» Columnas

Hedonismos

19/02/2008- Por Silvia Ons - Realizar Consulta

Imprimir Imprimir    Tamaño texto:

Por todas partes pululan ideas que dicen que vivimos en un mundo hedonista en el que la mayoría de los individuos buscan el placer y se desentienden de los problemas de la humanidad. Los lazos sociales están quebrados y solo queda como meta la felicidad individual, principio rector y supremo en la época del Dios ha muerto nietzschiano. Sin embargo ese placer poco tiene que ver con el del antiguo no solo por no estar ya ligado al conocimiento ni a la virtud ni a la ética sino por estar regido por el deber. Hoy en día todos los placeres son forzados y nada tienen que ver con la sabia sabiduría epicúrea, hoy en día existe una exigencia de placer que... mata todo placer. Ya no tendría vigencia la famosa frase de Horacio: “ocio con dignidad” porque ya no hay ocio sin imperativo de más y más.

Cuando hablamos de hedonismo es imposible no retrotraernos a los griegos. Ya la misma palabra lleva la impronta de su origen, hedone es placer en esa lengua. Su búsqueda comandaba la moral antigua que de ninguna manera lo ubicaba en un dominio inferior, fuera de su ética, sino en su mismo nido.
En líneas generales (1), para el griego, no hay separación entre el placer y el bien, la virtud no es ajena a la felicidad y no se opone a su dicha. Porque el placer, para la mayoría de los hedonistas antiguos, tiene una honda profundidad metafísica, no es banal, su raigambre es ontológica.
Las más significativas corrientes de este movimiento tomaron fuerza después de la disolución de la polis. Es que en Platón y en Aristóteles, la ética era afín con la política, que como ciencia soberana y arquitectónica, guarecía, junto con el cosmos, al hombre. Sólo en el seno de la polis podía el hombre realizar la perfección de su naturaleza específica y, así alcanzar la vida feliz. Con su quiebre, el hombre ya no se siente un ciudadano con deberes hacia el Estado, sino el sujeto que busca la felicidad o la serenidad del espíritu por sí mismo. Así la búsqueda del placer se liga con una individualidad que toma tanto más fuerza en la medida en la que se evapora el espacio político-colectivo.

El mayor exponente de la corriente hedonista fue Epicuro que no sólo fundó corriente sino que fundamentalmente predicó con su ejemplo y con su amistad. De él dijo Séneca: “las grandes almas epicúreas no las hizo la doctrina, sino la asidua compañía de Epicuro”. El placer no está divorciado del conocimiento y por ello el gozo no es trivial pero el conocimiento tampoco es la mera episteme ya que debe ser liberador, su fin es la confianza y la tranquilidad. La filosofía solo tiene por meta emancipar el pensamiento de toda turbación, para alcanzar así la ataraxia que es la ausencia de perturbación −comparada por Epicuro con la calma extensión de las aguas cuando ni un hálito las riza−. Como el temor a los dioses tensiona el alma, habrá que expulsar del universo todo principio divino (2) y, en ese mundo así vacío de Dios, buscar por el único método de la limitación de la pasión, el medio de ser feliz. Para la escuela del Jardín el deseo es infinito, y al mediar un abismo entre el objeto que se propone y el que alcanza, conduce a la infelicidad. La moral epicúrea privilegia el placer en reposo, placer que es principio y fin del vivir sereno, de ahí que ese placer se contraponga al deseo insaciable, fuente de estímulo, contrariedad e insatisfacción.

También podemos hablar de hedonismo cuando nos referimos al cinismo, escuela fundada por Antístenes cuyo mayor discípulo fue Diógenes de Síncope. Tal movimiento −o más bien “secta” al decir de Diógenes Larcio− rechaza al placer entendido como búsqueda y como trabajo impuesto por la cultura. Lo mejor es vivir en soledad lejos de la civilización. El cínico repudia las instituciones sociales, desprecia lo estimado generalmente por los hombres, su hedonismo es autoerótico, masturbatorio, solo basta el propio cuerpo, y se niega el valor de la ley social. La fama de Diógenes (3) atrajo a Alejandro Magno quién le propuso que le pidiese lo que deseara y él le respondió que se apartase del tonel en el cual vivía, ya que le tapaba el sol haciéndole sombra. Esta anécdota muestra a las luces el profundo sentido del cinismo antiguo en el no querer nada salvo que se retire la sombra del otro, estar por encima de Alejandro, el gran amo, prescindir de los anhelos fijados por la cultura. Tal vez por ello se comenta que Diógenes, a plena luz del día, salía por las calles gritando: “voy buscando un hombre verdadero”, quizás un hombre desasido de los vestidos mundanos como máscaras.

Las éticas hedonistas sufrieron un gran cuestionamiento a partir de Kant (4) quien considera que el principio de la propia felicidad jamás puede fundar una ley moral que en tanto universal debe trascender el bienestar de cada uno. El imperativo kantiano barre con los intereses individuales y se afirma contra todo interés particular, por ello la moral moderna se diferencia claramente de la antigua. Aquella era amiga del placer, ésta pretende su más allá ya que el deber válido para todos no puede nunca estar condicionado por apetitos singulares que están bajo su égida. Quizás por ello el descubrimiento freudiano que postula un más allá del principio de placer se haya inscripto en el dominio dibujado por Kant aunque su ética no sea la de este filósofo.

Podemos preguntarnos cuál es el legado actual de estas éticas. Por todas partes pululan ideas que dicen que vivimos en un mundo hedonista en el que la mayoría de los individuos buscan el placer y se desentienden de los problemas de la humanidad. Los lazos sociales están quebrados y solo queda como meta la felicidad individual, principio rector y supremo en la época del Dios ha muerto nietzschiano. Sin embargo ese placer poco tiene que ver con el del antiguo no solo por no estar ya ligado al conocimiento ni a la virtud ni a la ética sino por estar regido por el deber. Hoy en día todos los placeres son forzados y nada tienen que ver con la sabia sabiduría epicúrea, hoy en día existe una exigencia de placer que... mata todo placer. Ya no tendría vigencia la famosa frase de Horacio: “ocio con dignidad” porque ya no hay ocio sin imperativo de más y más. Más ejercicio físico, rendimiento deportivo, de performance sexual, de consumo, de dicha, de dinero. Prontamente advertimos que tal requerimiento abarca todas las esferas, atravesando todos los ideales, presos ellos ahora de esa demanda infernal. La hipermodernidad parece ser un pastiche de las dos éticas clásicas, de la antigua toma al placer pero bajo nuevas formas, de la moderna el deber pero no ya moral sino hedonista. Claro que como afirma Slavoj Zizek (5) en este tiempo que es el del Dios que ha muerto, el libertinaje no es libertad y los placeres están quizás más prohibidos que nunca, los imperativos son sus asesinos. Freud nos mostró como el sujeto siente culpa por gozar, hoy la experimenta por no gozar lo suficiente.

Vayamos al cinismo epocal para comprobar también su diferencia con el antiguo. El cínico posmoderno tampoco cree en las máscaras sociales, sabe que detrás de ellas no hay nada más que la búsqueda de dinero, poder, fama pero en las antípodas de Diógenes las utiliza a sus anchas con fines totalmente utilitarios. El cínico no se retira del mundo como el de otrora, se adapta a un mundo hecho de ficción donde solo importa el provecho personal y se hace uso de los valores sociales como meros disfraces instrumentales. Jamás hubiese rechazado la sombra de Alejandro, hubiese por el contrario hecho uso de ella no creyendo en el valor heroico de sus hazañas.

Referencias

1 Véase Rodolfo Mondolfo, El Pensamiento Antiguo, trad. cast. Segundo A. Tri, 1ª ed., TII Bs. As. 1942.

2 A. J. Festugière, Epicuro y sus dioses, trad. cast. León Sigal, Bs.As Eudeba, 1979

3 Diógenes Larcio. Vida de los más ilustres filósofos griegos. Vol.II. Hispamérica, 1985.

4 Kant, E., Crítica de la razón práctica, Porrúa, México,1977.

5 Presentación de Slavoj Zizek en Placer, bien. Platón, Aristóteles y Freud de Magliano, Maresca, Ons, Ed Biblos, Bs As, 2005.


© elSigma.com - Todos los derechos reservados


Recibí los newsletters de elSigma

Completá este formulario

Actividades Destacadas

La Tercera: Asistencia y Docencia en Psicoanálisis

SEMINARIOS

Modalidad online. Sábados de 11 hs.

Leer más
Realizar consulta

Del mismo autor

» Actualidad de las perversiones
» Casting amoroso
» Prólogo al libro Neoparentalidades. El Porvenir de la Diferencia de Sergio Zabalza
» La anorexia en la época de la desvergüenza
» La identificación en el fin de análisis
» El arte del diagnóstico
» Los amores de Freud
» Una virilidad sin padre
» Entrevista a Slavoj Zizek
» Crímenes por internet
» Rorty: ¿Antifundamentalista o el retorno del fundamentalismo en el criterio de la utilidad?
» Las declinaciones del padre
» Angustia y alteridad
» Malestar actual en la cultura
» Hacia una lógica colectiva
» La excomunión
» El inconsciente como defensa epicúrea
» El psicoanálisis nació antes de la primera guerra mundial
» Presentación de la sección

Búsquedas relacionadas

» hedonismo
» placer
» deber
» ética