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La agresividad y la pulsión de poder en las instituciones19/11/2013- Por María Cristina Bacchetta - Realizar Consulta
La agresividad en tanto constitutiva del sujeto en la cultura, se manifiesta no solo en la sociedad como pulsión de poder, sino también en las instituciones y también en las instituciones psicoanalíticas. La Agresividad, no siempre podemos pensarla bajo un signo negativo, es una vía al mismo tiempo de separación, de desalienación. El Ideal del Yo, pacificante en lo normal, puede llevar sobre sí su signo contrario, Freud habla de la “resexualización” del Ideal, sometiendo (¿permitiendo?) al yo a un goce sin tope en el ejercicio de la pulsión de poder, de crueldad, de destrucción, que, ante la posibilidad de la pérdida, lo lleva a su propio aniquilamiento.
A Guillermo Martin, un maestro
“Si la pulsión de poder o la de crueldad es irreductible, más vieja, más antigua que los principios, entonces, ninguna política puede erradicarla. Sólo podría domesticarla, diferirla, aprender a negociar, pero sin ilusión”. Derrida, en “Los estados de ánimo del Psicoanálisis”, 2000
“Nosotros [todos los que han levantado la ‘dictadura de la razón’ por encima de las pulsiones crueles] somos pacifistas, por razones orgánicas, no podemos no serlo… nuestro rechazo de la guerra y la crueldad no es sólo intelectual o emocional. En nosotros, los pacifistas, se agita una intolerancia constitucional …Y parecería que el rebajamiento estético implícito en la guerra contribuye a nuestra rebelión en grado no menor que sus crueldades”. De la Carta a Einstein en “¿Por qué la guerra?” S. Freud, 1932
Si pusieramos en dialogo estas dos citas, tal vez, no se trate tanto, como dice la primera, de que no habría política posible ante la pulsión de poder o las crueldades, sino que hay una determinada política, que parece no dejar de lado cierta agresividad al menos por los términos que usa: “dictadura de la razon” “pacifistas…intolerantes”, “rebelión”. Es claro aquí que Freud plantea una salida, otra “estetica”, desde una ética.
La agresividad en las instituciones, ¿cómo se tramita, a dónde va a parar? ¿Qué pasa cuando se trata de una institución psicoanalítica? En muchas de las instituciones que se habían creado durante los ‘70, comienzos de los ‘80, se fue produciendo, como era de esperar, la muerte de alguno de sus fundadores. Esto implicó, implica, un trabajo de duelo, que lleva tiempo, pero que a su vez es lo que permite el relanzamiento del deseo. El trabajo de duelo no es posible sin algún monto de agresividad en juego hacia el objeto que se perdió, pero a veces, por alguna razón, este trabajo se ve impedido.
Para apropiarse de la herencia es necesario el reconocimiento de la deuda. Con la repetición, con el amor de transferencia no alcanza, es necesario la elaboración, el corrimiento a una posición subjetiva que esté dispuesta por lo menos a intentar el pago, con todo el costo de renuncia a los narcisismos personales, al de las pequeñas diferencias, el asumir la castración, como postura ética, que no es ni más ni menos que la sujeción a la Ley y en ese punto el reconocimiento de la falta que nos constituye. Sin embargo a menudo, lo que se impone como “salida”, es una lucha por el poder que implica el sostenimiento de algún amo, en definitiva la ilusión de la no falta.
El grupo opera como espacio de transmisión, pero además de la teoría, se trata de la transmisión del psicoanálisis en transferencia.
Aprender, ejercer y difundir es un modo de nominar el recorrido. Masotta hablaba de estudiar, practicar y transmitir.
La transmisión es la vía que la clínica elige, que la practica implementa. Se trata de la transmisión del acto analítico. De un estilo.
El estilo es el a, nos dice Lacan. Es decir, la transmisión de una manera de hacer que sostiene el objeto en falta, que apunta al no sentido, a la ruptura de significaciones, a la máxima diferencia, por vías que son las del inconsciente.[i]
Transmitir es al mismo tiempo, transmitir una historia, historia y teoría en tanto praxis, se relacionan en el movimiento del psicoanálisis. Y es también la historia de sus grupos, de sus intentos de "institucionalizaciones". La institución, instituye, homogeniza, “tapa agujeros”, en ese sentido, para los que dirigen y para los dirigidos, les es difícil sostener el discurso del analista, es necesario un trabajo permanente para ello y tal vez, no quede otra posibilidad que finalmente disolverse. Por otro lado, al mismo tiempo, ¿por qué no podría tratarse simplemente del recorrido, del camino? Hablar de meta, ¿no es nuevamente suturar la falta?
¿Cómo sostener la libertad y lo que de subversivo siempre tuvo el Psicoanálisis? y al mismo tiempo, ¿como hacer para que los narcisismos inconciliables no nos dejen capturados en una Torre de Babel sin salida?
En el tema de la agresión, Freud es contundente “… todo intento de privar al ser humano de su ‘gusto por la agresión’, es inútil. La agresión es un rasgo indestructible de la naturaleza humana. La agresión y el odio constituyen al sujeto, forman parte de nuestra ‘naturaleza’, pero no se trata del triunfo de ‘la Naturaleza’, es una agresión que surge de lo más profundo de los lazos sociales, es consecuencia de esos lazos, de ‘la frustración, prohibiciones y privaciones’”[ii] que la cultura requiere. La cultura del hombre se basa en una renuncia, que a su vez es causa de hostilidad.
Esto mismo se reproduce en un grupo cualquiera, hay un efecto de agresividad intrínseco a todo agrupamiento, lo que no va a ser igual es el modo de tramitarlo, es la respuesta que se de, el tope o no tope que pueda ponerse a la pulsión. Al mismo tiempo no es lo mismo agresión y agresividad. Lacan nos dice que en la experiencia la agresividad nos es dada como “intención”. El dialogo, que en si mismo parece ser una renuncia a la agresividad, termina por fracasar y por otro lado, la transferencia negativa (manifestación clara de la agresividad) es el paso inaugural de todo análisis.
Asimismo, en la sociedad la agresividad es vista con buenos ojos porque se la confunde con fortaleza.
Cuando Tánatos triunfa, el grupo intenta elaborar sus efectos, disolverlo, realiza algunos ritos, pero también a veces, el odio que su irrupción transporta, queda circulando como resto. Culpa que no nos permite terminar de matar al objeto, sombra que no termina de disiparse.
Aunque no que se trata de homologar la institución al sujeto, hay algunos términos que tal vez nos puedan servir. El introyectar la pulsión de agresión de cada uno, el no dirigirla al objeto, es fundamental para que el grupo sobreviva, pero también que no recaiga sobre el propio yo, es fundamental para que el sujeto sobreviva, de lo contrario estaríamos en salidas melancólicas, pero también maníacas. Tal vez las escisiones y divisiones que a veces se producen en las instituciones se relacionen con estas posiciones.
Tánatos desgasta, apunta al cuerpo, a lo real. Y el Yo es su vehículo.
El yo en su primera constitución narcisista necesita de la identificación especular para lograr su forma, identificación que lleva al deseo a despertar, como deseo por lo mismo, de la que solo podrá salirse a través de la rivalidad, el odio, los celos, yo que odia a yo. Corte que no es sin agresividad.
Por otro lado “La identificación edípica es aquella por la cual el sujeto trasciende la agresividad constitutiva de la primera individuación subjetiva. Todo un asumir afectivo hacia el prójimo.”[iii] .
Podemos pensar, con Lacan, la agresividad como una tensión correlativa de la estructura narcisistica (cuyo caracter es irreductible), el Edipo (que en su normalidad es sublimatorio) como una identificación secundaria a la imago del progenitor del mismo sexo y el ideal del Yo como una función pacificante que conecta una normatividad libidinal con una normatividad cultural ligada a su vez a la historia de la imago paterna, como lo plantea Freud en “Totem y Tabú”, bajo el sentimiento de culpa[iv]. Pero también el Ideal del Yo, como lo advierte Freud tiene relación con el narcisismo, con la conservación del objeto incestuoso[v] y puede llevarnos renegatoriamente, a no sostener la ética de la falta, en la medida que su cumplimiento nos de la ilusión de una completud, en tanto “deber cumplido”, “la ilusión de un porvenir”, como nos dice Freud, respecto a posiciones religiosas. Se trata de la erotización del superyó, predominio de la pulsión de muerte, en tanto satisfacción, “imperativo de goce” que puede llevar al sujeto, a veces, a su propio aniquilamiento[vi]
¿No es acaso posible, la vía de la sublimación? Y en esto incluyo el trabajo, la escritura, el pensamiento, el estudio.[vii] Pero no hay sublimación sin duelo, ni tampoco deseo.
Por otro lado qué es lo que ocurre con la agresividad en una sociedad. La polaridad de las pulsiones es algo irreductible, no tendría sentido hacer una evaluación ética de algo que nos constituye, la vida misma depende de ambas pulsiones, sin las destructivas tampoco podríamos sobrevivir. Pero es distinto cuando en forma organizada y sistemática, en función de un orden que sólo implica el poder, se crean instrumentos que hacen que la pulsión de muerte devenga pulsión de destrucción. Pulsión de poder que en nombre de grandes ideales, destruye. ¿Qué es lo que hace que los pueblos soporten estas posiciones? El sujeto tampoco quiere su propio bien, dirá Freud, en relación a un Superyó voraz. La violencia vuelve a ganarle al derecho, al derecho a la vida y a muchísimas cosas más. El derecho es el poder de una comunidad, la unión de los débiles para contraponerse a la violencia del fuerte.
Pero esta unión debe ser duradera. Freud plantea tres vías para combatir la pulsión de destrucción y de poder, que permitan la unión de la comunidad [viii], vías que se vinculan con el amor y la razón: 1) La ‘cultivación’ del lazo amoroso con el otro (sin metas sexuales), 2) el amor consigo mismo por identificación con los otros y 3) la dictadura de la razón. La razón[ix] trabajando para el lado de la cohesión, sostenida en interconexión con la ciencia. Dice Freud en la carta a Einstein “En este punto habría que intervenir; debería ponerse mayor cuidado que hasta ahora, en la educación de un estamento superior de hombres de pensamiento autónomo… Lo ideal sería, desde luego, una comunidad de hombres que hubieran sometido su vida pulsional a la dictadura de la razón[x] Ninguna otra cosa sería capaz de producir una unión más perfecta y resistente entre los hombres, aun renunciando a las ligazones de sentimiento entre ellos”. “Estamento”, “comunidad de hombres”, “unión”, se refiere a un grupo, no a un amo, justamente contra eso es contra lo que Freud lucha en esos momentos, contra el poder del amo, pero sobre todas las cosas de lo que advierte es de la aceptación que una sociedad puede hacer respecto a la instauración de un amo.
Si bien Freud se refiere aquí a la sociedad en su conjunto, creo que su propuesta, nos sirve para pensar también en los pequeños grupos, en las instituciones. La forma es el rodeo, el rodeo de la palabra, no oponer más Tánatos a Tánatos, no querer erradicar lo irradicable: por el lazo afectivo, por la identificación (en tanto sublimación normativa), por la no agresión, por el lado de reforzar a Eros, esa sería la vía indirecta. El rodeo es la política. Y también, lo que considera una utopía, así como lo más duradero, no sujeto a las emociones, lo que denomina como sujeción de las pulsiones a la dictadura de la razón, . “La formación de hombres… de pensamiento autónomo… que luchen por la verdad…”¿No se trata en definitiva en Freud del sosteniemiento del deseo?, ¿no roza, al menos en algo, la posición del analista, o lo que podríamos esperar como postura en los integrantes de una institución psicoanalitica?. Cuando hablamos de la formación del analista, en relación a su analisis, en relación a la transmision, ¿de qué hablamos? Analista es una función, y es esperable que funcione, ¿se puede esperar alguna otra cosa, en relación a su pulsión de poder, del sujeto que ha realizado un análisis, del que no lo ha hecho?, seguramente si, me parece que al menos Freud lo esperaba (ver nota X).
Lo que ocurre en una institución, en un grupo, también ocurre en una sociedad. La muerte de sus fundadores, de sus líderes, de sus convocantes, impone un duelo, ¿qué ocurriría si ese duelo no se produce?, o no se produce suficientemente. ¿Qué pasa cuando una sociedad intenta negar la pérdida, negar el duelo, hacer desaparecer a sus muertos? La frase clara de uno de los genocidas del terrorismo de Estado, que llevó adelante en la Argentina la desaparición de miles de personas, lo ilustra bien cuando se refiere por televisión a los “desaparecidos”, ¿qué son?, no tienen entidad, dice, “son desaparecidos”, por televisión, dirigiéndose a la sociedad en su conjunto, mecanismo claramente perverso, niega y afirma al mismo tiempo. Y también esto ocultaba el predominio de un poder económico. La teoría de los dos demonios de otros tiempos ha derivado, eficazmente, en la teoría de “las dos campanas”, con lo que se intenta anular cualquier cambio, rebajándolo, en tanto se trataría sólo de “una campana”, de “una posición partidaria”, otro rebajamiento, esto es también transmitido por televisión.
La lucha fratricida entre los pueblos, es generada desde los lugares de poder, de un poder que intenta perpetuarse. La pulsión de poder no cesa, es solo la sociedad en su conjunto, a través de las herramientas con las que cuenta (modos organizativos, deliberativos, etc.), a través de la Política, quien puede ponerle algún tope, que en el caso de la sociedad, sabemos siempre insuficiente.
Dice Freud en “El Malestar en la Cultura”: La cultura es el resultado de la lucha entre Eros y Tánatos. “…Pero aun donde emerge [la pulsión de muerte] sin propósito sexual, incluso en la más ciega furia destructiva, es imposible desconocer que su satisfacción se enlaza con un goce narcisista extraordinariamente elevado, en la medida en que enseña al yo el cumplimiento de sus antiguos deseos de omnipotencia. Atemperada y domeñada, inhibida en su meta, la pulsión de destrucción, dirigida a los objetos, se ve forzada a procurar al yo la satisfacción de sus necesidades vitales y el dominio sobre la naturaleza”[xi], el problema es que a veces se trata del dominio sobre los otros, como un modo de superar el malestar.
Lacan nos habla de un “…desgarramiento original… por el cual puede decirse que a cada instante [el hombre] constituye su mundo por medio de su suicidio…” [xii]
Volvamos a las instituciones psicoanalíticas. En el desarrollo individual, la pulsión de destrucción, se vuelve inocua por la instalación del Superyó[xiii], conciencia moral, conciencia de culpa, conciencia social, que atempera ese gusto por la agresión, que vigila constantemente, pienso que no es esta la dictadura de la razón[xiv], pero a veces, algo de lo que describe aquí Freud de esta instancia, es lo que parece borrarse al momento de las luchas por el poder en una institución. No sólo se ha perdido “la asunción de la castración”, “el deseo del analista”, “la ética del psicoanálisis”, si no también se manifiestan las peores manifestaciones narcisistas, en nombre de arrogarse cada quien el poder de ser el dueño de la verdad, y esta “certeza” termina poniéndose en función de sostener siempre algún “ideal”. Algo también de la misma instancia, pero en el peor de los sentidos, parece triunfar. El Ideal del Yo solo podrá cumplir su función de pacificador, en la medida que el Yo haya podido aceptar la pérdida del objeto y realizado el duelo, de lo contrario estaremos ante posturas renegatorias y narcisistas, tanáticas.
Sabemos, con Freud, que la satisfacción que el ideal dispensa a los miembros de la cultura es de naturaleza narcisista, descansa en el orgullo por el logro ya conseguido y la satisfacción narcisista proveniente del ideal de cultura es, además, uno de los poderes que contrarrestan con éxito la hostilidad a la cultura dentro de cada uno de sus círculos[xv]. ¿Será esta una de las corrientes que lleva a todo grupo, por más advertido que esté, en su afán conservador (nuevamente el narcisismo, el no duelo, la no pérdida), en algún momento, a terminar sosteniendo el poder de un Amo-Padre dador de premios y castigos, en la ilusión de un garante, pero de la no falta?
Por otro lado, a nivel social podríamos agregar: en la última época, la que denominamos Moderna, Contemporánea, la del “progreso” científico, tecnológico, pero sobre todo del mayor desarrollo económico que ha llevado en los últimos años a la mayor polarización [xvi] de todos los tiempos, en forma progresiva, sin prisa, pero sin pausa, una parte de la sociedad, hegemonizada desde el discurso capitalista, apropiada por los medios de poder más importantes ‒que no han dudado, en llevar a los pueblos a las guerras más crueles‒, ha ido logrando imprimir a la cultura la idea de que “todo es posible”, que sí hay objeto, que la castración no existe, “el mundo feliz” que ya nos advertía Aldous Huxley en 1932 y que dos años antes, Freud lo decía así: “Esta lucha [la de Eros y Tanatos] es el contenido esencial de la vida en general, y por eso el desarrollo cultural puede caracterizarse sucintamente como la lucha por la vida de la especie humana. ¡Y esta es la gigantomaquia que nuestras niñeras pretenden apaciguar con el «arrorró del cielo»!”, mientras nos llenan la boca de papilla, así como los grandes mercados nos llenan la boca de objetos.
Notas
[i] S. Glasman, Conjetural nro. 21
[iii] J. Lacan: “La agresividad es la tendencia correlativa de un modo de identificación que llamamos narcisista y que determina la estructura formal del yo del hombre y delregistro de entidades característico de su mundo”. La agresividad en psicoanálisis, Escritos 1, Ed. Siglo XXI. 1948
[iv]ibid
[v] S. Freud: “Introducción al narcisismo”, “Duelo y melancolía”, “El Yo y el Ello”, “El problema económico del masoquismo”. En general las neurosis graves (vía reacción terapéutica negativa, sentimiento inconsciente de culpa) pueden relacionarse con esta instancia, en tanto una resexualización.
[vi] S. Freud “El Yo y el Ello”, 1924.
[vii]Ibid “Y es en todas las fases genéticas, en todos los grados, en dónde volvemos a encontrar ese momento narcisista en el sujeto, en un antes en el que debe asumir una frustración libidinal y un después en el que se trasciende en una sublimación normativa”. 1948
[viii] S. Freud Carta a Einstein en “¿Por qué la guerra?” Ed. Amorrortu 1932
[ix] De qué razón se trata en Freud. Tal vez sería conveniente leerla en el marco del texto de Lacan “La instancia de la letra en el inconsciente o la razón desde Freud” Ed. Siglo XXI
[xi] S. Freud El Malestar en la Cultura. …” Ahora bien, a este programa de la cultura se opone la pulsión agresiva natural de los seres humanos, la hostilidad de uno contra todos y de todos contra uno. Esta pulsión de agresión es el retoño y el principal subrogado de la pulsión de muerte que hemos descubierto junto al Eros, y que comparte con este el gobierno del universo”. Ed. Amorrortu 1930
[xii] J. Lacan “La Agresividad” en Escritos 1, 1948
[xiii]Ibid” ¿Qué le pasa para que se vuelva inocuo su gusto por la agresión? Algo muy asombroso que no habíamos colegido, aunque es obvio. La agresión es introyectada, interiorizada, pero en verdad reenviada a su punto de partida; vale decir: vuelta hacia el yo propio. Ahí es recogida por una parte del yo, que se contrapone al resto como superyó y entonces, como «conciencia moral», está pronta a ejercer contra el yo la misma severidad agresiva que el yo habría satisfecho de buena gana en otros individuos, ajenos a él. Llamamos «conciencia de culpa» a la tensión entre el superyó que se ha vuelto severo y el yo que le está sometido. Se exterioriza como necesidad de castigo. Por consiguiente, la cultura yugula el peligroso gusto agresivo del individuo debilitándolo, desarmándolo, y vigilándolo mediante una instancia situada en su interior, como si fuera una guarnición militar en la ciudad conquistada.” 1930
[xiv]S. Freud “Por qué la guerra?” Carta a Einstein “En este punto habría que intervenir; debería ponerse mayor cuidado que hasta ahora, en la educación de un estamento superior de hombres de pensamiento autónomo, que no puedan ser amedrentados y luchen por la verdad, sobre quienes recaería la conducción de las masas heterónomas. No hace falta demostrar que los abusos de los poderes del Estado {Staatsgewalt} y la prohibición de pensar decretada por la Iglesia no favorecen una generación así. Lo ideal sería, desde luego, una comunidad de hombres que hubieran sometido su vida pulsional a la dictadura de la razón. Ninguna otra cosa sería capaz de producir una unión más perfecta y resistente entre los hombres, aun renunciando a las ligazones de sentimiento entre ellos” 1932.
[xv]S. Freud “El porvenir de una ilusión” “El pueblo que fue el primero en alcanzar esa concentración de las propiedades divinas no se enorgulleció poco de ese progreso. Había puesto al descubierto el núcleo paterno que desde siempre se ocultaba tras cada figura de Dios; en el fondo, fue un regreso a los comienzos históricos de la idea de Dios. Ahora que Dios era único, los vínculos con él podían recuperar la intimidad e intensidad de las relaciones del niño con su padre. Y se quiso ser recompensado por haber hecho tanto en beneficio del padre: al menos, ser el único hijo amado, el pueblo elegido. Mucho después la piadosa Norteamérica demanda ser «God's own country» {«la patria de Dios»}, y ello es en efecto así, respecto de una de las formas bajo las cuales los hombres veneran a la divinidad”. 1927
[xvi] Según cifras últimas de la ONU, el 82% de las riquezas del mundo están en manos del 20% de la población.
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