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Aislamiento, privación y angustia08/05/2020- Por Marcelo Grigoravicius y Agustina Toso - Realizar Consulta
¿Cómo nos afecta el aislamiento? Creemos oportuno enumerar distintos observables de la presencia de malestar psíquico, que se nos presentan y nos mueven a reflexionar, como así también las formas de tramitación posibles de la angustia en el actual contexto de pandemia y cuarentena. Valga la siguiente lectura desde el psicoanálisis a tal fin.
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“Una de las pocas impresiones gozosas y reconfortantes que se pueden tener de la humanidad es la que se ofrece cuando, frente a una catástrofe desatada por los elementos, olvida su rutina cultural, todas sus dificultades y enemistades internas, y se acuerda de la gran tarea común: conservarse contra el poder desigual de la naturaleza”. Sigmund Freud, 1927.
El aislamiento social, preventivo y obligatorio decretado en Argentina el 20 de marzo de 2020 a causa de la pandemia por el COVID-19 puede ser pensado como una prohibición que nos enfrenta a la privación de nuestra rutina habitual tal como nos era dada.
Vale la pena mencionar la distinción que realiza Freud (1927) entre “<frustración> [denegación] al hecho de que una pulsión no pueda ser satisfecha; <prohibición>, a la norma que la establece y <privación> al estado producido por la prohibición” (p. 10). La capacidad de adaptación a dichas privaciones dependerá de cada persona en función del grado de internalización que cada uno tenga de las normas sociales y culturales que rigen la convivencia entre personas.
¿De qué nos priva la prohibición que implica este aislamiento? ¿Cómo nos afecta? Si bien acompañamos la medida sanitaria, creemos oportuno enumerar distintos observables de la presencia de malestar psíquico, que se nos presentan y nos mueven a reflexionar: trastornos del sueño, ansiedad, decaimiento del deseo sexual, contracturas corporales, malestares intestinales, dolores de cabeza. Algunos datos de interés: durante los primeros 25 días de cuarentena ha aumentado en un 2000% el consumo de helado y la levadura para hacer pan casero[1].
Estos observables nos recuerdan a los signos que Freud enumeraba al tratar las neurosis de angustia. Vale recordar que las manifestaciones de la angustia no son solamente las palpitaciones y la sudoración célebres gracias a los llamados “ataques de pánico”.
Ahora bien, ¿De qué angustia se trata? Freud (1926) distingue la angustia señal como aquella que advierte del peligro y por la cual se genera un proceso defensivo o de huida; y la angustia traumática como aquella que sobreviene de manera automática. Considera Freud que la angustia señal es acorde con el fin, pues previene ante la presencia de un peligro; pero la angustia traumática no lo es.
Esta última, carece de todo contenido psíquico. Implica revivir sensaciones arquetípicas del sujeto, análogas al trauma de nacimiento, donde aún no se encontraba diferenciado el aparato psíquico y tampoco había sido relevado el proceso primario por el secundario. Se trata de manifestaciones corporales sin carácter simbólico.
Inicialmente en su obra, Freud intenta deslindar la angustia realista de la neurótica. La angustia realista se trata de la angustia frente a un peligro real, en el caso del coronavirus, lo es; el peligro al contagio y la salvaguarda de la propia vida. Sin embargo, creemos que la angustia que se incrementó y generalizó a partir del decreto del aislamiento social preventivo y obligatorio, es una angustia neurótica, que proviene de un estado de privación, y que nos enfrenta a un momento de incertidumbre, de falta de respuestas y de referentes.
En este caso, ¿qué es lo realmente peligroso? Freud nos dice que se trata de un exceso de energía que no puede tramitarse, un exceso que nos deja arrasados, donde el yo no puede enseñorearse; eso es lo que lo hace traumático. Se trata de una situación que nos remite inevitablemente a la posición infantil característica de nuestro desvalimiento. Desvalimiento que necesita de un auxilio ajeno, tal como el que se evidencia en estos momentos.
Ahora bien, ¿Cómo se responde a la angustia? Podrían intentarse respuestas por la vía evitativa del sufrimiento o por la vía de la transformación. La transformación es lo opuesto de la evitación, sólo hay transformación con un pasaje por el dolor, por lo inevitable, por la pérdida. Transformar implica procesar, ligar esta energía.
En base a nuestras observaciones se perfilan diferentes respuestas a la angustia:
Por la vía pulsional
Para influir sobre el propio cuerpo uno puede utilizar los “quitapenas” (1927), claramente en el sentido de la evitación del dolor por satisfacciones sustitutivas, como “comer” vorazmente: alimentos, series, libros, noticias, etc.; también se puede considerar la descarga sexual y la actividad física, entre otros. El tema es que la pulsión nunca se satisface y la exigencia entonces entra en un circuito sin fin.
Por la vía del lazo social
La obligatoriedad del aislamiento que nos priva de los lazos sociales produce un aflojamiento libidinal, se retrae la libido del mundo externo y se vuelca en el yo. Este exceso en el yo, provoca angustia, así como la masa de pronto se disuelve y entra en pánico. ¿Surge de ahí la necesidad imperiosa de verse y ser visto, de “juntarse” virtualmente, como una manera de darle tramitación a esa libido?
Además, podemos pensar lo necesario del soporte narcisista de la imagen de los otros a través de la mirada. La tecnología permitiría recuperar algo del lazo social perdido como consecuencia del aislamiento y por otro lado, podría fortalecer al yo.
Por la vía del encuentro de referentes, en tiempos de la supuesta “declinación de la autoridad”
Sostiene Freud (1927) que ante las situaciones de crisis, para lograr el orden se dependerá del líder de las masas “Todo anda bien si esos conductores son personas de visión superior en cuanto a la necesidades objetivas de la vida y que se han elevado hasta el control de sus propios deseos pulsionales” (p. 7). Se ha observado la aparición de los motes de “conductor”, “capitán”, “jefe”, etc. hacia algunos dirigentes políticos, que por sus intervenciones públicas produjeron alivio y confianza en la población.
Esto responde asimismo al desvalimiento infantil, esta angustia desbordante encuentra la canalización en la ilusión del ser cuidado y protegido por figuras paternas o maternas. No por nada son los continuos llamados a la “responsabilidad” de cada ciudadano, como las figuras parentales reclaman a sus hijos.
Otros encuentran dicho consuelo en la religión, o en la palabra de “expertos” reproduciendo siempre ese modelo parental, con los consecuentes procesos de idealización de dichas figuras. No es casual que se espere a la vacuna como la llegada de la “salvación”, profundizando un estado de espera angustiosa.
Esto tiene una doble faz: El lugar infantil de desprotección refuerza la angustia de desvalimiento dejando al yo en estado de continua espera del Otro. Reforzando los sentimientos de impotencia/desamparo, se puede virar de la esperanza mesiánica a la desesperación o a la resignación depresiva.
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Tras el anuncio, Alberto Fernández respondió mensajes y compartió dibujos hechos por chicos.
Foto: CEDOC PERFIL
Por la vía de lo simbólico
Existe toda una vía que implica la tramitación de la angustia: la palabra, la sublimación, el juego, las actividades creativas, los chistes, el humor, los “memes”[2], los sueños a partir de los cuales se transforma lo intolerable. Es notoria la cantidad de personas que refieren mayor profusión de sueños en esta cuarentena.
Para no quedar inermes ante la amenaza del virus, ¿Qué podemos hacer? Así como el niño juega con el carretel arrojándolo, convirtiendo una conducta pasiva en una activa; nosotros “viralizamos” la realidad, hacemos circular chistes que encuentran una vía posible para la satisfacción pulsional a través de la risa, pero que además, permiten tramitar algo de lo traumático.
Por ejemplo, el “meme” de rituales funerarios en Ghana, donde muestra cómo reciben la muerte (muy distinto que en occidente) aparece como la contracara del “contador” mundial de muertes que vemos a diario en los noticieros y que funcionan como un morbo casi pornografico (Gorer, 1955). Justamente esto último, por su fascinación vela y esconde lo horroroso, lo que no tiene sentido.
Como hemos analizado en otros artículos donde reflexionamos sobre el duelo (Grigoravicius y Toso, 2020) consideramos que la época de la hipermodernidad empuja a “evitar el dolor” por la vía de lo pulsional, desmintiendo lo inevitable. No obstante, debemos mencionar que las singularidades de cada persona y los instrumentos simbólicos de los que dispone determinan el tipo de respuesta a la angustia. Incluso puede pensarse que existen diferentes modos de respuesta de una misma persona dependiendo la intensidad del malestar.
Esta situación inédita que nos interpela desde lo humano y desde lo profesional, nos convoca a cuestionarnos y generar ideas, posibles respuestas que nos ayuden a comprender un poco el malestar actual. Mientras tanto, hacemos nuestras las últimas palabras de Freud en el Malestar en la Cultura “¿Pero quién puede prever el desenlace?” (p. 140).
Imágenes*:
N° 1: trabajadores ghaneses danzan portando un féretro facilitando formas de tramitar el duelo entre el dolor y lo festivo. https://www.milenio.com/virales/meme-hombres-africanos-bailando-ataud-origen-historia
N° 2: https://www.perfil.com/noticias/politica/coronavirus-tras-anuncio-alberto-fernandez-respondio-mensajes-y-compartio-dibujos-posteados-por-ninos.phtml
Bibliografía
Freud, S. (1921). “Psicología de las masas y análisis del yo”. En Obras Completas, Tomo XVIII. Buenos Aires: Amorrortu editores. 1996.
Freud, S. (1926). “Inhibición, síntoma y angustia”. En Obras Completas, Tomo XX. Buenos Aires: Amorrortu editores. 1996.
Freud, S. (1927). “El porvenir de una ilusión”. En Obras Completas, Tomo XXI. Buenos Aires: Amorrortu editores. 1996.
Freud, S. (1930). “El malestar en la cultura”. En Obras Completas, Tomo XXI. Buenos Aires: Amorrortu editores. 1996.
Gorer, G. (1955). La pornografía de la muerte en R. Fulton, E. Markusen, G. Owen & J.
Grigoravicius, M. y Toso, A. (2020). Amor y duelo: Los límites de la teoría freudiana. Revista Imago, 207, 41-42.
Valli, P. (14 de abril de 2020). “Los cinco productos más vendidos por internet por la cuarentena”. Perfil. Recuperado de: https://www.perfil.com/noticias/economia/los-5-productos-mas-vendidos-por-internet-por-el-covid-19.phtml
[1] Los cinco productos más vendidos por internet por la cuarentena, 2020. Disponible en:
https://www.perfil.com/noticias/economia/los-5-productos-mas-vendidos-por-internet-por-el-covid-19.phtml
[2] El término meme es utilizado para nombrar contenidos que se difunden a través de internet y que logran la masificación causando gracia. Suelen ser imágenes acompañadas por texto, videos cortos, etc.
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