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Foucault, el psicoanálisis y el malentendido de la biopolítica

19/06/2020- Por Alejandro Del Carril - Realizar Consulta

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Ha surgido en las últimas décadas un peligro que no existía en la época de Adam Smith: que el fantasma del dictador se encarne en las corpo-raciones económico-financieras. Esto está muy bien planteado en el curso “Nacimiento de la biopolítica”, de Michel Foucault. Pero ha sido forcluído por varios intelectuales referenciados en el pensador francés, que suelen aun hoy agitar el fantasma del dictador político… La pandemia del Coronavirus ha dejado al desnudo esta situación, al mostrar como los sistemas de salud sometidos a la lógica del mercado se encuentran impotentes para actuar con eficacia.

 

 

                                                           Fotografía “Mañana” de Piru Ginefra*

 

 

Foucault contra Foucault

 

“En ese momento, a fines del siglo XVIII, no se trata de esas epidemias sino de algo distinto: en líneas generales, lo que  podríamos llamar las endemias, es decir, la forma, la naturaleza, la extensión, la duración, la intensidad de las enfermedades reinantes en una población. Enfermedades más o menos difíciles de extirpar y que no se consideran, como las epidemias, en concepto de causas de muerte más frecuente sino como factores permanentes de sustracción de fuerzas, disminución del tiempo de trabajo, reducción de las energías, costos económicos, tanto por lo que deja de producirse como por los cuidados que pueden requerir. En suma, la enfermedad como fenómeno de población: ya no como la muerte que se abate brutalmente sobre la vida, la epidemia, sino como la muerte permanente, que se desliza en la vida, la carcome constantemente, la disminuye y la debilita.”

 

                                                                     Michel Foucault

 

 

  En éste párrafo extraído del curso “Defender la sociedad”, se puede apreciar una parte del trabajo realizado por Michel Foucault para situar la biopolítica, como pasaje de la potestad del soberano para matar y dejar vivir a la lógica del Estado ocupado en hacer vivir y dejar morir. Planteo que, a mi parecer, va a ser fuertemente reformulado unos pocos años después.

 

  De todas maneras en este curso Foucault sostiene la existencia de dos grillas de inteligibilidad. Una que retorna al modo traumático y que se define por el reverso del aforismo de Clausewitz: la política es la continuación de la guerra por otros medios. Según esta grilla la legalidad está fundada, no en la razón, sino en la fuerza, o mejor dicho, en la razón de la fuerza.

 

  Foucault lo sitúa históricamente entre los siglos XVII y XVIII, ligado a la aparición del Estado moderno. Pero se entiende que se trata del desgarro en la trama social que retorna indefectiblemente y que la guerra es algo así como su paradigma. Freud sitúa esta lógica estructuralmente con el mito del orangután jefe de la horda y el asesinato canibalístico de sus súbditos.

 

  Podríamos decir que la guerra es a la política, lo que el mito de “Tótem y tabú” es al Edipo. Tal vez el articulador entre las dos primeras sea lo sagrado, alojado en la religión, y el de las dos segundas el fantasma.

 

  La otra grilla es la que se remonta del presente hacia el pasado. De lo que Foucault llama la realización totalizadora del Estado hacia el pasado, para reconstituir su génesis.

 

  Esta concepción del Estado realizado en su totalidad es la que Foucault mismo va a poner en cuestión en el curso “Nacimiento de la biopolítica” cuando estudie la historia del neoliberalismo. Allí va a situar como la lógica nazi no consistió en armar un estado fuerte y abusador, como lo van a denunciar los partidarios de la libre empresa, sino en quitarle al mismo su estatuto jurídico y someterlo al führer y al partido nacionalsocialista.

 

  Luego de la Segunda Guerra Mundial esta crítica ideológica neoliberal sirvió de punta de lanza para desarrollar la teoría del libre mercado como defensa contra el Estado totalitario. Luego de la caída del muro de Berlín el aceleramiento de las políticas de la libre empresa continuaron con el horadamiento de los estados nacionales. Las multinacionales financieras y los medios de comunicación a sus órdenes confrontan, cuando no someten, a uno o más de los tres poderes del Estado.

 

 

Coronavirus

 

  La pandemia del Coronavirus ha dejado al desnudo esta situación, al mostrar como los sistemas de salud sometidos a la lógica del mercado se encuentran impotentes para actuar con eficacia. A tal punto que en muchos lugares se ha llegado a una situación en la que se ha tenido que optar entre economía o salud. Y en varios se ha optado por la primera dejando enfermar y morir a muchísimas personas.

 

  Desde la presidenta del FMI que, hace algunos años, se quejaba de los viejos que eran un costo demasiado elevado, al ministro japonés que les pidió que se murieran y hasta el gobernador de Texas que afirmó que los ancianos estaban dispuestos a morir para que la economía no se detenga, todo esto muestra bastante a las claras, que el “dejar morir” se parece bastante al asesinato liso y llano.

 

  Pero ya no de parte de ese Estado totalitario al que algunos seguidores parciales de Foucault pretenden aun acusar desde las universidades europeas y estadounidenses, sino desde las decisiones de los gerentes que administran lo que queda del Estado al servicio de los intereses de la acumulación de capital de las multinacionales, que cuando no logran someter a sus caprichos a los funcionarios, los acosan desde las cadenas de medios de comunicación, y a través del lawfare, cuando han logrado alquilar el servicio de jueces y funcionarios judiciales.

 

 

Pandemia intelectual

 

  Leí a Byung Chul Han y a Paul Preciado opinando sobre la pandemia. Ambos escriben desde el corazón de la Unión Europea, desde sus principales potencias. Ambos atacan la noción de Soberanía y de Estado. Ambos se referencian en Foucault y su biopolítica. Ambos reniegan uno de los planteos más fuertes de Foucault en el curso “Nacimiento de la biopolítica”.

 

  Allí Foucault plantea que el nazismo se desarrolló destruyendo al estado al subordinarlo al partido y al führer. Se deduce luego que el neoliberalismo sigue está veta pero al lugar del partido va a venir el mercado, las multinacionales.

 

  Ambos autores escriben como si Foucault nunca hubiera dicho eso y como si el desarrollo político-económico de los últimos 100 años no hubiera mostrado claramente el debilitamiento de los estados y el sometimiento, en mayor o menor medida, a la lógica del mercado. Claro, ellos escriben desde uno de los epicentros del capitalismo financiero global.

 

  Cualquier habitante promedio de latinoamérica puede apreciar, si tiene los pies sobre la tierra, que las supuestas libertades de occidente y la ausencia de enemigo son ficciones que pueden convencer a algunos privilegiados y a los zombies teleconducidos. La mayor funcionalidad que ha tenido la remanida libertad es la de permitirle a los cada vez más grandes devorarse a los cada vez más chicos, entre ellos al estado y a la soberanía de las naciones.

 

  El grito de alarma de estos intelectuales parecería provocado por la angustia que los asalta ante el espectáculo dantesco de la Unión Europea en llamas, unión de la cual alemanes y franceses han sido los principales beneficiarios.

 

  Si Han no ve enemigos en Europa, a la que llama occidente, es porque está en el centro de su dispositivo. Desde latinoamérica le podríamos contar las políticas de saqueo y depredación realizadas por los organismos financieros y sus empleados que gerencian lo que queda de los estados nacionales.

 

 

Virus neoliberal, castración y subjetividad

 

  El homo economicus de la economía clásica era el hombre del intercambio. El mercado era considerado fundamentalmente un lugar donde se intercambian mercaderías o mercadería por dinero. Se produce allí un juego de sustituciones, una cosa por otra. Es fundamentalmente una operación simbólica que se realiza para obtener mercancías que permitan satisfacer necesidades.

 

  Marx, en el primer tomo de El Capital, va a introducir al Valor como concepto clave. Es un concepto muy abstracto que se va a decantar en distintos valores: valor de cambio y valor de uso que remiten a lo señalado en el párrafo anterior. Y va a agregar el plus valor. El plus valor va a ser el producto arrojado por el trabajo no pagado al trabajador.

 

  El producto no es la mercancía pero no es independiente de esta ni del dinero que va a obtener el empresario de su venta. Parte de este plus valor será simbolizado y contabilizado por el dinero. Pero este plus valor es imposible de simbolizarse en su totalidad. Siempre hay algo que se escapa al discurso. Todo discurso implica una pérdida.

 

  Otra variable que introduce Marx es la Fuerza de Trabajo, que el trabajador vende como mercancía al empresario. Esta fuerza de trabajo va a tener un valor dinerario (salario) siempre menor al precio de la mercadería producida. El valor del salario estará en relación al tiempo de trabajo y otras variables. Pero esa Fuerza de Trabajo tampoco puede ser simbolizada en su totalidad. Hay algo que excede al cálculo en esa fuerza, es lo que el trabajador va a perder por ingresar al circuito productivo.

 

  Es porque existe esa pérdida que se va a producir un plus. No hay ganancia sin pérdida pero no toda pérdida implica una ganancia. El empresario no registra en lo simbólico la pérdida que implica su ingreso al discurso porque lo que él realiza es una inversión, que podrá contabilizarse como pérdida si el negocio fracasa. En relación a este agujero insoluble es que se van a producir los conflictos y malentendidos entre las partes.

 

  Como señala Foucault, con el neoliberalismo hay un retorno al homo economicus pero no al homo economicus del intercambio. El nuevo homo economicus es el de la inversión. El ser hablante es considerado un capital humano capaz de ser invertido. Así el salario será considerado una renta producida por ese capital humano.

 

  El capital humano es a su vez el producto de otra inversión, de educación formal por ejemplo, que a su vez es producto de otra inversión, la educación familiar, que es producto de la alimentación y del amor de los progenitores y así al infinito. Se forma de esta manera una cadena de inversiones que producen rentas. Un mundo de empresarios que invierten. Ya no hay trabajadores (socio conductor le dicen al chofer de uber).

 

  Hay producción de un plus que no provendría de ninguna pérdida. Para el neoliberalismo no hay agujero. Creo que este es el fundamento delirante del discurso neoliberal, delirio que elide el costo como pérdida y produce la idea de la existencia de un paraíso de pureza simbólica. Y como sabemos, lo rechazado en lo simbólico retorna en lo real. Es en este punto donde el discurso capitalista rechaza de plano la castración y produce una regresión libidinal, no a la analidad del intercambio sino a la oralidad canibalística del banquete totémico.

 

  El Coronavirus se ha transformado en una boca persecutoria insaciable. ¿No se quejan los humanos en las redes sociales de estar engordando en sus casas a la vez que muchas personas serán llevadas a pasar hambre por no tener qué llevarse a la boca?

 

  Entonces, esas personas que han sido seleccionadas para morir porque el sostenimiento de la lógica de acumulación de capital las empujó a que continuaran trabajando como lo venían haciendo, y luego no pudieran ser atendidas porque el sistema sanitario, regulado por la lógica del mercado, se encontraba colapsado, ¿no son acaso un claro retorno en lo real de ese violento rechazo de la castración que se viene gestando hace rato?

 

 

De yeguas y gatos: imposibilidades e impotencias de la política

 

  Adam Smith situó el límite de la política del soberano. La economía no puede subsumirse al saber. Ninguna economía real se ajusta a planes. Por eso él sostenía que el soberano debía renunciar a intentar gobernar la economía. Esta tenía que regirse por las ambiciones de los agentes económicos, sin que nadie se encargara de tener una visión de conjunto. Nadie debe buscar el bien colectivo ya que la mano invisible se encargará de acomodar los tantos.

 

  De lo que se trata en Smith es de limitar el entrometimiento iatrogénico de la política en la economía. Allí donde el soberano intenta manejar el conjunto aparece el fantasma del dictador, un dictador que sólo podría provenir de la política. Smith sitúa la imposibilidad que la economía le presenta a la política.

 

  Ahora bien, el neoliberalismo da un paso más. Ya no se trata de limitar a la política sino de imponerle a ella y a la sociedad toda su lógica de mercado. Por eso ha surgido en las últimas décadas un peligro que no existía en la época de Adam Smith: que el fantasma del dictador se encarne en las corpo-raciones económico-financieras.

 

  Esto está muy bien planteado en el curso “Nacimiento de la biopolítica”, de Michel Foucault. Pero ha sido forcluído por varios intelectuales referenciados en el pensador francés, que suelen aun hoy agitar el fantasma del dictador político.

 

  El neoliberalismo ha producido una metamorfosis en la función del político profesional. Adam Smith le situaba su imposibilidad respecto del saber conducir la economía, lo que dejaba al funcionario frente a cómo operar con esa imposibilidad y cómo articularse con los agentes económicos. El neoliberalismo, al colonizar la política con su lógica, intenta anularlo en su función. Lo que tiene que hacer es limitarse a gestionar, como dicen ahora.

 

  Al funcionario político ya no se lo sitúa en relación a lo imposible sino como impotente. Esa es la lucha que existe entre neoliberales y populares. Los últimos intentan sostener su relación a lo imposible. Los otros, rendidos a la impotencia, han abandonado la política para subordinarse a las corporaciones. Macri fue el paradigma del presidente neoliberal. Su crítica explícita a la política fue su confesión y el saber popular interpretó su impotencia llamándolo “gato”.

 

 

Imagen*: Piru Ginefra es artista plástica y fotógrafa independiente argentina. Formadora docente en la materia. La toma en blanco y negro es referida por la autora como metáfora posible de la pandemia.

 

 

 


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