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Entrevista a Norberto Rabinovich15/08/2008- Por Emilia Cueto - Realizar Consulta
En el reportaje al psicoanalista Norberto Rabinovich encontraremos referencias acerca del encuentro con Oscar Masotta, su participación en la fundación de la Escuela Freudiana de Buenos Aires, las razones y consecuencias de su posterior alejamiento junto a algunos desarrollos centrales de los conceptos que han motivado sus lecturas y reflexiones. En relación a estos últimos, los estudios que formuló en torno al Nombre del Padre lo han llevado a establecer diferencias respecto de las lecturas más habituales. También podremos situar sus hipótesis sobre la influencia de la neurosis de Freud y Lacan en sus respectivas teorizaciones.
-Siendo muy joven y a través de Héctor Yanquelevich conoció a Oscar Masotta, ¿qué signó para usted ese encuentro?
-En una mirada retrospectiva, puedo decir que ese encuentro fue decisivo para mí. El interés previo que tenía por el psicoanálisis, a partir de conocer a Oscar, tomó una dimensión nueva que sostuve a lo largo de mi vida. Es muy difícil explicar la calidad y el estilo que tenía Oscar para trasmitir su amor por el psicoanálisis y la profundidad de su pensamiento. Sin lugar a dudas, su enseñanza marcó a fuego a sucesivas generaciones de psicoanalistas, aunque no lo hayan conocido personalmente ni leído sus textos.
-¿Recuerda alguna anécdota relacionada con este aspecto de Masotta que nos pudiera transmitir?
-Yo tuve la suerte de conocerlo en un período de su vida en el que estaba descubriendo las llaves que le abrían los ojos a una nueva visión de, para decirlo de algún modo, la subjetividad. Recordemos que Oscar no venía del psicoanálisis sino de la filosofía. Fue Lacan quien lo condujo a leer a fondo la obra de Freud y no al revés. En ese período, Oscar tenía la exquisita virtud de compatibilizar la enseñanza de lo que sabía junto a los interrogantes, las dudas, las incógnitas que se le iban presentando. Era un maestro para transmitir una erudita e inteligente falta de saber. Una vez, en un grupo de estudios alguien le señaló una contradicción en lo que estaba planteando. Se quedó pensando. Al otro día, hablé por teléfono con él por otras cuestiones, y me contó que a raíz del asunto del día anterior, se había quedado toda la noche investigando sobre el tema. Creo que por eso se convirtió en maestro de maestros. Por supuesto que, además de su pasión, tenía un tesoro muy valioso para repartir. Lacan en nuestro medio era un autor casi desconocido.
-Habiendo participado del acta fundacional de la Escuela Freudiana de Buenos Aires, en 1994 decide alejarse de la institución, ¿qué lo llevó a tomar esa resolución?
-El disparador de mi renuncia tuvo que ver con el problema de la nominación de analistas. Había llegado a la conclusión que las nominaciones efectuadas dentro de la institución, cuidaban, en primer lugar, los intereses institucionales y corporativos de sus socios, y eso iba a contramano de los intereses del desarrollo de la práctica analítica. Propuse entonces un dispositivo de nominación “extra-institucional” que no tomara en consideración las necesidades de cada grupo y las vicisitudes de la inserción institucional del postulante y se concentrara en evaluar exclusivamente el testimonio de su análisis personal. Pero esta propuesta no era conveniente a los intereses políticos de la Escuela, particularmente de las jerarquías establecidas. Darme cuenta de eso, fue la gota que rebalsó el vaso. Y renuncié. De todas maneras, hay que reconocer que ninguna institución, por lo menos de las que conocemos hasta ahora, está en condiciones de producir nominaciones que no recorran los circuitos jerárquicos tradicionales. La propuesta del pase de Lacan, a mi juicio, no es compatible con la naturaleza de las instituciones que pretenden implementarla. En fin, es un tema complejo y aún no resuelto.
-¿Este distanciamiento tuvo incidencia en su forma de pensar la teoría y la clínica lacaniana o fue a la inversa?
-Las dos cosas. Cierta manera de comprender el psicoanálisis me condujo a interrogar el tema de la formación del analista, lo cual desencadenó mi alejamiento de la Escuela. Pero a su vez, el camino más solitario que emprendí me ayudó mucho a profundizar en la línea que ya estaba recorriendo desde antes.
-A partir de los estudios que usted formuló en torno al Nombre del Padre, ¿qué diferencias introduce respecto de las lecturas más habituales que se realizan de este concepto?
-Su pregunta está bien formulada y prefiero recalcar la sutileza que contiene. Efectivamente yo introduzco marcadas diferencias con las lecturas más habituales o consagradas de otros lacanianos, pero no creo que me aleje en nada sustancial de lo que propone Lacan. Muchos colegas me dijeron que lo que yo proponía, era diferente de lo que había elaborado Lacan, y yo les respondía siempre, que me sentiría muy satisfecho de haber inventado una teoría tan… como decir, tan profunda y rigurosa de la función paterna, como esa. Lamentablemente, en ese caso, mi tarea sólo consistió en rescatar de la maleza con que habían sido recubiertos por sus discípulos, los principios directrices de la perspectiva de Lacan respecto a la problemática del padre.
Pero no me resulta fácil resumir en pocas líneas en que reside la diferencia entre las lecturas más habituales y la de Lacan. De todas maneras, puedo subrayar algunas cuestiones. En primer lugar, ellas reproducen en la terminología de Lacan las mismas articulaciones que hizo Freud. ¿Cómo entendió Freud la cuestión del padre? Que la ley paterna era necesaria para poner freno a la demanda pulsional. Freud ubicaba de un lado al Ello y del otro lado al superyó. La función de la ley se soporta en el superyó. En cuanto al yo, se encuentra sometido a dos exigencias opuestas: la del goce pulsional y la del padre prohibidor. Este modelo teórico dice que el superyó es la encarnación de la ley, el yo pretende cumplir con la ley y el Ello está fuera de la ley. ¿Qué partido toma el análisis en este conflicto del sujeto con la ley? La respuesta de Freud fue clara: se trata de liberar al yo de su sometimiento al despotismo del superyó, en consecuencia, ampliar la capacidad de goce pulsional, incluyendo particularmente su satisfacción sublimada. La sentencia freudiana dice: “Allí donde estaba el Ello, el sujeto debe advenir”. Pero entonces uno puede preguntarle: Profesor ¿qué sucedería, en el límite de la experiencia analítica, respecto a la relación del sujeto a la ley? ¿El sujeto quedaría exclusivamente a merced de las pulsiones, liberado de toda ley? No –respondería Freud apesadumbrado– el análisis no puede llegar nunca hasta el final y lo más que podemos hacer es que el superyó sea más tolerante.
Lacan introduce una modificación en este esquema, pues afirma que el pivote de la función de la ley, no está en el superyó, sino en el inconsciente. Ese pivote es lo que denomina, entre otras formas, el Significante del Nombre del Padre. He aquí la novedad que pasó desapercibida a la mayoría de sus discípulos: que la incorporación de la ley del padre a nivel del sujeto se inscribe en el corazón del inconsciente, en el campo de lo reprimido que es el campo de la Verdad, donde, para colmo, confraterniza con las pulsiones. Esto permite comprender las cosas de modo diferente. Avanzar en el análisis en dirección al inconsciente, implica un desujetamiento de la ley moral pero no un desujetamiento de la ley en general, porque el inconsciente responde a otra ley, la ley del significante, la ley del equívoco. La sentencia lacaniana, sería algo así como: allí donde estaba la Verdad, el sujeto debe advenir.
El esfuerzo que hice en mi libro El Nombre del Padre, fue el de demostrar que para hablar de la ley en Lacan, es preciso distinguir esas dos funciones: la ley del mandamiento de la palabra y la ley del equivoco del significante. Sin esta distinción el análisis tiende a caer por la pendiente moral del acotamiento del goce que pulsa desde el inconsciente.
-En El Nombre del Padre toma una cita del seminario XVII (De un discurso que no fuese semblante) –cuya traducción le pertenece–, en la cual Lacan refiere que el lugar que Freud le otorga al padre en su teorización, –más específicamente el párrafo alude a Tótem y Tabú–, es un producto de la neurosis freudiana. ¿Se podría rastrear algo de la neurosis de Lacan en sus desarrollos sobre el Nombre del Padre?
-Ese párrafo que menciona, si mal no recuerdo, dice que Freud, como buen neurótico, “salva al padre”. El padre que salva es el superyó, el que nos protege de la castración. La misma cosa que venia diciendo.
Lo más neurótico que encuentro en Lacan, relativo a su teoría de la función paterna, es su confesado temor a decirlo, su decisión de haber renunciado a desarrollar el seminario de Los Nombres del Padre, su necesidad de disfrazar sus ideas, incluso ante sus seguidores. Es algo que aún no termino de entender bien, aunque tengo algunas conjeturas al respecto.
-¿Podría anticiparnos algunas de esas conjeturas?
-Advierto que se trata de una cuestión compleja acerca del lugar que el psicoanálisis tiene en el seno de la cultura y de la relación de los psicoanalistas con el psicoanálisis. En el seminario del Acto psicoanalítico, Lacan afirma que los psicoanalistas tienen horror a la realización del acto analítico y que las instituciones psicoanalíticas tienen la función de obturar toda interrogación sobre el asunto. ¿Será cierto? ¿Que alcance tienen estas afirmaciones? A mi me resuena similar a la paradójica relación que Freud descubrió entre el origen-reprimido- del mensaje sobre el que se edifica la religión, que es el asesinato del padre, y el mandato de redimir al padre que transmite la institución religiosa. Podría entender que las instituciones analíticas se encargan al mismo tiempo de preservar y transmitir el mensaje del psicoanálisis y de impedir que ese mensaje llegue a destino en el analizante.
-Biógrafos y estudiosos de la obra lacaniana –por ejemplo E. Roudinesco– refieren que la importancia conferida por Lacan al concepto Nombre del Padre estaría dada –entre otros factores– por el nacimiento de su hija Judith, producto de su relación con Sylvia Maklès-Bataille, quien portaría ese apellido hasta 1964. Según sus consideraciones ¿qué de esta situación puede haber incidido en los desarrollos de Lacan?
-Yo no creo que una circunstancia como esa, pueda explicar demasiado acerca de la génesis del concepto lacaniano del Nombre del Padre. En el mejor de los casos pudo haber funcionado como la manzana que Newton vio caer del árbol. Son eventos de todos los días pero que en cierto momento se les revelaron como constatación de algo que venía elucubrando durante años con fórmulas, experimentos, etc. A mi juicio, el asunto de Judith tiene que ver con un capitulo de la vida de Lacan que sería de mucho interés investigar, y es el de su transferencia con George Bataille.
-Algunas corrientes del psicoanálisis plantean que en la actualidad asistimos al debilitamiento del Nombre del Padre y que esto se pone en evidencia en la clínica actual, ¿Coincide con este planteo?, si es así, ¿de qué forma se presenta en la clínica?
-No podría responder a esta pregunta porque la expresión “debilitamiento del Nombre del Padre” es muy ambigua. ¿Se refiere a que se debilita la función del apellido paterno? ¿O al debilitamiento de la ley del lenguaje? ¿O a la pérdida de autoridad del papá en el seno de la estructura familiar?
Es preciso saber en que registro se ubica la pregunta o esos planteos. Es evidente que la sociedad moderna no responde a la forma tradicional de las organizaciones patriarcales. Pero esto no explica nada por si mismo. Fíjese que Schreber, por ejemplo, educado en una familia donde la autoridad paterna era indiscutida, sin embargo dio por resultado la forclusión del Nombre del Padre.
La nostalgia por un padre potente y que sepa poner las cosas en orden, es precisamente el reclamo neurótico de siempre.
-En sus textos destaca y desarrolla la diferenciación de la interpretación en Freud y en Lacan, siendo el propio Lacan quien se ha encargado de remarcarlo una y otra vez, ¿Si se tratara de conceptos diferentes por qué insistir en llamar interpretación a la referencia lacaniana?
-La interpretación a la letra es lo que Freud hacía en su clínica. Los procesos primarios que caracterizan el modo de funcionamiento del inconsciente, solo pudo ser conjeturada a partir de la práctica de la letra en el ejercicio interpretativo. Los mecanismos del inconciente descriptos en términos de condensación y desplazamiento, es una forma de abordar la ley del equivoco del significante. Lacan refundó la teoría de esa práctica en referencia a la estructura del lenguaje, pero no la inventó ni tampoco hizo algo diferente a lo que hacía Freud.
-En “La interpretación analítica”, publicado en Letrafonía marca la diferencia entre interpretación por el significado e interpretación a la letra, situando que en definitiva será esta la que irá horadando la transferencia. ¿Qué sucede en aquellos casos donde la dificultad se presenta en la instalación de un Otro del saber?
-El caso princeps donde no se instala esa transferencia es la psicosis, pero también en otras muchas circunstancias. Por regla general, diría que salvo en los casos de psicosis, el primer paso es favorecer el desarrollo de la transferencia, pero hay muchas formas de hacerlo cuando el consultante se defiende de la transferencia, como decía Safouan. Es importante que el analista, cuando se ofrece como garante del Sujeto Supuesto Saber, de claras señales de que lo que ofrece como saber es saber leer en el texto del sujeto y no que es adivino o dueño de la verdad. Esto permite atemperar el temor a la transferencia y facilita la depositación de la confianza en el analista.
-En El Nombre del Padre sostiene que la satisfacción de la pulsión no es una especie de sometimiento absoluto del sujeto a la demanda de goce del Otro, si no que por el contrario la pulsión constituye un recurso que posibilita al sujeto hurtarse, fugarse, desaparecer del lugar donde está sujetado a dicha demanda. A partir de este planteo, ¿cómo piensa la pulsión en la psicosis?
-Si aceptamos que el psicótico es un “desabonado del inconsciente”, fórmula que solo sirve para orientarse un poco en un terreno denso y complejo, entonces la pulsión queda como el recurso supremo del sujeto psicotico, recurso para perderse del lugar de marioneta del Otro.
-En Lágrimas de lo real desarrolla un estudio sobre el goce y sus distintas modalidades, destinando el capítulo final al goce de L⁄a mujer del cual refiere que “reviste una importancia teórica y clínica que aún no ha sido puesta en el lugar central que le corresponde”. De acuerdo a sus lecturas y experiencia ¿cuál es esa importancia y cómo piensa en relación a su planteo los desarrollos de Lacan en el seminario Aún, por ejemplo?
-En Lágrimas de lo real procuré poner de relieve de mil maneras, la articulación entre la angustia de castración y la pulsación inconciente. El punto de partida es la constatación que el neurótico rechaza el goce del inconciente porque retrocede ante la castración. Freud entendió que ese horror a la castración cobra en el neurótico la forma última de “repudio por lo femenino”, tanto en el varón como en la hembra. ¿No es una indicación fuerte para deducir que el goce de la mujer tiene sus más profundas raíces en el inconciente? En cambio, el goce macho, que es el goce fálico, va de la mano de las demandas narcisistas, de la defensa ante el goce femenino, es decir de la defensa a la pulsación inconciente. A mi juicio, Lacan en Encore avanzó algunas precisiones sobre esta articulación entre la función sexual y el inconciente.
-Lacan postula Ir más allá del padre sirviéndose de él, ¿Qué sería ir más allá de Lacan sirviéndose de él?
-Usar los significantes de su doctrina para interrogar tanto sus textos como el campo mismo de nuestra experiencia. Lo mismo que con cualquier maestro.
-En nombre de elSigma le agradezco haber compartido con nosotros este espacio, transmitiéndonos sus ideas e hipótesis sobre los temas abordados.
Norberto G. Rabinovich es Lic. en Psicología (U. B. A.). Miembro Fundador de la Escuela Freudiana de Buenos Aires e integrante de la misma hasta 1994. Desde el año 1996 dicta anualmente un seminario en Buenos Aires y desde 2002 enseña y transmite el psicoanálisis en Santiago de Chile. Desde el año 2004 es miembro de Letrafonía. Autor de: El Nombre del Padre. Articulación entre la letra la ley y el goce. Editorial Homo Sapiens, Rosario, Argentina1998 y 2005; El inconsciente lacaniano. Editorial Archivo, Bs. As 2004 (próxima reedición en Letra Viva); Lagrimas de lo real. Editorial Homo Sapiens, Rosario, Arg. 2007.
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