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La recuperación del lazo social: el amor y los recursos de la historia21/03/2002- Por Teodoro Pablo Lecman - Realizar Consulta
"...Un sistema que pone a los actores sociales uno contra el otro y al Dios del Mercado contra todos (parafraseando a Herzog en El enigma de Kaspar Hauser), destuye las redes de sentido que subtienden el lazo social..."
Todo era de todos
Todos eran todo
Sólo había una
palabra inmensa y sin revés
Palabra como un sol
Un día se rompió en
fragmentos diminutos
Son las palabras del
lenguaje que hablamos
Fragmentos que nunca
se unirán
Espejos rotos donde
el mundo se mira destrozado
“Fábula” en Semillas
para un himno, de Libertad
bajo palabra¸ de Octavio Paz.
Breve advertencia a los lectores
Si continuamos estas notas, con la confianza que nos ha
otorgado la gente de elSigma.com, no es para decir lo que hay que hacer, lo que
hay que pensar, cómo vivir. El psicoanálisis nos enseña a partir del propio
análisis y del análisis de los otros, que es también el análisis de ese otro
que somos para nosotros mismos, profundamente desconocido. Pero no hay mezcla
allí, hay deseo y testimonio. Hemos pagado el duro precio de la ascesis
psicoanalítica no sólo económicamente, sino con lo que corresponde: el acceso
al horror y la piedad (corazón doble del hombre según Marcel Scwob, retomando a
Aristóteles), al horror de lo más rechazado de nosotros mismos. Todavía estamos
esperando producir el acto que nos haga libres y responsables de todo lo que
llevamos encima en el dolor de existir. Lo estamos intentando. Por ello
luchamos.
Escribimos entonces, en esta oscura noche de los tiempos,
con la esperanza de que la mirada amorosa de la lectora o el lector, recojan (y
esto nos llena de libido, si se nos permite la humorada) en estas letras, los
fragmentos del mítico amor perdido, tal como lo ilustra Octavio Paz, antes que
el viento nos lleve de esta cursi procesión y ni el polvo de nuestros huesos la
América conserve.
Los recursos de la historia
Un viejo profesor, para colmo fascista él, al parecer, nos
hablaba de los cursos y recursos de la historia, de Giovanni Batista Vico.
Vueltas y revueltas de la historia. Nuestro acceso a las fuentes nos deja un
poco desilusionados porque allí Vico sólo hablaría de la historia romana. Pero
el concepto parece fecundo.
Enfrentados a la disolución del lazo social que las
circunstancias actuales producen en
Argentina, en el contexto de la globalización mundial, observamos que muchos
sentimos la tensión ilusión-desilusión, esperanza-desesperanza (reseña de la
última asamblea de Salud Mental en la CTA). Se activa la fantasía de irse, se
cierra así el ciclo de los abuelos que vinieron acá, volviendo a quién sabe
cuál allá.
Se nota una desesperanza que alimenta el sinsentido de la
vida y la orla de depresión que adorna todos nuestros actos (El Horla de
Maupassant, pasando la palabra). El amor a veces desfallece o resurge
salvajemente en la alucinación perdida.
En efecto, un lazo social que no se basa en la
solidaridad, destruye la libido que hubiera podido quedar luego de la
extensión, como dice Freud, de la libido original fuera de la familia, a la
sociedad. Si tomáramos el planteo de Lacan, veríamos que el amor, en cierto
modo, viene del Otro, de un don simbólico del otro (el Otro no existe, se
soporta), no de un mítico fondo endotímico, sino de los otros y que el amor
surge de la real potencia sexual de los cuerpos. (Esa es la emoción que produce
César Vallejo en su poema sobre España, cuando dice que el cadáver del
compañero muerto sólo resucita y se echa a andar cuando la humanidad entera se
lo pide. Utopía de la solidaridad que ha tenido en el amor cristiano imposible
el saldo de Jesús crucificado.)
Sea como sea, vemos que en estas circunstancias se recurre
a los recursos de la historia, se trata de rebuclear bucles, rizos del recuerdo
en la cabellera perdida de los sueños infantiles, en los que uno cree poder
recuperar el origen. Al investigar por el origen, capaz que para sacar el
pasaporte, se saluda a parientes que no se ve hace años, se descubre historias
perdidas del amor, el desamor o el odio del banquete al que hemos sido
invitados y que preside nuestras deudas. O simplemente nada.
La repetición, ese bello texto de Kierkegaard, con su
Regina, su amada imposible, anuda sobre la nada (la Nadja de Breton), el collar
de perlas de los amores perdidos. (Recuerdo haber atendido a quién ponía veneno
en la cadena de una familia prestigiosa con su amor inconveniente). Una red de
amor es una sucesión agujereada, como decíamos una vez. Pero con sangre, sudor
y semen, y todo lo demás.
También está el odio, que destruye el ser, peligroso al
acercarse al origen en este mundo cada vez más segregativo.
Un sistema que pone a los actores sociales uno contra el
otro y al Dios del Mercado contra todos (parafraseando a Herzog en El enigma de
Kaspar Hauser), destruye las redes del sentido que subtienden el lazo social y
el mismo sentido de la vida, en tanto la criatura humana, poderosamente
destructiva de adulta, yace en el desamparo original infantil y necesita del
Otro para sobrevivir.
Por los agujeros de esa red social destruida (que ya no es
una red de amor amortiguado, sublimado, discretamente fraternal, Lacan, La
agresivuidad en psicoanálisis, ¡1948!) se filtra el robo, el pillaje, el
crimen, el suicidio, la depresión, el odio, la desesperación.
Reconstruirla es una tarea de todos, cada uno en la medida
de sus posibilidades e incluso de sus incoherencias, pero también de sus actos
sorpresivos de deseo (el esteroetipo psicologista de la “actuación” es una
estupidez, denunciada por los mismos yanquis en Teoría de la actuación).
Una vuelta sobre los recursos y las fuentes de la
historia, siempre paradójica, me hace toparme con Eros y civilización de Marcuse (1953), dedicado a Sophie Marcuse,
y con El arte de amar de Erich Fromm (1956). Estos dos grandes
emigrados, judíos y germanos, de la izquierda freudiana, como dice Roudinesco,
habiendo perdido la tierra de su cultura, y en medio de los desastres del
imperio americano y su euforia (entre 1950 y 1953 la guerra de Corea), con
conceptos que en parte hoy consideramos superados, por ejemplo la idea de un
progreso indefinido de la razón en Marcuse, asentado en Berkeley, o de un sincretismo
mesiánico y defensor de los relativismos culturales en Fromm, asentado en
México; estos dos grandes emigrados del exilio de la vida, hablan de eros y de
amor, después de haber escapado a los horrores inenarrables de la Segunda
Guerra Mundial.
¿Es que todavía hay esperanza? Habrá que ver si de los
recursos de la historia Eros le arrebata a Thanatos su bandera: será una
batalla ganada, aunque la guerra final se la lleve Thanatos, a menos que
consigamos la inmortalidad, cosa que el aparato tecnocrático eventualmente
podría lograr (?). Pero esperemos morigerarlo y que no sea de androides, sino
de carne gozosa y sufriente. Mientras tanto vivimos y morimos y todo refuerzo
del lazo libidinal nos ilumina.
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