» Educación

Convivir en la escuela secundaria. Una mirada psicopedagógica a partir del cuento de “Caperucita Feroz y Lobo Rojo”

03/03/2020- Por Cintia Romano - Realizar Consulta

Imprimir Imprimir    Tamaño texto:

A partir de una versión del clásico cuento infantil, la autora nos lleva a pensar la convivencia: “Las instituciones educativas son espacios que reúnen a adolescentes que se relacionan entre sí y con adultos, que a su vez se relacionan entre ellos. Se trata de modos de relación intra e intergeneracionales que habitan la escuela. En este artículo nos interrogamos acerca de qué significa ese estar en común en un ‘lugar’ productor de subjetividad cuando buena parte de los discursos acerca de la identidad, la diversidad y la tolerancia se ponen en juego, en ese convivir con el otro”.

 

                

                    

                                        Ilustración de Cynthia Orensztajn* 

 

 

  La estrategia de esta reflexión seguirá la propuesta de Caperucita Feroz y Lobo Rojo, de Elsa Bornemann. Imaginar la inversión de los roles es una estrategia de la literatura para producir sentidos nuevos. ¿Qué sentidos se producen, cómo se aprende a vivir y a convivir cuando los roles se invierten entre las generaciones, en ese vínculo entre lo nuevo y lo viejo, lo bueno y lo malo, los frágiles y los fuertes?

 

  Al hablar de la convivencia en la escuela nos encontramos con un terreno difícil de precisar y acotar, por la variedad de modalidades que asume, las diversas formas en que hoy se habitan las escuelas, los diferentes modos en que cada una alcanza a tramar relaciones interpersonales, los variados escenarios que reúnen a jóvenes entre sí y con adultos, y adultos entre ellos.

 

“Es ese lugar donde no solo se enseña el conocimiento legítimo, sino también el comportamiento esperado (la obediencia a la autoridad y el respeto a las reglas del juego), donde se sancionan y se elogian unas u otras conductas, donde el valor del saber comienza y concluye a menudo en su utilidad para salvar o no con fortuna los obstáculos académicos, y donde el conocimiento apenas se percibe como una eficaz herramienta de comprensión e interpretación del mundo. En última instancia, es ese lugar donde se enseñan y se aprenden esas cosas que a veces nada tienen que ver con las cosas que ocurren fuera de las aulas” (p.21).

 

  Así se refiere Carlos Lomas (2003) al mundo de la escuela en un libro en el que reúne un conjunto de textos literarios de autores más y menos clásicos que hablan de la vida en las aulas.

 

  Un mundo en el que existen y funcionan ciertas reglas de juego, rituales, sistemas de premios y castigos, y que incluye algunas de las tensiones y contradicciones que conlleva toda práctica social. Contiene el aprendizaje, la potencia del acceso al conocimiento, pero también sus límites, la memoria y el olvido, el disciplinamiento, la autonomía y la emancipación, la inmersión en la cultura y la disociación entre el mundo escuela y el “exterior”.

 

  Estas referencias nos orientan respecto de la complejidad de los modos de producción de subjetividad y operan como una práctica institucional educativa.

 

 

Pensar en los jóvenes hoy

 

  En la presente versión de Caperucita Roja nos encontramos con una historia donde los roles se invierten. Caperucita con sus dientes de serruchito es mala, muy mala.

Como introduce Elsa Bornemann (2016):

 

“En el bosque de Zarzabalanda, precioso bosque que queda bastante lejos de aquí, había una vez en la que la paz era la reina del lugar. Sus habitantes convivían felices y contentos: desde los troncos más anchos y las copas más altas hasta las hierbas más delicadas… desde los osos más corpulentos hasta la más frágil de las mariposas. Todos, felices y contentos. Las personas no habían penetrado aún en ese bosque y a este cuento habría que colocarle-ya mismo- el cartelito de ‘colorín colorado’ si no fuera porque llegó un día en el que esa paz, esa tranquilidad del ‘había una vez’ del principio se convirtió en ‘otra vez’ empezó un tiempo de miedo en el bosque de Zarzabalanda. Los animales vivían felices hasta que llega una niña para arruinarles la paz, se trata de Caperucita Feroz, cazadora de lobos” (p.4).

 

  En el cuento clásico, Caperucita se mostraba como una hermosa niña, curiosa, obediente, que cumplía con todo lo que le pedía su mamá. El personaje del lobo, era claramente el villano de la historia, lo peor de lo peor. El lobo era astuto y sabía engañar, era capaz de hacer cualquier cosa para obtener lo que deseaba, se mantenía al acecho y sabía elegir a sus presas. Cuando el lobo feroz se dio cuenta de que Caperucita Roja andaba sola por el bosque, se aprovechó de su ingenuidad e inocencia. Sin embargo, aquí Caperuza Feroz es, como nos relata Elsa Bornemann (2016):

 

“Una nena parecidísima a la Caperucita del viejo cuento que todos conocemos, sí, aunque parecida solamente porque también era una nena… también usaba una graciosa caperuza para cubrir cabellos y espalda… y también acostumbraba atravesar los bosques… Pero mientras que la antigua Caperucita era buena como el pan, esta-la de nuestra historia- no, nada que ver. Lo cierto es que era una criatura mala, muuuy mala, remala, malísima, supermala, a la que −por supuesto− nada le encantaba más que hacer maldades” (p.10).

 

  El que más asustado estaba, desde que se había enterado de que la Caperucita Feroz andaba recorriendo el bosque lo más campante, era el lobito Rojo de Zarzabalanda, que debía ir a la casa de su abuelita. La madre del lobo advierte el riesgo y le da instrucciones para defenderse de la niña.

 

  El lobito se encuentra con Caperucita en el trayecto y, por miedo, elige otro camino. El protagonista de esta historia no es ingenuo, como lo es Caperucita en la versión clásica, se da cuenta inmediatamente de lo que sucede, le sigue la corriente a Caperucita para salvar a su abuela.

 

 

  Una serie de ideas nos permiten pensar la adolescencia hoy en un entre generacional como una problemática que, en términos generacionales, manifiesta el vinculo entre lo nuevo y lo viejo, entre los que ya no están y los que aún no han llegado.

 

  Una Caperucita del cuento clásico que respondía a lo que la cultura adulta mantenía como jerarquía sostenida en la firmeza de un orden cultural como por la adhesión a valores culturales imperantes  de la época. A una Caperucita Feroz que junto a Lobo Rojo, frente al desorden valorativo, nos anticipan que hay nuevas subjetividades de época y nuevas subjetividades en juego.

 

  Pensar en los adolescentes, jóvenes y adultos nos invita a poner el acento en las singularidades de cada uno de ellos, en sus particularidades experiencias y trayectorias de vida y en nuestras propias miradas sobre ellos.

 

 

Las relaciones entre generaciones: entre mirar desde el adulto y mirar desde el adolescente

 

  En los personajes del cuento, podemos observar que Caperucita pasa de ser buena y obediente a ser feroz, y Lobo Rojo de ser aquel lobo en sus orígenes, malo y feroz, a ser el bueno de la historia.

Silvia Di Segni Obiols (2002)  expresa:

 

“sí comparamos al adulto en sus orígenes, podemos ver que durante el siglo XIX y la primera mitad del XX, existió una fuerte homogeneidad, producto del control y la rigidez que imponía ese modelo; los padres pensaban igual que los maestros, que los pastores de las distintas iglesias, el esquema patriarcal se quebró”.

 

  El adulto con relación a las nuevas generaciones ha perdido autoridad, no son los mismos que aquellos adultos de épocas pasadas, ya no son el modelo del adolescente. Quizás, esto nos hace pensar en que nos encontramos ante un adulto “débil”.

 

  Los jóvenes, ya no son objeto de… buenos, obedicientes, como la Caperucita tradicional, son sujetos de derechos, se hacen escuchar, se expresan, hoy ellos toman la posta, son el modelo de toda la sociedad, son “fuertes” como Lobo Rojo, han logrado ocupar otro lugar produciendose así, una doble inversión de roles.

 

 

Entre generaciones: La literatura como construcción de sentido

 

  Resulta interesante el aporte de Teresa Colomer cuando nos habla de la importancia de la literatura como representación cultural del mundo. Desde las disciplinas englobadas en el término de “humanidades” no ha dejado de teorizarse nunca sobre la inevitabilidad del concurso de la literatura en la construcción social del individuo y de la colectividad.

 

  Como dice Heilbrun (1988):

 

“Lo que importa es que las vidas no sirven como modelos. Sólo las historias sirven. Y es duro construir historias en las que vivir. Sólo podemos vivir en las historias que hemos leído u oído. Vivimos nuestras propias vidas a través de textos. Pueden ser textos leídos, cantados, experimentados electrónicamente, o pueden venir a nosotros, como los murmullos de nuestra madre, diciéndonos lo que las convenciones exigen. Cualquiera que sea su forma o su medio, esas historias nos han formado a todos nosotros; y son las que debemos usar para fabricar nuevas ficciones, nuevas narrativas. (p.37).

 

  En Lobo Rojo y Caperucita Feroz, Elsa Bornemann, nos muestra a dos protagonistas de la historia en el que retrata una inversión de roles que también, nos hace reflexionar en las transformaciones del mundo infantil y juvenil, que se producen en cada época, y que se evidencian en discursos y prácticas.

 

  Tomemos por ejemplo la siguiente escena:

 

“− ¿A dónde vas?- le preguntó ella al Lobo Rojo, con una sonrisa que dejaba al aire una hilera de dientes tipo serruchitos.

− A… a… la… la… ca… sa de mi abueli… de mi abuelita… −contestó Rojo, mientras el corazón le hacía chiqui-trac chiqui-trac, debido al miedo que tenía.

Por su parte, el corazón del lobito Negro se arrugó como una pasa de uva… ¡Pero las orejas no! Por eso, pudo escuchar perfectamente la conversación entre los dos.

− ¿Asi que vas a visitar a la abuela? Entonces… equivocaste el camino −siguió diciendo Caperucita Feroz−. Por aquel se llega más rápido al otro lado del bosque −y la nena le indicó a Rojo el sendero más largo−.

 

  El lobito de esta historia, Lobo Rojo, no se deja engañar facilmente, puede ver la intencionalidad de Caperuza Feroz y el peligro en el que se encuentra, si hace caso a esta niña de trenzas rubias que lo único que quiere es controlar los caminos del bosque en busca de pieles para su capa.

 

  Sin dudas, la lectura de la escena relatada hace hablar, nos habla de que algo ha cambiado, y que las relaciones que se establecen en su seno entre los sujetos, y entre los sujetos, el conocimiento y la cultura forjan modalidades de pensar, sentir y ser en el mundo, permitiendo un vinculo con la tradición oral.

 

 

Convivencia escolar: ¿Desacralizar la autoridad adulta? Una mirada psicopedagógica.

 

  La escuela se propuso en sus orígenes homogeneizar a la población que recibía. Ese paradigma vemos que se modificó; como la versión de Lobo Rojo y Caperucita Feroz donde los roles se invierten.

 

  Ahora bien, ¿cómo pensar mejor el mundo infantil y juvenil y las relaciones de éste con el mundo adulto, en la familia y en la escuela?, ¿es posible en estos tiempos pensar en una educación sin autoridad ni sanción? O bien, ¿cuando lo distinto sean niños, adolescentes y jóvenes, irrumpen en la convivencia, en la relación con el otro? ¿Quiénes son los frágiles o los fuertes?

 

  En el final del cuento, a Caperuza la dejan escapar los lobitos amigos de Lobo Rojo, del Bosque de Zarzabalanda, por dejar encerrada en un ropero a la abuelita de Rojo y hacer otras maldades:

 

“Entonces, cortaron las sogas y la dejaron escapar rumbo a su pueblo. A medida que huía de Zarzabalanda-corriendo de un modo que en vez de una criatura parecía un avión-, la Cape pudo escuchar las enojadas voces de los lobitos, amenazándola.

−¡Si te vemos otra vez por estos pagos va a ser tu último paseo! −le decían−.

−¡Ni se te ocurra volver!

Pero ni falta que hacía que se lo dijeran, porque a la Caperuza Feroz no le quedaron ganas de molestar a ningún lobito”. (p.46).

 

  Extrapolando la presente escena, a situaciones que se dan en el convivir de la escuela secundaria cuando no se acata la norma, cuando la diferencia nos representa un desafío tanto como adultos y jóvenes, podemos decir que aún hoy, vemos en el interior de las escuelas lo difícil que se hace convivir a partir de las diferencias y respetando las diversidades.

 

  Si bien en la escena de Caperuza se muestra la intención clara de dañar a los lobos mediante maldades, vemos claramente cómo la entrada de esta niña de trenzas rubias de algún modo termina irrumpiendo en la vida de los habitantes del bosque, que en un inicio “convivían felices y contentos”.

 

  Nos preguntamos, ¿acaso en las escuelas no nos hemos encontrado con escenas similares? La diversidad plantea el valor de lo distinto, y como rasgo común, lo diverso. Somos diferentes y en eso consiste la riqueza; la ponderación de la diferencia como rasgo constitutivo es una ruptura con el afán de formación uniforme.

 

  Creemos también que, tanto la regulación de la vida escolar como las características de las figuras de autoridad que gobiernan las escuelas, han ido modificándose, adaptándose a nuevas situaciones, nuevos escenarios y diferentes sujetos. Sin embargo, también creemos que aquello que dio origen al disciplinamiento y la regulación del espacio escolar no está del todo superado.

 

  En más de una oportunidad, las representaciones de lo que debe ser la vida escolar y el ejercicio de la autoridad se asientan en modos arcaicos de manejo del poder. Como nos dice la Psicopedagoga Alicia Fernández:

 

“quizás es momento de pensar en un espacio transicional desde el aprender, ya que el aprendizaje es tiempo, es devenir. Por eso, hoy se hace más imperioso que nunca posibilitar la escucha y la palabra a los jóvenes y los niños” (2000: p.175).

 

 

A modo de cierre

 

  A partir de la propuesta de Caperucita Feroz y Lobo Rojo, de Elsa Bornemann, nos propusimos reflexionar sobre algunas escenas significativas que nos hablan acerca de la inversión de roles en esa relación “entre” las generaciones, en las nuevas subjetividades que pueblan las aulas hoy, al igual que los modos de concebir el mundo adulto que ya no se corresponden con el actual.

 

  Si bien la relación entre las generaciones siempre ha sido inherentemente una instancia de disputas, oposición y diferenciación, las cosas han cambiado, los modos de relacionarnos y convivir también.

 

  En este sentido, la literatura resulta una estrategia necesaria, constituye una verdadera escalera que ayuda a partir de los cuentos a entender, a reflexionar sobre el inmenso repertorio de imágenes simbólicas que nos habla de las tramas de numerosos personajes, como fórmulas para poder comprender el mundo y las relaciones sociales, y adoptar diferentes perspectivas sobre la realidad que nos rodea, sea en el ámbito familiar y/o escolar.

 

 

Nota: Este artículo fue presentado y expuesto por la autora en el Congreso Mundial De Salud Mental. Abordajes inclusivos en Salud Mental. Clínica, comunidad y derechos. Buenos Aires, 2019.

 

 

Imagen*: https://fragmentosilustrados.wordpress.com/mi-amigo-el-principito/cynthia-orensztajn-2/ 

Cynthia Orensztajn nació en Buenos Aires, Argentina. Estudió Diseño Gráfico en la Universidad de Buenos Aires. Actualmente es miembro del Foro de ilustraciones de Argentina. http://www.orensztajn.com.ar/

 

 

 

Referencias Bibliográficas:

 

Bornemann, Elsa Isabel (2016). Lobo Rojo y Caperucita Feroz. Ilustrado por Cynthia Orensztajn. Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Santillana.

 

Colomer, T (1994). La didáctica de la literatura. La educación lingüística y literaria en la etapa secundaria. Barcelona, Horsori.

 

Fernández, Alicia (2007). Poner en juego el saber. “Psicopedagogía clínica: propiciando autorías de pensamiento”. Buenos Aires. Nueva Visión.

 

Lomas, Carlos (2003).  Fragmentos para una poética escolar, en La vida en las aulas. Memoria de la escuela en la literatura. Buenos Aires, Paidós.

 

Silvia Di Segni Obiols (2002). Adultos en crisis, jóvenes a la deriva. Editorial Novedades Educativas. Buenos Aires.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



 

 


© elSigma.com - Todos los derechos reservados


Recibí los newsletters de elSigma

Completá este formulario

Actividades Destacadas


Del mismo autor

No hay más artículos de este autor

Búsquedas relacionadas

» Convivencia
» escuela secundaria
» juventud
» adolescentes