» Colaboraciones

Día Mundial de los derechos del niño e implicancias del maltrato

26/11/2020- Por Marilen Osinalde - Realizar Consulta

Imprimir Imprimir    Tamaño texto:

La autora -psicóloga argentina-, está establecida actualmente en Palestina junto a la misión de Médicos Sin Fronteras. Mientras tanto nos hace llegar este artículo acerca de los derechos del niño. La autora reflexiona acerca del aumento exponencial que han tenido los maltratos infantiles desde que la pandemia y el confinamiento comenzaran. ¿Qué se considera maltrato infantil? ¿Qué implica?

 

                                                                                          Ilustración: Isol* - Texto: Julieta Venegas

 

 

 

  El 20 de noviembre es conmemorado como un día de compromiso internacional: día en el cual se aprobó la de Declaración de los Derechos del Niño en 1959. Es el Día Universal de los Niños; oportunidad para reflexionar y cuestionar prácticas aún vigentes, como el maltrato infantil en todas su formas. Prevenirlo es una responsabilidad estatal, comunitaria y también individual.

 

  Hoy, el maltrato infantil es una emergencia social que ocurre frecuentemente en el hogar. Es necesario comprender de qué hablamos cuando hablamos de malos tratos, para preguntarnos por qué todavía sucede y qué podemos hacer para erradicarlo. Visibilizarlo es confrontarse con la propia historia y las experiencias subjetivas en el propio hogar.

 

 

Los números de la emergencia

 

  La realidad habla. Según Naciones Unidas, en 2020 uno de cada dos niños es víctima de violencia. Según Unicef, en Latinoamérica más de la mitad de las niñas y niños son víctimas de maltrato, muchas veces en la casa, por sus cuidadores. Los maltratos aumentaron desde que la pandemia y el confinamiento comenzaran. A pesar de esto, se considera que la mayoría de los casos quedan ocultos y no se denuncian.

 

 

Aún se tolera la violencia al niño en el hogar, cuando se la rechaza de todo otro ámbito social

 

  El repudio público de los malos tratos se incrementó los últimos años. Sin embargo, cuando sucede dentro del hogar todavía se conserva una norma donde “lo que pasa dentro de la casa no hay que hablarlo afuera”, y que “cada familia sabe lo que hace”,  es mejor no meterse”. 

 

  Hay generaciones que se educaron, y ahora educan, con modelos de crianza basados en la violencia. Gritos, zamarreos, amenazas, descalificación, castigos físicos, aislamientos. Naturalizados y justificados. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) una cuarta parte de los adultos de todo el mundo declara haber sufrido abusos en su infancia.

 

  Trabajando en salud mental he sido testigo de muchas personas en esta condición. Conservan aún en su vida adulta marcas físicas y psicológicas del maltrato en su infancia. Cicatrices en su cuerpo, una imagen de sí despreciada y devastada: Son relatos con heridas que no se borran fácilmente e impactan en todos los aspectos de la vida.

 

  Lo he visto en distintos países, con culturas radicalmente diferentes; el desconocimiento del impacto del maltrato es universal. Algunos padres preguntan cómo poner límites sin pegar, porque no conocen otra manera que la que vivieron ellos, ó simplemente no saben cómo impulsar al niño sin descalificarlo, mientras que otros celebran y se enorgullecen de ejercer violencia y que el niño obedezca, aunque sea por miedo. Esto reivindica su autoridad (autoritarismo) haciendo abuso de su poder. 

 

  Hay que desidealizar el lugar de la familia, deconstruirlo e incorporar nuevos modelos de parentalidades y a la vez repensar el primer derecho de cualquier niño/a: derecho a ser reconocido y respetado como tal, en tanto sujeto infantil.

 

  En un círculo cerrado de violencia, se necesita la intervención externa de otros sistemas (familiar, social, legal, político, de salud, etc.) para poder pasar de una “intención” a una realidad aplicada. La parentalidad se puede aprender, los derechos de las infancias también y hay familias que necesitan apoyo en este proceso. Ese es el lugar para nuestra intervención.

 

 

Debemos ampliar y analizar el concepto de maltrato infantil

 

  “Si no le pego no se calma, es un caprichoso”, “Está grande se puede ocupar solo de sí mismo”, dice la mamá de un niño de cuatro años que se queda solo gran parte del día. Mientras otros padres le dicen a su hijo que “no sabe hacer nada, es un fracaso”. Relatos frecuentes, incluso entre grupos de amigos: “Un chirlo no es para tanto”, “De vez en cuando un zamarreo es necesario”. Sucede con más frecuencia de la que se considera, sin distinción del nivel socioeconómico ni cultural.

 

  Todavía existe el mito que el maltrato infantil es grave solamente si es físico. Como la marca se ve, genera más atención. Sin embargo, basta descalificar cotidianamente para dejar una marca profunda en una subjetividad en formación. Una negligencia emocional puede tener consecuencias graves en el desarrollo del psiquismo posterior.

 

  Un niño testigo de la violencia ejercida hacia su madre, sufre maltrato infantil. Un niño pobre excluido de un sistema y sin tener acceso a satisfacer sus necesidades básicas, también sufre maltrato infantil. Un niño sufriendo la vulnerabilidad de la guerra, el terror de un genocidio, sufre el más profundo de los maltratos.

 

  En el contexto de lo privado, lo que comienza con una descalificación verbal, luego puede pasar a un castigo físico, y éste en un daño aún cada vez mayor. A esto llamamos la escalada de la violencia. Niños que se van adaptando a ser cada vez más maltratados, y luego en la vida adulta no poseen mecanismos protectores.

 

  Mientras se subestima el impacto de una acción violenta, mayor es el riesgo. En este contexto de encierro en pandemia, estos maltratos privados se vieron acrecentados y a la vez silenciados en la misma medida.

 

 

Las consecuencias que no se ven

 

  El maltrato infantil es un alterador del desarrollo saludable de la imagen de sí, la autoestima, la autonomía y el futuro de los niños. Las probabilidades de acarrear traumas en la vida adulta, son altas. Por el miedo que sienta puede desarrollar un estrés agudo. Si la exposición es permanente, pueden generar un estrés crónico.

 

  Como mencionan diversos estudios neurológicos actuales, éste puede afectar el desarrollo de partes del cerebro del niño, como lo es la amígdala y el hipocampo, con consecuencias a corto y largo plazo.

 

  Los niños necesitan un ambiente protector para sobrevivir y desarrollarse. Un niño maltratado difícilmente se siente querido y seguro, excepto que cuente con otros cuidadores responsables. Desarrollan sentimientos de culpa y la creencia de que son ellos los que están haciendo algo malo,  en consecuencia merecen un castigo. Es frecuente escuchar ideas de “Soy malo, me lo merezco”.

 

  Los problemas emocionales como la depresión y la ansiedad, la agresión y la impulsividad. La repetición del comportamiento violento en otros ámbitos, los expone nuevamente a ser castigados.

 

  Creemos que la prevención temprana tiene que ver con intervenir antes estableciendo políticas públicas y educativas que visibilicen y permitan regular estas violencias.

 

 

Conclusión

 

  El siglo XX fue considerado el siglo de la infancia, ya que se promulgaron leyes varias en todo el mundo y se reconocieron derechos. Promover buenos tratos no atañe sólo a la familia, sino a todo ámbito donde transcurre cotidianamente un niño. 

 

  La participación de la sociedad es fundamental para romper con el circuito violento que sucede en las familias. Las escuelas, los espacios públicos, los servicios sociales, instituciones, medios de información y todo profesional de la salud tienen un rol activo en la prevención.

 

  Trabajar con compromiso para erradicar el maltrato infantil nunca es fácil. Para lograrlo, hay que visibilizarlo en cada ámbito. Esta emergencia social, necesita de medidas políticas que asistan, den recursos y protejan el derecho de los niños a una infancia saludable.

 

  Los números nos demuestran que aún queda mucho por hacer: necesitamos reacciones colectivas, compromiso social, la legitimación de los derechos humanistas, el reconocimiento del sujeto infantil y su derecho ciudadano a una subjetividad sana.

 

 

Arte*: http://vertigogaleria.com/vlm/vivan-las-mujeres/ilustradoras/isol

Marisol Misenta (1972), artista argentina, cantante lírica, es una de las mejores ilustradoras de libros para niños del mundo. Obtuvo el Premio Astrid Lindgren Memorial Award 2013 ALMA (Consejo Nacional de Cultura de Suecia) por toda su obra. Mención Especial como Finalista en el Premio Hans Christian Andersen 2006 y 2007. (entre infinidad de galardones). 

              http://www.isol-isol.com.ar/ www.facebook.com/isol.misenta

 

 

 


© elSigma.com - Todos los derechos reservados


Recibí los newsletters de elSigma

Completá este formulario

Actividades Destacadas


Del mismo autor

» COVID-19: Los niños son los más vulnerables

Búsquedas relacionadas

» Maltrato infantil
» violencia intrafamiliar
» derechos del niño
» intervenciones
» consecuencias