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Doralgia: De la parálisis neurótica del 1900 a la fibromialgia de los 2000

29/01/2023- Por Andrea Feminella y Adrián Carri - Realizar Consulta

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Tanto la Doralgia como la Fibromialgia, presentan su sufrimiento en forma de signo, lo que significa algo para alguien en el campo del sentido con un código compartido sin equívoco y en el marco del consenso. Los autores se preguntan: ¿Qué operación radica entonces a través de la escucha para que se produzca el pasaje de un signo a un significante? ¿Qué posibilidades presenta la teoría psicoanalítica para tal cometido? ¿Cómo opera el analista en este quehacer?

 

                            

 

                               “The Drowning” (2019) por Maéna Paillet*

 

 

Caso Clínico: su presentación

 

  Llega a la consulta derivada por su médica con quien se trata por fibromialgia, “enfermedad que afecta a los músculos produciéndoles un dolor inespecífico y que resulta algo inhabilitante”.

 

  Refiere: “Sólo tomo ibuprofeno y voy a kinesio todos los días casi, además de mi pastillero por otras ñañas como diabetes, hipertensión”. “Estaba yendo a la nutricionista porque estoy un poco gordita y podría ayudar al cuadro general, pero no le doy bola, me gusta comer”.

 

  Cada vez que llega al consultorio manifiesta mucho dolor en las piernas, literalmente se desploma en el sillón y se enreda con sus anteojos, barbijo, bufanda, cartera y campera. Le consulto si necesita que la asista y responde: “Sí gracias, sos muy atento”.

 

  Cuando llega el momento de irse dice “voy a ver si me puedo levantar”. Se apoya en los apoyabrazos y con un gesto de mucho dolor, acompañado de queja, expresa: “Que vergüenza, no puedo, a veces me pasa en la calle y tengo que pedir ayuda”. Allí abstengo la intervención y ella refiere: “¿Me podrías ayudar a levantarme?”

 

  Le pregunto cómo la ayudan habitualmente, y se manifiesta con un gesto levantando los hombros (tipo emogi). Le sugiero agarrarla por debajo de los brazos, accede y logramos el objetivo (expresa su dolor al levantarse). Vuelve a manifestar su agradecimiento. Situación que se sucede durante algún tiempo cada vez que se retira.

 

  Nos preguntamos si puede haber escucha analítica allí donde aún no se ha instalado el dispositivo. Advertidos de ello, si no es posible que se instale el mismo, nos transmite Freud en “Inhibición, síntoma y angustia”: “No es posible realizar un tratamiento psicoanalítico”[1]. Como así también, la enseñanza freudiana sugiere, que ante un pedido de tratamiento; el análisis dependerá de la instalación de la transferencia. Tendremos, entonces, que trabajar hacia una articulación posible de la demanda y la transferencia como condición de posibilidad inicial.

 

  Doralgia presenta su sufrimiento en forma de signo, lo que significa algo para alguien en el campo del sentido con un código compartido sin equívoco y en el marco del consenso. ¿Qué operación radica entonces a través de la escucha para que se produzca el pasaje de un signo a un significante? ¿Qué los “dolores físicos” de la consultante puedan interrogarse? Significante que representa al sujeto para otro significante.

 

  Solo el análisis podrá semblantear el entramado de signos planteados. Signos físicos como respuestas que insisten, como padecimiento permanente de su no poder caminar, levantarse; romper su enunciación para que aparezca un interrogante sobre ellos y algún compromiso subjetivo.

 

  Aquí la operación del analista se sostiene en aquel pasaje entre la lectura del síntoma (su padecer) y la constitución de un nuevo síntoma del cual formar parte (signo---significante). En vías de construir un síntoma que sea analizable, una nueva versión del padecimiento. Lo que adquiere un valor significante en la medida que remite a múltiples categorías asociativas, adquiriendo un carácter multívoco.

 

 

Un tratamiento posible

 

  En una sesión refiere: “Mi marido me tiene que llevar a todos lados, mi auto lo tiene mi hijo mayor mientras le arreglan la camioneta, me llevan a kinesio que no quiero ir tanto, nadie me escucha, todos me retan, me callan”, y asocia más tarde con la relación con su papá, al cual dice tenerle miedo por sus formas de proceder en la vida cotidiana.

 

  Al parecer se trata de una persona con un perfil un tanto controlador que dejaba a la paciente “inmóvil”. Las intervenciones apuntaron a poder ubicar algo de su pasividad que se leía recurrentemente en ambos relatos, dirigiendo la cura hacia la posibilidad de que la paciente pueda interpelar este lugar de “comodidad”.

 

  Aparece también durante las entrevistas el relato de una fantasía sexual con el verdulero, que relata con cierta vergüenza, ¿quizá esperando que el analista sancione su proceder como lo hacía su padre?

 

  A partir de un cuerpo que llega a consulta con exceso de goce, como vemos en el relato, nos preguntamos: ¿qué lugar para la mirada del padre?, ¿ese exceso será aquel del cual el padre no se puede privar? ¿Cómo poner a jugar ese goce en transferencia?

 

  Vemos la movilidad que produce como efecto la palabra, Doralgia, y se entera de la letra que porta. Y a partir de este momento hay un cuerpo que a través de “su” letra permite revelarse de la sombra del goce de los Otros para libidinizar y comenzar a marcar el litoral de un cuerpo propio, disfrutable y más vital, que se habilita a pararse, a caminar sin el dolor inicial como nos ilustra la viñeta.

 

  ¿Podemos pensar que nuestra consultante actúa con el analista un nuevo modo de recordar? ¿Un recuerdo en acto?

 

  Advertimos que el analista ocupa un lugar y esto posibilita el análisis como tal como lo expresamos anteriormente.

 

“La neurosis de transferencia es una neurosis artificial. La cura: una modificación en la neurosis artificial un movimiento, la libido pasa del síntoma al analista donde se libra la batalla de la cura. Se trata de una operación de un objeto que viene a encarnar el analista”[2].

 

  Doralgia se transformó en “Dorhabla” reinventándose a través de la palabra, propiciada por el dispositivo y su valiente apuesta. En un hablar que podría pensarse, vehiculizó el síntoma hacia el lenguaje permitiendo así que algo de ese dolor ceda en la medida en la que empezó a serle posible moverse con cierta flexibilidad sin que ella siquiera pudiera advertirlo.

 

  “Te cuento que empecé a hablar y todos se ponen locos, mis hijos mi marido… y me dicen que vos sos una mala influencia”. “Te cuento que me siento rara, voy menos a kinesio porque me revele, y les digo lo que pienso, tendrá algo que ver con que me siento mejor, ¿sin tantos dolores?” Son algunos de los pasajes que ilustran el movimiento en el trabajo analítico que ella logra advertir.

 

  Asímismo tiene lugar durante una de las sesiones la siguiente escena en la que la paciente llevada por la movilización emocional que podrían suponer las intervenciones del analista, se levanta del sillón del consultorio sola por primera vez y sin requerir ayuda. Percatándose del acto minutos después.

 

  Lacan en su análisis del Banquete en el Seminario VIII nos transmite algo de esto. Esta actuación es analizable (Doralgia se para del sillón sin advertirlo).

 

“El analista se vuelve central en la economía libidinal del paciente, el motor del análisis no es un obstáculo sino un posibilitador. Se constituye como un nuevo objeto libidinal que es el analista. Actuar en transferencia motor en análisis”.[3]

 

  Preciso es recordar en este punto –además-, que Freud hablaba en sus enseñanzas de que lo genuinamente psíquico era aquello somático, es decir, dos caras de una misma cuestión en tanto un afecto que pasa a ser una afección, ¿Qué relación podríamos entonces establecer entre esta enfermedad y la posibilidad o no de expresar, de decirse, o mejor aún de encontrarse en el deseo?

 

  Si pensamos la enfermedad como una afección del sistema músculo esquelético bien podríamos aventurar que algo de la palabra o de la acción han quedado inhibidas allí donde el que habla es el cuerpo “en su no poder movilizarse”, en lugar de que quien hable sea el sujeto.

 

  La fibromialgia por su parte es una enfermedad que podríamos “sancionar” nombrar como inespecífica en su expresión, dado que los dolores, los malestares, radican en todo el cuerpo, y a la vez en “ningún lugar”. Algo que también hace difícil un recorte a la hora de tratarlo incluso a nivel médico.

 

  En las entrevistas surgen así pasajes donde el analista ubica la posibilidad de recortar, en principio, algo de la demanda del otro, ¿Quizá en pos de dar cada vez más lugar a aquella subjetividad que habida cuenta de su historial había quedado tan reducido? ¿Quizá con el anhelo que contra-transferencialmente supone apostar a una cura posible?

 

  Las intervenciones del analista en este caso permitieron cuestionar una posición, podríamos decir silenciosa, en vías de liberar el recurso discursivo. De este modo, Doralgia en el transcurrir de los encuentros comenzó a dejar la queja sobre sus padecimientos a poder hablar sobre ellos, a hacerse preguntas, recordando hechos que brotaban de la apuesta a la abstinencia del analista. En muchas ocasiones resistiéndose a torcer la lógica del sentido, enojándose, resistiendo a querer ir más allá de él.

 

  Momento en el que podemos situar el surgimiento de la transferencia, como resistencia, como motor que favorecía el florecimiento vía el amor, el odio o enojo un lugar en la economía libidinal de nuestra consultante, produciendo asociaciones, sorprendiéndose con la aparición de emociones y angustias. Hiancias propiciadoras de hallazgos de los que en algunas oportunidades pudo dar cuenta de ellos.

 

 

Bibliografia:

 

S. Freud, “Inhibición, síntoma y angustia”, tomo XXII, Obras Completas, Amorrortu

S. Freud, “Conferencia 28”, Tomo XVI, Obras Completas, Amorrortu

J. Lacan, Seminario VIII

 

 

Nota: La viñeta desarrollada respeta la lógica del caso, pero porta las transformaciones necesarias para sostener la discrecionalidad y reserva correspondientes al abordaje clínico.

 

 

Arte*: artista francesa que abunda en la fotografía y en el trabajo digital de la misma. Sus intervenciones creativas generan climas atrapantes cargados de simbolismos en los cuales, lo que intimida a su vez atrae. https://linktr.ee/maena.paillet

 



[1] Freud, S “Inhibición, síntoma y angustia” - Tomo XX.  Obras Completas. Amorrortu Ediciones

[2] Freud S. Conferencia 28 - Tomó XVI. Obras Completas. Amorrortu Ediciones

[3] Lacan, J. Seminario VIII -

 


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