» Educación

El fin de la infancia o la imposibilidad de esperar

05/02/2020- Por Marina Casas - Realizar Consulta

Imprimir Imprimir    Tamaño texto:

Este texto nos propone acercarnos a la infancia para pensar sus condiciones. El vértigo de la época marca la manera en que los adultos se relacionan con los niños y niñas. ¿Cuál es el tiempo de la infancia? ¿Cómo se enlazan los adultos y los niños? ¿Qué expectativas se juegan? La autora lleva esta reflexión al campo escolar para situar el lugar del acompañamiento. ¿Qué coordenadas simbólicas se necesitan para crecer?

 

 

                  

                                 “El abrigo de Pupa” de Elena Ferrándiz*

 

 

 

  Me interesa reflexionar sobre algunos fenómenos que se observan en los niños en la escuela y también por fuera de ella: todas aquellas manifestaciones de ellos y de los seres significativos del entorno que nos pueden hacer pensar en el fin de la infancia como una amenaza que se hace presente todo el tiempo.

 

  Cuando hablamos de esta pérdida de lo infantil tal vez pensemos rápidamente en la ausencia del juego, en la primacía de la tecnología y los efectos subjetivos que las pantallas tienen sobre los niños. También en el lugar de niño que se le da a un sujeto, lo que siempre vendrá de un Otro adulto que haga posible ese lugar. Al ser otorgado se dará en consecuencia un tiempo para esa infancia. 

 

  Esto lleva a preguntarnos sobre cuál es la posición que los adultos tienen hoy en día respecto a los niños y a cómo se los acompaña a transitar este tiempo.

 

  Liliana González hace referencia a una destitución de la infancia ya que considera que los niños son mirados y tratados cómo adultos en miniatura. En relación a la tecnología refiere cómo hay una gran cantidad de niños recibiendo información para la que no están preparados simbólicamente. Aparecen falsas maduraciones anticipadas en las que los niños toman decisiones como si se hubieran quedado sin autoridad. (González, 2016).

 

  Si tomamos a la infancia como un tiempo podemos preguntarnos sobre cuál es el tiempo con el que contamos actualmente. Es siempre el de la  ausencia, en tanto no alcanza, se escapa y hay que correrlo, hay que “llegar a tiempo”, “no perder el tiempo” como mandatos que se imponen socialmente para niños y para adultos.

 

  En cuanto a los niños se vislumbra en lo que deberían alcanzar en un cierto momento, a cada edad, en cada grado e incluso sala de jardín. Para esto pareciera haber cada vez  más urgencia, lo que se observa en  algunas demandas que recaen sobre ellos: que a los tres años hablen en inglés en su jornada escolar o incluso que ya reconozcan las letras y se los aliente a escribir sus nombres. ¿Qué es lo que apura allí? ¿Qué es lo que no puede esperar?

 

  En cuanto a los adultos el desafío que se impone es el del tiempo útil en todo momento, estudiando, trabajando, en las relaciones sociales y en el de estar con sus hijos. En este último punto es en el cual más se juega la ausencia del tiempo compartido entre adultos y niños. ¿Tendrá esto que ver con que se impulse también a los niños a llenar su tiempo de actividades y metas a cumplir? ¿Verlos como adultos quita la responsabilidad de ocupar tiempo en acompañarlos como niños?

 

¿Qué sucede en las instituciones escolares? Además de las exigencias cada vez más tempranas en cuanto a los logros a obtener observo que en la primaria hay una constante demanda de independencia hacia los alumnos. Frecuentemente se escucha el pedido de ser responsables, copiar solos, resolver sin ayuda, y si es con ayuda es algo que se deja asentado como si fuera una aclaración necesaria.

 

  Un ejemplo muy común tiene que ver con el pedido de materiales a llevar a la escuela. El cuaderno de comunicaciones siempre fue ese medio entre el docente y el adulto para hacer este tipo de pedidos. A raíz de esto se derivan a veces situaciones que ningún adulto sabe cómo resolver, habiendo allí una dificultad en tomar una posición.

 

  Cuando el niño no tiene los materiales se le otorga desde la escuela una responsabilidad sin considerar realmente quién puede ocuparse de aquello. “Es tu responsabilidad” “Explicale esto a tu mamá/papá” son algunas de las frases que se escuchan en lo cotidiano. ¿Tiene ese niño los recursos para brindar ciertas explicaciones a sus padres? ¿O para asumir ciertas responsabilidades?

 

  Muchas veces directamente, como ya no hay tiempo, las notas no se copian y solamente se hacen pedidos de manera verbal, lo que raramente lleve a que los niños puedan concurrir con aquello que se les solicitó. Cuando se habla con los padres, tampoco aparece allí alguna responsabilidad ya que dan a entender que el niño es quien “no mostró el cuaderno” o en otro caso frecuente, “no dijo que tenía tarea”.

 

  Ahí de nuevo vemos qué se le demanda al niño y faltan las preguntas de los padres hacia ellos para poder hacer con ellos: sea pedirles  de ver el cuaderno o conversar sobre si hay alguna tarea con la cual ayudarlos.

Este ejemplo simple muestra allí ese lugar que queda vacante para asumir una responsabilidad de acompañamiento de la infancia.

 

  Me resulta interesante poner el foco en el acompañar. En las escuelas, hoy en día, este término está completamente ligado al de los acompañamientos escolares. En estos dispositivos siempre se pone como meta que el niño deje de ser acompañado o que de a poco vaya estando más horas sin su acompañante y que resuelva las actividades solo.

 

  El problema con esto es que se piensa muchas veces en ese objetivo incluso antes de arrancar a transitar ese acompañamiento y no se puede anticipar el tiempo que va a durar.  ¿Por qué no pensar que todo niño sea en la escuela o en su casa necesita una ayuda en ciertos momentos para hacer una tarea? ¿Por qué la mirada sobre esto suele ser negativa?

 

  Ante la falta de tiempo y frente a las demandas hacia los niños nos encontramos como respuesta niños con grandes dificultades en su constitución subjetiva, cuerpos que no pueden esperar y poner un límite al movimiento, falta de palabra ante la recepción constante de imágenes, cuerpos infantiles sexualizados, vestidos como adultos y aún peor mostrados en las redes para ser vistos. Allí donde todo vale y no hay límites claros se ausentan los adultos, muchas veces, para ponerlos.

 

  Se borran las diferencias entre lo adulto y lo infantil como así también entre lo privado y lo público. Así por ejemplo vemos también niños yendo a clases de danza con adultos de compañeros y bailando como adultos con canciones no adecuadas para ellos. De nuevo, ¿cuál ese ese tiempo que no se puede esperar?

 

  Una de las  definiciones de “esperar” en el diccionario de la Real Academia Española (2014) es “tener esperanza de conseguir lo que se desea”. Elijo esta definición, entre tantas, para resaltar qué lugar podemos pensar para el esperar en relación a un deseo.

 

  ¿Qué deseo puede haber en juego de los padres o docentes hacia los niños para brindarles tiempo? ¿Qué deseo para que se pueda jugar en la infancia y así entonces que haya luego otro tiempo posible? ¿Qué podrá transmitirse a un niño sobre la capacidad de espera para que pueda tener un deseo? Lo que no es viable si todo se obtiene de manera inmediata. ¿Si se es un adulto siendo niño qué esperanzas habrá para un después?

 

 

Imagen*: “El abrigo de Pupa” de la ilustradora española Elena Ferrándiz. (Thule Ediciones. 2010) Elena Ferrándiz es una escritora e ilustradora española conocida por sus libros dedicados a la literatura infantil, en los que combina escritura y dibujo de una manera muy personal, muy dulce.

“El Abrigo de Pupa”, es un precioso cuento, una fábula que habla de la valentía que supone enfrentarse a los miedos que todos tenemos.

                               http://elenaferrandiz.blogspot.com/

 

 

 

Bibliografía:

 

González L., (2016) Crecer apurados. Los límites del juego. Ediciones del Boulevard. Córdoba.

 

 

Real Academia Española. (2014). Diccionario de la lengua española (23.a ed.). Consultado en http://www.rae.es/

 

 


© elSigma.com - Todos los derechos reservados


Recibí los newsletters de elSigma

Completá este formulario

Actividades Destacadas


Del mismo autor

» El borde entre lo que pasa y lo que deseo
» La exclusión incluida

Búsquedas relacionadas

» Infancia
» niños
» tiempo
» vertiginosidad
» adultos
» acompañamiento