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La falta de abrazos, ¿será parte del “nuevo normal” post pandemia?

11/05/2020- Por Ana Esther Krieger - Realizar Consulta

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Diversas conductas sociales que adquirimos con la pandemia, van a prolongarse por mucho tiempo y acaso se conviertan en el “nuevo normal”: el metro y medio de distancia entre unos y otros, no estrecharse las manos, no abrazar… El abrazo es la expresión más primitiva y arcaica del amor, y si nos falta, el devenir será complicado. ¿Qué sucede cuando se transforma en algo que nos puede matar (por el peligro de contagio)? ¿Cuánto afectará la falta de contacto físico a nuestra psiquis?

 

 

                              

 

                                 “Distancia Social 1” de Eduardo Santiere*

 

 

  El abrazo es el sentimiento oceánico que reproduce la vida prenatal; el borramiento de los bordes del cuerpo al fusionarse con el otro. Por eso sostiene Jack Cainfeld, de la Fundación para la Autoestima:

 

“abrazar es saludable: favorece el sistema inmunitario, nos mantiene sanos, cura la depresión, reduce el estrés, induce al sueño, vigoriza, rejuvenece, no tiene efectos colaterales indeseables… En una palabra, es una droga milagrosa”. 

 

  En Islandia, el gobierno lanzó una curiosa iniciativa para que las personas abracen a los árboles durante unos minutos, con el fin de ayudarlas a sentirse mejor en pleno aislamiento. Algunos refieren lograr una sensación relajante. La respuesta sería que el foco no es tanto el árbol sino la acción de abrazar lo que trae esa distensión.

 

  En este aislamiento social, preventivo y obligatorio que nos toca vivir, a causa del coronavirus, los abrazos, el ser abrazado o abrazar a otros, se convirtió día a día en una necesidad. Por momentos, esa carencia es imperiosa. Lo cual, nos hace pensar en la importancia que tiene en nuestras vidas el contacto físico y sus beneficios para nuestra salud mental. 

 

  El distanciamiento que prima hoy en el mundo y que, según los expertos de la Universidad de Harvard se podrían extender hasta el año 2022, supondría que los abrazos en un futuro inmediato serán ¿prohibidos?

 

  Sin dudas, diversas conductas sociales que adquirimos con la pandemia, van a prolongarse por mucho tiempo y acaso se conviertan en el “nuevo normal”: el metro y medio de distancia entre unos y otros, no estrecharse las manos, no abrazar, etcétera.

 

  Otro interrogante es cuánto afectará la falta de contacto físico a nuestra psiquis, en el tiempo posterior a la cuarentena. Comencemos a desentrañar estas preguntas.

 

  Cuando nace un bebé, inmediatamente que sale del canal de parto, lo ponen en los brazos de su madre. Es decir, el primer contacto con el cuerpo del otro de esa criatura es a través de los brazos. Son los brazos los que permiten la fusión con el otro. Y el sujeto humano, no solo necesita del amparo del otro, sino también del abrigo corporal.

 

  Freud y varios autores, pero él con mucha claridad, definió que el ser humano nace indefenso, mucho más que los animales y por ende, necesita de la asistencia ajena para sobrevivir. En este caso, de la madre. Sin esta protección, el ser humano muere, no puede desarrollarse por sí mismo.

 

  Incluso, hay autores, como René Spitz, que estudiaron el marasmo donde se plantea que si un bebé recibe alimento sin amor, se enferma. Entonces, el abrazo es la expresión más primitiva y arcaica del amor. Y si nos falta, el devenir será complicado. Y lo será también no abrazarse porque es algo instintivo, pulsional, una necesidad básica. Incluso, lo es más que el beso, porque primero viene el abrazo y después, el beso. Un abrazo vale más que mil palabras, y sin darnos cuenta, lo estamos buscando.

 

  Esta pandemia, entre otras cosas, nos cierne y nos empuja, a privarnos de este apretujón. Aún no podemos saber qué pasará en un futuro porque lo estamos viviendo ahora. Tengamos en cuenta, también, que la mayoría de las veces, la tristeza, la angustia y la rabia, se calman con un abrazo. En un momento de angustia o ansiedad, ser abrazados se convierte en el mejor remedio. Para el humano es fundamental, primordial.

 

  Tengo una paciente que está angustiada porque le falta el abrazo de su pareja, de su hombre, debido a que están haciendo la cuarentena separados. Se ven por las pantallas y chatean. Pero, para ella no es lo mismo porque le falta ese contacto corporal del abrazo.

 

  La antropóloga Rita Segato señaló en una entrevista:

 

“Algo interesantísimo que está ocurriendo con la cuarentena es que comenzamos a sentir la necesidad de la materialidad del cuerpo del otro, que no lo percibíamos como comunicación necesariamente. Algunas y algunos de nosotros somos verbales, pero hay muchísima gente para quienes la comunicación no verbal es esencial; y quizás para nosotras también la comunicación no verbal sea esencial, solo que la hemos velado, obstruido. Hemos eliminado la importancia del cuerpo”.

 

  La ausencia de esta comunicación corporal traerá consecuencias que no sabemos si vamos a poder sostenerlas hasta el 2022, aunque hayamos incorporado nuevos hábitos. Es probable que, cuando la pandemia sea historia, volvamos a abrazarnos y besarnos como antes. Y vale tanto para niños, adolescentes y adultos.

 

  El abrazo es un gesto de amor que no tiene una palabra exacta sino que el sentido se lo da quien lo recibe, quien se reconforta con eso que le es dado por el otro. 

¿Qué sucede cuando se transforma en algo que nos puede matar (por el peligro de contagio)? Sin dudas, el impacto psíquico es tremendo.

 

  Todavía no lo podemos calificar, pero dejará marcas y cicatrices muy importantes. Cada uno lo irá resolviendo en un derrotero particular e individual. Pensemos en las personas que mueren a causa del Covid19. Mueren solas, aisladas, sin sus afectos reconfortándolos hasta el final, sin una mirada familiar o amiga, sin una mano próxima o la caricia de un ser querido. En definitiva, sin abrazos que conforten, tampoco a sus familiares y amigos.

 

  ¿Cómo serán estos duelos? Sin lugar a dudas, serán patológicos.

 

“En las pestes anteriores se veía morir a las personas. La muerte se veía y hoy está oculta. Lo máximo que vemos son cantidades de ataúdes o cómo una gran topadora está abriendo el surco para poner todos los ataúdes que van a llegar, por ejemplo, en Guayaquil o en Manaos, pero no estamos viendo a los cuerpos atravesar este tránsito, que es el pasaje de la vida a la muerte. Los cuerpos están aislados, ocultos a los ojos de los demás. Esa es una novedad de esta peste”, advierte Rita Segato.

 

  Hay varios factores, además del confinamiento en sí mismo, que ya están modificando nuestro “nuevo normal”. Y acaso sea sin abrazos.

 

  

Imagen*: dibujo en lápiz color.                    

                  https://www.instagram.com/eduardosantiere/?hl=es-la

 

 


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