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Qué significa periodizar en psicoanálisis18/10/2006- Por Roberto Harari - Realizar Consulta
Desde la teoría del caos con la manera tan especial de entender las cuestiones del espacio y su traslación al tiempo, diría que se trata de avanzar en función de bifurcaciones, de retroacciones, de fractalizaciones, que hacen que en algún momento lo que efectivamente parecía avanzar de cierta forma, avance de una manera que no era previsible. Quiero decir que entonces, tendríamos que diferenciar determinismo de previsión, cosa que el movimiento rectilíneo y uniforme no hace, por cuanto supone que es previsible el paso ulterior, por lo tanto no habría sorpresa, sino al revés, habría anticipación que sabemos que responde a lo Imaginario.
Debo decir que en principio comencé a decir “periodización”, era casi por una advertencia elemental, era que las formulaciones no entraban en un campo problemático semejante en un momento y en otro, al decir en un momento y en otro, esto ya quiere decir que introdujimos de entrada la dimensión del tiempo, y acá empiezan los problemas. ¿Cuál tiempo? Por lo que más o menos estuve indagando, esta cuestión del período, vean que interesante que es esta palabra de la cual deriva periódico, por ejemplo –quiero decir el diario– es decir algo que se da como pautadamente de acuerdo con una cierta secuencia, que más o menos se puede anticipar, digamos un periódico, se espera cada día.
Por de pronto, me parece que hay tres ejes a pensar, y que serían: la continuidad, la identidad y la permanencia. Para esto hay que en principio partir de la base, empezar a hacer algunas citas de Lacan pertinentes: primero, que cada uno de nosotros cree que es una sustancia, cree que es una sustancia de la que se predican eventualmente fenómenos, por lo cual nos paseamos por el mundo, –insiste Lacan– como creyéndonos sustancias; por lo tanto perduramos. De acá se deriva por otra parte, un principio lógico clásico, tradicional, que es el principio de identidad, y este constituye precisamente el sustento inicial de la lógica formal, a partir de Aristóteles.
Ahora bien, me parece que este sustancialismo, que nosotros por ser hablantes tenemos instalado en cada uno de nosotros, presupone que nos movemos de acuerdo con un movimiento rectilíneo y uniforme. En este caso, si esto se lleva justamente al tiempo, si este movimiento espacial se lleva al tiempo, estamos en la cronología, esa es la cronología orteguiana, por ejemplo, la mera sucesividad: uno después del otro, y seguimos más o menos una cierta línea naturalmente previsible.
Es evidente que cuando nosotros recibimos todo esto, nos encontramos con diversos obstáculos –y acá viene la noción ya de Bacon al siglo XX ahora, de Gaston Bachelard, cuando introduce la noción de obstáculo epistemológico–. Son las representaciones imaginarias, que evidentemente nos hacen de obstáculo, y creemos que estamos en una suerte de continuidad con la experiencia directa, donde ésta está llena de intuiciones.
¿Qué propone Bachelard? –La coupure, es decir el corte, que fue traducido en general como ruptura, quizás es más duro decir corte, el corte epistemológico, es decir que marca –o que demarca mejor– una frontera, de aquí en adelante comienza precisamente un cierto campo nocional y una praxis correspondiente, y hacia atrás queda otra.
El que me atrevo a seguir llamando mi maestro, Althusser, –hecho que nunca oculté–, insistía, cometiendo un error, en marcar que lo dado previamente al corte era todo ideológico. Entonces decía que del corte en adelante había ciencia, y lo que quedaba demarcado como pasado, como pre-científico, era ideología. Era evidentemente un maniqueísmo dualista, como se llamó en su momento a los de G. Politzer. Uno de los errores geniales de Politzer, –el de Althusser también lo era– suponía que todo lo que llamaba ideológico era desechable, porque ahí no se encontraba sino un material que sería un resto respecto de lo que habría que elaborar como ciencia.
¿De dónde venía esto fundamentalmente? –Para diferenciar justamente al llamado Marx de la juventud, del de la madurez–. Uno, el primero, era el de los Manuscritos económico-filosóficos, el inicial, el de la juventud; y el de la madurez era el de El capital, suponía que había en el primero, el de la juventud, una suerte de ideología humanista, donde no quedaban en claro precisamente la dilucidación de las estructuras, que era lo que avanzaba justamente El capital.
Si dejamos de lado esta manera, como digo, con ese error genial, de decir que lo previo es desechable, y vamos a lo que viene de aquí en adelante, de todos modos nos advierte de algo fundamental, a lo que llamé, –ahora lo voy a reformular con Bacon– el ídolo de las Obras Completas. Creo que es un ídolo del teatro, y acá el teatro lo hacen los editores, nosotros queremos, con nuestro imaginario sustancialista y unitivo, suponer que hay obras completas de alguien. Los editores cuando envuelven algo y le ponen obras completas, nos ilusionan con: “tengo a todo este autor”, por lo tanto da lo mismo citarlo en cualquier momento, porque es completo, ahí está el punto. Nosotros podemos, –si somos discontinuistas, y tenemos en cuenta que hay cortes– no creérnosla de que hay obras completas, aunque el lomo del libro diga precisamente eso.
Vuelvo entonces al punto de partida, tomando en cuenta que justamente Althusser también cae en el movimiento rectilíneo y uniforme, hasta el momento en que sucede el corte, –por ejemplo El capital–, uno podría decir: “bueno tal como intentamos hacerlo también con Freud –esto sucede con La interpretación de los sueños– ahí se demarca y se funda el psicoanálisis, y lo previo sería prepsicoanalítico, de ahí en adelante ahí tenemos al psicoanálisis. ¿Por qué? Sobre todo porque define su objeto, que es lo inconsciente, que previamente esos escarceos freudianos, esos textos ‘prepsicoanalíticos’ entre comillas, ya el pre es conflictivo decirlo así, supondría que aún no habría arribado al psicoanálisis”.
Desde la teoría del caos, sin embargo, y con la manera tan especial de entender las cuestiones del espacio y su traslación al tiempo, yo diría: se trata de avanzar en función de bifurcaciones, de retroacciones, de fractalizaciones, que hacen que en algún momento lo que efectivamente parecía avanzar de cierta forma, avance de una manera que no era previsible. Quiero decir que entonces, tendríamos que diferenciar determinismo de previsión, cosa que el movimiento rectilíneo y uniforme no hace, por cuanto supone que es previsible el paso ulterior, por lo tanto no habría sorpresa, sino al revés, habría anticipación que sabemos que responde a lo Imaginario, anticipación, que es lo que decía que sucede con Ortega cuando ya puede prever cómo viene el futuro en función de los períodos que creía reconocer en la historia.
Claro, en esto está presente lo que Lacan critica sabiamente como las presuntas leyes de la historia, siempre advertidas para poder hacer una previsión para el pasado mañana, nos enseña, o sea lo que nadie verá, no para mañana, sino para el pasado mañana, y ahí ubica el marxismo, inclusive también a la manera de cierta escatología cristiana –no toda– que presupone que habrá un futuro previsible en el más allá. Si hacemos esta discriminación en principio, me parece que podemos ver que la manera si se quiere de avanzar, no es sin pérdida, no es simplemente una incorporación permanente. Claro, acá hay otro ídolo que es el de la ciencia, entonces el ídolo de la ciencia dice que la ciencia siempre progresa, entonces viene la cuestión de qué sucede con el psicoanálisis, si es una ciencia, como toda ciencia es provisoria en cuanto a sus resultados, y evidentemente ha de progresar, se propone precisamente eso, de modo tal que no habría mayor problema en dilucidarlo, y podría perfectamente llegar a determinar períodos en ese sentido.
Nosotros –que suponemos que estamos en una praxis poiética, que tiene que ver ante todo con la palabra– intentemos introducir el sujeto que la ciencia por su propia andadura tiene que forcluír, o sea reintroducimos la dimensión del sujeto merced al psicoanálisis. Si es así, me parece que no podemos pensar simplemente en la acumulación de los avances, sino que más bien tenemos que estar advertidos, repito, de los distintos idola.
Quiero solamente centrarme en uno, que es el de la homonimia, que con tanto facilismo nos seduce, diciendo por ejemplo: “bueno, acá Lacan dice esto, y acá dice lo otro. Acá dice nominación, Seminario 9, y acá, en el Seminario 23, dice también nominación ¡ah bueno!” Se ve que evidentemente hay una línea continuista y podemos presuponer entonces que la manera de entender la nominación, ya está “prefigurada” en lo que va a aparecer en el Seminario 23. Un ejemplo de tantos al azar.
Ahí está el asunto de la homonimia, quiere decir si yo creo en la homonimia sustancializo una noción, transformándola en signo, y digo “siempre quiere decir lo mismo”, por lo tanto adoso a un significante un significado, y esto va, me parece, en contra de la enseñanza más elemental del psicoanálisis, el hecho de suponer esa presunción.
Pero hay otro más me parece, otro idola importante, que es cuando quien nos convoca fundamentalmente, que es Lacan, y su entonces... ¿obra? Se puede decir, sus ¿obras? No sé cómo llamarlo a eso, nos dice que va a cambiar su postura, y por lo tanto indica –para decirlo con Umberto Eco– que esa ¿obra? –lo digo con signos de interrogación– es una obra abierta. ¿Qué quiere decir abierta? Que ante todo convoca al lector, y que entonces, ni vale remitirla, “estilo Roudinesco”, por ejemplo a las vivencias o la historia del autor, ni tampoco a un análisis estrictamente centrado tan sólo en el texto, como haría más bien el abordaje estructuralista.
O sea: ni psicobiografía ni estructuralismo, sino ante todo, ha llegado la hora del lector, y el lector entonces retrofunda aquello que está leyendo.
Es un modo decir: es cierto, tiene su espesor el texto, tal que uno no puede entonces proyectarle cualquier cosa y hacerle decir, con afán de ventrílocuo, al texto lo que nos viniere en gracia, “a la Derrida” si me permiten. En fin, no somos deconstruccionistas.
Tiene su límite pero, sin embargo, esta noción de lectura, que trabajé en mi libro Polifonías, es crucial precisamente para poder decirle a Lacan: mire, usted dice esto acá, pero cómo, después va a decir otra cosa. ¿Quieren un pequeño ejemplo? –Seminario 5, Las formaciones de lo inconsciente, las clases de junio, el 18, el 25, por ejemplo dice: “[…] el plano trasero, o la parte posterior, de un Otro por relación al Otro”–.
Es un poco más fuerte todavía en la clase ulterior, esta es la edición oficial, la cotejé con las otras que tengo, y evidentemente ha dicho lo que dijo, configurando una cabal ensalada, no hay otro modo de caracterizarlo. Fíjense: “Se trata de un habla que se encuentra articulada al horizonte del Otro. El Otro del Otro es el lugar donde el habla del Otro se dibuja como tal. […] este Otro del Otro debería sernos el más transparente, dada la dimensión misma del Otro, porque planteémonos que este Otro del Otro es el lugar donde se articula el discurso de lo inconsciente […]”.
A veces es con mayúscula, a veces con minúscula (depende también de las ediciones piratas). Acá en general la transcripción oficial ha optado por la mayúscula de Otro, no así todas las otras transcripciones que tengo. Me resulta muy difícil como lector poder dilucidarlo, pero es como para decirle a Lacan: ¿no es que no había Otro del Otro? ¿Y quién enseñó que no había Otro del Otro? –Lacan–. ¿Con quién dialogaba cuando decía que no hay Otro del Otro? –Con él mismo, o sea con ese Otro en todo caso, que fue el Lacan que inicia algo– (estamos hablando del Seminario 5 –a propósito tomo una cita de los primeros Seminarios, para que se vea justamente, cómo tenemos que introducir algún tipo si se quiere de crítica, que es una autocrítica que no está dicha como tal–).
Digo otra de memoria de 1957, en La instancia de la letra, donde consigna que la lingüística es una ciencia piloto en el seno de esas denominadas equívocamente ciencias del hombre. 1957. En 1977, clase 10 de L’insu, da a entender que la lingüística en general es una disciplina muy mal orientada, y sólo se eleva cuando un Roman Jakobson escribe sus Cuestiones de poética –libro que había sido publicado hacía poco–. En qué quedamos con la lingüística, ¿es ciencia piloto, es una disciplina entonces muy mal orientada? –evidentemente es si se quiere, la caída de ese idola que fue recibido por Lacan efectivamente, como teatro, que es la lingüística saussureana–.
Resulta retrucado entonces, 20 años después, durante el dictado del Seminario L’insu…
Lacan mismo, casi nos dice: “miren, tomen en cuenta que primero me ocupé de lo Imaginario, luego de lo Simbólico, y por último –no le dio el tiempo yo diría– de lo Real, ya de por sí esas escansiones, que parecen otra vez, justamente dadas en un sentido progresivo y lineal, daría una cierta idea precisamente dada por él mismo, pero bueno, también le podríamos decir: “bueno, usted no tiene derecho a hablar de su obra, ese es nuestro derecho, usted lo ve de esa forma, en general los autores no son los más autorizados, para tener una dimensión de su propio recorrido”... Entonces uno podría decir: “a ver, ¿esto quiere decir por ejemplo, supongamos, que acá el recorrido sería imagen-significante-letra?” Homonimia otra vez, ¿cómo letra? Letra en La instancia de la letra, ¿y cómo tomamos la letra como tributaria del registro de lo Real? ¿Es la misma letra o estamos con el ídolo de la homonimia? –Yo diría que no tiene nada que ver justamente, y será el punto de demostrarlo, pero que el campo problemático donde aparece letra en el Seminario 18, no es en lo más mínimo el campo de La instancia de la letra–.
En el capítulo Del sujeto dividido finalmente puesto en cuestión, localizado en mi libro Las disipaciones de lo inconsciente, propuse –lo traigo a colación como una posible manera de entender esta periodización: interpretación del síntoma; atravesamiento del fantasma; identificación con el sinthome – si se quiere un continuismo, respecto de momentos que tienen que ver con cronologías distintas, interpretación-atravesamiento-identificación.
Sin embargo, veamos: identificación con el sinthome, donde esta noción de identificación, ¿es la misma que en el Seminario 9? Otra vez diría: me parece que no, ¿por qué? Porque es otra manera de decirlo, con un término extraño que Lacan utiliza en el Pequeño discurso a los psiquiatras, en el ’67. Al principio él se ocupaba, es su noción, del sujeto puro, ¿qué es el sujeto puro? Aquel donde no se considera el objeto a, luego postula un sujeto causado, porque está introducido el objeto a, y finalmente –pero ven: otra vez aparece la manera periodizada de hablar– propone a LOM, una homofonía respecto de “el hombre”, l’homme. LOM, avanzado en el texto de 1975, publicado en 1979, Joyce le symptôme.
¿Son arbitrarias estas maneras de decirlo? Diría –si a uno lo ayudan en todo caso, a entender la demarcación de la problemática, y ver las limitaciones que tiene en cada momento– es conducente y pertinente la periodización, siempre y cuando pueda ser efectivizada con un mínimo de rigor y de ética intelectual. O sea: que la fundamentación de la misma sea rigurosa, que no sea decir alegremente “yo lo veo así”, al modo de lo que llamé hace muchos años “perspectivismo subjetivista”.
Diría que sí rescato, y quiero introducir esto para ir finalizando, una manera que me parece por lo menos que ayuda y que toma en cuenta una propuesta de Lacan, justamente acá sí una homonimia en muchos lugares, pero porque se trata precisamente de una superficie, o del corte de la misma, del cross-cap, que es el ocho interior. Está en ese texto del que yo les hacía mención, podría decir entonces, en lugar de movimiento rectilíneo y uniforme, es el ocho interior. O sea: una periodización en ocho interior, de modo tal que cuando parece que estamos por decir lo mismo, aparezca, en el momento en el cual pareciese que se va a cerrar el círculo y corremos el riesgo de incurrir en la ecolalia, de la repetición de lo idéntico, aparece ese pequeño desvío, que da la posibilidad de pensar que, si se avanza, se avanza de esa forma.
Creo que, si no, nos podríamos quedar con una postura que me atrevo a llamar reaccionaria, que es decir “no hay progreso”, y quedarnos sólo con eso, repetirlo sin reparar en lo que estamos diciendo. Lo que Lacan trae cuando dice “no hay progreso”, no hay progreso al modo iluminista, no hay progreso exclusivo. Sino, él mismo, ¿por qué dice esta no es una enseñanza ex catedra, acá no hay algo que esté dado de antemano? Otra vez es “a la Joyce”, es un Work in Progress, porque si no hubiera progresión, ¿para qué siguió dando sus Seminarios, aseverando, además, que nunca repitió en lo volcado en ellos? Si no hay progreso, evidentemente hay búsqueda y, en ese sentido, si hay avance, es con la pérdida que implica en principio este modo de periodizar en ocho interior, para tomar en cuenta allí justamente lo que yo les decía de las figuras que trae la teoría del caos, en particular repito, bifurcaciones y fractalizaciones.
Concluyo entonces con esto, creo que a diferencia de lo que decía Althusser, no se trata de destruir por lo tanto nada del pasado, y de marcarlo de modo casi despectivo y demonizarlo como pre-científico, ideológico, y calificativos similares, porque se trata de introducir, al respecto, otra concepción caótica: la autoorganización, es decir cuando el sistema, debido a sufrir fortísimas oscilaciones, pareciese que está a punto de destruirse, sin embargo se recompone de acuerdo con un nuevo e impredecible diseño. Entonces también uno podría pensar que aunque aspectos del pasado parecieran ser mero objeto de desecho –como para tirarlo a la basura–, algo se recompone, por lo tanto el campo problemático vuelve a fundarse mediante la adquisición de nuevas coordenadas.
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