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Lógica y ética de la contratransferencia

12/05/2004- Por Edgardo Feinsilber - Realizar Consulta

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Es el intento de este trabajo el rescatar un concepto freudiano, el de contratransferencia (gegenübertragung), que ha dado lugar a desvíos en la práctica psicoanalítica, por la densidad y los enigmas que nos brinda en sus alcances. Es que el prefijo gegen es equívoco, pues indica tanto lo opuesto, lo contrario, como lo hacia nos, con, para, cerca de.

Es el intento de este trabajo el rescatar un concepto freudiano, el de contratransferencia (gegenübertragung), que ha dado l

  Es el intento de este trabajo el rescatar un concepto freudiano, el de contratransferencia (gegenübertragung), que ha dado lugar a desvíos en la práctica psicoanalítica, por la densidad y los enigmas que nos brinda en sus alcances. Es que el prefijo “gegen” es equívoco, pues indica tanto “lo opuesto, lo contrario”, como lo 'hacia nos, con, para, cerca de'.

  En la obra de Freud la encontramos citada tres veces, la 1ª en Las perspectivas futuras de la terapia analítica de 1910 donde nos indica respecto al “médico”, que: "Nos hemos visto llevados a prestar atención a la contratransferencia que se instala en el médico por el influjo que el paciente ejerce sobre su sentir inconsciente", es decir que la discierna y la domine. Y luego dos veces en “Puntualizaciones sobre el amor de transferencia” de 1914 donde escribe que debe el médico tener una buena prevención respecto de ella, y que "no es lícito desmentir la indiferencia que mediante el sofrenamiento de la contratransferencia uno ha adquirido".

  Son conocidas las soluciones propuestas en las distintas concepciones de la práctica: 1) reducirla por medio del análisis personal, 2) utilizarla basándose en la atención flotante, y 3) basarse en ella para interpretar. Esta última fue la que primó en el movimiento psicoanalítico en los analistas opuestos al freudismo oficial, como en Ferenczi, y luego Reik, Winnicott, Margaret Little, Anna Reich, y más tarde M. Klein y su grupo; también Bion, Balint, Guntrip. Freud, que había escrito a Ferenczi el 6 de octubre de 1910: "No soy ese superhombre. Ya que hemos construido, ni he superado la contratransferencia", es decir que se refería a ella como a las reacciones del analista, no llegó a ver como se deslizó hacia una concepción de transferencia en espejo.

  Lacan por su parte la cita diez veces en sus Escritos, para contestar a la concepción dominante en su medio, tal vez desde el artículo de Michel Balint: On transference and counter-transference de 1939, pues las escribe todas esas ocasiones como contre-transference, apartándose de la concepción freudiana, llevado por su necesidad de contrarrestar ese desvío conceptual de entenderla como algo opuesto a la transferencia por identificación a lo inconsciente del paciente. La 'falsa' consistencia de la noción de contra-transferencia, escritas con el guión que separa la palabra dándole un sentido opositivo, está definida con mayor precisión en Intervención sobre la transferencia en sus Escritos donde la delimita así: "La contra-transferencia, definida como la suma de los prejuicios, de las pasiones, de las perplejidades, incluso de la insuficiente información del analista en tal momento del proceso analítico", no dándole entonces al concepto otra salida más que nuestra entrada en lo que nos implica, pues discierne con precisión las vicisitudes de todo analista en cualquier momento de su formación. Pero también esta posición ilustra el espíritu contestatario, hasta llegar a una nota al pié en Variantes de la cura-tipo, en la que  aclara: "Es decir, la transferencia en el analista" agregando que se trata de una nota de 1966. Esto nos lleva a la necesidad de volverla a pensar desde los efectos que suceden en aquél al que se dirige la transferencia, con lo enigmático y el equívoco a lo que conlleva.

Como lo trabaja Guy Le Gaufey en su Anatomía de la tercera persona, en su dilucidación está en juego la ambigüedad freudiana respecto a la concepción misma de la transferencia, desde su presentación en La interpretación de los sueños respecto a quién se dirige. Escribía Freud: "Otra representación-meta (Zielvorstellung) que el paciente no sospecha ist die meiner Person, traducida al francés como es la persona de su médico, y en inglés como on relating to myself,  indicando en ambas traducciones el grado de elisión de las cuestiones cruciales, pues tanto nos es necesario precisar quién es ése al que la transferencia se dirige como así también a qué de su presencia se remite.

  Pero también por nuestra parte, releyendo la Interpretación de los sueños encontramos otra ambigüedad de Freud, pues la transferencia indica al menos tres cuestiones: en el analizante, el desplazamiento de energía desde una hacia otra representación, como también los 'pensamientos de transferencia' enlazados a lo indiferente, lugar primero del analista; y en cuanto a la transferencia hacia él, a la variación de sus modos de existencia, en los que diferenciamos:

- el analista como lugar, estando en el lugar del Otro, al que se le demanda interpretación, tanto como lugar del tesoro de los significantes como del lugar de la verdad, siendo el significante que se espera de él aquél que valga como S2.

- el analista como función 'deseo del analista', tomado por las imposibilidades que

lo rigen: las de la muerte y la sexualidad.

- el analista como representante, pues 'el analista forma parte del concepto de

inconsciente pues éste es l'adress.

- el analista como posición subjetiva, pues en la metáfora del amor que se produce en la transferencia analítica, Lacan nos propone que debe producirse un cruce recíproco del analista como erastés, el amador, y al analizante como el eromenós, el amable, debiendo cada uno tomar la posición del otro. Es decir que si el analizante debe pasar de sujeto barrado S/ a otra posición en la que se ligue a su objeto causa del deseo, en el analista se produce un paradójico pasaje de ser soporte del sujeto supuesto saber a la posición de sujeto barrado S/ , lo que nos implica amplios enigmas a considerar.

- por su lado Roberto Harari en su texto Fetichismo de la torpeza y otros ensayos, nos habla de las 'posiciones objetoras' del analista, pues debe diferenciarse del chamán, del sacerdote y del profesor, al pasar por sus ordenes de sugestión implicadas en los tempos del análisis.

     - por último la consideración del analista como sinthoma, movido por otra lectura

de lo inconsciente, el que hace forzaje más allá de sus interpretaciones, según su forma de leer el decir implicado en el dicho de su analizante, generando la aparición de significantes nuevos que aseguren la continuidad del invento por el que el referido analizante se propicie sostener un nombre propio.

  De aquí concluimos que la vuelta a considerar el concepto freudiano de

contratransferencia nos llevará a repensar los límites de la figura en la que nos constituímos, analistas con sus modalidades de existencia: 1) desde el primer lugar que le asigna Lacan como uno de los polos de la intersubjetividad, sin saber absoluto, pero limitado por la cuestión de que el que habla dice según el lugar que le otorga el que lo escucha, 2) hacia un analista en el lugar de sujeto supuesto saber con lo que se reemplaza al primero, por ser éste un sujeto acéfalo y su saber insabible, 3) hasta un analista-sinthoma que puede tomar un lugar distante y diverso al que asume cuando está bajo los influjos de la contratransferencia, por haberla atravesado en su análisis más de una vez, por el que puede proponer otra lectura de lo inconsciente que no genere un pansimbolismo unificante.

 

 


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