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Entrevista a Leopoldo Salvarez

17/09/2007- Por Emilia Cueto - Realizar Consulta

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Leopoldo Salvarezza, especialista en psicogerontología, nos ha permitido desplegar algunas de las experiencias y conceptos a los que ha arribado después de décadas de estudio y práctica, en un campo que genera importantes resistencias, inclusive en el ámbito psicoanalítico. El lugar de la vejez en la formación de psicólogos, psicoanalistas y otros trabajadores de la Salud Mental, los prejuicios más habituales y sus consecuencias, la biomedicalización, duelo, narcisismo e incremento de la interioridad, son algunos de los temas desarrollados en esta entrevista.


-En 1970 creó en el Centro de Salud Mental Nº1 el Servicio de Psicogeriatría y Psicoprofilaxis de la Vejez, convirtiéndose en el primer servicio de estas características en la Argentina. ¿De qué manera se llega a su fundación y cuáles han sido los aspectos más relevantes de su funcionamiento?

-Se llegó casi por azar. Yo en 1970 no tenía la más pálida idea de lo que era una persona vieja, de cuales eran sus deseos, sus necesidades. Yo era un psicoanalista joven en ese momento y nunca había escuchado ninguna referencia a la posibilidad de la aplicación del psicoanálisis o la psicoterapia a las personas viejas, directamente no entraba en mi esquema. No era una situación mía exclusivamente, si no que esto reflejaba una desconsideración que había en general en el mundo occidental sobre el tema de la vejez y el envejecimiento. Recién en la década del ’60 y del ’70, comenzó a moverse este tema en el mundo, porque se empezó a notar el creciente aumento en la expectativa de vida al nacer y se empezó a ver que había viejos, que había personas con canas y arrugas alrededor de todos nosotros. Esto de alguna manera influyó para que se pusiera la atención sobre este fenómeno nuevo, que además involucraba una demanda, porque implicaba acercarse a estudiar un fenómeno que hasta ese momento había sido totalmente desconsiderado.
Otro elemento primordial, que no hay que dejar de tener en cuanta es el contexto sociopolítico en el que se desarrollaba esto. 1970 era una época muy importante, muy compleja y revitalizante en muchos sentidos, porque hizo que –en nuestro campo– los psicoanalistas salieran de la torre de marfil que era el  consultorio, para insertarse en el mundo social, económico y político que había al rededor. Era un período muy turbulento desde el punto de vista de los cambios políticos, la juventud había accedido a los planos superiores de la ruptura o el intento de ruptura con todo lo que estaba establecido. Entonces viejas estructuras, que hacían que los psicoanalistas estuviéramos metidos en el consultorio durante toda la semana trabajando con los pacientes, sin hacer ninguna otra cosa, se vieron desbordadas por una salida del campo psi a la sociedad. Esto lo marcó en la Argentina Mauricio Goldemberg, no hay duda, nadie discute esto, fue cuando se modificó la manera de pensar la Salud Mental, la forma de inserción de la Salud Mental en la sociedad y la respuesta de las instituciones y los profesionales. Una de las cosas importantes que hizo Mauricio Goldemberg, fue reclutar en ese momento a una cantidad de psicoanalistas jóvenes muy, muy brillantes, que lo acompañaron durante su gestión y que luego tuvieron en sus manos, el campo de la Salud Mental en la Argentina durante muchísimo tiempo.
Uno de ellos era Hugo Rosario, quien fue nombrado Dirección del Centro de Salud Mental Nº 1, el que está ubicado en la calle Manuela Pedraza. Dio la casualidad que yo era muy amigo de él y me empezaron a tentar con la idea de que fuera a trabajar al Centro, pero yo no me decidía. Luego sucedió, por azar, que un miércoles a la noche tenía un programa que se pinchó y de regreso para mi casa pasé por la Asociación Médica, entré a ver que había para ver si cubría el bache de esa noche, y me encontré con un espectáculo insólito: había un señor joven muy simpático, muy carismático, un encanto, que estaba hablando para un público de siete personas y estaba disertando sobre un tema que nunca había oído en mi vida: la atención psiquiátrica de los pacientes viejos. Este personaje se llamaba Mario Strejilevich, quien resultó ser el maestro de toda la psicogeriatría en la Argentina desde su vuelta al país, por cuanto él se recibió acá, se fue a estudiar a Suiza, hizo su formación ahí y después volvió. Cuando regresó formó todo el campo de la psicogeriatría en el cual nos desenvolvimos y abrevamos todos nosotros. Esa noche fue mi primer contacto con este tema y empecé a reflexionar sobre eso. Después, cuando me ofrecieron una vez más ir a trabajar al centro de Salud Mental, se me ocurrió implementar esto, porque era una época de experimentación en el campo de la Salud Mental. La gente que había formado Goldemberg, una de las características que tenía, es que eran muy amplios, muy abiertos, estaban dispuestos a cualquier innovación que se les presentara, siempre que estuviera fundamentada y seriamente hecha. De manera que cuando le propuse a Rosario abrir un servicio para atender a las personas viejas, le pareció fantástico, y además me dijo algo muy gracioso: no sabés como te agradezco porque los colegas acá en el servicio no saben que hacer con las mujeres mayores de 45 años. Esto muestra como era la cosa.

-Y como es pensada la vejez según los distintos momentos históricos.

-Hay una novela de Balzac que creo se llama La vieja dama indigna, donde la vieja indigna tiene 43 años, lo cual era considerado ya en los márgenes de la sociedad, eso pasaba acá también. A partir de que me aceptaron, empecé a contactarme con un grupo de gente para entusiasmarla en un proyecto como este y armé un equipo. Es interesante pensar en el título que le dimos al servicio, porque con esto arrancamos de cero, de no saber nada y cuando lo pensamos ahora resulta ridículo: Psicogeriatría y Psicoprofilaxis de la vejez, como si la vejez fuera una enfermedad con la cual se podría trabajar psicoprofilácticamente. Esto da cuenta no solo de la ignorancia de los demás sino también de la nuestra. De cualquier manera pusimos el mayor empeño en trabajar durante los seis años que duró el servicio, hasta que llegaron los militares, e hicimos un trabajo muy importante y sentamos las bases para el tratamiento institucional en Salud Mental en personas viejas, cosa que no había ocurrido en ningún lado.

-¿Y qué sucedió en el ámbito privado?

-Esto se arrastró de lo institucional al ámbito privado.

-Me da la impresión de que si alguien en un hospital no sabía que hacer con una persona mayor de 45 años, si una consulta de estas características le llegara al consultorio privado posiblemente estaría en las mismas condiciones.

-No nos olvidemos que hay una especie de lacra instaurada por Freud en 1904, donde ya mostraba sus reservas para el tratamiento de personas viejas, mayores de cincuenta años, que en esa época eran palabras mayores, pero el también decía que no, con bases totalmente irracionales que nunca se ocupó en demostrar ni en retractarse. Hablaba de una rigidez del aparato psíquico de las personas viejas lo cual es absolutamente indemostrable, ¿por qué sería así?

-¿Por qué la rigidez dependería de la edad cronológica?

-Claro, y todo el aspecto caracterológico, ¿donde lo dejamos? Pero él lo hacía recalcar sobre la edad. Hoy nosotros sabemos desde la gerontología, que la edad como una variable independiente no sirve para medir absolutamente nada. Sirve nada más a los efectos estadísticos de poder comunicarnos científicos de distintos lugares, jamás se nos ocurría utilizar un número para marcar nada en el ciclo vital de una persona.

-En La vejez. Una mirada gerontológica actual, plantea que para la atención de adultos mayores lo más indicado es el psicoanálisis. En esto se contrapone a lo postulado por Freud y por muchos de quienes si bien consideran que es posible, sugieren incluir modificaciones en la técnica. ¿Cuáles son los fundamentos para su postura?

-Esto es interesante. Cuando uno lee la literatura mundial ve que sin excepción la psicoterapia es uno de los recursos terapéuticos para aplicar en las personas viejas, pero se hace objeción al psicoanálisis. No se objeta a los cognitivos, los sistémicos, los jungianos, solo al psicoanálisis, y cuando se lo refuta se refiere específicamente a los aspectos técnicos: la duración, el uso del diván, la interpretación transferencial, olvidando que el psicoanálisis es una teoría, una técnica y un método de investigación, estos tres aspectos constituyen el psicoanálisis. Pero en el campo de la geriatría se objeta específicamente al psicoanálisis en sus aspectos operativos, lo cual a mi me llama la atención. Creo que va más allá de la utilización del psicoanálisis en viejos, es un tiro por elevación en contra del psicoanálisis en su conjunto, es una derivación parcial que creo se inscribe en la resistencia que existe en muchos ámbitos.
¿Habría que hacer modificaciones? Sí se hacen, también se hacen modificaciones en el análisis de niños con respecto al de adultos y a nadie le preocupa.

-Entonces usted acuerda en que sí habría que hacer modificaciones.

-Me parece que lo que el psicoanálisis tendría que revisar es una cierta rigidez en su estructura técnica, y pensar que lo que importa sobre todo es la posibilidad de la escucha psicoanalítica, no importa en que circunstancias y cómo se lo haga, ni siquiera me pondría a pensar que tipo de modificaciones específicas habría que hacer. Me parece que con plantarse frente a una persona con una escucha analítica, un psicoanalista entrenado, puede instrumentar esta relación de la mejor manera posible. Hay personas viejas que funcionan perfectamente bien en un diván y hay otras que no funcionan para nada.

-Esto mismo sucede en personas más jóvenes.

-No depende de la edad, depende de la estructura del sujeto y cómo se arme la relación con el terapeuta y que es lo que esté dispuesto a escuchar el terapeuta. Es interesante este punto, porque en relación a la apreciación de Freud sobre la rigidez del aparato psíquico de los pacientes, unas colegas que trabajaban conmigo en la cátedra, hicieron un trabajo hace mucho tiempo muy interesante, donde se oponían a esto y decían que en realidad la dificultad para la atención de los pacientes viejos estaba en la rigidez del aparato psíquico de los terapeutas y no de los pacientes.
Pero tampoco hay que llamarlo rigidez, me parece que viene más a cuento de las dificultades que tienen las personas jóvenes para enfrentarse con las personas viejas y enfocar el tema de la vejez. Colocarse frente a una persona vieja es como ubicarse frente a un túnel del tiempo, en el cual uno se ve reflejado: esto es lo que va a ser uno indefectiblemente, entonces de acuerdo a cómo uno lo tolere o no, va a ser su posibilidad de relacionarse ampliamente con el sujeto que tiene enfrente.

-En 1988 comenzó a ejercer la titularidad de la cátedra de Tercera Edad y Vejez en la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires.
 ¿Cuál es la formación particular que un analista debe tener para dedicarse a la clínica de estos pacientes?

-Cualquier persona que desee trabajar en el campo geriátrico, gerontológico debe tener una formación que debe consistir en primer lugar en saber quien es el objeto de estudio, quien es el que va a tener enfrente. Para esto es importante saber que el objeto de estudio de la gerontología no debe ser el otro, como se piensa siempre que el viejo es el otro, si no que el objeto de estudio debe ser uno mismo puesto en el pellejo del viejo que va a ser. Los seres humanos tienen una alternativa de hierro, o se mueren jóvenes o llegan a viejos, entonces los que pretendan llegar a viejos lo mejor que pueden hacer es situarse y pensarse en el viejo que van a ser, en cuyo caso es distinto de pensar que viejo es el otro, o que viejo son los trapos como se dice por ahí. Viejo es el que de nosotros vaya a transitar el camino suficiente para llegar a ese momento. Esta ha sido una de las premisas básicas de mi funcionamiento como profesor de la facultad de psicología, hacerle entender a los chicos desde la primera clase que tenían que pensarse desde ellos viejos, y que esta iba a ser la forma en que iban a poder enfrentarse adecuadamente con estos personajes. La vejez no es algo que está escondido por ahí a la vuelta y que algún día nos puede tocar, somos nosotros que vamos recorriendo un camino. En ese sentido es curioso lo que pasó en la facultad de psicología. Esta facultad se separó de la facultad de filosofía y letras, donde era un departamento, en 1985 y ahí se establecieron los programas básicos para la cursada de la nueva facultad de psicología, y ahí por primera vez en el país un grupo inteligente de psicólogos, que son los que pergeñaron el programa, pusieron una materia relacionada con la vejez que fue justamente Psicología de la tercera edad y vejez, eso fue fantástico, una cosa extraordinaria. Pero lo que es importante señalar es que la pusieron como optativa. Es decir que traicionaron ellos mismos su enorme logro, porque que explicación hay para que en la facultad de psicología, los futuros psicólogos sepan necesariamente cómo es la psicología de un niño, un adolescente o un adulto, pero no la de un viejo, y que esto quede librado simplemente al deseo de cada uno, es una algo disparatado.
Esto no fue hecho exprofeso, no hay que criticarlo por lo que hicieron, si no tratar de entender que forma parte de la dificultad que tiene un ser humano para enfrentarse en un todo con el tema del envejecimiento y la vejez, porque queda como si fuera cosa de otro. Pensemos que en una facultad que tiene doce mil o trece mil alumnos, siendo optativa esta materia fue cursada en el mejor de los casos por cuatrocientos alumnos en un cuatrimestre, y después se estableció habitualmente en ciento cincuenta alumnos, es una cosa absurda. Que solamente trescientos tipos por año, salgan de la facultad sabiendo lo que es un viejo atenta contra la posibilidad de trabajar en este campo, porque si uno no se anota en la materia es porque no le atrae o porque le da miedo el tema, y si le da miedo como se va a acercar, después como va a poder hacerlo. Estos trescientos que han cursado al año con nosotros, son personas que han incorporado que hay que pensar al viejo desde uno mismo, y desde ahí hemos podido sacar una cantidad de gente que ha venido a trabajar con nosotros, que se siguió interesado en el tema, que se ha volcado al trabajo con viejos, pero a partir de este núcleo muy chiquito.

-Esto no sucede sólo en la facultad de psicología o con los psicólogos, en general ocurre con todos aquellos profesionales o personas que están ligadas al trabajo con viejos.

-Por su puesto, en la facultad de medicina recién ahora, el próximo lunes se va a crear la materia de geriatría.

-Ni siquiera es una obligación para aquellos que trabajan en organismos ligados a la tercera edad ser gerontólogos.

-Para nada, no es una obligación para los médicos que trabajan en el PAMI, no lo ha sido nunca. Desde su creación el PAMI nunca ha exigido esto.

-Usted ha trabajado profundamente lo que denominó viejismo ¿Cuáles son las consecuencias más tangibles del prejuicio a la vejez en los profesionales de la salud?

-Para mí esta modalidad de la creación y funcionamiento de la cátedra de vejez de la facultad es un ejemplo típico paradigmático de viejismo.
Pero la consecuencia más compleja que he encontrado, es la dificultad para plantarse frente a los pacientes viejos y entenderlos, es difícil. Esto se ha ido modificando lentamente, cuando yo empecé a trabajar en el ’70 fui a la asociación médica y en una conferencia magistral, maravillosa había siete personas, no le interesaba a nadie. A partir de ahí, junto a Strejilevich nos pusimos todos a trabajar. Por mi parte, me he dedicado particularmente a hacer una difusión activa de estos temas para tratar de mostrarle a los colegas, a los profesionales, a los psicólogos, que hay que perderle el miedo a la vejez a partir de pensarla desde uno mismo. Si uno lo hace propio va a obtener resultados en la posibilidad de acercarse, de lo contrario va a seguir el camino de la enorme mayoría, porque el viejismo es algo que anida en todos los seres humanos. El viejo nunca ha sido querido, ha sido tolerado como máximo, pero nunca querido y deseado. La verdad es que los gerontólogos tenemos mucho que ver en esto, tenemos una deuda grande porque todavía no hemos podido dar una definición adecuada, por la cual sea deseable envejecer y llegar a viejo, todas las definiciones que damos están colocadas en los aspectos negativos.

-A inicios de 1999 esto lo señalaba en un reportaje que le realizaran para el diario Clarín y en diferentes momentos de su producción teórica vuelve sobre el tema, ¿cuál es la dificultad para dar una definición de esas características?

-No hemos conseguido todavía contrarrestar los aspectos negativos, son tantos más los que se ponen en contra que no permiten vislumbrar algo deseable. Por ejemplo, una de las cosas importantes que uno debe remarcar es que los viejos como grupo (si se hiciera una abstracción tomándolos como grupo) son  supervivientes. Lo que se dice de que los viejos son frágiles son macanas, si están ahí es porque han conseguido vencer todos los obstáculos que han dejado en el camino a una enorme cantidad de gente que se han muerto antes. La gente no se muere más cuando es vieja, se muere más cuando está en la mediana edad, cuando es más joven. Los viejos son los supervivientes de un montón que arrancaron juntos, pero que se han ido quedando por el camino, por eso quedan tan poquitos. Cuando vamos a la pirámide demográfica vemos que arriba chiquito están los viejos. Esto no se toma nunca en cuenta, siempre se habla de la fragilidad, de los aspectos negativos, pero la verdad es que siguen pesando tanto estos aspectos que hacen que la gente no quiera saber nada del tema. Esto viene desde el comienzo de la historia, el poema más antiguo que hay, que es la epopeya del Gilgamesh muestra que éste, que era un rey que había en esa época en la Mesopotamia muy interesado en el confort y el bienestar de sus súbditos, hacía viajes periódicos para encontrar recetas para determinadas cosas. Uno de los viajes más peligrosos que hizo en su vida fue para encontrarse con un superviviente del diluvio, para que le contara como había hecho para sobrevivir tanto tiempo, porque era un señor muy viejo, él lo que quería era una receta para sobrevivir, pero no se trataba únicamente de eso. Desde entonces todo el mundo ha buscado como vencer a la muerte, pero no como vencer a la muerte siendo viejo si no siendo joven.

-Más que la vida eterna, la juventud eterna.

-Por eso los siguientes fueron los alquimistas y luego la fuente de juvencia con Ponce de León, quien iba directamente a buscar la fuente de la juventud. Vivir mucho si pero joven, viejo no, nadie quiere. Se produce un círculo de retroalimentación permanente, en el cual uno no quiere a los viejos y como no los quiere no los mira, como no los mira no los estudia, los niega, los deja afuera, los coloca en el margen de la sociedad. Por lo tanto, cuando alguien traspasa esa barrera y llega a colocarse en el momento del envejecimiento y la vejez, lo vive como una profecía autocumplida. Todo aquello que ha dicho y pensado de los viejos ahora se hace carne propia, sin la cosa prospectiva que podría haber tenido desde el comienzo, por lo cual ya está instalado en él y tal como lo había pensado antes ahora que es viejo se va a ver deprimido, asexuado, senil, despreciado, dejado de lado.
A partir de lo que hablamos, recuerdo que en nuestro país periódicamente con los cambios de gobierno se van armando secretarías de tercera edad o subsecretarías. Siempre hay buenas intenciones y cada vez que sucede esto y  asumen las nuevas autoridades llaman a los personajes representativos para pedir consejo, ayuda o asesoramiento e indefectiblemente siempre se llega a lo mismo, lo que pretenden y lo que buscan estas autoridades es intentar dar un marco de seguridad y participación a las personas viejas a través de crear espacios cerrados. Por ejemplo un grupo de jubilados, los clubes, este tipo de cosas que en realidad ahora tienen un nombre que es “la búsqueda del empoderamiento” de los viejos, es decir que tomen conciencia del poder que pueden llegar a tener. Pero esto se hace siempre dentro de cosas cerradas, o concentrado en especies de burbujas de autoalimentación en la cual los viejos se encuentran con viejos, bailan con viejos, hacen teatro con viejos y esto es en última instancia una forma más de segregación. Hay muy pocas propuestas de entrecruzamientos intergeneracionales.
Una de las cosas que no he podido nunca hacerle entender a las autoridades es mi postura, por la cual pienso que lo que hay que lograr es hacerle tomar conciencia a la población en su conjunto que van a ser viejos y que piensen las cosas desde ahí. Me parece que es lo único que puede empezar a movilizar las cosas, para que se piense distinto el tema del envejecimiento y la vejez. Pero esta postura que tengo no da rédito político, en cambio si lo da juntar una cantidad de viejos y llevarlos de vacaciones a donde sea, cuando en realidad el tema es mucho más amplio que eso.
No terminamos de tomar el toro por las astas y creo que hasta que no se haga esto va a quedar reducido a cosas puntuales, va a haber gente que se va a ocupar pero sin modificar la mirada y la visión que la sociedad tiene de la persona vieja, siempre va a quedar al margen.

-Uno de los problemas que destaca en la vejez es el de la biomedicalización, ¿cuáles son sus efectos?

-El estudio del tema del envejecimiento y la vejez se inició a comienzos del siglo XX, con un médico húngaro llamado Nascher que creo el término geriatría. Es interesante porque la geriatría es el estudio de los problemas médicos de las personas viejas, es decir que se empezó por las enfermedades, recién años después apareció el otro término que es gerontología. Esta última es el intento de estudiar el problema de los viejos desde el punto de vista bio-psico-social, pero se empezó por el lado médico, por la enfermedad que no es más que la extensión de un prejuicio que hay en relación a la vejez que dice que viejo es igual a enfermo. Esto ya marca una idea, porque a partir de ahí la medicina se fue haciendo fuerte y fue considerando o intentó considerar de dominio propio todo el estudio de los viejos. Esto se extendió a partir de la década de 1960, cuando se trastocan en occidente una serie de valores importantes y aparece el cuestionamiento por parte de la juventud de los principios establecidos, la lucha contra el establishment, donde en nuestro campo se comienza a cuestionar la importancia y la validez que tiene exclusivamente lo médico. A partir de una introducción importante del pensamiento psicoanalítico en los Estados Unidos, se empiezan a mirar las cosas de otra manera. Aparece el desarrollo de la medicina psicosomática y desde el punto de vista específico de la Salud Mental la psiquiatría dinámica, ambas arraigadas en el pensamiento psicoanalítico, en la importancia que tenía en ese momento en Estados Unidos. Ahí se cuestiona todo el accionar de la medicina. Una de las cosas que abarca este cuestionamiento, es justamente la idea de la medicalización de la vida que predominaba en ese momento y se imponen los tratamientos psicoterapéuticos, los tratamientos combinados. La principal damnificada de todo esto resulta ser la industria farmacológica, que se ve sensiblemente discutida y los médicos dejan de recetar. Por ejemplo, en esa época, en 1960 cuando mis hijos eran chicos, en Argentina más del 80% de los pediatras que había en Capital Federal se psicoanalizaban, y lo hacían no porque estuvieran enfermos si no porque constituía parte de su formación profesional. Esto implicaba un cambio radical en la postura y en el enfrentamiento con los pacientes, fueran jóvenes, adultos o viejos. La industria farmacológica se vio golpeada y como tiene los medios, los recursos suficientes contraatacó, puso todas las fichas a jugar para defender su posición y surgió una controversia grande a partir de darle preeminencia a lo que en el campo de la Salud Mental se llama la psiquiatría biológica, que empezó a cuestionar fuertemente la psiquiatría dinámica y por elevación al psicoanálisis. Podríamos hablar de esto largamente, pero uno de los elementos importantes de penetración de todo esto fue el DSM, el manual de estadística y diagnóstico de Salud Mental, que empezaron por el I, sin saber que iba a ser el I, después siguieron por el II, ya van por el IV y debe estar próximo a parecer el V. Este que fue un manual específico para los Estados Unidos, para considerar la ingerencia en la salud mental de los soldados que participaron en la segunda guerra mundial, se convirtió con el correr del tiempo en un aparato de incidencia a nivel mundial. De manera tal que en la Argentina, dentro de la medicina prepaga, uno no puede hacer un diagnóstico si no está de acuerdo a las reglas del DSMIV.

-En el poder judicial sucede algo similar, se puede usar el CIE 10 por ejemplo, pero tiene que tener alguna tipificación estandarizada.

-Este es un intento de homogenización del pensamiento, es un sub-producto de la globalización en términos de la Salud Mental, donde incluso se llegan a inventar enfermedades, tales como el panic attack, que además se la llama en inglés, o el TOC (trastorno obsesivo compulsivo).

-O el ADHD en los chicos.

-Por eso a partir de que se crea una enfermedad se la tipifica de una manera, se la estudia y después del diagnóstico se la medica. Esto lleva a que haya aumentado enormemente este fenómeno y a que haya una medicalización de toda la sociedad. La industria farmacológica fabrica productos y para colocar esos productos necesita una sociedad enferma, si tuviera una sociedad sana no vendería, tiene que convencer a la sociedad que está enferma de alguna u otra manera y para eso utiliza de alguna forma los medios de comunicación masiva, que desaprensivamente se prestan. Todos los días las revistas y los diarios largan indiscriminadamente temas de medicina o de psicopatología, sin ningún juicio crítico, sin pensar que esto va a ser leído por personas que tampoco tienen los elementos suficientes como para realizar una lectura crítica. Ahora, ¿cómo hay que pensar en los viejos lo que también ocurre en la sociedad general?, ¿Cómo se llega a la biomedicalización de los viejos?
Una de las cosas que vimos y que nos llamó mucho la atención, es que mientras la población vieja a nivel mundial llega al orden del 15% de la población total, este 15% es el máximo consumidor de entrevistas médicas, efectúa  al rededor del 37 o 38% y consume cerca del 40% del total de los medicamentos que se fabrica.
Es una cosa disparatada que el 15% consuma casi el 40% de la producción de medicamentos, no se si todo el mundo está en condiciones de darse cuenta la magnitud que tienen estas cifras.
Esto nos llamó la atención, lo empezamos a estudiar y nos dimos cuenta que uno de los déficit mayores que tiene la población vieja en su totalidad es que, por una u otra razón nadie los toca, nadie los acaricia, nadie les pasa la mano por el lomo, digamos, salvo situaciones extremas como puede ser que haya que bañarlos o vestirlos, pero el resto de la población no tiene quien los toque. Imaginemos lo que significa esto, si a una persona por un día, una semana, un mes o un año nadie la tocara, pensaría que no existe, que es transparente. Esto es algo que los viejos sienten mucho y lo combaten yendo al médico, con la fantasía que el profesional, a través de revisarlo lo va a tocar. Por eso protestan tanto cuando los médicos, que no tienen tiempo, no los revisan, no les toman la presión. Esto es lo que en el fondo, va buscando una gran mayoría de gente vieja cuando van al médico y como en general toda persona que va al médico sale con una receta en el bolsillo, se va incrementando el uso de la medicación, lo cual se ve reforzado porque, además, la industria farmacológica se encarga de hacer remedios para cualquier cosa.
En un ateneo clínico, he visto presentar el caso de un señor al que trasladaban de un instituto a otro, y en cuya historia clínica figuraba que tomaba 19 remedios distintos durante el día.

-A esto se suman los efectos secundarios que producen algunos medicamentos, lo que hace necesario administrar un nuevo fármaco para contrarrestar sus consecuencias.

-Si, y además los tienen ahí y los tomas. Así se va generando una dependencia de las personas viejas, que son muy vulnerables por las razones que mencionaba de, por ejemplo, sentirse solas o que no las toquen, lo cual induce la intromisión excesiva y desmesurada de la industria farmacológica en la vida de los viejos. Considero que esto es algo muy peligroso, justamente por lo que usted acaba de mencionar y que son los efectos secundarios, que no se tienen demasiado en cuenta cuando se medica. Y si bien nosotros sabemos cuales son los efectos secundarios de los remedios, lo que no conocemos es cuales son los efectos secundarios de las combinaciones medicamentosas que se realizan dentro del organismo, en la metabolización de estos productos que se van rejuntando de alguna manera, y que vaya a saber que producen. No están todos los médicos capacitados para hacer esta discriminación, salvo los muy especializados.

-Tampoco, de todos lo medicamentos hay estudios de los efectos en la población vieja, y en la gran mayoría de los prospectos no figura la posología para estos pacientes. A esto se agrega la intervención de los familiares, que son quienes en muchos casos piden que se les de algún medicamento que erradique sus síntomas o modifique sus conductas.

-Eso es fundamental, la intromisión de la familia en la vida de los viejos es muchas veces mortífera.

-En la presentación del Premio Bienal de Ancianidad 2005-06 hizo alusión a un nuevo fenómeno que se produce en relación a la vejez, vinculado con el desarrollo de la ciencia y la tecnología aplicadas a la medicina, lo que se conoce como biomedicina. En esa oportunidad acuñaba un vocablo “bioejos”. ¿Qué entiende por bioejos?

-Me refería a que hay un montón de personas que funcionan dependiendo de la medicación. Es decir que son tan excesivamente consumidores que sin estas medicaciones no pueden funcionar, entonces están condicionados y determinados por el consumo de estas drogas, que los hace aparecer teniendo una característica distinta. Una persona que consume psicofármacos todo el tiempo, tiene una estructura de funcionamiento distinta a la que tendría sin ese fármaco. Este término lo acuñé para intentar mostrar este sector de la población, que es tan dependiente de la industria farmacológica, que tiene características propias y que vive en función de los remedios.

-Así mismo, ¿cuál es su posición frente a los continuos procedimientos e internaciones que producen que en un gran número de casos las personas mueran hospitalizadas, solas, alejadas de sus familiares?

-No es un tema que me haya preocupado particularmente estudiar. Me parece que son situaciones que están dadas, es algo que se ha modificado, a diferencia de lo que sucedía hace un siglo o dos, cuando la norma era que alguien muriera en su casa. Pero también era la norma el nacimiento en las familias, no existían las instituciones donde las parturientas fueran a dar a luz. De manera que son todas cosas que con el desarrollo de la tecnología se han modificado, por lo menos en el mundo occidental, porque yo no se que ocurre en el mundo islámico, ni tampoco se como es en la India, tendería a pensar que es distinto y no se que importancia tienen estas cosas para ellos. No se si hay geriátricos en el mundo islámico o en la India, se que han habido casas de confinamiento de personas desviadas en todas partes, pero no estoy al tanto de que las haya específicamente para viejos. Si esta nueva modalidad, producto de la tecnología moderna -ya que son cosas que han ido cambiando- es mejor o peor dependerá de cada familiar, de los recursos que tenga tanto desde el punto de vista afectivo como económico. Eso va a determinar de alguna manera cual va a ser el destino de una persona que se enferma y se muere.

-También en La vejez. Una mirada gerontológica actual, refiere que las llamadas depresiones reactivas, –señaladas como responsables de la mayor parte de las depresiones en la vejez–, son siempre duelos, podríamos decir duelos no elaborados. Si estos estados depresivos son consecuencia de duelos, y los duelos atraviesan toda la vida de un sujeto ¿por qué se manifiestan más de esa forma en la vejez?

-No solo duelos patológicos, son duelos. No se expresan más así en ese momento, se expresan en todas las edades. El problema es otro. El duelo es un proceso que comienza con una pérdida y termina con el reemplazo de esta pérdida por otro objeto equivalente. Es decir, si alguien pierde una pareja va a tratar de rehacer su vida en pareja buscando otra, si pierde un trabajo va a buscar otro, lo mismo si se le pierde una casa, etc. La diferencia que hay entre los jóvenes y los viejos es que estos últimos tienen menos posibilidades de rehacer sus vidas, porque los objetos contingentes no están tan a mano. Si un viejo se queda viudo a los 70 o 75 años, no le va a resultar tan fácil rehacer su vida afectiva y de pareja, más aún si se trata de una mujer donde la disparidad genérica es enorme, hay muchísimas más mujeres solas que hombres solos, ni qué hablar si lo que se pierde es un trabajo. No es que haya más duelos en la vejez, lo que hay es mayor dificultad en el proceso de elaboración. Los seres humanos estamos permanentemente abocados a la necesidad de resolver duelo, porque vamos perdiendo cosas y vamos adquiriendo otras.

-No digo que haya más duelos, lo que planteo es que si justamente durante toda la vida se van atravesando distintos duelos, ¿por qué se expresan más bajo la forma depresiva en la vejez?

-Pero no es así, también se expresan de este modo en los jóvenes.

-A la consulta llegan personas de 70, 80 o 90 años que durante toda su vida han atravesado duelos, en algunos casos de compleja resolución y sin embargo los han afrontado y han seguido adelante sin producir una respuesta depresiva, pero cuando llegan a esta edad reaccionan con una posición melancólica.

-Lo que sucede es que hay una imposibilidad de resolverlos con los recursos que se tienen a mano, porque el aparato psíquico está programado para la resolución de duelos, pero debe contar además con los recursos necesarios para completar el ciclo del duelo con el último estadío que es el reparatorio, el de resolución. Por eso se tiende a pensar que hay más duelos en los viejos, cuando no es así. A esto se agrega otro elemento y es que hay menos viejos que personas jóvenes, entonces los fenómenos aparecen más concentrados, porque la lupa está más cerca para observarlos, se extrapola esto y uno de los prejuicios importantes con respecto a los viejos es que son todos deprimidos y no es así. Es en lo que yo insisto siempre, una cosa es estar deprimido y otra estar triste y esto es fundamental. La tristeza es el sentimiento que acompaña al duelo, pero si uno toma solamente eso lo va a confundir y va a pensar que está deprimido y no es así.

-La posibilidad de afrontar estas pérdidas, ¿tendrá relación con hasta que punto alguien programó su vida? Es decir, si alguien tenía como propósito estudiar, trabajar, casarse y tener hijos, cuando esto se va realizando queda sin objetivos para cumplir, por cuanto planificó su vida solo hasta los 50 o 60 años.

-Si, sobre todo porque estos proyectos de vida en general no son individuales, si no que son proyectos que están determinados socialmente por las distintas culturas. Cada momento histórico, social, va pautando un tiempo social que establece los tiempos necesarios para ir a la escuela, enamorarse, casarse, tener el primer hijo, tener el nieto, irse de la casa de los padres, morirse. Son lapsos que están programados social y culturalmente, a lo cual uno debe adaptarse. Si en el mundo islámico o musulmán las mujeres a los catorce años no están casadas, esto es vivido como una severa lacra, que no ocurre en nuestra sociedad. Pero nosotros tenemos otro tipo de pautas que van a determinar que haya que dar cumplimiento a estas cosas porque nos lo han marcado desde afuera, hay algo internalizado que está mirando, que está pautando, que está exigiendo que las cosas sean de tal o cual manera. Dentro de esto se inscriben también las personas viejas, sobre todo porque además están arraigadas en familias más de tipo conservador que vienen de mucho antes. Es probable que con el correr del tiempo estas cosas cambien, que los viejos no tengan tantas presiones de estas características, tendrán de otra cosa.
Ahora los viejos tienen la presión de estar sanos y activos, lo cual para muchos constituye algo terrible.

-En Psicogeriatría. Teoría y clínica, considera al incremento de la interioridad como un fenómeno universal de esta etapa, resultado de la disociación que produce el conflicto de envejecer o ciertas situaciones vitales dentro del proceso de “ser viejo”, ¿Por qué la vejez iría siempre acompañada de este recorrido?

-Es una buena pregunta, no se porque debería ir acompañado, lo que si vemos es que va acompañado. Cuando hablamos de incremento de la interioridad, estamos hablando de un proceso de recorrido de pensamiento que va de afuera hacia adentro, es como un momento de reflexión sobre uno mismo y sobre la forma en que ha transitado una parte importante de su vida. Esto no hay que pensarlo como que es estrictamente un aspecto exclusivo de la vejez, si no que ocurre en todas las edades, pero en este caso tiene otras características. Es la forma en que, en determinado momento, alguien va a armar su historia de vida. Llega un tiempo en el cual uno necesita hacerse las preguntas: ¿quien soy?, ¿donde estoy? y ¿adonde voy? A través de este mecanismo, del incremento de la interioridad, se va armando lo que se llama la historia de vida que estará compuesta de elementos reales, de cosas que efectivamente han sucedido y de cosas fantasmáticas que la persona se inventa y arma de determinada manera. La historia de vida de cada uno de nosotros, está compuesta de elementos variables de una y otra cosa. Esto es necesario en relación al funcionamiento de la autoestima de cada uno, le va a dar un sentido.
A partir del armado de esta historia de vida queda como cristalizada y el confrontamiento con los otros seres humanos, en cualquier circunstancia que sea, va a estar determinado por esta historia de vida. Si a uno le preguntan en determinado momento ¿cómo es?, ¿cómo hizo? va a enchufar el cassete y va a contar toda la historia de vida de una determinada manera, siempre igual. Nuestro trabajo como psicoterapeutas, en el campo de la salud mental, es revisar estas historias de vida para ver cuanto de fantasmático y cuanto de real tienen.
Esto está ligado al proceso de envejecimiento o lo que se llama la mediana edad, que va a venir a soportar la autoestima de cada uno, es una de las características psicológicas de esta etapa. En este sentido es algo que ocurre siempre, en algunos será más manifiesta que en otros, algunos tendrán más posibilidades de hacerla, otros no tanto pero va a estar presente.

-Su planteo de un incremento de la interioridad se contrapone a la idea de un aumento del narcisismo en la vejez.

-Si, no creo que haya un incremento del narcisismo, me parece que en todo caso lo que hay que ver es como se reordena el narcisismo de cada uno, y esto se observa muy bien en la construcción de las historias de vida. Por ejemplo, hace unos días se publicó en un diario un artículo de un señor que aparecía como un héroe de la guerra de Vietnam en los Estados Unidos, y era alguien que había usurpado la figura y la personalidad de su hermano, que era quien efectivamente había estado allí y había ganado las medallas. Él se había apropiado de todo esto, había construido su historia de vida siendo un héroe de Vietnam, lo cual no era cierto. Esto está impulsado por el narcisismo, o una forma del narcisismo, que hacía que este señor se presentara de esta manera. A mi me parece que es más amplio poder pensarlo dentro del incremento de la interioridad, y tomar el narcisismo como una de las variables del movimiento del sujeto en relación con los otros.

-También en Psicogeriatría. Teoría y clínica, al hablar de la relación con el dinero y de los movimientos financieros de la Argentina, hace referencia al “precario equilibrio narcisista de nuestros viejos”. En primer término me llamó la atención la generalización que allí realiza y por otro lado ¿cuál es ese precario equilibrio y por qué se produce?

-Me parece que está bien leído, es una generalización. Si dije eso así, que puedo haberlo dicho perfectamente es una generalización, uno tiene que revisarlo. El narcisismo de la población vieja está permanentemente acuciado o amenazado con la visión negativa que la sociedad tiene de ellos. De manera que, para poder sobreponerse a esto hay que tener un narcisismo que esté muy bien arraigado en situaciones vitales internas, y suficiente autoestima como para poder seguir adelante. Es muy difícil manejarse en una sociedad donde uno es señalado como el otro, como el distinto, y como el que tiene que estar en otro lugar. Lo que hay que pensar es como se regula la autoestima ligada con el narcisismo. Nos encontramos con muchas personas que lo pueden hacer desde adentro, recurriendo a los valores internos, que tienen bien arraigados por las razones que fueren, mientras que hay otras que están permanentemente sometidas a la mirada del otro; cómo está, lo que hace, por qué lo hace. Es distinta la posibilidad de regulación del narcisismo si queda librado a lo de adentro o si queda librado permanentemente a la mirada del otro de afuera. Este segundo caso va a exigir un trabajo muy grande del aparato psíquico, como para estar continuamente luchando contra la aparición de los elementos que nos van a determinar como negativos. Una de las formas en que se construye la identidad es a través de una escala de valores narcisistas, que es una escala de movimiento en cuyo punto máximo está lo que uno quiere ser, lo que debe ser y en el otro punto máximo está el negativo de ese ideal.
De un lado está el ideal y del otro el negativo de ese ideal. Aquel que necesita la mirada de afuera, está indisolublemente sometido a la necesidad de hacer y actuar esta situación para verse colocado en el lugar del ideal, porque si no se coloca en ese lugar cae en el negativo del ideal y esto puede producir un desbarranque depresivo, melancólico serio.
Es como aquellas mujeres que construyen su ideal en el hecho de sentirse amadas y deseadas, si la regulación la tienen que hacer con el afuera, constantemente van a tener que buscar objetos donde se vean deseadas y amadas, lo cual es un trabajo infernal que puede tener consecuencia muy serias. Si esto se puede regular desde adentro el funcionamiento es totalmente distinto.
Como los viejos están sometidos a los prejuicios viejistas, están permanentemente teniendo que confrontarse con el hecho de ser raleados, negados, desconsiderados y esto los ubica en un equilibrio narcisista inestable.
Una de las cosas que tiene relación con su pregunta, es que este libro fue escrito en una situación económica compleja del país, y seguramente lo debo haber pensado en función de eso, donde los viejos que creen estar en una situación de equilibrio más o menos estable, de pronto se ven sacudidos por las devaluaciones económicas y se quedan en el aire. De cualquier manera me parece que lo que preguntaba de la generalización es válido y vale la explicación que doy de los tipos distintos de regulación de la autoestima que –creo– es más adecuado a la realidad.

-¿Coincide con que hay una menor demanda de parte de este grupo etáreo para iniciar un psicoanálisis?

-Si, en general una de las cosas que ocurre, es que la demanda proviene de la familia, en términos generales amplísimos. No olvidemos que los viejos que vemos actualmente, o en los últimos años, son viejos que han desarrollado su vida en el siglo XX, han acompañado en este punto específico, el desarrollo del psicoanálisis, de la psiquiatría, de las psicoterapias y han ido creciendo y evolucionado no solo con el desarrollo, si no también con las críticas a todas estas cosas. De manera que cuando alguien les dice de consultar a un psicólogo o psicoanalistas, los viejos todavía siguen participando de la idea de que es para los locos y lo primero que dicen es: yo no estoy loco. Esta es una frase de otra época, que denunciaba muy claramente lo que se pensaba en relación a todo esto, de tal modo que se sigue viendo a la consulta a un profesional de la Salud Mental como una especie de castigo, y no como una ayuda. Esto hace que a la mayoría ni se le ocurra consultar, de igual forma que no se le ocurre, a la gran mayoría de los viejos, contarle a su médico de cabecera sus fantasías, sus pesadillas, sus olvidos serios, porque de alguna manera tienen el temor a ser calificados como enfermos, locos o demandantes. Quienes registran los movimientos disruptivos que ocurren son los familiares y son quienes rápidamente acuden a la consulta. En la actualidad como se está modificando tanto la expectativa de vida al nacer (hace quince años los viejos de noventa años eran la excepción, mientras que hoy quien no tiene un viejo de esa edad en la familia, un conocido o un vecino y que funciona fenómeno) se ha corrido el espectro -ya ve que es casi la primera vez en la entrevista que pongo una cifra, digamos los noventa años-, y hay gente vieja que demanda de por si. Ya sea directamente o le pide a la familia que le consigan a alguien, que quieren hablar con alguien, lo cual es un cambio bastante significativo, pero hasta el momento y sigue siendo la gran mayoría, el deseo está colocado en la familia.

-Creo que más que el deseo es la demanda la que queda del lado de la familia, en todo caso ese pedio podrá habilitar a que luego aparezca algún deseo de parte del sujeto.

-Que es a donde hay que apuntar en los comienzos del tratamiento.

-Pienso que la oferta genera demanda y si no está clara la oferta por parte de los psicoanalistas en cuanto a que si es posible un análisis con viejos, esto disminuye la demanda.

-Si, es algo interactivo, pero ahora hay más gente que se atreve a pensar por si mismo. Se corren los parámetros y hay que empezar a pensar otras cosas.

-Por ahí la pregunta ya no sea que hacer con las mujeres después de los cuarenta y cinco años, si no que hacer con la gente después de los ochenta.

-Así es. Esto es lo que yo pienso de la gerontología, no soy tan omnipotente para considerar que esto es la gerontología, yo la pienso así. Mi inserción profesional, desde los lugares que he transitado me ha llevado a pensar las cosas de esta manera, veremos con el tiempo como sigue esto, cuanto sigue vive y cuanto no, cuanto impacto hace en la gente.
Por ejemplo el término viejismo, es un vocablo que acuñé e introduje yo en el lenguaje español castellano, antes de esto no existía la palabra. Es un término ingles acuñado por un psiquiatra que se llama Robert Butler que es ageism, dificilísimo de pronunciar y de traducir, que en su momento lo traduje por viejismo. Esto ha quedado incorporado y es un término corriente en toda la gerontología actual, cosas como esta para mi son importantes. Me gratifica cuando veo que cosas que he estado pensado durante tanto tiempo tienen trascendencia.

-En nombre de elSigma le agradezco que haya compartido con nosotros algunas de las experiencias y conceptos a los que ha arribado después de décadas de estudio y práctica, en un campo que genera importantes resistencias, inclusive en el ámbito psicoanalítico.


Leopoldo Salvarezza es médico, psicoanalista y psiquiatra, especializado en psicogerontología. Ex profesor titular de la cátedra de Psicología de la Tercera Edad y Vejez de la Facultada de Psicología de la Universidad de Buenos Aires y profesor de posgrado en la facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO). Ha publicado El fantasma en la vejez. Editorial Tekné, 1995, Psicogeriatría. Teoría y clínica. Editorial Paidós, 1988, La vejez. Una mirada gerontológica actual. Editorial Paidós, 1998.

 


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