» Columnas

La hiperdigitalización y el superyó digital

22/09/2026- Por Marta Gerez Ambertín - Realizar Consulta

Imprimir Imprimir    Tamaño texto:

La potenciada “digitalización” de la vida está intensificando la indefensión del sujeto. ¿Acaso la hiperdigitalización está instituyendo un nuevo modo de control y producción subjetiva? ¿Se trata de una escalada de lo pulsional y, más precisamente, de la pulsión de muerte que va apagando día a día la palabra del sujeto y, por tanto, el deseo que lo constituye en humano? ¿Estará surgiendo otra y diferente instancia psíquica: la antropo-digital?... La a-dicción a las pantallas puede alienar al sujeto en una identidad de puro simulacro y apariencia demoliendo aquello que lo sostiene, esto es, el entramado de la palabra y los trazos analógicos: formaciones indispensables pues permiten al sujeto sostener sus deseos y sus lazos sociales para aplacar la ferocidad del superyó que siempre impone obediencia irrestricta.

 

       

 

                                             Ilustración realizada con IA Gemini

 

 

 

“El poder está en la facultad de hacer pedazos los espíritus y volverlos a construir dándoles nuevas formas elegidas por ti”.

 

                                                       George Orwell en 1984

 

 

  Este texto es un adelanto de los temas a tratar en el 40 Congreso Internacional de Psicoanálisis “El sujeto en la Hiperdigitalización” con el que festejaremos los 50 años de la Fundación Sigmund Freud y el Instituto Clínico Jacques Lacan, el 17 de octubre en Santiago del Estero, Argentina.

 

  ¿Por qué hacer un Congreso con ese título? Muy simple y complejo a la vez: para saber qué queda y qué quedará del sujeto tal como hoy lo conocemos desde el psicoanálisis: el sujeto del deseo inconsciente, el sujeto de los sueños, de los síntomas, de los lapsus, de los chistes. Ese sujeto que se va borrando, robotizando, volviendo ciborg porque en la hiperdigitalización prima un individuo sin alteridad, sin relación con un Otro simbólico.

 

  ¿Estará surgiendo otra y diferente instancia psíquica: la antropo-digital? ¿Cómo trabajaremos con ese nuevo seudo-sujeto cada vez más robotizado que asoma?

 

  Antes de la hiperconexión digital, los pacientes llegaban, se sentaban o recostaban en el diván, hablaban, asociaban libremente –tal la consigna del psicoanalista– se interrogaban y producían un saber sobre ellos que les permitía descubrir sus deseos y encontrar algunos ejes para sostener-orientar sus vidas.

 

  Ese saber se repartía entre ellos y el psicoanalista, sujeto supuesto saber. Hoy, en cambio, una gran mayoría llega, saca el celular, lee lo que recibió –hay una compulsión a leer los chats– e inmediatamente va hacia la IA que le dice qué quiere decir el mensaje que recibió, qué y cómo responder. En otras oportunidades este inicio de sesión no es tan patético, pero relatan, por ejemplo, que tuvieron pesadillas y consultaron a la IA acerca del significado… ¡y te cuentan el resultado!

 

  La IA todo lo sabe y todo te lo dice. Pero, anulada la posibilidad de saber del lado del paciente, queda un resto no eliminable también de su lado: la angustia desbordante que portan… es la que recibimos los analistas. ¿Cómo no habría angustia si el entretejido de palabras y significantes de las formaciones del inconsciente sufrió con todo esto un apagón y sólo queda en carne viva lo pulsional que aflora con las consecuencias clínicas que observamos en individuos acosados por acúfenos, problemas en la visión, insomnios potenciados, pérdidas de la memoria, trastornos psicosomáticos graves o sufrimientos por el desamor?

 

  La potenciada “digitalización” de la vida está intensificando la indefensión del sujeto. ¿Acaso la hiperdigitalización está instituyendo un nuevo modo de control y producción del sujeto? Sí. ¿Acaso se trata de una escalada de lo pulsional y, más precisamente, de la pulsión de muerte que va apagando día a día la palabra del sujeto y, por tanto, el deseo que lo constituye en humano? Sí.

 

  ¿Qué se pretende con esta estrategia de desarmar así la subjetividad? El control total de los sujetos en pos de un poder sin límites. Tal retrataban las palabras de Orwell en el epígrafe de este escrito.

 

  La hipervigilancia y la perseguida hiperobediencia  conducen a la desubjetivación por la a-dicción a las pantallas. No son meros “accidentes” ni contingencias pasajeras, son el objetivo que persiguen los dueños del poder económico que han logrado, mediante el hackeo al sujeto, obtener la más ciega obediencia.

 

  Los mecanismos de engagement son estrategias diseñadas para captar la atención de los posibles usuarios y fomentar un “compromiso emocional” duradero; es decir, generar dependencia de una mercancía; ¿el objetivo?: ganancias económicas. Dice el Papa León XIV en su Encíclica Magnifica humanitas que subtituló: Sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial:

 

“Las innovaciones tecnológicas −incluida la inteligencia artificial− no son neutrales; pueden aumentar la participación y la justicia, o ampliar las desigualdades, el control y la exclusión. La tecnología puede curar, conectar, educar, cuidar la Casa común; pero también puede dividir, descartar, generar nuevas injusticias (…) no es una solución a los problemas de la humanidad, como tampoco es un mal en sí; pero, concretamente, no es neutral, porque toma el rostro de quien la concibe, la financia, la regula, la utiliza”. 

 

  Y no desconocemos “quién la concibe, la financia, la regula, la utiliza”. Por eso, lo que llamo guerra digital, es la lucha empresarial para imponer la manera de procesar la realidad en los sujetos para lo cual es preciso quitarles sus defensas trabajando sobre los mecanismos de producción de significación pues, un psiquismo así desarmado, se torna mucho más vulnerable y dependiente al ir perdiendo la protección que lo sostiene: la palabra distribuida y regulada por el lenguaje analógico-digital combinados. Reitero: siempre combinados.

 

  La a-dicción a las pantallas puede alienar al sujeto en una identidad de puro simulacro y apariencia demoliendo aquello que lo sostiene, esto es, el entramado de la palabra y los trazos analógicos: formaciones indispensables pues permiten al sujeto sostener sus deseos y sus lazos sociales para aplacar la ferocidad del superyó que siempre impone obediencia irrestricta.

 

  El psicoanálisis dio cuenta del inconsciente –no todo es conciente– que sostiene el entramado del sujeto y de la cura por mediación de la palabra, pero también dió cuenta de eso que atenta contra ella tal como la pulsión de muerte y el superyó y ofreció la brújula para batallar con ellos y contra ellos. En los tiempos de la hiperdigitalización es necesaria más que nunca su contribución para enfrentar la orfandad que ocasiona el eclipsamiento de la palabra, del lenguaje analógico y del deseo humano.

 

  Es a-dicto/a quien pierde la palabra por las sustancias, el juego, el sexo, la comida o la pantalla digital y se extravía tras las pantallas que acaban embuchándolo, tragando su subjetividad, vampirizándola, hackeando al sujeto en un goce letal. Así, se entrega al supuesto goce del Otro digital como puro cuerpo sin palabras, sin deseos ni afectos: puro desecho acosado de angustia. Néstor Braunstein definió la @dicción como la pérdida de la palabra, de la alteridad, de la condición de sujeto lo cual precipita al individuo a la objetalización, a convertirse en mero objeto al servicio del goce del Otro.

 

  El scroll, el deslizar texto, imágenes o videos al infinito desde la burbuja algorítmica y la interacción con interfaces, seduce al máximo porque no decepciona, no marca la castración ni desliza prohibición alguna provocando un empuje adictivo facilitado tecnológicamente. Esta @-dicción no es una contingencia sino el objetivo perseguido deliberadamente por los dueños de la tecnología digital.

 

  Reina así lo que llamo superyó digital en mi libro Sexuación y Superyó publicado en 2025 por Editorial Letra Viva. Si la hiperdigitalización no marca la castración, la falta, ni desliza prohibición alguna, todo se puede y surge un imperativo de goce superyoico: ¡goza, y goza pronto, ya, no esperes! Ese superyó digital devora al sujeto, lo deja con la “pulsión de muerte” a cielo abierto, a merced de la angustia.

 

  Freud vinculó al superyó con la prohibición destacando su dimensión cruel y tiránica porque si bien…

 

“La renuncia de lo pulsional crea la conciencia moral, esta reclama más y más renuncias” y “cada fragmento de agresión de cuya satisfacción nos abstenemos es asumido por el superyó que acrecienta su agresión contra el yo” −señaló en “El malestar en la cultura”−.

 

  Aunque el superyó freudiano parece más ligado a una función simbólica de “renuncia y “barrera contra la pulsión” no puede desconocerse el lado de “satisfacción” del superyó... lado ligado a la pulsión de muerte pues, donde se espera Eros –por la renuncia pulsional impuesta–, retorna, como boomerang, el Tanatos con su fuerza destructiva de pulsión de muerte.

 

  Lacan supera la paradoja de la prohibición freudiana en el superyó al formularlo como imperativo de goce porque cuanto más se renuncia al goce pulsional, más exigente se vuelve el superyó. Esto quiere decir que el superyó se alimenta de la satisfacción pulsional e impone el goce, siempre más allá del principio del placer.

 

  El superyó empuja al sujeto a buscar una satisfacción desmedida, un goce que produce sufrimiento y atenta contra su bienestar. Por eso es un enemigo interno, un enemigo íntimo –que vigila y controla por dentro–, una efectiva manera de desarmar, controlar y debilitar la subjetividad. No siendo posible expulsarlo es irremediable intimar con él, pero también procurar aquello que le pone límites que está del lado del deseo del sujeto.

 

  Pero hay un detalle importante en el superyó en Freud y Lacan: como la prohibición de la pulsión era impartida por padres, educadores, representantes de las instituciones, esa prohibición tenía un rostro humano con el cual confrontar. Es la magnífica la escena de la película Historias de Nueva York de Woody Allen en la cual la madre –que había desaparecido en un acto de magia– reaparece en el cielo de Manhattan para contarle a los transeúntes los secretos más vergonzosos de su hijo.

 

  Era un rostro acusador que contaba los deslices hacia lo prohibido del hijo, pero era un rostro, un semblante imaginario-simbólico del superyó con el cual se podía debatir. Es lo que llamo “el superyó de antaño”, que tenía un semblante y, aunque imponía algún goce era posible enfrentarlo desde los recursos deseantes del sujeto, la palabra y, con ella, las formaciones del inconsciente que conformaban una pantalla contra el superyó.

 

  Pero hoy, lo que llamo el superyó digital, no tiene rostro humano, es comandado por algoritmos, pantallas y dispositivos, eso que Lacan, en El Reverso del Psicoanálisis (Seminario XVII), vincula a los servomecanismos o “lathouses” –las latosas le llama– que, cual arañas cibernéticas, nos envuelven y pueden devorarnos.

 

  El superyó digital está en auge. Crece diariamente ese déspota sin rostro ni semblante en el cual se conjuga lo imaginario y lo real, manifestándose como un “padre digitalizado”, un padre totalmente evaporizado, una voz deshumanizada o una mirada feroz que emite mandatos no procesables que los usuarios acatan automáticamente.

 

  Ese superyó digital es muy tramposo y circula generando una gran ilusión de libertad. El usuario, despojado cada vez más de su subjetividad, cree que navega, consume o produce contenidos bajo su libre albedrío. Sin embargo, está sometido a la hipervigilancia digital y a un formateo constante de su subjetividad para transformarlo en un consumidor robotizado.

 

  ¿El efecto? la soledad pulsional digital porque las pantallas intensifican el aislamiento, generan un vacío angustiante y es lo que hoy traen los pacientes a los consultorios ¡la angustia!... y el celular.

 

  Se han devaluado la palabra y los referentes simbólicos con sus semblantes. El superyó digital empuja hacia la primacía de un goce deshumanizado donde el individuo corre el riesgo de convertirse en un mero objeto-engranaje de la red que responde ciegamente a los mandatos del mercado digital. La profecía orwelliana se ha realizado:

 

“Por primera vez en la Historia existía (existe) la posibilidad de forzar a los gobernados (...) a la completa uniformidad de opinión”.

 

  Dicen algunos colegas que Lacan no trató el tema del superyó digital. Es cierto, muere en 1981, pero sí trató (en el seminario XVII) el tema de los servomecanismos o lathouses, las latosas y, como un adelantado en su época, la cuestión de la gadgetización del sujeto en La Tercera (conferencia de 1974) donde planteó la problemática del sujeto frente al avance de la ciencia y el capitalismo mediante la noción de los gadgets u objetos tecnológicos.

 

  La gadgetización del sujeto supone el riesgo de que acabe hackeado, animado pasivamente por los dispositivos tecnológicos. En lugar de que el sujeto use al instrumento, el instrumento coloniza el cuerpo y el deseo del sujeto tornándolo un mero objeto.

 

  En La tercera Lacan pregunta:

 

“¿Llegaremos a estar animados nosotros mismos por los gadgets?”

 

  Y sí, hoy estamos  gadgetizados dada la proliferación de celulares, algoritmos y aplicaciones que no son herramientas inocuas pues degradan al sujeto al transformarlo en un simple y hasta descartable accesorio de la máquina... carente de singularidad.

 

  El avance del superyó digital efectiviza el imperativo de goce: una fuerza tiránica que utiliza la tecnología y las redes para obligar al usuario a consumir y gozar sin descanso, hackeando las palabras y por tanto la subjetividad. La pregunta es ¿qué quedará del sujeto ante el avance de la pulsión de muerte, qué quedará de las cosas del amor donde se sostiene ese sujeto? Es esta una de las cuestiones que trabajaremos en el 40º Congreso.

 

  Está por verse cuánta complicidad tendremos en eso. Si la tecnología se convierte en criterio absoluto el sujeto será tratado como un dato, un engranaje o una mercancía; si, por el contrario, “la técnica se inscribe en un horizonte de sabiduría, puede convertirse en una oportunidad de crecimiento, justicia y fraternidad”, según el Papa León XIV. El dueño de Microsoft, Bill Gates, coincide con el Papa pues ha dicho hace unos días: “La IA será el mayor igualador jamás inventado o la peor fuente de injusticia”.

 

  Esta dicotomía atañe a nuestra clínica. Bill Gates sugirió que ciertos trabajos deberían reservarse sólo para humanos; a su juicio, se debería prohibir la sustitución por IA en algunos puestos. Pregunto: ¿Hay un rol profesional más personal que el del psicoanalista? Sustituirnos sería, como dice León XIV, introducir un mecanismo “que contradice la dignidad inalienable de la persona”. Pero, como concluye Freud en “El Malestar en la cultura”:

 

“¿quién puede prever el desenlace?”

 

 

Nota*: estos desarrollos se correlacionan con el anunciado 40 Congreso Internacional de Psicoanálisis “El sujeto en la Hiperdigitalización”, y con el Workshop y las 9 clases magistrales de la autora, organizados por FIPP Lalangue desde el 17 de setiembre. Para informes, click en “Realizar Consulta” (a continuación del nombre de Marta. G. A.)

 

 


© elSigma.com - Todos los derechos reservados


Recibí los newsletters de elSigma

Completá este formulario

Actividades Destacadas


Del mismo autor

» ¿Superyó en los perros? ¿Darles o prestarles la palabra?
» Libro “SUPERYÓ Y SEXUACIÓN. Clínica de la no relación sexual”
» Superyó, censura y voz: incidencias clínicas
» Celos y paradojas de la vida amorosa (Crímenes por celos)
» A 84 años del fallecimiento de Sigmund Freud y las masas aún…
» Video de la conferencia de Marta Gerez Ambertín en la UNT
» Padre y miseria psicológica de la masa. Goce y Shoá
» Del Padre… a lo peor
» Sobre el adiós de Néstor Braunstein
» Cambio climático y subjetividad: entre la “esperanza” y el trauma
» ¿Contribuir a la “conciencia” de los jueces?
» Marta Gerez Ambertín en Jornada Crear en la adversidad: Infancias, entre Educación, Salud y Derechos
» El mismo amor, el mismo afán… el mismo virus
» El COVID-19 y la amenaza a la subjetividad
» Fallo inédito: dos padres, una madre, tres familias
» La nave freudiana aún va...
» Malestares de las sexualidades ante la Ley
» Amarretes constipados: avatares del erotismo anal
» Marta Gerez Ambertín: "100 años de Narcisismo y aún..." (Brasil, 2014)
» El fallo de Messi y el traspié argentino
» La muerte del psicoanalista Alfredo Carol
» Comentario de la obra Clasificar en Psiquiatría de Néstor Braunstein
» Docencia “salame” y academia
» Estrategias del dispositivo punitivo

Búsquedas relacionadas

» superyó digital
» hipervigilancia
» IA
» mecanismos de engagement
» pulsión de muerte
» palabra
» psicoanálisis