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De la reclusión a la desaparición

23/09/2009- Por Carlos Paola - Realizar Consulta

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Desde una polarización falaz que invoca una ineficiencia estatal, se encubre la polarización de la sociedad. Y, desde un lenguaje empresarial que invoca una eficacia "apolítica", se justifica la empresa de engullirse desde los recursos naturales hasta el último centavo de las instituciones públicas. Es en este contexto que hoy, en Buenos Aires, pesa la amenaza de cierre y desmantelamiento de los Hospitales Psiquiátricos, y se produce el desplazamiento de algunos directores y designaciones "a dedo" que desconocen la ley de Salud Mental (448). Si la estructura de poder del Estado Moderno promovió la Reclusión de la locura, la estructura de poder de la Globalización promueve su Desaparición.

“Mi amigo: No soy lo que parezco. Mi apariencia no es el traje que visto, un traje cuidadosamente tejido que me protege a mí de tu curiosidad y a ti de mi negligencia.

El yo que hay en mí habita en la casa del silencio y, en ella, vivirá para siempre inadvertido, inaccesible.

No quisiera hacerte creer en lo que digo ni confiar en lo que hago, porque mis palabras no son sino tus propios pensamientos y mis acciones, tus propias esperanzas.

Cuando tú dices que el viento sopla hacia el este, yo digo que sí, que hacia el este sopla porque no quisiera hacerte saber que mi mente no medita sobre el viento sino sobre el mar. Tú no puedes comprender mis pensamientos ni yo quisiera hacértelos entender.

Cuando es de día para ti, amigo mío, es de noche para mí.

Sin embargo, hablo del medio día que danza sobre los bosques y de la sombra escarlata que se abre paso sigilosamente por el valle, porque tú no puedes oír los cantos de mi oscuridad ni ver mis alas golpear contra los astros. Cuando tú asciendes a tu cielo, yo desciendo a mi infierno. Incluso, tú me llamas a través del infranqueable abismo. Mi amigo, yo te respondo porque no quisiera que vieses mi infierno. La llama quemaría tus ojos.

Amigo mío, tú eres bueno, cauto y prudente. Más aún, eres perfecto. Y yo también hablo contigo sabia y cautelosamente. Y sin embargo estoy loca. Pero encubro mi locura. Prefiero ser loca sola. ¿Cómo hacértelo comprender?

Mi camino no es tu camino. Sin embargo caminamos juntos, con afectos unidos.

P.D.: ¿Acaso mi interior se pone en evidencia?”

 

Al retomar su análisis en el Ameghino luego de una de sus internaciones, así me escribía Lucía, una mujer uruguaya de mediana edad, quien a los 40 años, tras la desaparición de su hermano, “sin saber por qué y abandonándolo todo en Montevideo”, tuvo el impulso de venir a vivir a Buenos Aires.

Su escritura de estilo literario (que, “dictada por la inspiración”, recrea un texto de Jalil Gibrán[1]), contrasta tanto con la deriva de su vida como con lo desalineado de su presencia. Su decisión de dejar en reserva su producción, permite leer las consecuencias que, en la discursividad de los pacientes, tiene el discurso social de la segregación de la locura: la auto-reclusión.

 

Aprendimos a decir con Foucault que, en el discurso “euro-céntrico”, la exclusión de la locura es contemporánea del racionalismo cartesiano y constituye el relevo del lugar de los leprosos en la Edad Media.

Dicha segregación, sostenida en una definición estoica de la locura como “ausencia de razón” (alejada hasta el paroxismo de los cuatro sentidos Platónicos: profética, purificadora, poética y amorosa), hizo de la locura un mal a ser combatido. Así, desde la estructura de poder político del capitalismo industrial, que es el Estado Moderno, identificando razón con razón de Estado, se organiza la reclusión de la locura: considerada un rechazo a la normalidad y al orden establecido, se apunta a un control médico-policial de la sociedad.

Paradójicamente y, tal como lo evidencia la escritura de Lucía, nada más razonante que la locura. Decía Gilbert Chesterton en 1908[2]: “Loco es el hombre que lo ha perdido todo menos la razón”.

Y aún: el lugar de “desecho recluido” no es el único destino posible en la psicosis. Notables hombres como Louis Althusser, Georg Cantor, Jean Jacques Rousseau, por mencionar sólo algunos, han dejado profundas marcas en la cultura a pesar (o a causa) de su estructuración psicótica.

Si bien Freud subvierte esta concepción postulando la psicosis como garante de la teoría psicoanalítica, ¿cuánto de ella todavía sin subvertir determina en su teorización la segregación de la psicosis del campo de lo analizable? ¿Y cuánto nos sigue determinando aún...?

El planteo freudiano supone en el origen un “interior” que pasa progresivamente del autoerotismo a la elección de objeto, estableciendo una división taxativa entre realidad psíquica y realidad exterior[3]. Desde esta perspectiva que no da cabida a la radical exterioridad del Otro[4], formula la introversión de la libido para fundamentar la imposibilidad de transferencia en la psicosis.

Será el planteo de Lacan el que le dará cabida al postular que el sujeto está de entrada en el exterior. Lo dirá tanto con el estadio del espejo, como con la formulación “el inconsciente es el discurso del Otro”. Para preguntarse en el ’76: ¿por qué un hombre llamado “normal” no se da cuenta que la palabra es un parásito? y ¿cómo es que hay algunos que llegan a sentirlo?[5]

Podemos preguntarnos, entonces: ¿por qué tendemos a suponer más loco y más deficitario el sentimiento de esa radical exterioridad del Otro que su desconocimiento?

Desde lo “intramitable” de la herencia paterna, ¿suponemos analizable sólo lo que viene formulado desde la discursividad histérica?

En la perspectiva lacaniana, el lugar del psicótico es el de “testigo de algo que acontece en el lugar del Otro”[6]. Perspectiva que permite alojar aquello que la clínica impone:

·                               “El loco es altamente permeable a lo social, al punto de que”[7] esa sintaxis original está hecha con “jirones, retazos, hebras de nuestra historia.”[8]

·                               Cuando el “loco” decide atestiguar, como Schreber con su libro, se dirige al Otro, habilitando el lugar del analista (aunque no siempre encuentre allí disposición para acoger su palabra).

 

Recuerdo que, hace unos años, atendía en el Ameghino a José, un hombre de mediana edad, quien, luego de muchos rodeos y armándose de coraje, dijo:

- Yo tengo algo muy importante para contar. Le soy franco: cada vez que lo intento me va muy mal. Pero decidí jugarme porque algo de acá me inspira confianza. Le cuento: Usted ya lo sabrá o se habrá dado cuenta. Yo soy el sucesor de Aristóteles Onassis. Es una herencia de honor.

Tras haber recibido altas dosis de haloperidol en cada intento anterior, a lo largo de diez años de tratamientos, tenía la presunción de que no se podía hablar de eso, al menos, hasta encontrar a algún doctor que no se confabulara con María Julia Alsogaray en su contra. Recuerdo también que José, quien se consideraba comunista, un día confesó:

- Quisiera ser un burgués para vivir sin laburar.

Yo inmediatamente retruqué: - Los burgueses se quedarán con la plusvalía, pero laburan.

Este hombre, con sonrisa indulgente y espíritu didáctico, contestó:

- No se confunda, Doctor. Esa es la concepción marxista que estuvo vigente hasta la década del ’70. Usted habla de los burgueses como los dueños de los medios de producción. Eso es viejo. Ahora hay una nueva clase burguesa que no labura: deportistas, artistas y políticos.

Debo admitirlo: fue de la mano de la psicosis que yo me terminé de desayunar de la diferencia entre el capitalismo industrial y el capitalismo financiero...

Porque tal como lo explicó José, fue en la década del ’70 que en nuestro país, bajo el pretexto de “internacionalizar” la economía, se abrieron las puertas a esas salvajes reglas de usura y especulación que el primer mundo propuso para las “colonias”.

Miles desaparecieron.

Millones cerraron los ojos...

 

Pero esa no fue la única desaparición masiva y programada en Argentina.

Tango, milonga, mucama y quilombo son marcas dejadas en lalengua por los negros descendientes del esclavismo que, como “carne de cañón”, desaparecieron en las guerras de la Independencia y de la Triple Alianza. También desparecieron las poblaciones originarias a consecuencia de la colonización y la conquista del desierto que implementaron el genocidio como método sistemático para la apropiación de territorio. No en vano ironizaba Borges: “Los argentinos descendemos de los barcos”...

En esta nueva fase de acumulación, las elites dominantes estructuran la Globalización de su poder, imponiendo la “libre” circulación de mercancía y capital financiero. Para ello precisan del desmantelamiento del Estado y sus funciones de control y regulación en los países periféricos.

Discursivamente, se valen de corporaciones mediáticas y tecnologías de información[9], induciendo en la subjetividad, tanto el endiosamiento del mercado y lo privado, como el desprestigio de la política y lo público[10]. Así, desde una polarización falaz que invoca una ineficiencia estatal, se encubre la polarización de la sociedad. Y, desde un lenguaje empresarial que invoca una eficacia “apolítica”, se justifica la empresa de engullirse desde los recursos naturales hasta el último centavo de las instituciones públicas.

 

Es en este contexto que hoy, en Buenos Aires, pesa la amenaza de cierre y desmantelamiento de los Hospitales Psiquiátricos. Amenaza que comenzó a perfilarse con el llamado a concurso de un mega-proyecto inmobiliario para un supuesto Centro Cívico, con la implementación de protocolos de investigación farmacológica que violan los derechos humanos, con el desplazamiento de algunos directores y con designaciones “a dedo” que desconocen la ley de Salud Mental (448).

En caso de cumplirse esta amenaza, bajo el hipócrita argumento de la desmanicomialización, dejará a miles de pacientes en la calle.

Si la estructura de poder del Estado Moderno promovió la Reclusión de la locura, la estructura de poder de la Globalización promueve su Desaparición.

La Reclusión, aunque encarnando el lugar de resto, conserva un lugar jurídico en el Sistema. La Desaparición, tal como lo recuerda nuestra historia, implica la negativa a reconocer el derecho a la existencia jurídica, o peor, el derecho a la existencia[11].

La desmanicomialización en Italia implicó una notable inversión e intervención del Estado para la resocialización de la psicosis. En Argentina, es cartón pintado[12]: sólo se trata de justificar el desmantelamiento de las Instituciones Públicas.

 

Pero en la calle, la psicosis se difundirá.

Siendo solidarias desaparición y forclusión, la locura, lejos de desaparecer, tenderá a multiplicarse[13].

Tenía razón Lacan: la imbecilidad es la contracara de la canallada.

 

Nota: El presente artículo contiene fragmentos del libro el oro y el cobre (del a-meghino y otros fragmentos), Editorial Escuela Freudiana de Buenos Aires, Colección Textos de Autor, Buenos Aires, 2008.

 


Referencias

 

[1] Jalil Gibrán, El loco (1918).

[2] Gilbert Chesterton, Ortodoxia, cap. El Maniático, Editorial Porrúa, México, 1998. Frase citada por J. Lacan en De la Psicosis Paranoica en sus Relaciones con la Personalidad.

[3] Ricardo Rodríguez Ponte, Psicosis. La Cuestión Preliminar…Y Otras Cuestiones, Ciclo: “El Hospital en la Escuela, Seminario dictado en la EFBA, 1998, Clase Nº 2.

[4] Op. Cit en (4), Clase Nº 2.

[5] Jacques Lacan, Seminario 23 El Sínthoma, Versión crítica digitalizada: Ricardo Rodríguez Ponte, Biblioteca de la EFBA, C- 2119, Clase del 17/2/76.

[6] Op. Cit en (4), Clase Nº 2.

[7] Carlos Bembibre, Cuando caen los manuales, Presentación del libro el oro y el cobre (del a-meghino y otros fragmentos), C.S.M.Nº 3, “Dr. A. Ameghino”, Diciembre 2008.

[8] Op. Cit en (8)

[9] Ricardo Forster, El “fin de la historia” y las encrucijadas del presente, Artículo publicado en el Diario Página 12, Mayo 2009.

[10] Angela Pradelli, Cromañón, Artículo publicado en el Diario Clarín, Diciembre 2008.

[11] Beatriz Esseddin, Massaker: El Discurso Genocida, Comentario sobre el film documental Massaker de M. Borgmann, L. Slim y H. Theissen, Artículo presentado en el VII Congreso de Salud Mental y D.D.H.H., Universidad Popular “Madres de Plaza de Mayo”, Diciembre 2008.

[12] María Alvarez, Cartón Pintado, Revista desde el Centro N° 12,  El sacrificio del sujeto. Entre la estructura y la historia, Buenos Aires, Edición del C.O.D.E.I. del C.S.M.Nº3 “Dr. A. Ameghino” (Redacción: J. Fogler, A. Luna, S. Nieto, G. Zasquin), 2008.

[13] Daniel Paola, Un Real Desaparecido, Articulo presentado en el Congreso Internacional de Convergencia, Movimiento Lacaniano por el Psicoanálisis Freudiano, 2001.


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