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La ficción psicologizante de la Educación emocional. Apuntes para un (posible) debate02/03/2026- Por Joaquín Cardoso -
Este texto nos muestra en un recorrido conceptual muy interesante las consecuencias de introducir en las aulas una mirada desde la educación emocional. El modelo adaptativo que busca reducir la experiencia subjetiva a coordenadas, definiciones y comportamientos homogéneos y delimitados se impone fuertemente. Si dejamos de apostar al sujeto ¿qué será de la educación?
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Las iniciativas legislativas de incorporar Educación emocional en los colegios argentinos serán el puntapié en este texto, para proponer una historia posible de la gestión emocional y la autoayuda como correlato de una larga carrera de intentos de adaptación de las personas e individuos a través de la oclusión del sujeto del inconsciente, en lo que Freud ya había advertido respecto del pasaje del psicoanálisis a Norteamérica y la posterior hegemonía de la “psicología del yo”.
Del mismo modo, problematizaremos la gestión emocional a través de algunos de sus sustentos teóricos y literarios para contraponerlo a las “pasiones” y por qué, en el marco de la extensión y ampliación de las redes sociales y la mercantilización subjetiva, la gestión emocional funciona como ideología por excelencia de la imaginarización e inflamación egoica.
Deseo y falta vs. gestión emocional
“Hay que confiar en ese desconocido: uno mismo
Marguerite Duras.
El gobierno nacional de Argentina a través de la diputada Marcela Pagano y el gobierno bonaerense encabezado por Luciana Padulo, en el año 2025 propusieron modificar la Ley de educación nacional N° 26206 (2006) y la Ley de educación provincial N° 13688 (2007)[1].
En sendos proyectos de modificación, incorporan la llamada Educación Emocional en todas las escuelas, adaptándose a lo que se conoce como gestión emocional en el capitalismo contemporáneo.
En marzo de 2026 se impulsará la “Ley de libertad educativa”; con que el gobierno de Milei propone privatizar la vaciada educación pública, con un sistema de competencia entre colegios y la promoción de los famosos “vouchers”[2] para trasladar a los usuarios/familias la educación de cada familia, agudizando un proceso de muchos años de deterioro en el sistema público educativo y un aplastamiento subjetivo a la docencia mediante ajustes salariales, multi-tarea y crisis por agotamiento y despersonalización[3].
En este cuadro, y con el mismo ímpetu que con la Reforma laboral, el proyecto de ley pretende adaptar y “modernizar” el sistema educativo con la bandera, por ejemplo, del homeschooling y el traslado de la crianza a una componenda que se legitima en la familia, en un intento evidente de colocar a la educación al servicio de las empresas productoras de contenido pedagógico, la tercerización en fundaciones interesadas de material relevante e inclusive, la modernización del equipamiento técnico por parte de empresas de tecnologías y tecno-comunicaciones (Sierra Caballero, 2008, Pasqual, 2011).
En el cuadro de la “libertad educativa” oportuna al intento actual y contextual de crisis de las democracias capitalistas y barbarización de los lazos sociales (pandemias, colapso climático, guerras, etc.), la “Educación emocional” con su atención a los problemas de salud mental y la incorporación del problema emocional de los niños y adolescentes podría parecer una buena noticia, o al menos una humanización en medio de la barbarie[4].
Dentro de la llamada pandemia de salud mental, con los problemas de adicción a las redes sociales, los múltiples, variados y estudiados intentos de vaciamiento de la salud pública, la falta de presupuesto en la atención de la discapacidad, etc., nos ocuparemos de la ideologización de la educación emocional como parte de un momento histórico de “estructura de sentimiento”[5] donde el fomento de la noción del “yo autónomo”, pasible de ser educado en la gestión emocional combina –como creemos– con la organización de múltiples identidades por parte del mercado cuyo único límite es el agotamiento corporal, los diversos síntomas, depresión y ansiedades, correlato de la (ya famosa) sociedad del rendimiento (Han, 2012).
Además, y más allá de algunas denuncias puntuales referidas a la tendencia a reemplazar la Educación sexual integral (ESI) por la Educación emocional, en lo referido al paradigma de los colores en las emociones (cuidadosamente pensado para descartar aquellas “emociones” dañinas universalizándolas en un para-todos-igual)[6], tanto unas leyes como otras (más allá del signo político) estiman necesario adecuar la normativa en aspectos psicologizantes, adaptativos y voluntaristas que sostienen la ficción yoica en una infatuación imaginaria que construye ideales de época. Algunos autores, incluso, hablan de un “ethos epocal emocionalizado” (Sorondo, J y Abramowski, A.L, 2022).
Tenemos entonces, por un lado, la promoción de la gestión emocional como nuevos intentos de pedagogización y organización mercantil de voluntades que deben gestionar las emociones, en el intento de re-lanzar al individuo autónomo, consciente y no-contradictorio, tan ajeno al sujeto del inconsciente. Por otro lado, y al mismo tiempo, esa auto-regulación identitaria de un sujeto que se autopercibe y se gestiona, se posiciona como un elemento en la cadena de goces cuyas comunidades son garantizadas, y muchas veces promovida, por el discurso capitalista.
Si consideramos que el deseo implica la falta, la concepción de gestión emocional obtura la falta. Y si pensamos en el individuo como auto-sustentable, gestor de su propia emoción, olvidamos el lugar éxtimo que tiene al Otro de sí “más íntimo que sí mismo”[7] y que habilita la posibilidad de otra escena, donde se despliegue el equívoco y el inconsciente.
“Soy lo que digo” es el nuevo cogito, al decir de Laurent Dupont[8] que busca equivaler el goce al yo, derivando al otro como estorbo de mi propia extensión. Olvidan que el individuo no es un indiviso, “(…) está atravesado por un efecto sujeto y allí articula con el discurso del Otro”. (íd)
Entre el concepto y el género editorial: breve historización
Un trabajo bastante informado sobre los documentos educativos que incorporan la educación emocional, de Francisco Ferrara, muestra cómo hace años que hay intentos de legislar sobre lo emocional, con consecuencias que él mismo indica como de “(…) individualización del sujeto y una concepción meritocrática del hecho educativo” (2025: 151).
La noción implica:
“(…) la expresión de sentimientos y emociones; la construcción de valores de convivencia en relación al cuidado propio y ajeno y la construcción cooperativa de normas; la confianza, la libertad y la seguridad para poder expresar ideas y opiniones, fortalecer la autoestima” (DECRETO 1.881/2025, San Miguel de Tucumán).
¿Cómo regular la expresión de sentimientos y emociones?
En Garantías de felicidad (2014), la investigadora Vanina Papalini historiza la emergencia y desarrollo de los libros de autoayuda, que, no por casualidad, son difundidos a partir de la década del 30 del siglo XX a la par de “El malestar en la cultura” de Sigmund Freud.
Bastante antes, en otro de sus ensayos, Literatura de autoayuda: una subjetividad del sí-mismo enajenado (2006), la autora identifica y estructura el género de autoayuda como un fenómeno de difusión masiva, con sus reglas genéricas, sus estabilizaciones y repeticiones en el sentido, y sobre todo: su éxito.
Con la noción de ideología trabajada por Terry Eagleton, es decir, aquella distancia y relación mediada entre las condiciones de producción y de existencia, con las nociones, valores, ideas que sobre esas condiciones aparecen en el sujeto, Papalini muestra cómo el “sé feliz” o el “sí se puede” [9] funcionan con reglas de incorporación subjetiva a mundos antes inaccesibles, pero donde el individuo encuentra corrosiones del carácter[10] o malestares epocales posteriores donde se produjo un ideal y un mandato intolerable de cumplimiento imposible.
Aunque no forme parte específicamente de las reglas establecidas por los investigadores de la autoayuda, la gestión emocional forma parte de un subgénero deudor de la autoayuda, cuyos principios también orillan la idea de felicidad, vivir el presente, flexibilización de la subjetividad y sobre todo adaptación y aceptación a la realidad:
“Aunque puede encontrarse una cierta diversidad que permitiría una clasificación en subgéneros, el tema de la ‘solución de problemas’ es común a todos ellos, ya se trate de textos sobre espiritualidad, psicología, empresa, relaciones interpersonales, filosofía, Programación Neurolingüística, Inteligencia Emocional” (2006: 334).
En el siguiente apartado rescataremos un best-seller de los 90 que introdujo la idea en nuestras pampas de lo emocional, al tiempo que elimina mediante dispositivos masivos y acorde al aire de los tiempos, la introducción del equívoco, y por ello contrarios al arte y al psicoanálisis.
Antecedentes
“Quisiera imaginar que, algún día, la educación incluirá en su programa de estudios la enseñanza de habilidades tan esencialmente humanas como el autoconocimiento, el autocontrol, la empatía y el arte de escuchar, resolver conflictos y colaborar con los demás”.
Daniel Goleman.
“El sujeto dividido no desaparece, habla y sigue en el fantasma bajo la forma del yo”.
Carmen Taboas.
En 1996, casi como un anticipo del fomento de las neurociencias y la cuantificación de IQ, e inteligencias medibles, un libro salió a la calle en Estados Unidos, conformando un éxito de ventas arrasador que –por caso– más de una década después ostentaba el record de millones de ejemplares en todo el mundo y su traducción a más de 30 idiomas.
Nos referimos a Inteligencia emocional de Daniel Goleman, que popularizó, entre otras cosas, esta capacidad de construir un “yo” habilitado para gestionar las emociones.
Nutrido tanto de Sócrates como de Howard Gardner (Harvard), del “modelo cognitivo” y de Sigmund Freud, Goleman construye su relato a partir de las discusiones al interior del conductismo y el coeficiente intelectual, e identifica una limitación del cognitivismo para ceder paso a su especímen: la inteligencia emocional.
Las inteligencias múltiples, interpersonales, grupales, la alfabetización emocional o las capacidades adaptativas del “ego” son las bases sobre las que se posa en su objetivo el autor de este libro.
“El CI (coeficiente intelectual) y la inteligencia emocional no son conceptos contrapuestos sino tan sólo diferentes. Todos nosotros representamos una combinación peculiar entre el intelecto y la emoción” (p. 55).
Conocer (p. 124, 130, 137), manejar nuestras relaciones y nuestras vidas (p. 8, 9, 54, 71), motivarse, reconocer en los demás (p. 26, 29, 51), establecer relación (p. 48, 201), son los preceptos que dominan la escritura de Goleman, cuya finalidad es dar reglas y pautas de comportamiento “emocional”, ya veremos el límite de esta noción lindante con lo animal, y por ende factible de ser calificado.
En el marco conceptual de Goleman, la inteligencia emocional son las:
“(…) habilidades entre las que destacan el autocontrol, el entusiasmo, la perseverancia y la capacidad para motivarse a uno mismo. Y todas estas capacidades, como podremos comprobar, pueden enseñarse a los niños, brindándoles así la oportunidad de sacar el mejor rendimiento posible al potencial intelectual (…)” (p. 8).
Lo más importante a nuestros propósitos, es entender el libro como un antecedente de las propuestas educativas en la gestión emocional, leyendo como síntoma de la época la asimilación de lo emocional a lo adaptativo yoico, la proliferación de variantes del discurso del autoayuda, y la suposición de que todo esto… puede enseñarse.
Emoción animal / afecto del sujeto
“Las pasiones (Leidenschaften) fácilmente nos hacen padecer (Leiden)”
S. Freud[11].
Podemos detenernos en esto, para dar paso a un “El curso de las pasiones”, brindado por Germán García en el año 1999, donde destacó la presencia indudable de este best-seller de Goleman en el discurso social, y la importancia de su análisis para destacar y criticar con argumentos, desde la teoría de los afectos, la potencia de la inteligencia emocional para inmiscuirse en la doxa y el sentido común.
Como sabemos, el sentido común es el sitio privilegiado por donde se infiltra la ideología y el discurso dominante, amplificándose en la conversación cotidiana. Con otros propósitos, también Lacan mencionaba al discurso corriente como esa corriente “de ideales admitidos” (1957), donde se producen “(…) menos creaciones de sentido” (ídem).
Desde Charles Darwin (1872) con La expresión de las emociones en los hombres y los animales en adelante, hubo intentos de calificar, etiquetar y clasificar, para proponer alguna teoría de la emoción que además, permita la anticipación de las emociones, llegado el caso, al decir de Goleman, poder alfabetizar sobre el punto y mejorar nuestras relaciones interpersonales.
La algoritmización, la anticipación matematizada producto de las redes de la conectividad actual, tiende hacia la mercantilización de las emociones. Compañías aéreas inducen a la detección de “emociones” en los rostros de sus potenciales pasajeros para seleccionar prioridades en sus ventas de pasajes (en marketing, el llamado “análisis de sentimientos (AS)” y “detección de emociones (ED)”) en la industria aérea). Proyectos educativos escanean los rostros de los estudiantes para anticiparse a sus pedidos o consultas. [12]
A la aspiración a la expresión en el rostro de las gesticulaciones correspondientes a las emociones, la investigadora Susan Buck Morss le contrapone las piruetas que realiza Adolf Hitler frente a un espejo, y demuestra cómo lo que en Hitler puede presuponer enojo o ira, en la descripción de Darwin equivale a miedo (2005: 220). El malentendido y el equívoco hacen de límite al anhelo clasificatorio.
Pero la emoción, a diferencia de la pasión (según advierte García, 1999), es animal, constituye acto reflejo y, en definitiva, uno puede anotar una emoción de un rostro, pero no podrá saber qué la generó.
Allí entra en juego la pasión (pathos), que afecta a un sujeto.
En su curso de 1999, Germán García diferencia emoción y pasión, porque Goleman los asemeja y utiliza como sinónimos:
“(…) el autor se da cuenta que hay gente que tiene unas conductas reiteradas. Por ejemplo, son vengativos, irascibles, etcétera. Entonces, cuando constata eso, no tiene cómo explicarlo (…) no tiene una noción de sujeto” (p.43).
García no rechaza la traducción norteamericana que el autor realiza de Freud, pero aclara que en Lacan, esa traducción es isomórfica, es decir que una cosa puede ser transformada por la otra y viceversa. En cambio, lo que hace Goleman,
“(…) es lisa y llanamente borrar el inconsciente borrando la dimensión del lenguaje” (p. 44).
Después de pasar lista por las emociones abordadas por Goleman (ira, tristeza, temor, placer, amor, sorpresa, disgusto y vergüenza con sus consecuencias emociones al interior de esa clasificación), García dice que hasta ahí no hay nada diferente a la clasificación aristotélica. Pero:
“(…) ¿cómo se demuestra que la condición necesaria para que algo ocurra en el cerebro de una persona, tiene una relación específica con la condición suficiente de la tristeza, o de lo que sea?” (p. 44).
Entonces, en el desarrollo del curso, retoma textos donde encuentra la definición de “Pasión”.
Siempre hay una ambivalencia, dice García, en torno a si la pasión es algo que uno despliega o algo que uno padece. Cuando los estudiosos dicen “estado del cuerpo”, se asemeja a emoción.
Entonces la emoción es animal, la pasión le ocurre a un sujeto.
Sigue García:
“Las pasiones pueden modalizarse entre el querer, el saber, el poder y el deber (…) cuando uno dice querer, saber, poder y deber está introduciendo al sujeto (…)El comienzo, para nosotros, va a ser entender que la pasión no es simplemente algo del orden de lo imaginario, sino que pone en juego lo imaginario, lo simbólico y lo real.” (p.4).
Y sigue con Lacan:
“(…) Se trata de advertir que el cuerpo en cuestión no nos es dado de manera pura y simple en nuestro espejo, que incluso en tal experiencia del espejo puede llegar un momento en que esa imagen, nosotros, nuestra estatura, nuestra cara, deja surgir la dimensión de nuestra propia mirada, y el valor de la imagen comienza entonces a cambiar” (íd).
Para no extendernos más, diremos que la historización de las pasiones puede llevar a una estética trascendental que contribuye al entendimiento de las pasiones y del deseo, y se enlaza con una propuesta del deber, del poder, etc.
La crítica de las emociones y la autenticidad
Identificar y estudiar los cambios curriculares en lo referido a la educación emocional, puede contribuir, en el mejor de los casos, a un debate que vuelve cada vez que el mercado fomenta el aplastamiento subjetivo mediante recursos como la unidad del yo o la “ficción psicologizante” (Lacan, 2012: 349) provenientes de la psicología del yo[13].
Una excepción de esta literatura es la poderosa crítica que Sara Ahmed realiza en su libro La política cultural de las emociones. Allí, la autora habla del “(…) modelo de sociabilidad emotiva” (2015: 14) y cómo la felicidad interactiva se configura como un modelo actual de explotación en redes sociales (llamada “falsa felicidad”).
Quedará como deuda un análisis de este libro, solo diremos que la interesante y eficaz crítica de Sara Ahmed, se centra en la política de las emociones como una política cultural del capitalismo contemporáneo, en donde ubicaríamos también esta crítica a la educación emocional como currícula obligatoria en los colegios.
Si bien por un lado, Ahmed ubica la política emocional dentro del contexto globalizador donde la mercantilización subjetiva ya no encuentra límite, inclusive en el campo de lo emocional para generar lucro, por el otro contesta con una “autenticidad” supuestamente contraria a la explotación emocional.
Pero no podemos admitir la autenticidad como contrapunto de la mercantilización de la emoción, en tanto y en cuanto la máscara se incorpora como imposibilidad del contacto inmediato del ser con la cosa, y esta imposibilidad es un efecto de estructura.
Lo singular intenta ser deglutido por la etiqueta clasificatoria, mientras que luego se reivindica “lo singular” como comunidad de goce segregativo. Al fin, la emoción se promueve como algo a “gestionar” y “educar” desde el imaginario yoico con el discurso del mercado.
Reivindicar lo singular de cada quien, es oponerse a lo particular y lo universal.
Finalmente, vuelve con otro ropaje, el yo presuntamente autónomo, voluntarista e idéntico a sí mismo, un individuo no-contradictorio que contiene el nuevo malestar cultural por no estar nunca a la altura del mandato de “gestión”.
Bibliografía utilizada
Ahmed, S. (2015). La política cultural de las emociones. UNAM: México.
Baños Orellana, J. (1999). El escritorio de Lacan. Oficio Analítico: Buenos Aires.
Buck Morss, S. (2005). Walter Benjamin, escritor revolucionario. Interzona: Buenos Aires.
Cardoso, J. (2022). “Trabajo y salud. Antropología social de una dolencia”. Revista Sociodebate, año 8, Nº 11
CIEC (2025). XVI Seminario internacional del CIEC. “Evidentemente, el Uno no es el ser, hace el ser”.
Ferrara, F. (2025). “Formalización de la Educación Emocional en Argentina: un recorrido por leyes, resoluciones y partidos políticos”. Revista Entramados, Vol. 12, Núm. 17. Mar del Plata.
Freud, S. (1976). Obras completas Vol 4. “La interpretación de los sueños” (primera parte). Amorrortu: Buenos Aires.
________ (1992). “La interpretación de los sueños”. Obras maestras del pensamiento contemporáneo. Planeta: Buenos Aires.
García, G. (1999). “El curso de las pasiones”. Fundación Descartes.
Goleman, D. (1996). Inteligencia emocional. Editorial Kairós: España.
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______ (1986). El Seminario. Libro 7: La ética del psicoanálisis (1959-1960). Paidós: Buenos Aires, Barcelona, México.
______ (2012). Otros escritos. Paidós: Buenos Aires.
Le Brun, J. (2004). El amor puro de Platón a Lacan. Cuenco del plata: Buenos Aires.
Mannoni, O. (1979). La otra escena: claves de lo imaginario. Amorrortu: Buenos Aires.
Papalini, V. (2006). “Literatura de autoayuda: una subjetividad del sí-mismo enajenado”. La Trama de la Comunicación. Vol. 11. Universidad Nacional de Rosario: Argentina.
_________ (2013). “Tecnologías del yo”: entre la gubernamentalidad y la autonomía. En Rodríguez Freire, Raúl (ed.) El gobierno del presente. Materiales críticos. Instituto de Literatura y Ciencias del Lenguaje. Pontificia Universidad Católica de Valparaíso: Chile.
_________ (2014). Garantías de la felicidad. Estudio sobre los libros de autoayuda. Adriana Hidalgo: Argentina.
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Sierra Caballero, F. (comp) (2008). Sociedad de la información y comunicología. Una crítica económico-política. Universidad de Sevilla.
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Imagen*: la paleta cromática de las emociones – inteligencia emocional. Fuente: https://www.editorialgeu.com/blog/la-paleta-cromatica-y-las-emociones-i-inteligencia-emocional/?srsltid=AfmBOop6IlqfFAGNNNA2_zquzVds35By7djU3diRI4p9KeepYwBrSIIm
[1] El subtítulo del proyecto a nivel nacional contiene una serie de elementos lo suficientemente importantes en la discusión que abrimos, que sería imposible abordarlos en tan poco espacio: “Incorporación de educación emocional en la currícula escolar y capacitación docente en neurodiversidad, manejo de crisis y alertas psicodiagnósticas”.
[2] El financiamiento por vouchers, bonos o créditos intensifica la noción de la “demanda” en vez de la oferta, lo que eufemísticamente encubre es la profundización de la desigualdad en el acceso a la educación, por quitarle al presupuesto nacional la obligación de ofrecer educación amplia y gratuita.
[3] Hemos abordado el problema del burn-out y la despersonalización profesional en el artículo “Trabajo y salud. Antropología social de una dolencia” (2022). Revista Sociodebate, año 8, Nº 11
[4] Ver, por ejemplo, “Argentina lidera el ranking mundial de estrés”. En línea: https://www.baenegocios.com/sociedad/otra-coronacion-de-gloria-argentina-lidera-el-ranking-mundial-de-estres/ o bien, “Intentos de suicidios en Argentina que revelan las cifras oficiales y cómo influyen en la prevención”. En línea: https://www.infobae.com/salud/2026/01/27/intentos-de-suicidios-en-argentina-que-revelan-las-cifras-oficiales-y-como-influyen-en-la-prevencion/
[5] La estructura de sentimiento, como conceptualización histórica introducida por Raymond Williams, se define como “(…) la cultura de un periodo: el resultado vital específico de todos los elementos de la organización general” (2003) y a la vez una forma, al interior de una obra u objeto, “(…) más profunda y menos tangible en nuestra experiencia” (1975).
[6] Por caso, Liliana Maltz, del colectivo X más ESI, es una de las voces denunciantes. Ver más: https://generosmatanza.com/entrevistas/liliana-maltz-hay-una-intencion-politica-de-reemplazar-la-esi-por-la-educacion-emocional-8731
[7] El interior intemo meo de Agustin (Libro III, cap 6, 1990: 77), que Lacan retoma en su seminario de la Ética, lo encontramos –aunque no exactamente- en Heidegger respecto de la proximidad que conserva su lejanía (en Le Brun, 2004: 392).
[8] “Evidentemente, el Uno no es el ser, hace el ser” (2025). XVI Seminario internacional del CIEC.
[9] Puede recordarse la campaña a presidente en los Estados Unidos por parte de Barack Obama (2008) con el lema “Yes, we can” que luego adoptó domésticamente Mauricio Macri (2015) con el “sí, se puede”.
[10] Sennett, R (1998) La corrosión del carácter: las consecuencias personales del trabajo en el nuevo capitalismo. Anagrama: España.
[11] Traducción de José Luis Etcheverry para Amorrortu. En la de Luis López-Ballesteros (Alianza) se pierde el juego de palabras de pasión y padecer: “(…) no tardó en mostrárseme que las pasiones nos acarrean con facilidad amargos sinsabores” (1992: 213).
[12] Ver más: https://www.elespanol.com/invertia/disruptores/grandes-actores/tecnologicas/20200402/declaran-ilegal-usar-reconocimiento-facial-colegios-franceses/478953751_0.html
[13] Más allá del aire mítico que rodea a la historia de Freud al arribar a Estados Unidos y pronunciar la famosa frase “les traemos la peste”, cartas leídas por Baños Orellana (1999: 55), del 31/3/1911 de Jung a Freud y del 2/4/1911 de este a Ferenczi encuentra elementos verosímiles de acuerdo a esa anécdota.
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