» Colaboraciones
Del síntoma al “sinthome”10/06/2015- Por Juan Carlos Cosaka - Realizar Consulta
El autor se ocupa de repensar el síntoma, en tanto elemental y fundante del edificio conceptual del psicoanálisis, y como producto de la escucha inaugural que dio luz a la teoría, que desde la pluma freudiana señala el camino de una clínica en transferencia. Propone un recorrido conceptual por la obra de Freud y las postulaciones de Lacan acerca de la escritura nodal, y su intento dar razón y posición a una formalización que permita una transmisión.
“Somos el síntoma, revestidos por un Imaginario, definidos por
El Simbólico y que lo Real pulsa por fuera y nos causa”
J. Lacan
“Buscamos la poesía, buscamos la vida. Y la vida está, estoy seguro
llena de poesía. Cada uno de nosotros hablantes otorgamos un
retoque y hay en ello una creación poética.”
J. L. Borges
S1, Del Síntoma.
En aquellos tiempos en donde Freud asistía a las puestas en escena de la Clínica de Charcot, época de carruajes y quevedos y en medio del escenario, una Bella sensible a sus puntos histerógenos se presentaba con el consiguiente desmayo para ilustración del síntoma y el beneplácito de la concurrencia. El encuentro del neurólogo con esa modalidad del síntoma tuvo lugar en dicho momento. De ahí en adelante, por medio de la hipnosis y el concurso de ellas, las histéricas inaugurales, Freud tomó de ese fenómeno las migas con las que armó un derrotero de toda su vida y un edificio conceptual que dio vuelta un paradigma, a saber el del síntoma y la enfermedad.
Así escribe en “Los caminos de la formación del síntoma”:
“Estar enfermo es en esencia un concepto práctico. Pero desde el punto de vista teórico podría decir perfectamente que todos estamos enfermos, o sea que todos somos neuróticos puesto que las condiciones para la formación de síntomas pueden pesquisarse también en las personas normales.” (Freud, S. 1916)
El término “pesquisa” no es ocioso; marca un método que preside la labor en transferencia: Ginzburg lo formaliza como indiciario, y la lupa del personaje de Conan Doyle es en el analista una escucha de los indicios por los que el sujeto del inconsciente exprese los modos en que se deducen sus formaciones.
Desde la renuncia a la hipnosis y al a pasar a la escucha del relato singular del síntoma, surgió la posibilidad de las formulaciones de la teoría. El resultado es la concepción de un aparato psíquico que debe vérselas con la intensidad de la excitación que viene del exterior (Q en el proyecto) y una energía que circula por complejización de la descarga, libido que bascula entre la satisfacción sustraída al Yo y la resistencia: de resultas de tal conflicto, el síntoma como otro camino de la satisfacción.
El síntoma se engendra de un resto, el retoño de un cumplimiento de deseo libidinoso inconsciente desfigurado de múltiples maneras, rodeo de una satisfacción que sería real. De ahí que el síntoma sea postulado por Freud como la satisfacción sexual del neurótico.
La neurosis a esta altura de la teorización sería el resultado de la coalescencia de lo constitucional sexual, (devenida de predisposición por fijación de la libido) y el factor histórico de la vivencia infantil que daría el marco a un episodio traumático en el adulto. El síntoma daría expresión a este entramado causal. Un elemento infaltable es la fantasía en donde las aspiraciones subjetivas alcanzan la forma de una representación de cumplimiento. De ahí se rescatan la postulación de Foucault: “La ficción es la nervadura verbal de lo que no existe tal como es”.
Ahora bien, se ha dicho que el aparato psíquico funciona recibiendo y en respuesta a una intensidad de excitación desde fuera del mismo. Este afuera será concebido más adelante como un dentro-fuera, a saber el Ello y su gramática, empuje pulsional. Lo que Freud nomina como lo que acicatea indomeñable, ensamble que supone un recorrido del drang en su embate constante sobre el aparato, cuyo resultado será el “destino”: el de inscripción simbólica, producto de su deriva por un circuito y un objeto contingente.
Ya no es por la basculación conflictiva entre representación y la libido rechazada sino por los embates de la pulsión que el síntoma adviene. Vale decir que en los tiempos de la producción freudiana, el síntoma pasa a ser considerado por el sesgo de la pulsión. Ahora bien, la pulsión sólo se manifiesta por vía del deseo y del fantasma, es en sí muda. Un silencio compacto insistente repetitivo y causal.
En “Inhibición, Síntoma y Angustia” escribe Freud: “La lucha contra la pulsión se continúa con la lucha contra el síntoma… la energía pulsional ya no es un peligro en sí sino porque supone la castración” (Freud, 1925). Castración del Otro en su intento de domeñar por vía del significante, en peligro de quedarse sin su concurso, solo inscribiendo de la percepción algo insuficiente, de orden de la existencia en el aparato (identidad no de percepción sino de existencia en el pensamiento.)
S.2
La lectura que se desgrana en la obra de lacan respecto del síntoma supone la óptica desde los registros RSI y lo que podría decirse que remeda los tiempos de un análisis, desde su entrada y la consideración del síntoma en tanto significante reprimido hasta los finales y la novedad del sinthome como resultado de una travesía.
En “Función y Campo de la Palabra” se lee: “El síntoma es el significante reprimido de la conciencia del sujeto… Es una cifra y un sentido reprimido a ser revelado por el análisis y asumido por el sujeto que ha quedado por fuera… Se lo encuentra como un trazo borrado”. (Lacan J. l953)
El síntoma es el núcleo de la represión, un desprendimiento simbólico y la coalescencia de dos series: Sexual y Simbólico. Dicho significante reprimido es la condensación de múltiples sentidos. Es una sintaxis (serie de signos orientados) por lo que se propone una escucha como un mensaje que debe tomarse a dicho nivel
En “El psicoanálisis y su enseñanza” formula “El síntoma psicoanalizable (normal o patológico) se diferencia porque su estructura es idéntica al lenguaje” por lo que se forja en un proceso de escritura. El límite de lo escrito es entre Real y Simbólico.
Los pasos de la formación en este momento de la teoría podemos graficarlo:
TRAUMA x
x Marca---Lectura----------efecto (satisfacción sustitutiva)—Metáfora
x Deseo-metonimia Sintoma.
S1-----S2
El trauma es un acontecimiento que transcurre por fuera de la estructura, de su percepción se inscribe una marca (al modo del signo perceptual de la carta 52) La lectura de la marca supone el nivel significante: significante primero que es de por sí indecible, solo con la concurrencia del conjunto de significantes que constituye el saber se produce el ensamble entre estos dos significantes. Ensamble pero no traducción (No hay forma de decir la Cosa, esto es la no relación sexual), y de ahí el efecto de satisfacción sustitutiva de la metáfora sintomática.
El sujeto es efecto de esta mínima concurrencia S1-S2. La posibilidad de articular al trauma con el símbolo da cuenta de la eficacia de psicoanálisis. Al interpretar el síntoma el logro del deslizamiento significante, éste es liberado del cuerpo tomado como rehén en ausencia del sujeto.
En el seminario de la Ética, Lacan propone una satisfacción paradojal del síntoma: entendida por la satisfacción reprimida de la Pulsión: núcleo del goce, su estructura formal es la sustitución significante.
Esta mención al goce nos introduce en un tema central en la producción lacaniana. El síntoma al ser hablado y dirigido al analista, el que en su interpretación hará aparecer un efecto de verdad, hará resonar el goce encerrado.
Este estatuto del síntoma como un modo del goce que adviene a partir del goce y más allá del saber y de la verdad, sirve al goce y se impone como un Real por su repetición. A este Real no puede dársele un sentido último.
Por tanto el síntoma ya no es una formación del inconsciente sino que es el medio de satisfacción pulsional, dicho de otro modo es así como entendemos que el síntoma es respuesta de lo Real, y el inconsciente funciona para el goce:
Articular inconsciente y pulsión dan el pulso de tiempos del análisis, (tiempos lógicos, se entiende).
Respecto del síntoma supone:
Del lado del síntoma la consideración del cifrado significante de donde se desprenden la escucha del discurso como mensaje y como sentido, estatuto del síntoma que da lugar a un descifrado. Del lado de la pulsión se indaga su finalidad de goce y la aparición del cuerpo; el trabajo analítico para que el sujeto “ceda” sus goces a la palabra en transferencia. Aquí se trata de dar una forma cifrable, ya que el síntoma está más ligado a la Letra y su goce, lo que es no descifrable, es más bien traza, marca y repetición.
Este modo de tramitar lo Real por lo Simbólico, lugar de acontecimientos en la cura, (en Freud descritos como RTN o masoquismo moral), y el enfrentar la insistencia de un goce insensato y descarnado, cuando la pulsión no se ensambla y sigue su “prosecución directa”
Una interesante propuesta de G.Pomier en su recorrido por autores de la neurociencia nos acerca a un sustrato neurobiológico al que –a nuestro entender- el psicoanálisis concurre a ese lugar: “El empuje destructivo de la pulsión inscripta en el cerebro a la derecha se negativiza en frases del lado opuesto gracias al vaciamiento del sonido- su valor pulsional- asociándola con otras para simbolizar”.
Es decir que el valor sonoro de la pulsión se altera con el sentido: el hablar da lugar a la represión del goce pulsional. El exceso que proviene de la sensación que se refleja en el cuerpo se inscribe en palabra y de ese modo la sensación se traduce en pensamiento.
La simbolización en términos estructurales consiste en que un sonido se defina por otro sonido. En tanto que una sensación se nombra, la posición subjetiva pasa de la pasividad a la actividad, nace por tanto el sujeto de la nominación. De ahí que la palabra se entiende como acto performativo.
De hecho, la clínica de la psicosis viene a mostrar que las alucinaciones verbales producen más horror en cuanto son puro sonido. Tal el decir de Kafka: “El horror de las sirenas no está en su canto sino en su silencio”. Silencio que a veces es una absoluta presencia en su compacidad que lleva al arrasamiento del sujeto arrastrado a su anonadamiento. Si el tronar insistente deriva en voces, se pueden escuchar y hasta pensar.
Una viñeta sucinta como para ilustrar: Un joven muy inteligente que me decía que no podía parar las voces y un ruido que resonaba en él ,tenía una lista de antipsicóticos que iba cambiando para que cesasen las voces que lo irritaban; en algún momento una calma novedosa se pudo producir cuando pudimos establecer en nuestros encuentros que las voces tal vez eran una forma singular de acompañarse para poder pensar.
Freud dice en el Recuerdo infantil de Leonardo da Vinci que las teorías sexuales infantiles caen por decepción. Sin embargo, acceder al desarrollo de los conceptos del sinthome nos da la pauta de que cada quien a su turno, tiene su propia construcción delirante como repuesta del saber de lo sexual.
S 3, El Sinthome.
Estos tiempos no son aquellos del nacimiento de la Clínica, donde se escuchaban sujetos atiborrados por la represión de sus impulsos. Cabe para el momento en que se vive el aserto de Shakespeare: time is out of joint. Es tiempo fuera de quicio, y lo que sobresale en el modo cultural es una liviana obscenidad. Al respecto J. A. Miller nos dice: “Hoy no gozar placenteramente no tiene excusas. Ya no se vela, se charalatanea, hay perversión como hecho social” (J. A. Miller 2012)
Este cuadro de situación se corresponde en la clínica con la frecuencia de estilos en la consulta diferentes, a saber de sujetos en estado de angustia o conflicto con aquellas cuestiones que desconoce de sí. Dicho de otro modo una posición neurótica –digamos clásica– en la búsqueda de un significante que, proveniente del Otro lo representa y motiva su pregunta. Y por otro lado sujetos que de entrada aparecen con la convicción de ser eso que más bien es su modo de goce (soy gay, alcohólico, anoréxica, etc.) donde no cabe pregunta alguna; es decir que más bien se trata de una presentación antes que la búsqueda de un significante que lo represente. Esto es consustancial con terapias afines a la época que de inicio supone que el sujeto debe admitir quién “es” por lo que la posición ante su goce es inamovible.
La clínica psicoanalítica entonces no puede dejar de considerar las cuestiones del goce y el destino singular de cada quien, es decir al posicionamiento del sujeto al respecto, lo que supone muchas veces una labor preliminar: la de dar cuenta que eso que describe el sujeto le pasa y no lo define en su ser.
Decíamos al principio que la obra de Lacan permite en tanto sus desarrollos con la cadena Borromea dar una escritura formal de la estructura en el intento de posibilitar la transmisión: El paso de la descripción de las estructuras clínicas al nudo como presentación de la estructura. El nudo Borromeo consiste en tres cuerdas anudadas de forma tal que al soltar una se sueltan todas. El nudo de tres, Real, Simbólico e Imaginario no es estable ni se puede diferenciar, hace falta el concurso de un cuarto nudo que sostenga el anudamiento y su ley que logre los cruces que permitan sostenerse anudados (ley que dice por encima y por debajo alternando las cuerdas) Esa es la función del sínthoma, cuarto nudo en la neurosis.
La importancia de la escritura está dada por el manejo de las vicisitudes de lo imposible de decir, a saber ahí donde el significante está impedido de dar cuenta de la gramática. Si la “roca” que postula Freud como límite imposible, Lacan ve ahí la otra posibilidad: imposible que se puede escribir.
El sinthoma consiste en la identificación a un goce que se puede traducir como letra. A diferencia del significante que siempre se diferencia de sí mismo ya que no es posible la identidad, la letra es siempre idéntica. Por lo que la identificación al sinthoma no es interpretable.
Identificar el sínthoma a la letra y no al inconsciente (sería a los significantes del Otro) puede leerse también en Freud como incorporación del síntoma al Yo: el sujeto lo toma como parte de sí, ya no es extraño, y continúa la satisfacción (decimos ahora goce) pulsional.
El Sínthoma es un significante sin sentido, (es más correcto llamarlo signo porque se diferencia de lo simbólico) que se sostiene por lo imaginario.
En el nudo el objeto “a” se ubica en la encrucijada de los otros tres que constituyen el Uno que cubre un vacío (aquí agujero) manteniendo su unidad por el cuarto término que redobla lo simbólico.
Hay maneras de entender este cuarto, “el sujeto en su realidad psíquica” sería una de sus formas. El Complejo de Edipo como tal es un síntoma porque en su configuración está el Nombre del Padre. En tanto sus variantes singulares, el síntoma estará en el lugar del fallo del nudo, fallo del padre en su función que da lugar a la silenciosa emergencia de lo pulsional: el nudo entonces no hace tope a lo Real pulsional y el síntoma se configura para suplir la función simbólica y sostener el anudamiento.
Al respecto dice Lacan que el logro de un análisis es ir más allá del padre, a condición de haberse servido de él. Si el síntoma que deviene de los avatares del inconsciente debe caer, (de ahí que Lacan utilice su raíz griega simpthome, lo que coincide y cae) es decir de su sentido unívoco; el sinthome es lo que no cae, lo que permanece inefable e idéntico.
Para emprender la consideración de la cura, Lacan se dirige al estudio de la vida y obra de Joyce, en donde el síntoma que mantiene el nudo es amenazado por el retorno desde lo Real debido a la forclusión. La respuesta de Joyce a la invasión de las voces, (también se dice del glaucoma cuando dejaba de escribir) consiste en el uso de palabras de lenguajes múltiples y neologismos que destrozan las voces. En términos del nudo, sinthome como sutura y empalme, tejido del artesano que sabe hacer con la letra del síntoma.
Pero no es necesario escribir a lo Joyce por supuesto. Lo que Lacan postula para la cura es que a esa letra ininterpretable, hacerla equivocar. Una respuesta posible para entender una frase así es que una vez advenida en el análisis la permanencia del sinthome como imposición inefable, el sujeto debe estar advertido de tal presencia y busque hacer otra cosa con lo mismo. A esto se lo denomina función poemática. Es decir que un poema siempre dice algo en más y no termina de decir del todo. Como decía Borges, cada hablante le agregará algo en más y entenderá en menos con lo que redobla y desliza la poesía
Esta función poemática instala como posibilidad entonces, una nominación suplementaria, un significante nuevo más allá del nombre del padre y la significación heredada. Que garantizará una función paterna para que sea posible goce y deseo en virtud del dique a lo Real.
Bibliografía
Foucault, M. “De lenguaje y literatura” Paidós Ibérica. España 1966
Freud. S, “Pulsiones y destinos de pulsión” 1915. Obras completas tomo 14, Amorrortu Editores. 1983
Freud, S. “Conferencias de introducción al psicoanálisis (23) l916. Obras Completas tomo 16. Amorrortu Editores, Buenos Aires l983
Freud. S, “Más allá del principio de placer” 1920. Obras completas Tomo 18. Amorrortu Editores, Buenos Aires 1983
Freue. S, “El Yo y el Ello” 1923. Obras completas tomo 19. Amorrortu Editores 1983
Freud. S. “Inhibición Sintoma y Angustia” 1925. Obras Completas tomo 20 Amorrortu Editores. Buenos Aires, 1983
Lacan, J., “El Sinthome” El Seminario 23., 1975 Paidós Buenos Aires. 2006
Miller, J. A. “La fuga del sentido” en los Cursos Psicoanalíticos. Paidós Buenos Aires 2012
Pommier. G. “Cómo las neurociencias demuestran el psicoanálisis” Letra viva Ed. Buenos Aires 2010
© elSigma.com - Todos los derechos reservados



















