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Migrañas: construcción de un problema freudiano (primera parte)

05/04/2019- Por Sofía Rutenberg y Julián Ferreyra - Realizar Consulta

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Freud padecía de migrañas. Pero esto no concluye en un mero dato biográfico, ya que la migraña fue un fenómeno clínico que abordó en reiteradas ocasiones casi exclusivamente en los comienzos de su producción pero que, sin embargo, fue retomado lateralmente también en momentos ulteriores. Por ello, nos proponemos explorar su obra a los fines de discutir no solamente cómo conceptualizó dicho fenómeno sino, sobre todo, las condiciones de posibilidad para pensarlo como un problema clínico con pleno derecho en el campo del psicoanálisis. Como supuesto de trabajo se lo ubicará en relación de contigüidad con el síntoma conversivo. Así, se presenta una hoja de ruta que permita discutir teórica y clínicamente una forma del malestar y del dolor más que presente pero no necesariamente abordada en un psicoanálisis, tal como si se tratase de una cuestión meramente biomédica, crónica o sin cura.

 

 

Ilustración: Bruno Pérsico*

 

 

 

 

 

“El único antídoto para el sufrimiento mental es el dolor físico”.

Carlos Marx

  

 

“La relación entre lo corporal y lo anímico es de acción recíproca; pero en el pasado, el otro costado de esta relación, la acción de lo anímico sobre el cuerpo, halló poco favor a los ojos de los médicos. Parecieron temer que si concedían cierta autonomía a la vida anímica, dejarían de pisar el seguro terreno de la ciencia”. 

 

 

 

Sigmund Freud

“Tratamiento psíquico (tratamiento del alma)”, 1890.


 

 

Introducción

 

  Sigmund Freud padecía de migrañas. Pero esto no concluye en un mero dato biográfico, ya que la migraña fue un fenómeno clínico que abordó en reiteradas ocasiones casi exclusivamente en los comienzos de su producción pero que, sin embargo, fue retomado lateralmente también en momentos ulteriores.

 

  Por ello, nos proponemos explorar su obra a los fines de discutir no solamente cómo conceptualizó dicho fenómeno sino, sobre todo, las condiciones de posibilidad para pensarlo como un problema clínico con pleno derecho en el campo del psicoanálisis; esto a su vez, habida cuenta de la inexistencia de ensayos o investigaciones al respecto en nuestro campo[i]. Como supuesto de trabajo se lo ubicará en relación de contigüidad con el síntoma conversivo.

 

  La migraña es descripta desde antaño, ya que aparece citada en los textos médicos egipcios. El fenómeno del aura, por su parte, fue descrito por Hipócrates en el 400 a.C., y fue Galeno quien acuñó el término <hemikranion> −un lado de la cabeza−, del que deriva migraña y desde donde podemos intuir un signo de la división corporal/subjetiva en cuestión.

 

  En la actualidad es considerado un tipo de dolor crónico que afecta a amplios sectores de la población, pero que al mismo tiempo pone en cuestión los modos de reconocer y legitimar socialmente un malestar, ya que carece de evidencias empíricas, de respuestas certeras desde los saberes biomédicos, constituyéndose como un idioma heterogéneo y múltiple[ii].

 

  Además de revisar la mención y alusión por parte de Freud a la palabra migraña, se toman en cuenta para este análisis otras nomenclaturas o referencias efectuadas por el autor y caras al problema, tales como dolor [histérico] de cabeza, cephalaea adolescentium, hiperalgesia, neuralgia, cefalestenia, cerebrastenia, parestesias, hemicranias, algia y aura histéricas.

 

  Se incluye la exploración tanto de sus Obras Completas como también de otros escritos que por diversos motivos quedaron fuera de las mismas pero que son sumamente caros al problema; por último se apela a fuentes biográficas en donde se trabaja la relación de Freud con sus migrañas.

 

  Con todo, se trata de explorar y sistematizar la alusión directa o indirecta a la cuestión de las migrañas, tanto en sus historiales como en sus escritos metapsicológicos y prepsicoanalíticos, a los fines de presentar una hoja de ruta que permita discutir teórica y clínicamente una forma del malestar y del dolor más que presente pero no necesariamente abordada en un psicoanálisis, tal como si se tratase de una cuestión meramente biomédica, crónica o sin cura.

 

  De hecho, y no casualmente, muchas de las referencias aquí utilizadas están ubicadas en notas al pie o en comentarios laterales, es decir, no forman parte ni del cuerpo principal de los textos ni de las preocupaciones centrales del autor. Toda una metáfora, un síntoma, del (no)lugar de las migrañas en su obra y en la clínica contemporánea: no casualmente se suele definir y diagnosticar por la negativa –“no tenés un tumor ni algo orgánico”, fruto de un descarte.

 

 

I. Freud y Fliess: hermanos de migraña

 

  Según Ernst Jones[iii], biógrafo oficial y cuñado, las cefaleas de Freud eran migrañas pulsátiles que se acentuaban en los períodos de tensión. Sufrió repetidos episodios, sobre todo entre 1880 y 1900, pero igualmente fue acompañado por hemicráneas toda su vida. En una carta a su por entonces novia Martha decía:

 

“Cuando llegó la carta tenía dolor de cabeza, y ésta es la tercera vez que me ocurre esto en la semana; por lo demás mi salud es perfecta. Creo que la salsa tártara que comí (…) fue lo que me cayó mal. Tomé algo de cocaína, y mi dolor desapareció en el acto (…) pero estaba tan sobreexcitado que tuve que seguir trabajando y escribiendo, y no me pude dormir hasta las cuatro de la mañana"[iv].

 

  Es decir, molestias que a veces le impedían trabajar y, en otras ocasiones, le llevaban a trabajar compulsivamente. Los ataques se desencadenaban a menudo precedidos de síntomas “neurológicos”, como errores al hablar lapsus linguae, y se aliviaban mediante aplicaciones nasales de cocaína, tomando analgésicos o aspirina.

 

  De hecho, en “Psicopatología de la vida cotidiana” (1901) anticipaba, quizás lateralmente, la proximidad entre migrañas y fenómenos de lo inconsciente, tomando como ejemplo un acto fallido del olvido de nombres propios:

 

“Las migrañas leves que todavía sigo padeciendo suelen anunciarse horas antes por un olvido de nombres, en la culminación de ese estado, mientras no me obliga a abandonar el trabajo, suelen pasárseme de la memoria todos los nombres propios”[v].

 

  Se trataban de nombres propios, diríamos, significantes Amo, que tocaban algo del (dis)placer sexual, permitiendo esbozar una relación entre migraña, lapsus y lo encubridor. De todos modos, resulta significativo que el dolor de cabeza adviniese posteriormente a una molestia gástrica. Indagaremos más adelante sobre la relación cabeza-estómago.

 

  Ahora bien, si nos remontamos a 1895 encontramos toda una formalización en torno a las migrañas: se trata de una reseña crítica a un artículo de P. J. Möbius titulado “La migraña”, con al menos dos elementos interesantes: por un lado, Freud discute que la causa de la misma radique en un factor hereditario degenerativo; y por otro lado, se trata del escrito que “… más abiertamente prueba la estima freudiana por el pensamiento de su amigo Fliess”, ya que “… no solo celebra las virtudes de la doctrina de su amigo respecto de los nexos entre la nariz y las molestias cefálicas, sino que se da a sí mismo como ejemplo”[vi], celebrando los éxitos que en él mismo habían tenido las cirugías nasales.

 

  La relación con Fliess, médico otorrinolaringólogo por demás extravagante[vii], es considerada por algunos autores como una “amistad volcánica, que se apoderó de Freud”[viii], donde uno hacía las veces del doble o alter del otro, al punto de llegar a verse como hermanos mellizos, usar la misma ropa y hasta posar juntos y vestidos idénticos para una fotografía. Ambos padecían de migrañas, y por su especialidad de origen Fliess no dudó en aventurarse a delirantes métodos y explicaciones acerca de la misma.

 

  De allí describió una entidad clínica denominada “neurosis nasal refleja”[ix], en la cual “relacionaba las mucosas nasales y las actividades genitales para colegir la existencia de un vínculo entre los cornetes de la nariz, las menstruaciones de la mujer, el embarazo y el parto”[x], entrelazando síntomas neuróticos, migrañas y ciclo menstrual femenino. Freud se hizo operar dos veces por él, así como también ambos emprendieron diversos tratamientos vía intervenciones quirúrgicas en la nariz; una de ellas, el caso de Emma Eckstein[xi], con finales funestos.

 

  Este capítulo permite graficar un supuesto que nos limitamos a enunciar: la migraña siempre es con otro, una sintomatología [parasitaria] para dos, un modo de relación o lazo. Tal como diría Freud, si dos personas piensan exactamente igual, una de las dos está siendo pensada por la otra, dolor mediante.

 

 

II. ¿Solamente dolor de cabeza?

 

a-   Olfatear otra cosa: herencia o biologicismo

 

  Freud produjo modestos pero genuinos aportes para la época. Tal es el caso de la mencionada reseña sobre el texto de Möbius, en donde diferencia lo propio de “ataques de migraña sintomáticos” de la “enfermedad migraña” propiamente dicha, no sin trabajar las relaciones entre una y la otra; diría incluso que la migraña es un padecimiento extremadamente frecuente y fácilmente adquirible[xii].

 

  Aunque la migraña propiamente dicha sería una modelización ideal o teórica se deduce de su lectura que la misma siempre es en función de algún síntoma, como por ejemplo la frigidez, la impotencia o la falta de orgasmo. Pero para ello, Freud aseveraba tajantemente el rol central de la nariz, por sobre el factor hereditario planteado por Möbius, en la patogénesis de los dolores de cabeza en general así como en la migraña en particular: y esto no como excepción sino como regla[xiii].

 

  En un Fragmento de la “Carta 39” a Fliess, Freud vuelve a retomar la relación entre migraña y lo nasal, pero introduciendo un elemento por demás interesante: el asco a ciertos olores. Resulta de hecho frecuente que personas con migraña, en los momentos más agudos e intrusivos, ubiquen una profunda aversión tanto a estímulos visuales y sonoros como también a determinados olores.

 

  En paralelo, es frecuente que ciertas personas eviten la confrontación con ciertos olores a los fines de ahorrarse ulteriores “dolores de cabeza”, y esto por vía de conductas por demás inhibitorias. Estas cuestiones, el asco y la evitación-inhibición, serán retomadas en el apartado siguiente.

 

  Resulta necesario situar lo paradójico y quizás incongruente del planteo freudiano efectuado hasta el momento, en donde interesantes suposiciones –que rechazan la trivialidad de la herencia conviven con explicaciones infundadas, de corte biologicistas o hasta quizás esotéricas la primacía de lo nasal. Quizás él mismo reconocía u olfateaba esto, ya que al desarrollar algunas tesis para probar lo anterior, concluía: “De esta manera, una multitud de oscuras y antiquísimas concepciones de la medicina cobran vida y vigencia”[xiv].

 

 

  b- Migraña estomacal, dorsal, cardíaca: gastritis, contracturas, ataques de pánico

 

  Siguiendo con la reseña, Freud concentra sus aportes en lo propio de los “equivalentes hemicraneales”, o lo que es lo mismo, una concepción amplia pero no menos rigurosa de la migraña desde la cual ya no será la cabeza su única localización. Dicho por el autor, la existencia de una diversidad de formas de migraña, lo cual podría llevarnos a postular un más allá de la mera particularización diagnóstica, esto es, la migraña implicando una geografía o delimitación singulares: una pista del hecho subjetivo.

 

  Este doble movimiento, generalización y equivalencias/sustituciones puede ser pensado como un antecedente a algunos supuestos posteriores que aunque no redundaron en formalizaciones sí pueden ser deducidos desde una lectura intencional y crítica: la migraña como metáfora del traumatismo corporal.

 

  Para ello Freud describe al menos tres formas de dichas equivalencias: migraña estomacal, dorsal y cardíaca. Desde las nomenclaturas actuales diríamos: gastritis, contracturas, ataques de pánico.

 

  La primera es descripta como una forma rudimentaria. Sobre esto podemos esbozar dos lecturas que son incluso complementarias: por un lado, lo rudimentario como una forma embrionaria o primordial, una migraña que no ha “subido” a la cabeza sino que ha quedado relegada a meros dolores estomacales, siendo un ejemplo de lo que más abajo trabajaremos como aura; por otro lado lo rudimentario como residual, es decir, un dolor en el estómago que es resto prolongado y sostenido de un dolor de cabeza previo, breve y pasajero.

 

  Un dolor que “bajó y se quedó” en la panza, que aunque sostenido es menos restrictivo, menos inhibitorio. El estómago sería sede de una migraña, plantea Freud, cuando dichos dolores -o vómitos- van acompañados de una sutil presión en la frente y de una pronunciada sensibilidad a la luz o al sonido.

 

 

  c- Nina R.: migraña migrante

 

  La segunda forma sería un genuino aporte a la entidad de la migraña, ya que la enriquecería con nuevos rasgos. La “enriquece” literalmente, ya que veremos un florecimiento, una actualización o, en palabras de Lacan, lo propio de una sistematización de los síntomas[xv]. Aquí Freud introduce como ejemplo el caso de Nina R.[xvi], también excluido de las Obras Completas, quien no casualmente era la hermana de otra paciente sin nombre aludida en el texto líneas arriba como ejemplo de una migraña estomacal.

 

  Una vez más, la migraña como síntoma familiar, de a dos o hermanando, como efecto de un emparentamiento sintomático que en nada tiene que ver con un reduccionismo hereditario. Sobre Nina, Freud presenta su historia clínica de la siguiente manera: sufría migrañas “comunes y no demasiado severas” durante su juventud y hasta determinado momento presumimos, hasta la menarca; luego desencadenó una “grave neurosis mixta, histero-neurastenia”, y fue entonces que comenzó a padecer dolores de espalda que luego, completado su desarrollo corporal, se generalizaron en todo el cuerpo.

 

  Si cartografiáramos lo precedente, diríamos: primero de la cabeza hacia la panza, luego a la espalda y de allí a toda su corporalidad. Resulta interesante que haya sido la misma joven quien caracterizaba sus dolencias como “migraña en la espalda”, es decir, un modesto significante recogido de la escucha, que nos recuerda que “un psicoanálisis consiste en la localización de un significante que ha marcado un punto en el cuerpo”[xvii].

 

  Lo elocuente e interesante: mejoraba la neurosis y retornaban los dolores en la cabeza, escenificando una suerte de “alternancia entre sus viejos ataques de migraña y los modificados que, por lo demás, sólo esporádicamente ocurren juntos”[xviii], siendo por ello una neurosis mixta.

 

  Paradoja: la migraña es migrante, es decir, lo contrario a una dolencia localizada o con fijeza, solidaria a la hipocondría[xix]. Dicho de otro modo, un emparentamiento con la histeria, o quizás también el testimonio de una implícita relación entre migraña, neurastenia y otro ordenador freudiano fundamental: la neurosis actual.

 

  No es nuestro propósito homologar categorías clínicas diversas ni subsumir a la migraña en una de ellas sino que, solamente, encontramos adecuado traer a la superficie lo que creemos un implícito freudiano: a saber, que la migraña no sólo está presente sino que necesariamente está en función de su escucha y su clínica, por ende, en función de sus nosografías.

 

  La idea de una neurosis mixturada entre la conversión y la neurastenia es un resabio freudiano que en relación a la migraña, postulamos, se ha mantenido intacto. Es decir, la neurastenia como esa clase de manifestación supuestamente carente de mecanismo psíquico, y por ende marginalizada, intocable. Desde el resabio freudiano sucedería que aun habiéndose circunscripto y construido un síntoma analítico, con su respectiva raíz conversiva, quedaría un resto al cual se atribuiría un límite a su operatoria clínica.

 

  Sin embargo, desde nuestro supuesto de trabajo, entre uno y otro existe una relación de contigüidad: uno −síntoma conversivo− al lado de la otra −migraña−, cual hermandad díscola. Una vecindad con una peculiar frontera o zona compartida, una sede y su anexo; pero a su vez sucediendo que una formación pueda dejar a un lado a la otra.

 

  ¿Sería lícito pensar a la migraña no como resto marginal sino más bien como una forma rudimentaria del síntoma conversivo, cual síntoma en estado puro? Esta cuestión la desarrollaremos a posteriori.

 

 

d-   Emmy Von N.: migraña y acting

 

  Pero continuando con esta segunda forma de migraña, sin nombrarla Freud utiliza a la célebre Emmy Von N., quien además de migraña estomacal sufría, en sus palabras, “calambres en la nuca” y “revoltijos en la cabeza”. Desde este historial encontramos la posibilidad de situar a la migraña en y a causa de la transferencia.

 

  Esto ocurre en el momento en que Freud la sorprende tirando comida a la basura, y la interpela por su poco comer, a lo cual Emmy le responde que no comía ya que su padre tampoco, y que ello era parte de su naturaleza: nuevamente el emparentamiento. Acto seguido Freud le prescribe una sobrealimentación <Mastkur> por notarla sumamente delgada, y el efecto o reacción de Emmy es el empeoramiento; específicamente, la empiezan a aquejar violentos dolores de estómago.

 

  ¿Qué ocurrió aquí? Quizás la migraña estomacal funcionó como un acting, que le permitió luego a Freud rectificar su posición, retornar su labor proto-analítica, y leer en lo anterior el sello de una elección nerviosa[xx], ya que luego empezaron a sucederse recuerdos y asociaciones de asco y aversión a la comida. La migraña, el acting, mostró y actúo lo que no advino como recuerdo: lo penoso del asco.

 

 

    e- Herr Doktor panicoso

 

  La tercera es la menos allanada o documentada por Freud, quien no tuvo mejor idea que referirse al caso de un médico, que según lo documentado en su biografía resulta ser muy posiblemente él mismo. Este médico padecía de dolores en el pecho, “… una arritmia con opresión ligeramente desagradable (…) acompañada de leve presión en ambas sienes”[xxi], siendo no obstante una persona con un corazón apto, es decir, sin problemas cardíacos diagnosticados.

 

  Lo más sintomático de la viñeta es que los ataques se producían casualmente en momentos de reposo, descanso o pausa, incluyendo la nocturnidad. En pausa su corazón se aceleraba[xxii]. Sentía algo en su corazón cuando no podía dormir −o dormía mal−, cuando se enojaba o cuando estaba preocupado por el trabajo. El denominador común de estas situaciones, intuimos, era la presencia de pensamientos intrusivos, que no recalaban con intensidad en su cabeza sino que se deslizaban hacia su pecho.

 

  Así como hemos efectuado una analogía entre migraña estomacal, dorsal y cardíaca con, respectivamente, las actuales nominaciones de gastritis, contracturas y ataques de pánico, resulta también válida otra analogía, esta vez freudiana, con lo propio de la inhibición. La misma es siempre inhibición de las funciones yoicas[xxiii], entre otras, la función nutricia, motriz, y sexual. Lo agudo de la migraña escenificando una potente inhibición, en la cual los cinco sentidos jugarían en contra.

 

  Nuevamente, desde la quietud, la detención, el reposo o la abstinencia [sexual], algo en la corporalidad produce un afecto equivalente a la efectiva realización y puesta en acto de dichas funciones yoicas: se padece un dolor, molestia o incluso un sentimiento de muerte pero, como en la inhibición, se evita paradójicamente el conflicto, rechazo de lo inconciente mediante.

 

 

III. Sumación, aura y menstruación: el ciclo de la angustia

 

  En este mismo año tenemos finalmente el “Manuscrito I”, que sí se incluye en el ordenamiento estándar de la obra freudiana, en el cual caracteriza a la migraña como:

 

“... un asunto con etiología complicada, quizás según el esquema de la etiología en cadena, donde una causa inmediata puede ser producida de manera directa e indirecta por cierto número de factores, o según la etiología de sumación, donde junto a una causa específica pueden intervenir como sustitutivas en términos cuantitativos unas causas banales”[xxiv].

 

  Dicho de otro modo, la asunción freudiana de una etiología por demás compleja y para nada unicausal −a pesar de la primacía nasal−, en la cual una vez más se abre la posibilidad de sustitución y connivencia entre diversos factores. Desde la idea de sumación[xxv] Freud puntualiza tres asuntos o puntos que remiten a lo propio de un ciclo, y que interpretaremos de la siguiente manera.

 

  Primero, la migraña en el marco de una suerte de secuencia que iría de un amago, un aura, hasta el estallido de los síntomas, cuyo intervalo podría ser de horas o incluso días, tematizando lo propio de un apronte angustioso: “… de cómo es superado un obstáculo y luego se continúa un proceso”[xxvi].

 

  Segundo, aún sin amago o aura se tendría la sensación de que algo se estaría acumulando, es decir, una acumulación progresiva, in crescendo. Tercero, concluye postulando a la migraña desde la sumación en tanto la misma, y su correspondiente hipersensibilidad, sería fruto del nivel de acumulación de estímulos ya presente: en tensión. Esto último, junto a lo anterior, permite circunscribir a la migraña desde una lógica prácticamente similar a la neurastenia, es decir, una acumulación seguida de una descarga. Cabe preguntarse: ¿es quien padece migrañas alguien que acumula dolor?

 

  El manuscrito luego enumera otros puntos establecidos, que son más bien “pruebas”, principalmente circunscriptos en la llamada migraña menstrual[xxvii], es decir, una migraña sexual. La enumeración resulta estadísticamente acorde a la caracterización poblacional sobre migrañas: menos frecuente en varones “sanos”, casi inexistente en niños y adultos mayores −por ende reducida a personas en edad sexual “activa” y en situación de producción laboral−; efecto de la sumación de un estímulo sexual no adecuadamente encauzado, descripta en analogía con la periodicidad o lo cíclico[xxviii], y frecuente en personas neurasténicas. Lo propio de un ciclo migrañoso, autocontrolado.

 

 

IV. Derivaciones futuras

 

  Hasta aquí hemos analizado las puntualizaciones de un Freud casi completamente neurólogo[xxix], correspondientes a las precuelas del psicoanálisis. No casualmente, para la misma época y siguiendo la doctrina de Forel, Freud incluía a éstas, junto con el insomnio y la fatiga, como plausibles de ser tratadas −y curadas− vía sugestión[xxx].

 

  Aunque dichas puntualizaciones en apariencia resulten aisladas o sin relación con la clínica tal como la conocemos y practicamos, permiten esbozar un sistema de pensamiento compuesto de indicios y pistas, que incluye elementos por demás cruciales en presentaciones clínicas actuales de personas con migrañas.

 

  Este escrito estuvo fundamentalmente centrado en las producciones freudianas en donde la migraña era un tema específico de su interés, y no casualmente coinciden temporalmente con el período documentado como más álgido de sus propias migrañas. En futuras indagaciones resultará por demás interesante proseguir con la construcción de la migraña como problema freudiano en momentos de su desarrollo donde la misma no es precisamente un tema para él. Nos referimos a “Estudios sobre la histeria” en adelante, incluyendo también al historial de Dora, e incluso en diversas alusiones y aportes indirectos pero precisos de su ulterior producción, por ejemplo “Inhibición, síntoma y angustia”.

 

  La relación entre histeria, conversión y migraña, como también la necesidad de pensarla no sin la neurastenia, ni omitiendo sus semejanzas con la ferocidad de la inhibición; o posibles lecturas desde la fenoménica psicosomática: algunas derivas posibles, fruto de la lectura a la letra de Freud como al mismo tiempo de la utilización clínica y contemporánea de su obra.

 

  Dichas relaciones no implican para nosotros una relación de causa efecto, ni de analogía ni mucho una igualación. Ubicar la migraña en Freud y su obra no tiene el propósito de convertirla en nosografía, tipo clínico, estructura, etc.: no se trata de abusar de la indefinición, ni tampoco de coquetear con todas las nominaciones freudianas, sino que resulta incluso provechoso asumir la complejidad de su no-localización para circunscribir esta indagación clínicamente y, por ende, intentando un horizonte que permita una merma en su malestar.

 

  Continuar esta línea de trabajo desde la progresión freudiana al respecto no coincidirá ya con lo propio de una clínica específica de la migraña sino, por el contrario, con incluir su presencia en la cotidianidad de la clínica −presencia incluso no reparada, omitida o marginalizada por el propio autor−. Una migraña más movediza y migrante que fijada o recluida en la cabeza o cerebro.

 

  Proseguir desde el supuesto de trabajo de contigüidad migraña-síntoma conversivo es únicamente el modo de trazar las coordenadas de inclusión de la primera en el interior del dispositivo analítico, y esta tarea continuará en la segunda parte del escrito. Evitar caer en una especificidad de la migraña fue quizás un acierto involuntario del propio Freud; para nosotros es una necesidad clínica y ética en nuestro quehacer actual, habida cuenta de la potente biomedicalización en juego en la materia, y de la compulsión epocal a definir la existencia como subjetividad cerebral[xxxi].

 

 

Imagen*: Director / animador argentino con una sólida formación en diseño gráfico, 

            ilustración y fotografía.

 



[i] Sí por el contrario encontramos una excelente investigación desde el campo de la sociología en nuestro medio, y por demás compatible y complementaria con nuestro escrito, que recoge los testimonios y vivencias sobre el dolor de personas con migrañas, al tiempo de una lectura sociohistórica y genealógica de problema. Ver: Del Mónaco, R. (2017). Idiomas del dolor crónico. Experiencias y saberes a partir de la migraña. Buenos Aires: Biblos.

[ii] Ibíd. Del Mónaco.

[iii] Jones, E. (2003). Vida y Obra de Sigmund Freud. Barcelona: Anagrama.

[iv] Freud, S. (2016). Carta a Martha del 19-5-1885. En Cartas de amor (Editado por Olmak Trade). Ed. Fontana: Barcelona (p. 86).

[v] Freud, S. (1901). Psicopatología de la vida cotidiana. En Obras Completas. Tomo VI, Amorrortu Editores (p. 28).

[vi] Freud, S. (1895). Reseña de P. J. Möbius, La migraña [Die Migräne]. En Sigmund Freud: textos inéditos y documentos recobrados. Traducción, introducción y notas de Fernando Gabriel Rodríguez y Mauro Vallejo. Medellín: Universidad de Antioquia. Facultad de Ciencias Sociales y Humanas. Fondo Editorial FCSH; Barranquilla: Universidad del Norte, 2017. (p. 100).

[vii] Para profundizar la relación Freud-Fliess y la peculiar relación analítica sucedida, se sugiera consultar Mannoni, O. (1967). El análisis original. En La otra escena. Claves de lo imaginario. Buenos Aires: Amorrortu Editores.

[viii] Roudinesco, E. (2015). Freud en su tiempo y en el nuestro. Buenos Aires: Debate. (p. 68).

[ix] Fliess, W. (1897). Les Relations entre le nez et les organes génitaux féminins, présentées selon leurs significationes biologiques. París: Seuil, 1977. Col. Le Champ freudien (dirigida por J. Lacan).

[x] Ibíd. Roudinesco (p. 69).

[xi] Eckstein fue la primera mujer psicoanalista de la historia, y protagonizó quizás el sueño más célebre del freudismo: la inyección de Irma, sueño premonitorio y desculpabilizante que, según algunos autores, coincidiría con el momento en que Freud deja la cocaína. Para conocer más sobre su biografía y sobre la funesta mala praxis que sufrió por parte de Freud y Fliess consultar Ibíd. Roudinesco (p. 71-73).

[xii] Freud, S. (1895). Reseña de P. J. Möbius, La migraña [Die Migräne]. En Sigmund Freud: textos inéditos y documentos recobrados. Traducción, introducción y notas de Fernando Gabriel Rodríguez y Mauro Vallejo. Medellín: Universidad de Antioquia. Facultad de Ciencias Sociales y Humanas. Fondo Editorial FCSH; Barranquilla: Universidad del Norte, 2017. (p. 105).

[xiii] Ibíd.

[xiv] Freud, S. (1896). Fragmento de la Carta 39 a Fliess, 1° de enero de 1896. En Obras Completas, Publicaciones prepsicoanalíticas y manuscritos inéditos en vida de Freud (1886-1899). Tomo I, Amorrortu Editores. (p. 440).

[xv] Lacan, J. (1976). La dirección de la cura y los principios de su poder”, en Escritos II, Siglo XXI, México.

[xvi] Freud, S. (1895). Caso “Nina”. En Sigmund Freud: textos inéditos y documentos recobrados. Traducción, introducción y notas de Fernando Gabriel Rodríguez y Mauro Vallejo. Medellín: Universidad de Antioquia. Facultad de Ciencias Sociales y Humanas. Fondo Editorial FCSH; Barranquilla: Universidad del Norte, 2017. (p. 27-37).

[xvii] Lacan, J. (1971-2). El saber del psicoanalista, Charlas en Sainte Anne (inédito).

[xviii] Freud, S. (1895). Reseña de P. J. Möbius, La migraña [Die Migräne]. En Sigmund Freud: textos inéditos y documentos recobrados. Traducción, introducción y notas de Fernando Gabriel Rodríguez y Mauro Vallejo. Medellín: Universidad de Antioquia. Facultad de Ciencias Sociales y Humanas. Fondo Editorial FCSH; Barranquilla: Universidad del Norte, 2017. (p. 103).

[xix] Rutenberg, M. S.; Ferreyra, J. A. (2017). El cuerpo-médico y la subjetividad de las mujeres: análisis bibliográfico en torno a las formas clásicas y actuales del malestar. Aportes críticos desde el psicoanálisis para pensar la medicalización. Ponencia presentada en las XII Jornadas de la carrera de Sociología de la UBA, realizadas del 22 al 25 de agosto de 2017 en la CABA.

[xx] Freud, S. (1893-5). Señora Emmy Von N. (Estudio sobre la histeria). En Obras Completas, Publicaciones prepsicoanalíticas y manuscritos inéditos en vida de Freud (1886-1899). Tomo II, Amorrortu Editores. (p. 100).

[xxi] Freud, S. (1895). Reseña de P. J. Möbius, La migraña [Die Migräne]. En Sigmund Freud: textos inéditos y documentos recobrados. Traducción, introducción y notas de Fernando Gabriel Rodríguez y Mauro Vallejo. Medellín: Universidad de Antioquia. Facultad de Ciencias Sociales y Humanas. Fondo Editorial FCSH; Barranquilla: Universidad del Norte, 2017. (p. 104).

[xxii] Es de hecho frecuente que las personas que hoy en día aducen sufrir de “ataques de pánico” se sorprendan al corroborar que los mismos suceden no en momentos de presión o fuerte estrés, ni tampoco en la víspera inmediata de una situación angustiosa, sino paradójicamente en momentos de descanso o luego de haber transitado tal o cual suceso estresante.

[xxiii] Freud, S. (1926[1925]). Inhibición, síntoma y angustia. En Obras Completas, Publicaciones prepsicoanalíticas y manuscritos inéditos en vida de Freud (1886-1899). Tomo XX, Amorrortu Editores.

[xxiv] Freud, S. (sin fecha). Manuscrito I. En Obras Completas, Publicaciones prepsicoanalíticas y manuscritos inéditos en vida de Freud (1886-1899). Tomo I, Amorrortu Editores. (p. 254).

[xxv] En la actualidad la sumación es definida en medicina como un efecto acumulativo debido a la activación simultánea de un mayor número de fibras nerviosas o a la liberación de una mayor cantidad de un neurotransmisor, pudiendo tener lugar de forma temporal o espacial.

[xxvi] Ibíd., p. 253

[xxvii] Ibíd., p. 254

[xxviii] En este mismo sitio nos hemos ocupado de la menstruación en análisis: http://www.elsigma.com/fenomenos-psicosomaticos/la-menstruacion-en-analisis/13554

[xxix] Su explicación neurológica era, en resumidas cuentas, que la sustancia sexual irritaría las meninges, o incluso afectaría a los músculos de los vasos sanguíneos en el cerebro. En un artículo publicado en la revista “Cephalalgia” de 1996 se reconocieron dichos aportes y su coincidencia con algunos hallazgos contemporáneos en neurología.

[xxx] Freud, S. (1889). Reseña de August Forel, <Der Hypnotismus>. En Obras Completas, Publicaciones prepsicoanalíticas y manuscritos inéditos en vida de Freud (1886-1899). Tomo I, Amorrortu Editores. (p. 109).

[xxxi] Ferreyra, J. A. (2018). La hegemonía del sujeto cerebral en el campo de la salud mental. X Congreso Internacional de Investigación y Práctica Profesional en Psicología. XXV Jornadas de Investigación. XIV Encuentro de Investigadores en Psicología de MERCOSUR. 

 

 


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