» Columnas

El deseo del analista y las instituciones psicoanaliticas

25/01/2001- Por Isidoro Vegh - Realizar Consulta

Imprimir Imprimir    Tamaño texto:

Las instituciones articulan en la escena real un conjunto ensamblado de conceptos que regulan el goce y la circulación de la palabra. Si permiten que el sujeto emerja, justifican su valor.

Untitled Document 0- Como Spinoza nos enseñara, el deseo es la esencia del hombre. Si ese hombre se dispone a sostener el lugar del analista, su deseo, el del analista, será al mismo tiempo, razón de su eficacia y límite ético de su función.

Mención del límite nos introduce a una cuestión: ¿de qué con qué? En principio del deseo, el del analista, con aquello que podría obturarlo o propiciarlo.

1- Tesis de inicio, nos acerca a una historia que en péndulo nos muestra dos respuestas que fueron transitadas en la historia del psicoanálisis y que se perciben, también, en el tiempo presente:

a)La servidumbre al deseo del Otro, ya sea como fantasma neurótico que la institución debería ayudar a superar; o bien como realización perversa, cuando alguien, en lo que se nombra "canalla", se ofrece sabiendo el Bien que al otro le conviene, encarnando el simulacro del Otro.

La I.P.A con su cohorte de didactas consagrados a la práctica de la cooptación muestra el precio de esta variante.

Analistas que podrían haber desarrollado páginas creativas terminan apoltronados en una aburrida repetición de un análisis estándar, tan sólo conmovido por una adaptación peor a las demandas de la cultura. Es la historia lamentable de la Ego -Psychology que tanto daño produjo al prestigio del psicoanálisis en los EE.UU, o la de las variantes "terapéuticas" que reclaman su adscripción o su derivación de la enseñanza de Freud en la misma medida que la desconocen.

Con su otro efecto en los aprendices de analista que pronto son advertidos de los límites que no deben interrogar. Es conocida la ritualización del encuadre, que la I.P.A no está dispuesta a investigar, y en la cuál basó su decisión de excluir a Jacques Lacan de sus filas.

Aprendices sumisos devienen didactas estándar que en su comprensible aspiración "por alguna idea fresca" terminan en lo peor, sustituyen al psicoanálisis por propuestas pre-freudianas, sugestivas, conciencialistas, biologistas.

En la parroquia lacaniana, lamentablemente, asistimos azorados a una historia peor: la creación de una masa artificial liderada dogmáticamente, impide cualquier desarrollo teórico que escape a los postulados de quien se ofrece en metonimia familiar con la enseñanza y los seminarios de Lacan. Dogmatismo que se convierte en sectarismo cuando se desplaza a la institución psicoanalítica, a la relación entre sus miembros o con otras instituciones. Son actuales los relatos de "purgas" al mejor estilo de una política que la historia, -la grande-, ha repudiado.

¿Qué puede esperarse de estas estructuras en que el analista es invitado a deponer su deseo en la relación con los otros, a someter su creación en la dirección de la cura o en los avances de la teoría? ¿Qué cabe aguardar de análisis conducidos por analistas que se sitúan en esta posición?

Por suerte, lo real de la estructura, a veces fuerza al analista más allá de sus prejuicios.

b) En respuesta simétrica, hubo y hay analistas que han pretendido soslayar los riesgos mencionados excluyendo su participación de cualquier estructura institucional. Amparados en las tesis que subrayan la imparidad del trazo, la singularidad del deseo se les convierte en condición absoluta que excluye el encuentro con el otro. No diferencian otro de Otro y no diferencian los tiempos lógicos del encuentro simbólico con el Otro, la alienación necesaria para el tiempo siguiente de separación. Algunos dirigen publicaciones o se reúnen en grupos de discusión donde lo que cuestionan les retorna con más fuerza en la misma medida en que lo desconocen: dirigen sin apelaciones esas pequeñas estructuras que, aunque no lo quieran, son también instituciones. Tan solo que por no reconocerlo, al menos sus gestores, se hacen incuestionables.

En el límite con el deseo, el goce que querrían evitar, el del Otro, lo terminan encarnando. Y no sólo en sus pequeñas estructuras sino en la dirección de la cura. ¿Qué es un analista que no se deja interrogar por otros analistas sino alguien condenado al eco de su palabra? Y el eco, deformación de la palabra, presentifica el goce magnificado de la voz allí donde la palabra con su valor simbólico, se pierde. Respuesta simétrica a la historia de las instituciones cuestionadas, se demuestra no siendo sino un error simétrico.

2- Tal vez encontremos alguna respuesta mejor si indagamos la estructura del objeto al cuál el psicoanálisis se consagra: el sujeto. Sujeto de la estructura que no se iguala al sujeto del significante, ni al sujeto del fantasma, ni al sujeto acéfalo de la pulsión, es el efecto de lo real, que es la estructura. Que Lacan nos enseñó, en sus últimos años, a escribir en nudo.
Nudo de tres registros, de lo Real, de lo Simbólico y de lo Imaginario, que en nudo borromeo [1] muestran la estructura del sujeto y que en la superposición de los tres agujeros ubica al objeto a.

Si aceptamos que el sujeto acude al análisis, cuando lo demanda, porque sufre de su fijación a un goce con el cuál se identifica, el objeto a, como plus-de-goce, es el goce que lo retiene y al servicio del Otro que en su fantasma sostiene. El corte con este goce será el acto del analista que liberará al sujeto disponiéndolo al reencuentro con su deseo.

Hasta los seminarios consagrados a "La lógica del Fantasma" y "El Acto analítico" Lacan definía así su propuesta para la dirección de la cura. La introducción de la escritura nodal, se acompañó de otra propuesta que no la contradice pero la hace insuficiente. En el seminario "Le sinthôme" [2] dice que la tarea propia del analista es la de producir el empalme, empalmar lo simbólico a lo imaginario que de contragolpe produce el empalme del síntoma a lo real del goce que lo parasita.

En términos topológicos, el empalme hace de dos puntos uno. Es el momento en que lo simbólico le hace presente a lo imaginario su límite, o lo imaginario, comandado por lo simbólico, le hace presente su límite a lo real. Epissure-empalme, condición de posibilidad de la coupure-corte.

Pero, en el mismo seminario, un cuarto anillo llamado sinthôme cumple una función de suplencia ante una falla en la estructura. En el análisis que Lacan emprende de la vida y la obra del genial irlandés, dice que Joyce sufre de una carencia radical del Nombre del Padre. Verwerfung de hecho, remedia la estructura con su escritura, equivalente al cuarto anillo, al sinthôme. Aunque no lo afirma explícitamente, también introduce el sinthôme en la estructura neurótica: remedio a la père-version en lo que ella tiene de goce del padre que excede a la ley.

También nos dice que "la femme c'est le sinthôme" con lo cual extiende al otro, a la mujer como prójimo, el sostén de esa función. ¿No sería entonces una extensión consecuente la tesis que propongo?: El otro, cuando es invocado al lugar del prójimo, puede funcionar como sinthôme. Si el sinthôme es un remedio necesario a una falla para que el sujeto se reencuentre con la falta, -sostén de su deseo-, la creación, pero también el prójimo, son necesarios para el sostén de la estructura, el buen anudamiento. [3]

Es lo que anticipó Lacan en el seminario "L'envers de la psychanalyse" cuando el conceptode discurso lo articuló al lazo social. El discurso implica al agente y al otro, que no es reductible al semejante. El otro se escribe con tres registros, de lo real, de lo simbólico y de lo imaginario,del mismo modo que el sujeto. Es por su invocación que el otro adviene a la condición del prójimo. Lo cuál no garantiza el resultado. "El prójimo es la inminencia intolerable del goce". [4] Si se ubica en el lugar adecuado puede convenir a la estructura del sujeto. Que entonces no se reduce al individuo, se extiende más allá de su piel.

Si esto vale para cualquiera, también para los analistas y aún más. Si un analista es un hombre cualquiera, no cualquier hombre se dispone al lugar imposible de analista. La invitación sistemática que la transferencia ofrece al goce, requiere in-extremis el dispositivo que lo acote. Pues el analista es aquel que en su práctica suspende el goce para no ceder en su deseo. El prójimo, el encuentro con otros analistas, su apertura a la invocación del otro, son necesarios, inherentes al ejercicio de su función.

Con una condición: que el otro se sitúe en el lugar conveniente. Valor de las instituciones, que como la T.V., no son ni buenas ni malas, dependen de sus programas, ellas articulan en la escena real un conjunto ensamblado de conceptos que regulan el goce y la circulación de la palabra. Si permiten que el sujeto emerja, esta es la apuesta, justifican su valor.

[1] El nudo borromeo cumple dos cláusulas: a) prescriptiva, si corto un anillo los otros dos también se separan. b) restrictiva: ningún anillo penetra al otro.

[2] Lacan, Jacques. Seminario Le sinthôme. Clase del 13 de enero de 1976.

[3] Vegh, Isidoro. Seminario El Prójimo. Dictado en la Escuela Freudiana de Buenos Aires, Agosto-Diciembre de 1997.

[4] Lacan, Jacques. Seminario De un Otro al otro. Clase del 12 de Marzo de 1969.


© elSigma.com - Todos los derechos reservados


Recibí los newsletters de elSigma

Completá este formulario

Actividades Destacadas

La Tercera: Asistencia y Docencia en Psicoanálisis

SEMINARIOS

Modalidad online. Sábados de 11 hs.

Leer más
Realizar consulta

Del mismo autor

» Raimundo Salgado
» El Inconsciente, el saber y la ciencia
» DSM IV
» Presentaciòn del libro Biografìa de un amor, de Viviana Dreidemie
» El hombre Moisés y la función paterna
» El sujeto y la ley
» Hombre de los lobos. Aún una mirada.*
» La erótica del poder
» Duelo, acidia y melancolía
» "Después del Fantasma, la pulsión"
» Homenaje a Jacques Lacan a cien años de su nacimiento
» La insistencia del sujeto
» Oscar Masotta y la fundación de la Escuela Freudiana

Búsquedas relacionadas

No hay búsquedas relacionadas.