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“elrubius”: ¿realismo atolondrado o mueca de lo real?

12/04/2015- Por Sergio Zabalza - Realizar Consulta

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Se denomina youtuber a la persona que sube videos de producción propia a la web. En estos días tuvo lugar en Buenos Aires el Club Media Fest, un evento que congregó a los principales youtubers de habla hispana... Es probable que este “realismo atolondrado” provocado por la connivencia entre el personaje y los torpes –aunque simulados– apuros del sujeto que lo encarna, constituya uno de los factores operantes en la masiva identificación lograda por el "youtuber". Su figura bien podría encarnar el sueño del “adultescente” satisfecho con sus caprichos y pequeños goces que –cinismo mediante– intenta tomar distancia del compromiso con su deseo: un digno ejemplar del individualismo de masas...

 

 

      

 

 

 

Se denomina youtuber a la persona que sube videos de producción propia a la web. El contenido contempla un amplio abanico de temas que van desde el humor hasta el comentario o la presentación de videos, pasando por el análisis o la enseñanza de juegos digitales. El número de visitas y seguidores que obtiene un youtuber marca el grado de aceptación que le ha prestado la audiencia digital. Se trata de una lógica muy similar a la que rige para cualquier producto del mercado, objetos de arte incluidos: sea una canción, película o pintura, más allá de la puntual consideración cualitativa que merezcan las mismas.  

En estos días tuvo lugar en Buenos Aires el Club Media Fest, un evento que congregó a los principales youtubers de habla hispana. Todo tipo de comentarios se han vertido para explicar el éxito millonario logrado por estas personas entre quienes se distingue elrubius, un joven de veinticinco años oriundo de Málaga quien cuenta con más de diez millones de seguidores y cuya llegada al aeropuerto provocó un tumulto que se continuó hasta el hotel donde se alojaba.

En mi opinión, los youtubers habitan una zona, que por ahora se resiste a ser delimitada,  pero cuya interacción con la tecnología digital camina por senderos afines al arte o que al menos se sirven de prácticas relativas al mismo, tal como sucede, por ejemplo, con los DJ, hoy objetos de fuertes polémicas relativas al estatuto de sus producciones. 

En muchos casos, sus videos evidencian un disimulado trabajo conceptual de preparación y edición donde lo cotidiano, lo ínfimo, intrascendente o absurdo conforman un campo de experimentación apto para incursionar en el amplio espectro del humor. El procedimiento empleado por excelencia es el cruce entre la escena y el backstage (un montaje que corre paralelo a lo que se quiere mostrar), lo cual redunda en una suerte de “realismo atolondrado”. Se trata de un término que la crítica literaria Tamara Kamenszain toma del escritor Washington Cucurto y que luego comenta cuando dice que: “Para lograrlo es necesario que la lógica dualista de la separación se distraiga –se atolondre– y entregue la custodia que mantiene sobre la realidad”[1]. (El video Hola, soy Germán constituye un magnífico ejemplo de esta perspectiva).

Es probable que este “realismo atolondrado” provocado por la connivencia entre el personaje y los torpes –aunque simulados– apuros del sujeto que lo encarna, constituya uno de los factores operantes en la masiva identificación lograda por el youtuber, fenómeno sin duda facilitado por el fácil acceso a las herramientas y soportes digitales con que emular e intentar el mismo éxito que Rubius o Germán. 

“No hay nada más difícil que imaginar lo real”[2], dice Lacan, y quizás por eso el arte de las últimas décadas –desde el Ready made hasta el Body art– no ha cesado de intentar atrapar en su maniobra deconstructiva de la buena forma, un trozo de real. Ahora bien, el digno recurso al absurdo al que el youtuber echa mano en todo momento no siempre se acompaña con la ternura que, por ejemplo, distingue al mimo o al clown, quizás más bien insinúa un cinismo apenas velado tras el efecto de sus montajes, disparates o bizarras andanzas. A mi modo de ver es aquí donde reside el punto clave para abordar este fenómeno, a saber: ¿hay alguna ética en el humor que propone el youtuber?

Me resulta difícil saberlo. En el caso de elrubius, se trata de un adolescente propietario, domina el espacio que habita, una casa de clase media urbana en la que no aparecen jerarquías que lo sometan a ningún tipo de organización familiar, laboral, académica o militante. Se presenta como asexuado. A su lado revista Mangel, una suerte de Robin o Sancho Panza que le sirve de adláter a sus ocurrencias, burlas o chanzas.

Su figura bien podría encarnar el sueño del “adultescente” satisfecho con sus caprichos y pequeños goces que –cinismo mediante– intenta tomar distancia del compromiso con su deseo: un digno ejemplar del individualismo de masas que Peter Sloterdijk menta al caracterizar nuestra actual subjetividad. Sin embargo, también es cierto que el artista camina muy cerca de la perversión: tal como el mingitorio de Duchamp, su obra divide al sujeto espectador, lo sume en la perplejidad. 

Quizás haya que esperar para saber si el humor de los youtubers guarda alguna dignidad o si tan solo constituye –como refiere Lacan al denunciar la complacencia del pensamiento al mundo– una “mueca de lo real”[3].

 

 

Nota: Agradezco al equipo de elSigma que en la reunión celebrada el sábado 11 de abril brindó valiosos aportes para terminar de plasmar este escrito.

 

 

 

 

 

 

 

 



[1] Tamara Kamenszain, La boca del testimonio, Buenos Aires, Norma, 2007, página 126.

[2] Jacques Lacan, El Seminario: Libro 25: “Momento de concluir”, clase del 9 de mayo de 1978.

[3] Jacques Lacan, “Televisión”, en Otros Escritos, Buenos Aires, Paidós, 2013, página 538. 

 

 

 

 

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