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El resentimiento interminable II12/06/2025- Por Jorge Eduardo Alonso - Realizar Consulta
El resentimiento que surge de la subjetividad mestiza según Kusch, comparado con la lógica resentimental de la economía de los afectos de Joseph Vogl y con la cura del resentimiento que se desprende de los análisis de Cynthia Fleury respecto a esa cuestión, nos lleva a conjeturar acerca de su multiplicidad, su carácter transubjetivo y las posibilidades de su cura.
“Abaporu” (1928). Óleo de Tarsila do Amaral*
“Aquí yace la amargura ¿Cómo curar el resentimiento que corroe nuestras vidas?”
Cynthia Fleury
“Viva el resentimiento”[1]
Mark Fisher
El afecto resentimental del estar siendo americano, es un punto existencial, emocional, del pensar y del querer del sujeto mestizo, que se despliega en los planos sintomáticos y políticos. No resulta sencillo homologarlo a un universal con un sentido único, por el contrario parece una homofonía de sentidos ajenos entre sí.
Podemos ver varios estudios sobre el resentimiento que tienen una característica común: el resentimiento es un factor aglutinador de un sistema determinado. Se lo ha considerado como: una de las pasiones tristes; una cultura resentimental; una competencia de la economía liberal; el productor y producto de la economía de los afectos del capitalismo actual; un daño cuya extinción justifica la cura psicoanalítica; el afecto colectivo que acompaña al fascismo; un efecto patológico de la colonización y la racialización.
El autor francés Francois Dubet, en el libro La época de las pasiones tristes[2], dice que a causa de un sistema de desigualdades múltiples somos arrastrados a la frustración y al resentimiento que nos deja sin aliento para las luchas por una sociedad mejor. El resentimiento queda producido por factores externos y debilita la potencia democrática. Aceptando lo anterior se lo estudia como una potencia, una competencia importante en la economía.
El resentimiento en “la economía de los afectos”
El autor alemán Joseph Vogl publicó Capital y resentimiento[3]. Planteó el resentimiento como algo más que un sentimiento o un afecto, contiene una potencia para el sistema económico. Se trata de una cultura, un modo de respuesta, que hunde sus raíces en el envenenamiento del sí mismo del judeocristianismo y es de gran importancia para el desarrollo de la economía de la burguesía en Europa.
Sobresalen algunas características sistémicas donde se mezclan el afán ilimitado de ganancia y disfrute, los rechazos y reacciones adversas, la competencia, el afán de culpabilización, el afán de revancha. Termina siendo una forma vincular propia de la moral liberal y capitalista.
Hay una astucia resentimental que logra encontrar responsables a las fallas propias y buscar chivos expiatorios en donde descargar su bilis punitiva. El resentimiento es considerado un producto y un productor en la economía de los afectos en el capitalismo actual que surge de la fusión del capitalismo financiero y del capitalismo de la información. Su arquitectura logra un poder de alta capilaridad donde hay herramientas para activar el resentimiento al servicio de la valorización económica y la acumulación.
Con respecto a los antecedentes de la economía de los afectos. En primer lugar, el autor analiza rasgos racionales del sujeto económico y además los aspectos irracionales. En este caso recurre a Kant quien planteaba una sociabilidad asocial. Hay componentes disfuncionales, divergentes que conviven con los racionales.
La segunda idea es que hay una conexión entre los afectos y las pasiones con los procesos económicos y el sistema de mercado. Los viejos pecados capitales, avaricia, envidia, lujuria, aun sin su moderación pueden significar competencias económicas de astucia, creatividad y producción. “Trocan los viejos vicios cristianos en nuevas y lucrativas posiciones activas”[4].
La tercera, es una variante planteada por Karl Marx quien llamó el “afán abstracto de disfrute del capitalismo” a la pulsión de enriquecimiento desinhibida, un deseo ilimitado e insaciable en el interior de los sujetos económicos, incomparable con otra necesidad o pasión.
Cuarto, simultánea a esta aparición surge otra, el resentimiento. Nietzsche lo consideraba como un antiguo pasado moral. Una cultura judeocristiana del envenenamiento de sí. Desde Nietzsche el autor reconoce algunos elementos del resentimiento que van a formar parte de una analítica contemporánea del mismo.
En primer lugar, como resultado de una derivación o reacción negativa, una autoafirmación fracturada del sujeto que se traduce por un no incondicional hacia el afuera, los otros, el no yo.
En segundo lugar, impulso a la acción pospuesta, la negación producida se cambia por una autoafirmación negante, en una conversión. De la acción a una reacción, una actividad pasiva, inhibición, atascamiento e impotencia.
En tercer lugar, aloja agravios, ofensas, dolor, humillación, envidia en los objetos y seres del mundo. Una inversión de la mirada, un punitivismo que apela a instancias superiores para que castiguen a otros. En cuarto lugar, la encarnación y concretización de responsabilidades e imputaciones, donde otros son los culpables. “Alguien debe ser culpable de que me vaya mal”.
Respecto al estudio del capitalismo de la información Vogl hace algunas consideraciones. Una primera afirmación es que el capitalismo en su fase actual se caracteriza porque fusiona la economía de las finanzas y la economía de la información. La segunda, es que el capitalismo logra ocupar la infraestructura social con un refinamiento de sus poderes de control logrando la dirección de las conductas humanas. La tercera es que su efectividad capital se refleja en las arquitecturas de la red informática a través de las empresas de plataforma y las corporaciones digitales. La cuarta, logra una determinación de las lógicas de valorización financieras. Distribuye y elabora la información y logra una expansión y hegemonía en la opinión pública. La quinta, este capitalismo de la información codifica, representa y valoriza las condiciones del ser y del mundo, logrando hacer entrar la ficcionalización de la economía produciendo una valorización a veces alejada de la materialidad.
En este marco, la explotación económica de lo social, por parte del capital financiero y el sistema de la información, incentiva disposiciones afectivas, principalmente el resentimiento. Las neocomunidades digitales generan fobias de mediación. Las infraestructuras técnico-sociales activan el resentimiento.
Sus instrumentos son el acceso y la cancelación inmediata y la activación de conjuntos y entidades sociales. Formas reactivas rápidas de ataque balístico y masivo (hashtag). Resistencia a las explicaciones y argumentaciones. En el sistema capitalista y de la información, el resentimiento interviene como productor y es un producto estabilizador del sistema económico del capitalismo financiero a la par que erosiona y disuelve los entornos solidarios de la sociedad de mercado y las posibilidades de políticas sociales.
En esta fase del capitalismo neocolonial, del dominio de las plataformas donde se despliega la vida humana, con la producción de neocomunidades afectivas que capturan los afectos de los sujetos, su capacidad de producir un sistema justo, igualitario queda vaciada. En cierto sentido coincide con Francois Dubet.
La captura de este afecto pone en funcionamiento un tipo de sujeto determinado en última instancia por la economía y define una subjetivación y normalización ajustable al sistema. Uno podría decir que no hay que curarlo de nada, sino todo lo contrario.
El resentimiento corroe y se cura
En el libro Aquí yace la amargura. Cómo curar el resentimiento que corroe nuestras vidas, Cynthia Fleury[5], filósofa francesa, afirma que una cura psicoanalítica libera a un sujeto del resentimiento. Se trata de un afecto que es preciso desactivar o curar. Se presenta como síntoma en la cura psicoanalítica.
Estructura el libro en tres partes donde aborda una triple homofonía de la lengua francesa: l´mer, la mère, la mer. La amargura, la madre y el mar. En primer lugar, estudia desde la filosofía y el psicoanálisis las relaciones del resentimiento. Se enlaza con la amargura, la rumia, la repetición y la sublimación, eslabones del camino hacia la cura. Se apoya en autores como Nietzsche, Max Sheller, Deleuze y Winnicott entre otros.
En segundo lugar, se trata del trasfondo de la madre. Algunas experiencias, como el rechazo de la separación de la madre y de su abandono, la desilusión ante la falsedad de la fantasía de la unidad original y la necesidad del eterno deseo de estar protegido, son aquellas cuestiones que debe de superar el resentimiento. La sublimación se alcanza por el trabajo de un sujeto que, separado y solo, encuentra la forma de repararse a través de la creación que consiste en salir de la madre hacia el mar.
En este punto, se ocupa del problema histórico del resentimiento colectivo, que es el fascismo. Se pregunta quién puede liberarse del fascismo y el por qué de tanto resentimiento presente en la identificación al führer. Analiza autores como Adorno y Reich quienes articulan el resentimiento y el fascismo.
El tercer aspecto, el mar, que es lo abierto. Ahí plantea la cuestión del resentimiento y la colonización. Toma como figura relevante a Frantz Fanon. Quizá en otra ocasión lo veamos en detalle. Lo exhaustivo del trabajo de Fleury, nos obliga a ver las resonancias posibles con la indagación que estamos haciendo. El orden propuesto por la autora es un enfoque eurocentrado con una ventaja. Incluye la colonización en tercer lugar. Nuestra posición enunciativa nos obliga a invertirlo.
En este sentido creemos que hay razones decoloniales para otorgar una prelación a las dimensiones históricas y geográficas. Hacer un lugar al colonialismo en la Francia metropolitana e imperial, habiendo modificado el contexto de la situación colonial a descolonial, y analizar nuestra situación decolonial siendo un enclave colonial con 300 años de historia y 200 de estado libre y dependiente de potencias extranjeras. Puede haber una analogía con los planteos de Fleury pero cambia la posición de enunciación en el análisis del resentimiento y la colonialidad.
Punto existencial el estar siendo americano
Rodolfo Kusch aborda el resentimiento desde un plano ontológico. Parte de la identidad mestiza americana. Plantea una diferencia entre el ser y el estar. Una ontología del “estar siendo” al costado de los entes tanto sujetos como objetos. Lo indio si bien es parasitario de la vida institucional y republicana, tiene un carácter residual no asimilado. Se trata del estar siendo americano. Un estar siendo, más allá de la ontologización del discurso de la modernidad. Desde esta óptica la negación en el pensamiento popular. El resentimiento anida en este residuo.
Rodolfo Kusch plantea una tensión entre la aculturación y la fagocitación. La aculturación es el proceso iniciado por la colonización europea. Impone su cultura, lengua, instituciones sustituyendo lo existente. Dicho proceso tiene un reflujo. A medida que la primera avanza la segunda tiene lugar.
El indio en una situación desigual subyace enquistado en las formas republicanas que arrasaron casi todo, conservando algo de su pureza en los lazos comunitarios. Kusch plantea que en la cosmovisión india finalmente la fagocitación prevalecerá ante la caducidad de los objetos, los entes y las entidades. La gran historia del estar engulle finalmente al ser.
En este marco ontológico, Kusch analiza el discurso popular que antagoniza con el discurso civilizatorio y colonial. Ahí encuentra un punto de partida que es la negación en el discurso popular. Una autoafirmación que se planta ante las determinaciones del discurso civilizatorio, moderno y racional. Kusch sintetiza la idea de la negación en el pensamiento popular como:
“una trampa lógica, un anti-discurso, que encuentra un punto existencial, emocional, un puro querer y un puro pensar en el sujeto, que puede verse como resentimiento, que tiene rasgos de sacrificio y autenticidad, que está integrado a la verdad señalada por el itinerario del pueblo, que se conjuga desde lo negativo con occidente, cuya historia es la historia de la ansiedad de dominio”.[6]
Toma un punto de apoyo propio para la enunciación desde una indefinición, indeterminación e inestabilidad que permite encauzar razones propias. Pueden parecer irracionales y verse como un resentimiento. Ese resentimiento va a tomar una significación positiva.
“El otro aspecto de una negación implícita, por ejemplo, en el resentimiento, de una posibilidad de ser no resuelta. Vivimos por eso en permanente anti-discurso que nos lleva a defender el resentimiento, y que se refleja en las actitudes negativas que adoptamos frente a las propuestas alienantes. Por eso somos malos industriales o también pésimos revolucionarios.”[7]
La negación en el pensamiento popular es “La residualidad de uno mismo”. La negación para Kusch es una afirmación, es una apertura, una toma de posición ante el otro.
“Nuestra América se rige por afirmaciones impuestas y producidas en otro lado, regidas por la epistemología occidental, afirmaciones producidas por otros e introducidas entre nosotros con una mínima participación nuestra”.[8]
Kusch afirma que el mestizo acepta concientemente estas afirmaciones, pero las niega en secreto, dividido y escindido, arraiga el resentimiento. Hugo Alberto Finola aborda el resentimiento en Kusch. Dice que ante la afirmación impuesta –la economía– en cuya formulación no participó el americano, que aunque aspire concientemente al desarrollo, ejercerá una especie de oposición inconsciente nacida de su resentimiento. Ese resentimiento representaría, tal vez…
“una advertencia de nuestra psique en el sentido de que lo que nos quieren imponer no está bien, y que los ‘enfermos’ no somos nosotros. Pero también que tenemos una profunda cobardía para enfrentar nuestra verdadera concepción de las cosas, llevarla a la conciencia e imponerla”[9].
Una deriva moral, la cobardía, atribuida al mestizo. Kusch parece referirse a las posibilidades de emerger de esos restos y residuos que el ser impuesto no logra terminar de ocultar. Y es en esos lugares liminares donde surge el resentimiento y su carácter sintomático, que deja la moneda en el aire respecto a las posibilidades de enunciación, de emancipación y liberación que el discurso civilizatorio impone hasta la clausura de esos componentes.
El resentimiento es un afecto que se pliega en el sujeto con el rechazo, la rumia, su propia escisión, la reacción retardada, la repetición, la atribución proyectual de culpas y responsabilidades. Excede la subjetividad y forma parte de condiciones sociales o económicas objetivas. Una transubjetividad sea que se trate del resentimiento social, del resentimiento como un mecanismo importante de la maquinaria del capitalismo, o de aquel que surge de las imposiciones coloniales y queda ligado a las condiciones de colonialidad existentes y la batalla por el yo.
El resentimiento se alimenta de tantos cauces que no es posible jerarquizarlo. Al extremo podríamos pensarlo como una pluralidad. Puede tratarse de una noción o categoría araña que puede capturar a su alrededor un conjunto o un sistema. Precisamente se abre paso y condensa síntesis heterogéneas.
Cynthia Fleury ubica al resentimiento como aquello que hay que curar. Considera que la eficacia de una cura psicoanalítica se verifica por la extinción del resentimiento. Volvamos a Kusch. El resentimiento se da en un contexto de aculturación, tiene un carácter de opresión y explotación colonial, está situado temporal y geográficamente, es persistente, es incómodo, es un complejo residual, sintomático y anacrónico.
Freud[10] planteó que es difícil determinar el término de un análisis. En una cura no hay un camino lineal, no está exento de avatares. Un analizante que logre avanzar y comprenda lo suficiente de sus propios errores, se encuentra y choca con una roca viva inaccesible. Hay condiciones contextuales que plantean dudas sobre una cura reducida a ciertas modificaciones subjetivas orientadas por un procedimiento.
Leon Rozitchner[11] plantea que, para el psicoanálisis, el yo es lucha, tiene una fuerza de resistencia pronta a surgir, inagotable e insustituible. El destino de la terapia no es el solipsismo, es decir, salvarse sin importarle que el mundo se hunda. Sino que se trata de la posibilidad de abarcar el campo histórico, como el lugar de la sinrazón, como el lugar de la indecibilidad política. Nuestra limitada conjetura es que el resentimiento kushano subjetivo y transubjetivo con un futuro perdido y un presente urgente, cae del lado de lo interminable freudiano a la hora de sopesar su cura.
Arte*: Tarsila do Amaral (1886–1973). Una de las más destacadas pintoras modernistas del arte latinoamericano.
“Abaporu” (“Hombre que come”), es un óleo sobre tela expuesto en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires.
[1] Fisher Mark 2018 (2013). Los fantasmas de mi vida. Escritos sobre depresión, hauntología y futuros perdidos. Caja negra. Buenos Aires. Pág 273.
[2] Dubet Francois 2024 (2019). La época de las pasiones tristes. De cómo este mundo desigual lleva a la frustración y el resentimiento, y desalienta la lucha por una sociedad mejor. Siglo XXI Editores. Buenos Aires.
[3] Vogl Joseph 2023 (2021) Capital y resentimiento. Una breve teoría del presente. Adriana Hidalgo
[4] Idem 205
[5] Fleury, Cynthia 2023 Aquí yace la amargura. Cómo curar el resentimiento que corroe nuestras vidas. Siglo XXI Editores. Buenos Aires. Libro digital Epub
[6] Kusch, R. (2000). “La negación en el pensamiento popular”. Obras Completas, Tomo II. Rosario Editorial Fundación Ross. Página 571
[7] Idem
[8] Idem
[9] Finola Hugo Alberto , 2017 “Divulgatio. Perfiles académicos de posgrado”, Vol. 2, Número 4, 49-68. Rodolfo Kusch: La necesidad de “ensayar una palabra nueva”
[10] Freud, Sigmund 1937 “Análisis terminable e interminable”. OC. Siglo XXI Editores. Argentina
[11] Rozitchner, León 1987 Freud y el problema del poder. Pág. 19 y 20. Plaza y Janés México
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