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El efecto de la IA en la escalada de odio y muerte adolescente (cuando cambiar una palabra por otra no genera metáfora, ni Futuro)18/04/2026- Por Sergio Zabalza - Realizar Consulta
Para el usuario inadvertido, el funcionamiento metonímico propio de un organismo digital ‒y por lo tanto carente de un cuerpo vivo‒ resulta en un empobrecimiento simbólico cuyo ulterior desenlace es el reforzamiento del sentido sobre su propia persona: el odio de sí… Nuestra hipótesis considera que la IA refuerza el sentido en desmedro del significante. En criollo, aunque se empleen diferentes palabras, el efecto inducido por una máquina en el usuario no se conmueve. Es que, por más que se sustituya una palabra por otra, el algoritmo no alcanza la dignidad de la metáfora, en tiempos en los que la adolescencia pone en primer plano los trazos gruesos de la tragedia social.
Imagen generada con IA - Gemini
No es novedad que pubertad y adolescencia constituyen el intervalo etario más vulnerable de la escala humana. Con razón se dice que en esa etapa se construye un cuerpo de deseo. Ocurre que allí, donde un soma casi desarrollado es asaltado por la irrupción de la sexualidad sin disponer aún del armazón anímico necesario para enfrentar las demandas del mercado erótico, sobrevienen tragedias como las que en estos días nos dejan lívidos de espanto.
Como en tantos otros órdenes, el segmento adolescente pone en primer plano los trazos gruesos de la tragedia social. Sea un pibe que la emprende a los tiros y mata a un compañero; las organizaciones digitales creadas para producir masacres escolares (como la True Criminal Community); hasta el aterrador índice de suicidios que hoy día no deja de crecer entre los jóvenes.
En todos esos casos palpita el odio, y dicho de manera más precisa: el rechazo a la propia persona, cuyo desenlace puede ser la violencia contra sí mismo o contra un semejante, valga la palabra. Se dice, y con razón, que la falta de futuro es uno de los móviles más presentes en este oscuro escenario. Al respecto, basta tomar nota del paupérrimo estado de nuestra economía.
Aquí sin embargo nos interesa indagar qué abanico de consecuencias se abre en esa palabra que evoca lo por venir: el futuro. En especial cuál es la responsabilidad que le cabe a la IA en el cierre de horizontes que hoy amenaza, no solo el bienestar y la salud de nuestros/as pibes/as, sino el de la Humanidad entera.
Nuestra hipótesis considera que la IA refuerza el sentido en desmedro del significante
En criollo, aunque se empleen diferentes palabras, el efecto inducido por una máquina en el usuario no se conmueve. Es que, por más que se sustituya una palabra por otra, el algoritmo no alcanza la dignidad de la metáfora, si por la misma entendemos ‒como lo denomina Lacan‒ el “efecto de agujero”[1] que permite quebrar el significado de una frase o palabra anquilosada en el sentido común.
Punto clave de la intervención analítica que, al emplear la misma palabra mentada por el paciente con otro tono y enunciación, permite vaciar los sentidos estereotipados del síntoma. Si tomamos nota de que “La pasta (étoffe) de la metáfora, es lo que en el pensamiento hace materia o, como dice Descartes “extensa”, dicho de otro modo ‘cuerpo’ “[2], verificamos que la imposibilidad de la IA para generar un significante Nuevo en el usuario, incide en la apertura para orientar un cuerpo hablante hacia el lazo social. Por algo dice el filósofo Eric Sadin que la IA “No es un régimen de generación, sino de reproducción”[3].
Decía Freud que “Psique es extensa, pero nada sabe de ello”[4]. Nos interesa esa ignorancia. La IA no puede No saber. La cuestión está en que en el ámbito del hablante ser, entre una palabra (S1) y otra (S2) está el cuerpo vivo del sujeto. Un vacío de sentido que remite a la incapacidad del lenguaje humano para alcanzar el referente, entre los cuales el cuerpo es el primero y principal.
Esta vulnerabilidad ignorante es el mayor tesoro de una persona, allí se alojan las más delicadas fibras de su sensibilidad, creación y apertura al lazo social. Por algo dice Lacan que “si yo gozo de mi cuerpo, tu cuerpo deviene la metáfora de mi goce”[5], maniobra prínceps para que un sujeto se abra a la novedad del encuentro con la Diferencia que encarna el Otro, única manera de tramitar la demanda pulsional ‒el goce‒ que afecta al hablante ser.
Cuando Juan Gelman dice: “tu cuerpo era el único país donde me derrotaban” está ilustrando por medio de una metáfora el recurso de acceder al cuerpo del Otro para asumir el fracaso de dominar el propio goce. Esencial fragilidad que nos distingue como humanos.
Decimos entonces que la IA ‒por no acceder a la metáfora‒ induce a la asunción de posiciones unívocas, refractarias a la dialéctica. Refuerza el Ser a cambio de generar la necesidad de un Enemigo, función que bien puede ocupar el propio sujeto. La experiencia psicoanalítica enseña que cuanta más consistencia adquiere el sentido, más rencor acumula el sujeto.
El énfasis en el Ser propio de los fundamentalismos ‒desde los delirios religiosos hasta el de los pseudo filósofos de Silicon Valley‒ genera Odio. Y el odio ‒oh, paradoja‒ es en última instancia odio de sí, tal como nos recuerda Lacan en su seminario de la Ética, a propósito del estatuto primordial que Freud otorgó al masoquismo.
Luego, sujetos púberes atribulados por la misma pregunta que Felipito ‒el amiguito de Mafalda‒ se hacía con amargura: “por qué justo a mí tenía que tocar ser yo”, se ven capturados por el carácter Absoluto con que se presentan sus pasiones.
El tema es que, para el usuario inadvertido, el funcionamiento metonímico propio de un organismo digital ‒y por lo tanto carente de un cuerpo vivo‒ resulta en un empobrecimiento simbólico cuyo ulterior desenlace es el reforzamiento del sentido sobre su propia persona: el odio de sí[6].
Entonces, no es solo que el dispositivo de las redes -cuyo solo objetivo es la implicación del usuario- exacerba los impulsos más primarios del hablante ser, sino que el ordenamiento binario de la IA no hace lugar a ese vacío que alberga la singularidad de un cuerpo hablante, allí donde un sujeto puede rescatar lo más propio y digno de sí. Así se explica, por ejemplo, el hecho de que la comprensión empática aplicada por la IA en la atención terapéutica genera suicidios.
La frase “Tan buena que es la IA y yo soy este deshecho” bien podría ilustrar el efecto que hacer el Bien genera en los pacientes. Por algo Lacan precisa que: “Henos aquí pues en el principio maligno de ese poder siempre abierto a una dirección ciega. Es el poder de hacer el bien, ningún poder tiene otro fin, y por eso el poder no tiene fin”[7]. Hacer futuro es abrir, comprometerse en un diálogo, hacer preguntas y sobre todo escuchar. Poner el cuerpo, o sea.
*Psicoanalista. Doctor en Psicología por la Universidad de Buenos Aires.
[1] Jacques Lacan (1976-1977), El Seminario: Libro 14, “Lo no sabido que sabe de la Una equivocación se ampara en la morra”, clase del 17 de mayo de 1977. Inédito.
[2] Jacques Lacan, El Seminario: Libro 25, “El momento de concluir”, clase del 20 de diciembre de 1977. Inédito.
[3] Diario Página 12 del 12 de abril de 2026. “Eric Sadin: lo que nos falta es una movilización colectiva”.
[4] Sigmund Freud (1938[1941]) “Conclusiones, ideas, problemas” en Obras Completas, trad. López Ballesteros.
[5] Jacques Lacan, El Seminario: Libro 14, clase del 7 de junio de 1967. Inédito.
[6] Jacques Lacan [1959-1960) El Seminario: Libro 7, La Ética del psicoanálisis. Buenos Aires, Paidós, 1998. Clase del 13 de enero de 1960.
[7] Jacques Lacan, Dirección de la cura y los principios de su poder, en Escritos 2, Buenos Aires, Siglo XXI, 1998.
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