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El homicidio como efecto de discurso22/10/2009- Por Amelia Haydée Imbriano - Realizar Consulta
En el discurso capitalista, el sujeto efecto de discurso, es un sujeto de goce. Es desde esa condición que la efectuación de la pulsión homicida primordial puede ser la ocasión de una patentización del sujeto en lo real. Las transformaciones societarias construyen una variable cultural en donde es posible la transformación de lo ilegítimo en legítimo. Punto de ocasión para un debilitamiento de la función paterna en tanto operación jurídica. Consecuentemente se producen: fallas en la articulación simbólica-imaginaria, fallas de los mecanismos de defensa del yo que operan desde lo simbólico: represión y sublimación, y falla en la articulación simbólico-real. La gestión discursiva contemporánea, cuya herramienta es la igualación en nombre de la libertad y el derecho, se sostiene en una inflación de lo virtual y la infatuación del sujeto, generándose aumento de la tensión imaginaria. Al estar en disfunción lo simbólico en tanto Ley, las conflictivas imaginarias no tienen otra alternativa de resolución más que a través de un empuje en lo real. Allí encuentra posibilidad la emergencia del sujeto en una máxima expresión real: mato o muero.
Esta presentación surge como producción personal referida al trabajo del grupo de investigación del Proyecto “Delito y menor. El niño homicida, una mirada psicoanalítica” (1). Tiene por objeto intentar esgrimir alguna aproximación, desde el psicoanálisis, respecto de la causación del aumento superlativo de homicidios cometidos por menores en la actualidad en la ciudad de Buenos Aires (2). En el rasgo investigativo a mi cargo interesa la implicancia del menor homicida teniendo en cuenta la sociedad que lo alberga. La ley “no matar” inscribe al sujeto en la cultura, frente a su transgresión cabe sostener alguna interrogación sobre el sujeto y el Otro.
El psicoanálisis siempre se ha interesado por considerar la incidencia de la cultura sobre el sujeto. Ella tiene una función normativa y permite la regulación de la relación entre los ciudadanos haciendo posible la civilización –acotando el malestar del “hombre lobo del hombre”-. (3)
La vida en civilización causa acumulación de malestar, pues si bien la función simbólica puede acotar lo pulsional, siempre queda un resto, generando una entropía particular: un goce más allá del principio del placer. Este es el corazón operativo de la pulsión de muerte, que habla a través de muchas modalidades, entre ellas los actos delictivos; el homicidio es una de sus máximas expresiones. También hay otras modalidades del uso de la libertad que generan comportamientos antisociales: el desarrollo de poblaciones cautivas, el abuso moral, la violencia sexual, la pedofilia, la trata de personas, el sicariato, etc. Por ello es necesaria la justicia y un sistema penal que se encargue de regular la acción de los ciudadanos. Actualmente, la clínica nos muestra sujetos que quedan atrapados en patologías delictivas. Y, me permito poner en duda la función de las cárceles, como lo hiciera anteriormente con los nosocomios psiquiátricos. Respecto de los niños homicidas, nos preguntamos: ¿Será la cárcel un modo adecuado para el tratamiento de los menores que han delinquido? O, ¿será un modo autorizado y legítimo de enviarlos a vivir la máxima experiencia de crueldad humana? (4).
En nuestras sociedades el hombre se encuentra arrojado a un mundo con nuevas variables político sociales, entre ellas: el recurso al estado de excepción como comodín de legitimación. (5) Cada época se caracteriza por el modo en que el hombre enfrenta sus sufrimientos, la contemporánea también: el modo es el “sin límite”, sostenido por un borramiento de la categoría de lo prohibido. Allí el Derecho y el Psicoanálisis tienen su implicancia y vale sentarlos en el banquillo: ¿han consentido?
La omnipresencia del Otro en el discurso capitalista, -en donde el padre afectado por la castración que hace a la ley que transmite es sustituido por el amo multinacional omnipotente-, produce una variación en la constitución de la realidad psíquica que el síntoma contemporáneo viene a revelar brutalmente: el sujeto quiere ser representado, quiere hacerse escuchar, aunque sea al precio de hacerse un lugar en lo real. El sujeto efecto de este discurso es un sujeto de goce, tomado por el empuje al exceso, lo cual facilita el imperio del ideal de consumo. El mismo se establece como un fenómeno de masas, en donde los individuos se identifican con un ideal de igualación que conlleva al aumento de la agresión narcisística. En estas identificaciones destacamos la importancia de dos características:
a.- circularidad e indiferenciación entre realidad y virtualidad; b.- fusión entre la verdad y el ser (6). En ese marco el superyó define el empuje a la satisfacción pulsional con un imperativo casi irrefrenable.
Tomando como hábitat una posmodernidad que funciona como purgatorio tánato-político, existe una relación de intimidad entre el colapso del Estado, la mundialización mercantil y el poder de la mass-media. A su vez, el debilitamiento de la función simbólica que los estados de excepción generan, conlleva a un detrimento de la elaboración subjetiva y social de los violentos traumas sufridos por el ejercicio de los mismos. Más aún, empuja a mayor violencia, fundamentalmente bajo el modo de industrialización de lo delictivo, que puede aparecer en forma disimulada u obscena, pero siempre se trata de la industrialización de la muerte (7): los consumidores se convierten en consumidos, se notifican tarde, cuando su esclavitud está consumada. Es desde esa condición que la efectuación de la pulsión homicida primordial puede ser la ocasión de una patentización del sujeto.
La gestión discursiva contemporánea, que cuenta entre sus herramientas con la idea de igualación obligatoria en nombre de la libertad y el derecho, se sostiene en la fusión entre plus de goce y verdad, posibilitando una inflación de lo virtual y la infatuación del sujeto, que generan un aumento de la tensión imaginaria. En su resolución encuentra posibilidad la emergencia del sujeto en una máxima expresión desde lo real: mato o muero.
Las transformaciones societarias derivadas de la conjunción del desarrollo de las tecnociencias, el florecimiento del liberalismo económico, y la mass-media
-como herramienta del mercantilismo para lograr una globalización a su servicio-, construyen una variable cultural en donde es posible la transformación de lo ilegítimo en legítimo. Punto de ocasión para un debilitamiento de la función paterna en tanto operación jurídica. Consecuentemente se producen: 1.- fallas en la articulación simbólico-imaginaria, impidiendo la resolución de conflictivas imaginarias a través de lógicas de terceridad; 2.- fallas de los mecanismos de defensa del yo tales como la represión y la sublimación, quedando el sujeto expuesto a los primarios destinos de la pulsión: la vuelta contra sí mismo y la transformación en lo contrario; 3.- fallas en la articulación simbólico-real, en tanto falla de la función paterna como operación jurídica, es causa de falla en el acotamiento del goce y deja al sujeto sin defensas simbólicas frente a lo real: el sujeto queda expuesto a la emergencia de lo real. Frente a las falencias en la castración simbólica, la tensión imaginaria se resuelve en lo real.
En el grupo de investigación hemos considerado algunas ideas de dos psicoanalistas famosos: Sigmund Freud y Jacques Lacan. En virtud de una exposición limitada, solo nombraré aquellas que se impusieron como necesarias.
En la obra de Freud: “Tótem y tabú” (1912), “De guerra y muerte” (1915), “Más allá del principio del placer” (1920), “Psicología de las masas y análisis del yo” (1921), “El porvenir de una ilusión” (1927), “El malestar en la cultura” (1930), “Por qué la guerra” (1933), “Moisés y la religión monoteísta” (1939).
En la obra de Lacan, pensar las posibles aportaciones del psicoanálisis a la criminología nos puso en la situación de revisar la tesis doctoral presentada en 1933, y dedicada al estudio del motivo del crimen paranoico, y la conferencia sobre “Psicoanálisis y criminología” de 1950. Realizaré un recorte de ellas con algunas puntuaciones que me orientaron en la consideración de la incidencia de lo social.
En la primera, publicada bajo el título “De la psicosis paranoica en sus relaciones con la personalidad. Motivos del crimen paranoico: el crimen de las hermanas Papin”, el autor destaca algunas cuestiones que hacen a la estructura del homicidio:
1.- La conmoción social frente al misterio del homicidio y la emoción que provoca en la conciencia social (8).
2.- Las referencias periodísticas y su utilización para el estudio de casos (9).
3.- La concepción respecto de la existencia de una pulsión homicida primordial, los instintos socializados como anomalías de la misma, y las anomalías pulsionales como contemporáneas en su génesis (10).
4.- La mayor peligrosidad social depende de los crímenes del ello (11).
5.- La categorización de crímenes del superyó (12).
6.- La ausencia de la instancia autopunitiva como causa de mayor brutalidad e impulsividad con mayor recrudescencia del peligro social (13) y la consideración respecto que la responsabilidad penal debería depender de la diferenciación de la presencia o ausencia del determinismo autopunitivo. (14)
La disertación de Jacques Lacan, en mayo de 1950, en la “XIII Conferencia del Psicoanalistas de Lengua francesa”, presentada en colaboración con Michel Cénac, lo muestran en una de sus facetas de origen: la práctica forense. Hoy se puede encontrar esta conferencia en la compilación de sus escritos con el título: Introducción teórica a las funciones del psicoanálisis en criminología. Me interesa presentar algunas puntuaciones sobre el texto, en donde el autor denuncia la incidencia de factores sociológicos sobre lo psicológico, tales como:
1.- La referencia sociológica como necesaria: “Ni el crimen ni el criminal son objetos que se puedan concebir fuera de su referencia sociológica” (15).
2.- La relación directa entre la inestabilidad de la autoridad paterna y las incidencias psicopatológicas, relacionándolas con la endeblez de las relaciones del grupo y con la ambivalencia en la estructura del mismo (16).
3.- La desintegración de la situación familiar genera aumento de la violencia (17).
4.- La organización de una civilización utilitaria, desconoce la significación del castigo y tiene consecuencias nefastas tanto para los ciudadanos como para los legisladores. Cito: “En una civilización cuyos ideales sean cada vez más utilitarios, comprometida como lo está en el movimiento acelerado de la producción, ya no puede conocer nada de la significación expiatoria del castigo. Si retiene su alcance ejemplar, es porque tiende a absorberlo en su fin correccional. Por lo demás, éste cambia insensiblemente de objeto. Los ideales del humanismo se resuelven en el utilitarismo del grupo. Y como el grupo que hace la ley no está, por razones sociales, completamente seguro respecto de la justicia de los fundamentos de su poder, se remite a un humanitarismo en el que se expresan, igualmente, la sublevación de los explotados y la mala conciencia de los explotadores, a los que la noción de castigo también se les ha hecho insoportable. La antinomia ideológica refleja, aquí como en otras partes, el malestar social” (18).
El texto de la conferencia citada debe ser entendido desde el marco de un escrito del autor publicado en el mismo año, titulado Acerca de la causalidad psíquica, desde donde me interesa rescatar:
1.- La importancia de analizar las condiciones que hacen a la construcción de los hechos. Realizar una lectura de los hechos implica una ubicación establecida por el cruzamiento de coordenadas históricas, políticas, sociales, económicas e individuales (19).
2.- La diferenciación de los procesos de identificación no mediatizados por lo simbólico, que llevan a la infatuación del sujeto (20). Me interesa mucho esta consideración de “sujetos infatuados” para aplicarla a los miembros de nuestra sociedad, en donde la infatuación lleva al sujeto a “creerse” lo que aparenta. También aplica a los delincuentes.
3.- La circularidad entre actualidad y virtualidad solo puede romperse mediante la violencia. Cito: “Su ser se halla encerrado en un círculo, salvo en el momento de romperlo mediante alguna violencia en la que, al asestar su golpe contra lo que se representa como desorden, se golpea a sí mismo por vía de rebote social” (21).
4.- Las consecuencias dolorosas para la sociedad del ideal de libertad (22).
5.- El “alma bella” de la comunidad contribuye al desorden (23) y el arte de los espejismos constituye el narcisismo en todas las épocas a través de la idealización colectiva (24).
7.- El riesgo de las identificaciones que comprometen la verdad y el ser: “componen un drama social” (25).
Nos hemos servido de estos antecedentes como marco para una lectura de la población testigo, en donde en un primer análisis discernimos tres variables en la causación de los homicidios:
1.- la resolución de tensiones por rivalidad con el semejante;
2.- la resolución del malestar del kakón -como los observados por Guiraud sobre los esquizofrénicos en 1931 (26)-, los sujetos salen del malestar de la vida o del tedio y la falta de sentido, cometiendo un acto homicida;
3.- una llamada al orden público, buscando ser nombrados y reprendidos, muestran que no hay autoridad. A través de su acto denuncian a la sociedad en la que viven: están solos para arreglárselas con la violencia.
Una sociedad que se ocupe de los efectos que genera su cultura, debe hacerse cargo de sus miembros delincuentes. Y, un modo puede ser “hacerlos hablar”, “darles la palabra”, lo cual implica “escucharlos”. Respecto de los niños homicidas:
¿Por qué no pensar que la sanción social como homicidas les permitiría representar lo prohibido y poner en palabras el horror que los habita?
El homicidio de los niños puede pensarse como un llamado a que la operación jurídica se lleve a cabo. ¿Por qué no pensar que esta intervención puede llegar a tiempo?
¿Por qué no pensar que el dispositivo analítico pueda brindar la posibilidad para que un sujeto ponga fin a la repetición de la satisfacción de matar, haciendo posible el pasaje del registro de la acción al de la palabra?Frente a este panorama como psicoanalistas nos cabe recordar que la existencia del inconsciente sigue siendo todavía un antídoto contra la deshumanización.
Notas y referencias bibliográficas:
1) Esta investigación se lleva a cabo en el Gabinete de Investigación y Cooperación Internacional (GICI) de
2) Durante el período marzo-junio de 2008 se ha conformado una población testigo de cien casos de la ciudad de Buenos Aires y sus alrededores (
3) Thomas Hobbes considera que el hombre liberado a si mismo es el lobo del hombre (homo hominis, lupus). Según sus consideraciones es necesario refrenar tal impulsividad que hace de la sociedad humana una formación de individuos dominados por ambición de mando y de dominio. En el Leviatán (1651) describe que “en su estado natural todos los hombres tienen el deseo y la voluntad de causar daño” de modo que hay -cuando menos en principio- una constante “guerra de todos contra todos” (bellum omnium contra omnes). El fin de dicho estado y con él las condiciones para que pueda existir una sociedad, surge mediante un pacto por el cual cesan las hostilidades y los sujetos delegan sus derechos. Tal renuncia permite el establecimiento de una autoridad que está por encima de ellos, pero en la cual se sienten identificados.
4) David, P. Criminología y Sociedad, Instituto Nacional de Ciencias Penales, México, 2005, Pág.165.
5) David, P. Criminología y Sociedad, Instituto Nacional de Ciencias Penales, México, 2005, Pág. 187.
6) Lacan, J. Acerca de la causalidad psíquica. Homo Sapiens. Bs.As. 1978, pág. 86-88.
7) David, P. Globalización, prevención del delito y justicia penal. Zavalía. Bs.As. 1999.
8) Lacan, J. “De la psicosis paranoica en sus relaciones con la personalidad. Motivos del crimen paranoico: el crimen de las hermanas Papin (1933) Siglo veintiuno editores. 5ta ed. México. 1987, Pág. 338.
9) Ibíd. Pág. 338.
10) Ibíd. Pág. 338.
11) Ibíd. Pág. 274.
12) Ibíd. Pág. 274.
13) Ibíd. Pág. 273
14) Ibíd. Pág. 276
15) Lacan, J. “Introducción teórica a las funciones del psicoanálisis en criminología” (29 de Mayo de 1950) Suplemento de escritos. Argot. Bs.As.1984, Pág. 32.
16) Ibíd. Pág. 40.
17) Ibíd. Pág. 43.
18) Ibíd. Pág. 45.
19) Lacan, J. Acerca de la causalidad psíquica. 1950. Homo Sapiens. Bs.As. 1978, Pág. 66.
20) Ibíd. Pág. 60.
21) Ibíd. Pág. 82.
22) Ibíd. Pág. 83.
23) Ibíd. Pág. 84.
24) Ibíd. Pág. 85.
25) Ibíd. Pág. 88.
26) Guiraud, P. “Los homicidios inmotivados” (1931) en Revista Malentendido Nº 5. Mayo 1989. Pág. 91.
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