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Adolescencia y cortes en el cuerpo: mucho más que una mostración16/01/2022- Por Gabriela Insua - Realizar Consulta
“Tener un cuerpo”, frase que inaugura este escrito y que se reitera a lo largo del mismo, a modo de repetición y diferencia. Tener un cuerpo sin dudas, trasciende lo biológico. Y es en la época de la pubertad donde estalla, en una suerte de presencia insoportable, inabordable. La autora nos propone una lectura de este acontecer en el cuerpo, los cortes o “cuttings”, como una de las formas sintomáticas del sujeto. Cuando la palabra se hace esquiva, el cuerpo aparece en el centro de la escena, dándose a leer, por otro…

Técnicas de escarificación: branding y cutting
“Nada es más misterioso, para el hombre, que el espesor de su propio cuerpo”
David Le Breton
“¡Es mi cuerpo y yo hago lo que quiero, porque es mi cuerpo!”
Una voz adolescente gritaba, entre llanto y alarido, por detrás de la voz adulta que me hablaba en el teléfono. El adolescente, mi paciente desde hacía poco tiempo, bramaba por su deseo de hacerse un piercing en la lengua. Su madre llamaba a la analista porque no podía calmar el estallido del hijo frente a su oposición a que realicé ese piercing.
Es mi cuerpo decía el adolescente.
Tener un cuerpo
Se suele decir que Juan tiene un cuerpo tatuado, o que María tiene un cuerpo anoréxico. ¿Qué querrá decir eso cuando tener un cuerpo no es algo que va de suyo? Nada de lo biológico da cuenta de que se tiene un cuerpo. El cuerpo que se construye lo hace en el horizonte familiar, social, epocal.
No hay cuerpo que no esté concernido por la otredad.
Tener un cuerpo implica la inscripción del mismo en el campo del Otro, pero a su vez una apropiación de ese cuerpo por parte del sujeto. Esa apropiación es un movimiento de desprendimiento, el de recortar el propio cuerpo de aquel investimento del Otro que nos ubicó como objeto.
Si hay un momento en que esta apropiación se juega en forma mayúscula y casi como al modo de un estallido, ese momento es la adolescencia.
Cada ejercicio de corte, destete lo llamaran muchos autores tomando como matriz al desprendimiento de la oralidad, va tejiendo esa apropiación. Pero en la adolescencia, el cuerpo estalla desmesuradamente.
Cada época tiene mandatos, paradigmas para la construcción de un cuerpo. En lo que atañe a lo sexual, a la imagen social, a los derechos sobre el mismo. Estos paradigmas están atravesados sin duda por el poder.
Foucault dice:
“El control no se opera simplemente por la conciencia y la ideología, sino que se ejerce en el cuerpo, con el cuerpo (…).El cuerpo es una realidad biopolìtica.”(1)
Los imperativos de época tienden a una exaltación del individualismo y del ideal estético que siempre es del orden de la moral. Por ejemplo “¡sé feliz!”, “¡Cuida tu cuerpo!, ¡Debes ir al gimnasio!”, etc., etc.
Son imperativos, la libertad y la singularidad quedan subsumidas a los mismos.
“Las representaciones del cuerpo y los saberes acerca del cuerpo son tributarios de un estado social, de una visión del mundo y dentro de esta última de una definición de la persona”(2)
Hay un discurso hegemónico que apunta a la homogeneidad, a modelos uniformes.
La adolescencia no escapa a estos imperativos de época, es más pertinente decir que los padece, tantísimas veces sin registrarlos como tales.
Y el cuerpo del que apropiarse queda atrapado en el discurso del Otro social y de los Otros Primordiales.
Hay una operación a realizar para poder apropiarse del cuerpo.
Restarlo de los entrampes de alienación al Otro.
Lacan dice en el Seminario X:
”Si hay algo que concrete la referencia a lo no especularizable que destaqué el año pasado, es ciertamente el gesto de aquella niña, su mano que pasaba rápidamente por la “gamma” de la unión del vientre con sus dos muslos, como en un momento de vértigo ante lo que ve.
El niño por su parte, pobre idiota, mira el pequeño grifito problemático. Duda vagamente sobre si ahí hay algo extraño. Luego tendrá que aprender, a su propia costa, que eso que tiene ahí no existe, quiero decir en comparación con lo que tiene papá, con lo que tienen los hermanos mayores, etc. (…) Después aprenderá que no sólo no existe, sino que eso no quiere saber nada, o más exactamente, que eso hace lo que le dé la gana. Por decirlo todo, tendrá que aprender paso a paso, en su experiencia individual, a tacharlo del campo del narcisismo, precisamente para que pueda empezar a servir para algo”.(3)
Seguramente habrá diferentes interpretaciones de este párrafo, comparto mi lectura de “tacharlo del campo del narcisismo”.
Lacan lo ubica en relación a los órganos sexuales, pene y vagina, y en términos binarios. Ese binarismo no es lo esencial, a mi juicio, en la frase mencionada.
Tacharlo del narcisismo, según creo, es recortar esa región del cuerpo, del narcisismo que lo constituyo en imago, en objeto fálico del Otro, hacerlo propio.
Así se podrá tener una sexualidad, así también se podrá construir un cuerpo propio, y por supuesto, no se trata de lo genital solamente.
Es claro que los adultos se conmocionan frente a los modos de apropiación de su cuerpo que llevan a cabo les adolescentes.
Tatuajes, intervenciones sobre sus cuerpos.
En ese movimiento de apropiación aparecen cantidad de síntomas, de fenómenos, manifestaciones, que dan cuenta desde el territorio del cuerpo, de lo crucial del pasaje.
Esas formaciones sintomáticas son expresiones subjetivas.
Por tanto están a favor del sujeto, se trata de escuchar que vienen a decir, al modo del síntoma sí, es decir dicen de ese modo pues no se pueden poner en palabras, pero es un mensaje que el sujeto se da, con el que se interroga y con el que horada el saber del Otro.
Una de esas manifestaciones es por ejemplo lo que se ha dado en llamar “cuttings”, cortes en el cuerpo.
Escucho muchos y muchas colegas que interpretan a los cortes como autolesiones.
En algunos casos podrán serlo, pero en la mayoría de los casos, y escuchando a los pacientes descubrimos que no son autolesiones.
En ese corte en el cuerpo están ejecutando un intento de corte con el Otro, dicen los y las adolescentes “yo me corto”.
Y es notable como los cortes son realizados en soledad, a diferencia de otras escenas, la escena del corte no es colectiva. No es frente a otros. Suelen esconderlo de la mirada de padres y madres, por tanto pensarlos sólo como mostraciones , que es otra de las lecturas lineales que se suele hacer ,es un reduccionismo que sepulta su motivación.
Realizan los cortes en soledad porque justamente algo de lo singular se juega. Y algo de un placer, de un dolor a la vez, que necesita de lo íntimo.
La mayoría de los adolescentes dicen que ese corte les produce un alivio.
Es sumamente común que realicen cortes en su cuerpo luego de una discusión con sus pares o con sus Otros primordiales.
Cuando alguna situación los deja en una posición de sumisión, cuando el Otro no puede escuchar, Lacan decía: “Cuando el Otro se ha vuelto sordo al mensaje, el sujeto se ve obligado a la acción en las orillas”.
“Federico” se presenta a la que va a ser su analista diciendo: “¿Querés que te muestre mis 14 heridas de guerra?”. Se refiere a las cicatrices que porta en su cuerpo de pibe de 14 años por distintas fracturas y caídas. Ante la pregunta de qué guerra se trataba, dice:”La mía. Mi viejo es un boludo, me vive diciendo que soy un inútil, pero él no se bancaría ni ahí los golpes que yo me dí. Él a mi edad era un pendejo”.
Federico usaba su cuerpo para decir que aguantaba los golpes de la vida, que lo inútil era destratar a un hijo bajo la pretendida idea de “educarlo”.
Ante las manifestaciones y síntomas en el cuerpo que irrumpen en la clínica con adolescentes, es necesario que ubiquemos que viene a decirse y a decir el sujeto con eso, sin desoírlo con instalados conceptos rígidos.
El cuerpo, tener un cuerpo, apropiarse de un cuerpo, mucho más que un acontecer biológico.
Citas bibliográficas:
1-Foucault Michel, “Historia de la Medicalización”, Conferencia dictada en el Curso de Medicina Social de octubre de 1974 en el Instituto de Medicina Social, Centro Biomédico de la Univ. Estatal de Río de Janeiro, Brasil.
2- Le Breton David, Antropología del Cuerpo y la Modernidad, Ed. Nueva Visión, Bs. As., 2008, pág. 13
3-Lacan Jacques, Seminario X La Angustia, Ed. Paidòs, Bs. As., 2006, pág. 220
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