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Lo imaginario como dit-mensión

01/07/2001- Por Miriam Grignoli -

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Untitled Document "Pero si imagen, significante y objeto fueran los términos cuya conceptualización soporta la definición de los registros Imaginario, Simbólico y Real respectivamente, ¿cómo distinguir esta trilogía de una semiología cualquiera? Efectivamente, los tres últimos no son los territorios donde habitan los tres primeros: el significante puede virar al signo, la imagen adquirir valor significante y el objeto no designa algo real, simbólico o imaginario, sino esa función de anudamiento de los tres…"

Jorge Jinkis

Puntualizaciones sobre lo imaginario, I, i(a),a

La instalación de la transferencia ubica en la escena análitica lo imaginario del amor. Después de advertirnos sobre las dificultades que su irrupción depara al analista en la dirección de la cura, Freud postula la abstinencia como respuesta. Señala que consentir la apetencia amorosa del paciente es tan funesto como sofocarla.

Retener la transferencia de amor bajo la forma de la abstinencia convierte el obstáculo en fuerza pulsionante de alteración psíquica. Este amor que obstruye, vela, desvía del trabajo analítico, será un obstáculo revelador, la vía para "descubrir la elección infantil de objeto y las fantasías que trae urdidas"2. Del sesgo resistencial del amor, Freud nos lleva a sus fundamentos primordiales. Establece su carácter narcisista, para reflexionar más tarde, en su texto sobre las pulsiones, sobre la diferencia y la relación entre amor y pulsión3. Los fundamentos infantiles del amor se revelarán de carácter pulsional, pero será necesario atravesar las coordenadas edìpicas en las que se inscribe.

La naturaleza narcisista del amor lo hace solidario de las exigencias especulares del yo, pide reciprocidad por constituirse en una consistencia imaginaria yoica. Pero ni el amor se reduce a lo imaginario, ni lo imaginario se agota en el narcisismo. Si consideramos la escritura i(a), que forma con el moi dos polos de lo imaginario, este (a) del i, con el que Lacan nombra al otro, al semejante, empieza a connotar también la presencia en lo imaginario de lo no especularizable. Su función es la de soporte velado de ese campo: un real que puesto entre paréntesis, marca de lo simbólico, encuentra su lugar en la estructura.

Ese imaginario se desarrolla y determina a partir de la proyección de una superficie corporal que conforma al yo como imagen y que viene a enmendar una falta estructural al ser: una imagen, señala Lacan, viene a soportar todo el precio del deseo, función de lo imaginario en la constitución del sujeto. A falta de una consistencia asegurada por un orden instintual, lo imaginario en el sujeto toma su medida del significante de una falta en el Otro. El Ideal del Yo es una formación que viene a ese lugar simbólico, comandando una constelación de insignias que constituyen la perspectiva desde la cual el sujeto se ubica en la escena del mundo.

El niño, enajenado en la imagen especular, se vuelve al Otro para encontrar allí su autentificación. Al cabo de ese movimiento, con el júbilo gozoso que lo acompaña, encontrará allí el Ideal del Yo: "testigo que decanta, por verificarlo, el reconocimiento de la imagen del jubiloso asumir donde ciertamente estaba ya4" Para que haya júbilo, efecto exultante en lo imaginario que sirva de sostén a la libido, es necesaria la autentificación por el Otro.

El equívoco, el engaño, lo inefable

El acento de subordinación al registro simbólico es objeto de una aclaración de Lacan, una necesidad dirá, de "desbrozar lo imaginario como demasiado apreciado en la técnica. Y ya no estamos en eso…,volvemos a traer la atención sobre el deseo"5. Está a esa altura en la formalización del a, objeto del deseo, como pieza separada del dispositivo que imaginariza el cuerpo y elemento necesario a la estructura. En el análisis se tratará de alcanzar ese punto más allá, en la reducción de los ideales, "donde el sujeto tiene que pagar con ello el rescate de su deseo"6

A pesar de tal necesidad de separar la paja del trigo, esta primacía de lo simbólico no desconoce a esta altura de su enseñanza el lugar de los otros registros en la concepción de la cura. Es concebida como una integración de la historia del sujeto a través de su asunción hablada, historia con huecos producidos por lo que ha sido verdankt, lo que accedió al discurso y luego fue rechazado, y lo verworfen, lo rechazado originalmente. El sujeto se compromete en la vía de realización simbólica de su imaginario, aquello que de las fijaciones imaginarias permaneció inasimilable en el desarrollo simbólico por su carácter traumático. Por otro lado señala lo imposible de ser dicho como un límite: la palabra cava el surco de la verdad en lo real y en el acto mismo en que funda la dimensión de la verdad, se sostiene también su ambigüedad, donde tienen cabida el engaño imaginario y el equívoco significante. También afirma que "esos trasfondos ambiguos de la palabra llegan al punto de lo inefable, donde ya no puede decirse, ya no puede fundarse en tanto que palabra''7.

En el camino de historización del análisis en que el discurso avanza por la vía del error, engaño de lo imaginario, se produce la irrupción de la verdad: "la verdad que caza al error por el cuello de la equivocación"8 .

En ese juego de engaño el analista está incluído con una carga imaginaria, que será en determinados momentos del análisis pivote de la transferencia. En principio la dimensión simbólica abre el discurso a la asociación libre y al equívoco, momento fecundo; pero también cuando la palabra elude el efecto de revelación y se desarrolla en el engaño, es también la ocasión privilegiada donde se descubren esos puntos que han sido reprimidos. Si no suceden esas resonancias imaginarias en el análisis, nada sucede.

Gran parte de la experiencia analítica transcurre en la exploración de los rodeos de la experiencia imaginaria, pero estos no son innumerables sino acotados por inscribirse en el entramado singular del deseo: "…respetar, enfocar, explorar, utilizar…qué está representado por la situación imaginaria donde él mismo (el sujeto) se coloca, se mantiene, se suspende como en una especie de posición que seguramente participa de los artificios de la defensa, es seguro que esto hace la ambigüedad de las manifestaciones del deseo…''9 .

El anudamiento

Imaginario, Simbólico y Real son los registros con los que Lacan piensa la estructura psíquica desde el inicio de su enseñanza. La posterior formalización topológica del nudo borromeo los redefine en su carácter de irreductibles y estrictamente equivalentes. Esa equivalencia implicada en el nudo permite despejar el malentendido que reducía lo imaginario a su faz narcisista por la prevalencia otorgada a lo simbólico o a lo real en distintos momentos de la práctica analítica.10

El anudamiento hace consistir, mantenerse juntas a las tres dimensiones en su triple diferencia: una consistencia soportada en lo imaginario, un agujero resultante de lo simbólico, y una ex-sistencia como carácter fundamental de lo real11. Estas determinaciones que fundan la diferencia, no son privativas de cada dimensión puesto que todas participan de lo imaginario por su consistencia, de lo simbólico en tanto que agujero y de lo real en tanto ex-sistente a los otros. No confundibles en su entrelazamiento, su carácter no es de oposición sino de ex-sistencia. Esto implica que cada una de las dimensiones por ex-sistir a las otras, las sostiene y allí se sostiene. Lo real tiene ex-sistencia al encontrar el límite que le imponen simbólico e imaginario. Del mismo modo lo imaginario y simbólico ex-sisten a lo real

La dimensión, definida como la extensión de un objeto en una dirección determinada, pierde su pregnancia imaginaria cuando Lacan recurriendo al equívoco, introduce en ella el orden del decir: dit-mension (mención del dicho y también dicho mensión, en el sentido de mensura) y dit-mansion (morada del dicho). Tres moradas en las que el sujeto, que se soporta del nudo, habita el lenguaje: a partir de letras: R.S.I. es posible nombrar, eso hace Real, Simbólico, Imaginario, "los nombres del padre, los nombres primeros en tanto que nombran algo''12.
Se hace sentido y con ello se despliega la dit-mension, lo que el lenguaje comporta de cifra.

Inconsistencia, degradación, caos, suplencia

En la neurosis la consistencia imaginaria se presenta siempre amenazada, en tanto ese Ideal en el cual lo imaginario se sostiene no alcanza para impedir una inadecuación fundamental del yo a la imagen, ni para resolver la pregunta por el deseo del Otro. Por ser tributaria del fantasma, en los momentos de vacilación fantasmática, los bordes de la imagen yoica se pierden en la presencia opaca del objeto a.

Sin embargo esta inconsistencia encuentra su límite porque el Nombre del Padre responde por el anudamiento, así sucede por ejemplo en el sueño de la inyección de Irma, que lo muestra paradigmáticamente. Freud se enfrenta allí con la visión angustiante de la garganta, la carne que jamás se ve, lo innombrable, momento de revelación de lo real, "objeto esencial que ya no es un objeto sino algo ante lo cual todas las palabras se detienen y todas las categorías fracasan"13. En ese punto se produce una descomposición espectral de la función del yo, descomposición imaginaria, donde la imagen se fragmenta en distintos otros que Lacan llama la multitud de los bufones. A ellos apela Freud en su intento por resituarse subjetivamente, y es por quienes entra en juego el discurso en tanto insensato, falto de sentido. Pero el sinsentido en su forma más plena adviene bajo la visión de la fórmula de la trimetilamina que a la manera de letra, hace borde a la dilución imaginaria.

Es ese límite, ese borde, el que no respondiendo en determinados momentos de la psicosis provoca un caos creciente en lo imaginario. La metáfora delirante tiene la función de poner allí cierta regulación simbólica. Delirio restitutivo en Freud, metáfora delirante en Lacan son los nombres primarios para una suplencia al Nombre del Padre.

A partir de la concepción topológica del nudo borromeo el concepto de suplencia extenderá sus confines a otras configuraciones subjetivas. En R.S.I. se lee que la nominación no se presenta necesariamente unida al agujero de lo Simbólico.

< En el seminario siguiente14, la suplencia viene a paliar la falla del anudamiento en el mismo punto del error. En Joyce, es lo imaginario lo que aparece desligado y la escritura produce un abrochamiento entre real y simbólico bajo esa forma singular de ruptura del sentido. Esto hace de soporte a la función del ego y restablece cierto anudamiento. Es una suplencia que se produce, podría decirse espontánemente.

Otras veces es la intervención analítica la que da lugar a que esa suplencia se efectúe: Melanie Klein con su paciente Dick. El relato de las sesiones se torna especialmente significativo por mostrar el juego recíproco de los tres registros. Este niño posee un esbozo de imaginarización del mundo, pero falta la conjunción entre lo imaginario y lo real, que da lugar a la "bella forma"; por otro lado el lenguaje no se a enlazado a lo imaginario para producir el sentido. Klein introduce un enchapado como discurso del Otro, un enchapado por la simbolización del mito edípico que opera como nominación en lo real y desencadena la diferenciación de los registros. Se establece el parentesco rudimentario de la buena forma con el sentido.

En la neurosis la situación es otra porque un síntoma ha podido instalarse a partir de una suplencia fundamental: la del Nombre del Padre efectivizada en el registro de lo simbólico.

Con los tres registros Lacan piensa la estructura del sujeto, pero también los considera profundamente enraizados en la práctica analítica: ''Lo simbólico, lo imaginario y lo real es el enunciado de lo que obra efectivamente en vuestra palabra cuando se sitúan a partir del discurso analítico, cuando ustedes son el analista"15 El trabajo analítico es concebido desde esta perspectiva en la dirección de producir un nuevo anudamiento. En relación a lo real no se trata de que domine sobre lo simbólico, sino que ambos registros se anuden de otro modo; en cuanto a lo imaginario no es posible reducirlo sino elaborarlo, acomodarlo al deseo.

Por la operación analítica se producen simultáneamente dos nuevos empalmes, uno entre imaginario y simbólico, el saber inconsciente, y otro entre el síntoma y lo real: "por algún lado enseñamos al analizante a hacer empalme entre su síntoma y lo real parásito del goce. Esto es lo que caracteriza nuestra operación"16

Se hace un nuevo empalme por un artificio, que no es otro que la escritura. Al intervenir por el equívoco -lógico, gramático, homofónico-, la palabra toma su valor operatorio, su instancia de letra. La interpretación produce un corte: como la escritura poética, hace efecto de sentido y también efecto de agujero17.

El sentido como saber inconsciente, resulta del entrecruzamiento entre imaginario y simbólico. La interpretación produce el desciframiento, despliega el sentido. Pero como se lee en la Introducción a la edición alemana de los Escritos18, un mensaje descifrado puede seguir siendo un enigma y es en esto que hace agujero. Por eso la interpretación también estrecha el sentido. Si éste fuga por estructura, esa fuga es renovada por el trabajo del análisis.

La puntuación del analista, que en su diversidad siempre se sostiene en el medio decir, en lugar de absorción de lo imaginario por lo simbólico, presentifica lo que en la imagen es no especularizable. El recuento significante tiene el efecto de hacer aparecer allí el objeto a. Son los momentos de caída de identificaciones privilegiadas, donde se producen experiencias de angustia, ante las cuales la posición de Lacan fue considerarlas "menos como signos de límite que como signos de atravesamiento19" Pero si la consistencia imaginaria especular hace obstáculo al trabajo analìtico, también lo hace la angustia cuando se torna anonadante.

Como señal que muestra la forma en que cada analizante transcurre por esos momentos, su dosificación por la intervención del analista, permite retomar las vías del deseo, no para restituir la imagen narcisista, sino para hacer lugar a lo imaginario en su función de velo frente a lo real.

1 --Jinkis, Jorge; Los objetos, en revista Conjetural n°3, Ed.Sitio, Bs.As., 1988.

2 - Freud, Sigmund. Puntualizaciones sobre el amor de transferencia, en OC, Amorrortu ed., BsAs, 1980, T. XII.

3 --Freud, Sigmund, Los instintos y sus destinos, OC, Ed. Biblioteca Nueva, Madrid, 1968,T. I.

4 Lacan, J. Observación sobre el informe de Daniel Lagache, en Escritos, Siglo XXI ed., México, 1975.

5 Ibid.

6 Ibid.

7 Lacan, J. El concepto del análisis, en Los escritos técnicos Seminario I. Ed. Paidós. 1983.

8 Ibid.

9 - Lacan, J. El deseo y su interpretación. Seminario inédito. Clase del 7-1-59. Los puntos suspensivos y el paréntesis son nuestros.

10 -Fernández, Alberto, R.S.I. Recortes críticos de una práctica, en revista La Porteña n°4, abril 1999.

11 - Lacan, Jacques. El Sinthome. Seminario inédito. Clase 9-12-75.

12 - Lacan, J. R.S.I. Seminario inédito. Clase ll-3-75.

13 - Lacan,J. El yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica. Cap.XIII, XIV.Ed.Paidós 1983

14 - Lacan, Jacques. El Sinthome. Seminario inédito.

15 -Lacan, J. La tercera, en Intervenciones y textos 2. Ed.Manantial, BsAs, 1993.

16 -Lacan, J. El shintome. Seminario inédito. Clase del 13-1-76

17 -Lacan, J. L'insu…Clase del17-5-77 y El momento de concluir. Clases del 20-12-77 y 10-1-77. Inéditos

18 -Lacan, J. Introducción a la edición alemana de los Escritos, en revista Uno por uno, Nro 42, 1995.

19 -Lacan, J. Observación sobre el informe de Daniel Lagache, ob.cit.

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