» Colaboraciones
Semblante: el arco iris del cuerpo03/11/2020- Por Sergio Zabalza - Realizar Consulta
El texto propone, siguiendo las enseñanzas de Freud y de Lacan, un análisis sobre lo virtual y lo real que desemboca en la categoría del semblante. Este no se agota con la referencia del discurso, sino que está en la naturaleza y en un cuerpo que habla. ¿Qué vela el semblante? ¿Cuál es su función? ¿Qué ocurre cuando cae un semblante y la angustia aparece como sentimiento de verse reducido al propio cuerpo? ¿Un sujeto puro objeto?
Catrin Welz-Stein, “Rainbow” digital collage*
Abordamos aquí el semblante: una nodal categoría propuesta por Lacan tras la elaboración de sus cuatro discursos durante El reverso del Psicoanálisis y desarrollada un año después en su seminario no por nada titulado De un discurso que no fuera del semblante.
Por lo pronto, la confluencia entre lo virtual y lo real que presta la imagen del otro en virtud de la intervención del significante, no deja de producir consecuencias tras el giro efectuado en el texto de Radiofonía en que el registro simbólico sin necesidad de agente externo alguno se in-corpora, con la consecuente equiparación de los tres registros y el retiro del Gran Otro a cuarteles de invierno.
Vaya como contraejemplo la experiencia del sujeto esquizofrénico, cuyo desmembramiento del cuerpo en virtud de la dimensión real que en esta estructura adquiere lo simbólico, le priva de la consistencia que brinda un semblante en tanto articulación simbólico imaginaria al servicio de preservar al sujeto del Otro gozador.
Ahora bien, nos interesa dejar sentado que nuestra consideración sobre lo virtual y real que desemboca en la categoría del semblante no pretende conformarse en modelo ni constituirse como única vía de acceso a esta compleja noción, pero dado que en nuestra investigación hemos constatado la mención de meteoros tales como el arco iris ‒formulado por Lacan durante la experiencia del ramillete invertido del Seminario 1 dedicado a Los escritos técnicos de Freud y en este seminario titulado De un discurso que no fuera del semblante‒ nos pareció oportuno servirnos de esta mixtura entre virtual y real para dar cuenta de aquello que, por estar en la naturaleza, bien puede asimilarse a un simulacro o una apariencia del cual se nutre el discurso para incidir en lo real, de hecho Lacan ubica al analista en el lugar del semblante. Por algo, Gabriel Lombardi, señala que “los semblantes son del orden de una virtualidad” (Lombardi, 2020).
Es que el cuerpo que habla se conforma a partir de componentes virtuales –es decir: lo que está en potencia–, eso que tal como refiere Santo Tomás resulta “algo que sin ser real produce el mismo efecto que si lo fuera” (Biosca I Bar, 2009, p. 35). No por nada, en su seminario 1 Lacan desafiaba a su auditorio cuando decía:
“Cuando ustedes ven un arco iris ven algo totalmente subjetivo. (…) Sin embargo gracias a una cámara fotográfica pueden registrarlo objetivamente. ¿Qué es entonces? Ya no sabemos muy bien ‒¿verdad?‒ dónde se encuentra lo subjetivo y dónde se encuentra lo objetivo.” (Lacan, 1953-1954, p. 124)
Lo cierto es que tras varios años de enseñanza Lacan dirá que los semblantes están en la naturaleza, por eso un cuerpo que habla también: “Todo lo que es discurso solo puede presentarse como semblante, y nada se construye allí sino sobre la base de lo que se llama significante” (Lacan, 1971, p. 15), para luego referirse a su título De un discurso que no fuera del semblante y precisar que la frase: del semblante no se agota con la referencia discurso. Dice: “El semblante en el cual el discurso es idéntico a sí mismo –es un nivel del término semblante– es el semblante en la naturaleza” (Lacan, 1971, p. 15)
Al respecto, Miller observa:
“Que hay semblante en la naturaleza no implica que haya real. Realidad, toda la que se quiera, ¡pero no real! El uso idiosincrásico que hace Lacan del término real –y que sin duda se extendió– implica, por el contrario, que no hay real en la naturaleza, que este se presenta en ella cuando los semblantes se ordenan, se coordinan de modo tal que llegan a prescribir lo imposible. (…) Por eso digo De la naturaleza de los semblantes. Cuando se introduce la dimensión de lo imposible y, con ella, lo real, hay estructura y ya no naturaleza. Según lo utiliza Lacan, lo real aparece como consecuencia de lo imposible”. (Miller, 2001, p. 14)
Para más datos, en su seminario 18 De un discurso que no fuera del semblante, Lacan deja en claro esta perspectiva cuando señala:
“Descartes escribió un tratado sobre los meteoros. El paso decisivo, uno de los pasos decisivos, concierne a la teoría del arco iris, y cuando hablo de un meteoro, hablo de algo que se define por estar calificado como tal como un semblante. Aún entre la gente más primitiva, nunca nadie creyó que el arco iris fuera algo que estaba allí, curvado y trazado”. (Lacan, 1971, p. 15)
Para luego precisar con un ejemplo paradigmático la emergencia que lo simbólico imprime en la naturaleza:
“El meteoro más característico, más original, ése que sin duda se liga a la estructura misma de lo que es discurso, es el trueno. Si terminé mi ‘Discurso de Roma’ recordando el trueno, no fue en absoluto por capricho. No hay Nombre-del-Padre que se sostenga sin el trueno” (Lacan, 1971, p. 15)
Al respecto se hace interesante, por ejemplo, considerar el valor que adquiere la sombra. En efecto ¿quién podría desconocer la relevancia de esa compañía que para bien o mal nos asiste como vivo testimonio de que nos sostiene un cuerpo?
Una vez más, para el habla ser: ¿qué es más real: el cuerpo o su sombra? ¿Hay uno sin la otra? Por lo pronto, ésta última no deja de ser una oportuna pregunta para lo que de la relación entre los sexos se trata. Para decirlo de una vez: más allá del sexo anatómico, hombre y mujer no son más que semblantes con que abordar la No relación Sexual: ese hueco donde naufraga toda esperanza de complementariedad.
No por nada, Slavoj Zizek arroja ésta por demás lúcida observación sobre la castración que afecta a todo habla ser, cualquiera sea el soma que le haya tocado en suerte:
“Así pues, si la mujer no existe, el hombre tal vez sea simplemente una mujer que cree que ella sí existe” (Zizek, 2003, p. 111)
El semblante es una suerte de velo dispuesto para ocultar una nada. En definitiva una máscara que por cubrir no deja de mostrar, secreto de toda seducción cualquiera sea el semblante elegido por un sujeto en la comedia que da cita al encuentro con el Otro sexo. Por algo, el falo es el semblante que por excelencia construye ese juego de miradas, presencias y ausencias, obstáculos y permisos a través de los cuales el pudor desliza las claves por donde lo real de los cuerpos se viste de deseo.
Según Silvia Tendlarz:
“El falo así planteado queda articulado a la negatividad propia del deseo y de la castración. El ser se inscribe del lado del semblante y ambos se oponen a lo real y, al mismo tiempo, el ser no se opone al parecer sino que se confunde con él. El velo ocupa así un lugar esencial en medida en que esconde, disimula la castración, el velo mismo cubre la nada”. (Tendlarz, sin fecha)
Lo cierto es que en 1972 Lacan inventa el neologismo parêtre para dar cuenta de esta condición por la cual un cuerpo que habla es un puro ser de semblante. En efecto, durante El Atolondradicho señala que:
“El dicho primero , idealmente espontáneo, del analizante solo tiene sus efectos de estructura en tanto “parsea” [parsoit] el decir, dicho de otra manera que la interpretación haga apareser [parêtre]” (Lacan, 1972, p. 512).
Es decir, que la interpretación haga presente en el Hablaser su condición de puro semblante.
De manera contemporánea, durante el seminario 20 “Aún”, Lacan precisa:
“¿Acaso no es verdad que el lenguaje nos impone el ser y nos obliga como tal a admitir que del ser, nunca tenemos nada? Hay que habituarse a sustituir este ser que huye por el para-ser, el para ser, el ser de al lado” (Lacan, 1972-1973, p. 58)
Y ya durante el seminario 24 Lo no sabido que sabe de la Una equivocación se ampara en la morra, refiere:
“La ortografía que di al nombre ‘paraître’ [parecer, aparecer] que escribo ‘parêtre’ [paraser]. Sólo hay ‘parêtre’ del que podemos saber, [dado que] el ser, llegado el caso, no es sino una parte del ‘parlêtre’ [habla-ser, ser-hablante], es decir, de lo que está hecho únicamente de lo que habla [de ce qui parle] (Lacan, 1976-1977, clase del 15 de febrero de 1977, inédita).
Al respecto, Miller recapitula todo este movimiento cuando dice:
“Lacan consideraba que esta relación entre los sexos se estructuraba por un eres mi mujer. Cuando, en realidad, este eres mi mujer solo se sostenía si recibía del otro lado la respuesta de un no lo eres (no eres el falo); lo tienes, quizás, pero no lo eres. En otras palabras (…): el falo me importa un carajo. Y Lacan podía destacar, desde ‘La Significación del Falo’, que la función de la máscara domina las identificaciones. Estas identificaciones que constituyen el carácter cómico de las relaciones entre los sexos, están completamente ligadas al fracaso o al rechazo de la demanda” (Miller, 2001, pp. 158 y 159)
Para ilustrar el punto bien podemos servirnos de los ejemplos que brinda el arte. Tomemos por caso “El baile” de Ettore Scola, una película de señero linaje cuya sola escena consiste en un salón de baile donde los cuerpos dejan mostrar la tensión, angustia y ansiedad previa a la aceptación o rechazo del partenaire anhelado.
“No hay diálogos. Sólo el duelo que unos seres muy particulares sostienen con su propia imagen en el duro trance de abordar al Otro sexo. Como si cada uno bailara con su propia soledad” (Zabalza, 2010)
Al respecto, nada mejor que citar la denominada “previa” en que los adolescentes –y muchos que ya no lo son– construyen una escena con que luego salir al mercado erótico: sea una rave; un boliche; o la esquina donde tomar cerveza. Decimos que:
“La previa, ese espacio de tiempo anterior al programa elegido, se da en un adentro, generalmente un hogar, propicio para generar cierto tono donde, aunque no se escatime el entusiasmo, prevalece una reserva, una discreción e intimidad opuestas al carácter público y anónimo del afuera, la salida propiamente dicha. La previa pude durar horas.
En forma velada o explícita, se dirimen allí intensos conflictos, se establecen alianzas, jerarquías y subordinaciones, se miden fuerzas, se formulan promesas y confesiones, se renuevan rituales y también se previenen traiciones, al resguardo de la privacidad que brinda el ensayo. Se organiza todo un sistema de defensa, mediatizado por la mera confrontación de los ‘semblantes’: qué te pusiste, qué te ponés, qué te hiciste y qué te hacés”. (Zabalza, 2010)
Lo llamativo es que tanto la extensión como los hábitos de consumo de esta práctica denominada “previa” dejan ver “la inhibición generalizada” (Zabalza, 2018, p. 107) propia de la subjetividad de nuestros días. En definitiva una suerte de estética que, lejos de propiciar el encuentro de los cuerpos, obedece al empuje a gozar que nuestra época imprime al ritmo de una imperativa e inmediata satisfacción.
Se trata del:
“Uno solo. Solo en su goce (radicalmente autoerótico) tanto como en su significancia (fuera de la semántica)” (Miller, en Lacan 1971-1972, 2012, contratapa).
Al respecto, en un artículo publicado en el año 2016 bajo el título “Cuerpos sin agua, aire ni tiempo”, redactado a propósito de la muerte de cinco jóvenes acaecidas durante una fiesta electrónica en la ciudad de Buenos Aires, tuvimos oportunidad de señalar que:
“De hecho, la propuesta estética de la música tecno: ese pum, pum, uno, uno, que golpea en el cuerpo como un mantra a lo largo de la noche, conforma un ritmo que invita a centrarse en la propia percepción. Una suerte de éxtasis cuyo efecto de empatía con el entorno no hace más que acallar la diferencia y el límite que encarnan tanto el semejante como las posibilidades del propio cuerpo. Se trata de un fenómeno de iteración percusiva que no establece lazo; es decir: si la repetición convoca al estribillo en que cantan los nosotros, aquí cada Uno se basta a sí mismo, apoyado en la Uniformización que borra al Otro. Así: no hay historia”
(Zabalza, 2016)
Como dice el filósofo Byung Chul Han, se trata del tiempo atomizado, en el que
“No hay nada que ligue los acontecimientos entre ellos generando una relación”. (Han, 2015, p. 37)
Desde este punto de vista bien podríamos concluir en que el consumo de drogas reemplaza a la virtualidad con que los semblantes visten un cuerpo, es decir: las palabras, los gestos, el movimiento, la memoria, insinuación y seducción con que un cuerpo adquiere consistencia.
De hecho, quizás no deje de ser oportuno recordar que una de las últimos versiones de las drogas de diseño lleva como título “Sound cloud” (El Español, 2019), cuya traducción por hacer referir un sonido de nubes nos resulta por demás vecina al arco iris, paradigma del semblante si los hay.
En definitiva, para decirlo de una vez: lo que un cuerpo logra reservar en potencia preserva al sujeto de la irrupción del pasaje al acto. De hecho, así parece señalarlo Lacan cuando observa que:
“En los límites del discurso, por cuanto éste se esfuerza en sostener el semblante mismo, hay de tiempo en tiempo real. Lo llamamos pasaje al acto, y no veo mejor lugar para designar lo que esto quiere decir. Observen que en la mayoría de los casos el pasaje al acto es cuidadosamente evitado. Solo ocurre por accidente”. (Lacan, 1971, p. 32)
Se advierte de esta manera la aguda observación que Lacan vierte en La Tercera (Lacan, 1974, p. 27) según la cual la angustia es el sentimiento de verse reducido a su propio cuerpo, es decir, cuando se disipa el semblante y el sujeto se asimila a un puro objeto, cosa que la breve novela El arrebato de Lol V. Stein (Duras, 1964) de Marguerite Duras describe de manera prodigiosa al dejar en claro la manera en que un cuerpo se hace cargo de las palabras que una boca ha renunciado a pronunciar.
Quizás por eso, “No hay que jugar con los semblantes” (Miller, 2001, p. 12) recomienda Miller. Y no es para menos, en tanto seres que hablamos con el cuerpo, no contamos con otro recurso que el semblante.
Ahora bien, en su texto sobre La categoría lacaniana de semblante, Santiago Thompson refiere:
“Entendemos que Lacan lo extiende a la representación del cuerpo: el semblante es el cuerpo en lo que tiene de representación. El cuerpo parece algo que no es (aquí tenemos toda la vertiente de su unidad imaginaria, que vela el organismo) y es soporte de un discurso, que está regulado por el semblante que lo soporta. Que un discurso este regulado por un semblante, quiere decir entonces: regulado por el cuerpo que hace de soporte a ese discurso. A partir de sostener un discurso, un cuerpo se subjetiva: la posición subjetiva es entonces un efecto del semblante. El semblante como categoría tiene relación con el soporte corporal que da, justamente, cuerpo a un discurso”. (Thompson, 2014, p. 572)
Así parece sostenerlo Lacan cuando en su clase del 21 de junio de 1972, no por nada titulada Los cuerpos atrapados en el discurso, juega con la homofonía significante para referir que:
“si existe algo denominado discurso analítico, se debe a que el analista en cuerpo [en corps y encore: ‘aún’, ‘otra vez’] con toda la ambigüedad motivada por ese término, instala el objeto a en el sitio del semblante” (Lacan, 1971-1972, p. 226, los corchetes son nuestros) para luego precisar “lo que está en juego en el semblante de cuerpo. Es el discurso en su relación (…) con la nada” (Lacan, 1971-1972, p. 227).
Ahora bien, pocas referencias podrían ser tan amables con nuestra hipótesis según la cual la concepción del cuerpo determina la dirección de la cura cuando, luego de todo este recorrido por el semblante y el cuerpo, Lacan afirma:
“Lo Real, es el sentido en blanco (le sens en blanc), dicho de otro modo el sentido-blanco (sens-blanc) por el cual el cuerpo hace semblante (semblant), semblante por el que se funda todo discurso” ( Lacan, 1974-1975, inédito, clase del 11 de marzo de 1975, p. 113).
Por lo pronto, si el cuerpo hace semblante de una nada, nuestra próxima entrega versará acerca de la operación analítica que posibilita hacer lugar al real que alberga el cuerpo del sujeto.
Arte*: https://www.facebook.com/CWelzStein/
https://www.instagram.com/catrin_welzstein/
Catrin Welz-Stein (1972) es artista digital alemana, realiza collages aplicando diversas técnicas en imágenes.
Bibliografía
Biosca I., Bas, A. (2009) Mil años de virtualidad: origen y evolución de un conceptcontemporáneo Eikasia. Revista de Filosofía, año V, 28 (septiembre 2009). http://www.revistadefilosofia.org Rescatado en https://www.researchgate.net/publication/277123644_Mil_anos_de_virtualidad_origen_y_evolución_de_un_concepto_contemporaneo
Dura, M. (1964) El arrebato de Lol V. Stein, Barcelona, Tusquets Editores, 1987.
El Español (2019) Tesla, Phillip Plein y Sound Cloud, Las nuevas pastillas de éxtasis más peligrosas por su potencia.
https://www.elespanol.com/reportajes/20190406/tesla-philipp-plein-soundcloud-pastillas-peligrosas-potencia/388712233_0.html
Han, B. (2015) El aroma del tiempo, Buenos Aires, Herder.
Lacan, J. (1953-1954). El Seminario: Libro 1, “Los escritos técnicos de Freud”. Barcelona: Paidós, 1981.
Lacan, J. (1969-1970) “El Reverso del psicoanálisis”, Buenos Aires, Paidós, 1992.
Lacan, J. (1970). “Radiofonía”, en Otros Escritos. Buenos Aires: Paidós, 2012.
Lacan, J. (1971) El Seminario: Libro 18 “De un discurso que no fuera del semblante”, Buenos Aires, Paidós.
Lacan, J. (1971-1972). El Seminario: Libro 19, “… o peor”. Buenos Aires, Paidós, 2012.
Lacan, J. (1972) El Atolondradicho, Buenos Aires, Paidós.
Lacan, J. (1972-1973). El Seminario: Libro 20, “Aún”. Buenos Aires, Paidós, 1981.
Lacan, J. (1974) “La tercera”, en Revista Lacaniana Nº 18, mayo 2015.
Lacan, J. (1974-1975) El Seminario: Libro 22: “R.S.I”. Inédito. Versión de tapas amarillas sin marca editorial.
Lacan, J. (1976/1977). El Seminario: Libro 24, “L’insu que sait de l’une bevue s’aile á mourre”, lección del 16 de noviembre de 1976, parcialmente establecida por J. –A Miller para su publicación en Ornicar?, nº 12/13, 1977, pp. 4-9. Inédito, (tomado de un texto sin indicación editorial, trad. Susana Sherar y Ricardo Rodríguez Ponte).
Lombardi, G. (2020) Ponencia en la Jornada por el Día de la Salud Mental, 9 de octubre 2020.
Mesa 2. Rescatado en: https://www.youtube.com/watch?v=MBmLrRBJdbI&t=2396s (36´30´)
Miller, J. A. (2001). De la naturaleza de los semblantes, Buenos Aires, Paidós.
Miller, J. A (2012) en Lacan, J (1971-1972) El Seminario: Libro 19: “…ou pire”, contratapa
Tendlarz, S. (sin fecha) El Semblante entre un hombre y una mujer. Rescatado en :
http://www.silviaelenatendlarz.com/index.php?file=Articulos/Las-mujeres-y-el-amor/El-semblante-entre-un-hombre-y-una-mujer.html
Thompson, S. (2014) La categoría lacaniana de semblante. Rescatado en: https://www.aacademica.org/000-035/730.pdf
Zabalza, S. (2010) “La “Previa” adolescente”, en Diario Página 12 del 26 de agosto de 2010. Rescatado en: https://www.pagina12.com.ar/diario/psicologia/9-151989-2010-08-26.html
Zabalza, S. (2016) “Cuerpos sin agua, aire, ni tiempo”, en Diario Página 12 del 19 de abril de 2016. Rescatado en: https://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-297321-2016-04-19.html
Zabalza, S. (2018) El cuerpo impactado, Buenos Aires, Letra viva, 2018.
Zizek, S. (2003) El sublime objeto de la ideología, Buenos Aires, Siglo XXI.
© elSigma.com - Todos los derechos reservados



















