la muerte, a modo de carnaza, los cuerpos de los personajes cuyos nombres, había sustentado yo, en otra vida, no me quedan personajes ficticios que mueran en mi lugar. Todos mis seudónimos han sido utilizados, dispersados en el desértico viento de la muerte”.

¿Fueron necesarias las muertes ficticias, con otros nombres para recuperar el nombre propio?

Es a partir del regreso a Buchenwald, en el 95 que escribe

“La escritura o la vida”, en primera persona como todos las narraciones posteriores.

“Distraerse de uno mismo, de la existencia que habita en uno, que se apodera de uno en forma obstinada y obtusa, oscuro deseo de seguir existiendo, de preservar en esa obstinación, cualquiera sea su razón, su sin razón...”

Quizá de eso se trata, el deseo puesto en las letras de Semprún.

                  

BIBLIOGRAFÍA:

SEMINARIO LOS CUATRO CONCEPTOS FUNDAMENTALES – J. LACAN (1964) Ed. Paidós    

RECUERDO, REPETICIÓN Y ELABORACIÓN – SIGMUND FREUD (1914) Ed. Luis Ballesteros

EL LARGO VIAJE – JORGE SEMPRÚN  (1963)  Ed. Seix Barral

LA ESCRITURA O LA VIDA – JORGE SEMPRÚN  (1995) TusQuets Ed.

ADIÓS, LUZ DE VERANOS- JORGE SEMPRÚN (1998) TusQuets Ed.

SI ESTO ES UN HOMBRE – PRIMO LEVI (1958) Muchnik Editores

ENTREVISTAS Y CONVERSACIONES- PRIMO LEVI (1997) Ed. Península 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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