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Adolescencia interminable, un collage

25/05/2010- Por Marita Salgado - Realizar Consulta

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A partir de El despertar de la Primavera donde Frank Wedekind anticipa aquello que Freud propone en 1905, en “La metamorfosis de la pubertad”, se realiza un recorrido, que intenta dar cuenta de una modalidad de la época la adolescencia interminable a partir de aquello que el drama plantea, como el momento en que algo florece en el cuerpo e introduce al sujeto a lo que tendrá que responder, un encuentro con algo que rebasa los límites de lo que había organizado previamente, es decir de lo que había podido construir acerca de su sexualidad infantil, dónde no hay una respuesta Universal, es decir confrontarse con el Otro sexo, dónde no hay armonía, relación de equilibrio con el Otro. Adolescencia interminable, nos lleva a pensar la subjetividad de nuestra época, que nos habla de un tiempo eternizado que no es el de Wedekind y Freud, pero del que nos servimos para pensar las coordenadas actuales.

Un dramaturgo alemán, contemporáneo de Freud, Frank Wedekind, en 1891, expresa y anticipa, de un modo poético en el título de una de sus obras, El despertar de la primavera, lo que Freud propone como “La metamorfosis de la pubertad”, en 1905.

La obra, una tragedia infantil, trata acerca del despertar sexual de un grupo de adolescentes, en el que aparece en cada uno de ellos una pregunta acerca de su sexualidad que desencadena el drama, mostrando cómo dicha pregunta lleva en este caso al estrago, al pasaje al acto, al embarazo, a la muerte, mostrando en fin, la pasión por la ignorancia, de los personajes, con respecto a eso mismo que se iban preguntando.

Por otro lado, fundamentalmente, se encuentra en la obra una salida, un hombre sin rostro, un enmascarado que aloja dicha pregunta, y da lugar a la vida, al sentimiento de la vida, que abre al porvenir, como nos dice Lacan, “entre los Nombres-del-padre existe el del Hombre enmascarado”, como uno de otros Nombres-del-padre.

La obra se refiere al momento en que algo florece en el cuerpo e introduce al sujeto a lo que tendrá que responder, un encuentro con algo que rebasa los límites de lo que había organizado previamente, es decir de lo que había podido construir acerca de su sexualidad infantil, dónde no hay una respuesta Universal, es decir confrontarse con el Otro sexo, dónde no hay armonía, relación de equilibrio con el Otro.

Se trata de un encuentro con una falta de saber acerca de que hacer, algo del orden de “lo nunca visto”, es decir que no existe una relación en el sentido matemático del término, en el sentido de un saber instituido y construido, ya presente, sobre qué es la relación entre un hombre y una mujer.

Lacan escribe un prólogo, para una edición y presentación de la obra, en 1974, en el cual nos dice acerca de la pregunta de la adolescencia: “De este modo aborda un dramaturgo, el asunto de qué es para los muchachos hacer el amor con las muchachas, marcando que no pensarían en ello sin el despertar de sus sueños”.

Se trata entonces para Lacan, que el sujeto despierte no sólo de sus sueños sino también de lo que él cree que es su vigilia. Eric Laurent, nos dice, al respecto que dicho despertar se produce, “intercambiando con los otros el relato de sus sueños se encaminan hacia la dialéctica de lo que es ser amado por el otro, (...) querer alcanzarlo en el amor”.

En la adolescencia, entonces, se trata no sólo de una transformación, sino del surgimiento de algo que es radicalmente nuevo.

 

Malestar

Adolescencia interminable, nos lleva a pensar la subjetividad de nuestra época, que nos habla de un tiempo que no es el de Wedekind y Freud, pero del que nos servimos para pensar las coordenadas actuales.

Adolescencia interminable nos habla además, de un modo de vivir la pulsión, de una temporalidad eternizada y mortífera, en la que se ahoga la novedad radical que esta época de la vida conlleva.

Despertar de los sueños, no es desengañarse de ellos, lo que nos abre a pensar los modos de lazo social en el discurso contemporáneo.

La época actual, que es la de los desengañados, es la época del predominio del discurso de la ciencia, que está signada por un rechazo, determinado por el discurso científico, que Lacan caracteriza como un rechazo del sujeto, como singularidad. Dicho sujeto, encuentra su morada en el inconsciente.

El rechazo, lleva a un intento de homogeneización, que no deja resto, estructurada por las leyes actuales del mercado, que tiene por consecuencia la segregación. La segregación, que siempre entra en juego en la subjetividad, se produce a partir de la homogeneización de los mercados, siempre queda fuera una parte de la humanidad, fuera del imperativo del consumo, segregada, siendo además, una de las respuestas esperables el recrudecimiento de los fundamentalismos.

Lacan indica lo que distingue al pseudo-discurso capitalista actual: la Verwefung, el rechazo fuera de todos los campos de lo simbólico, que tiene consecuencias subjetivas devastadoras, esto es, el rechazo de la castración, de la división subjetiva, siendo que, todo discurso que se entronca en el capitalismo, deja de lado las cosas del amor.

Nos dice, además, que esto no es poca cosa, ya que dicho rechazo, ahoga la pregunta que se suscita en la adolescencia y la eterniza, obturando así la hiancia que daría lugar a la singularidad a través de los lazos incautos de amor.

Dicha hiancia, entonces, intenta siempre estar cerrada por ejemplo por objetos, de consumo, técnicos o tóxicos, pero científicos, que dejan al sujeto en su violenta irresponsabilidad.(grupos fundamentalistas religiosos, racistas o nacionalistas)

 

¿Hay personas mayores?

Kant en: En defensa de la Ilustración, se pregunta “¿Qué es la ilustración?” Y allí nos dice: “Ilustración es la salida del hombre de su culpable minoría de edad. Minoría de edad es la imposibilidad de servirse de su entendimiento sin la guía de otro. Esta imposibilidad es culpable cuando su causa no reside en la falta de entendimiento, sino de decisión y valor para servirse del suyo sin la guía del otro. Sapere aude! ¡Ten valor de servirte de tu propio entendimiento! Tal es el lema de la Ilustración

Para Kant, entonces, la mayoría de edad se encuentra en la Ilustración, que adviene a partir de la razón, de servirse de la propia razón con seguridad y provecho de su propio entendimiento.

Dicha razón Kantiana llevada a sus últimas consecuencias intenta también obturar la hiancia, proponiendo así, la universalidad de un ser.

Para Jacques-Alain Miller, Las Luces, están comandadas por un significante: Los desengañados, y agrega: “En esta perspectiva, po­demos decir que Lacan se halla en el entrecruza­miento de las luces con el romanticismo.

Esto también nos hace recordar de manera práctica que detrás de la fraternidad viene la segregación, y que el para todos concluye en un todo siempre parcial”.

Sabemos que desde Freud con Lacan hay “otra” razón.

Malraux relata en sus Antimemorias la confidencia de un religioso con respecto a las enseñanzas de las confesiones que había escuchado en momentos críticos de su vida, “Lo que he llegado a creer... es que no hay personas mayores”, relata además la experiencia de una mujer que había atravesado los Campos de concentración, que expresa: “Lo que me rodeaba había tomado para mí una forma extraña, encontraba infantil a todo el mundo... el silencio acerca de esa experiencia me parecía infantil.”

Agamben sitúa la época contemporánea, como la destrucción de la experiencia. “Esta incapacidad para traducirse en experiencia es lo que vuelve insoportable la vida cotidiana, ya que ninguno de la cantidad de acontecimientos cotidianos adquieren, el valor de una experiencia.”

Lacan sitúa la señal de entrada de todo un mundo en el camino de la segregación, en la falta de existencia de personas mayores, situando una figura, lo que llama “niño generalizado” como dicha señal.

Este “niño generalizado” que Lacan sitúa no es culpable de su minoría de edad, sino que, es él mismo todo un mundo que se interna en la vía de la segregación.

Dicha vía, está determinada por la ciencia, en la medida en que el sujeto de la ciencia es irresponsable, todo le está permitido, es decir está determinado en forma absoluta por ésta.

Lacan opone al niño generalizado, el sujeto responsable y nos dice que este es su terrorismo, el terrorismo del psicoanálisis es la responsabilidad, afirmando: “De nuestra posición de sujetos somos siempre responsables”.

“La historia sigue a contrapelo del desarrollo”, a contrasentido del desarrollo, es decir que un sujeto responsable es aquel que responde por aquello que lo determina, pudiendo ser un niño o un adulto, aquel que responde por su síntoma.

 

Adolecer de la responsabilidad

Un escritor francés contemporáneo, Philippe Murray, en su libro Aprés l´histoire, nos habla de una de las consecuencias de la homogeneización de los mercados en el capitalismo actual, lo que denomina irónicamente “una única solución, la Festivización.”

Caracteriza la época actual inmersa en un fenómeno festivo, que lleva a un goce colmante, un exceso constante, a una abolición de la diferencia entre fiesta y no-fiesta, el borramiento de las antinomias, así como el borramiento progresivo de la diferencia sexual, y el empuje a fusionarse con lo infantil. De este modo, Murray afirma, todo el mundo se libera del mundo concreto. Considero estas afirmaciones solidarias con la adolescencia como interminable.

Eric Laurent, sitúa la adolescencia como el carnaval de la vida, no como su domingo, carnaval, que lleva en sí todos los aspectos horribles, grotescos y obscenos, pero el carnaval también tiene un amo a quien se dirige, agregando que el amo desea cerrar los ojos frente al cortejo carnavalesco, y sitúa en este punto las masacres cometidas por adolescentes en escuelas de Estados Unidos, como una terrible alarma.

Es desde esta figura de “niño generalizado”, que podemos situar la adolescencia interminable, como abolición subjetiva, con la consecuencia de la homogeneización y eternización, enmascarando lo que sucede durante la adolescencia de original, como acontecimiento de cuerpo.

La salida, desde el psicoanálisis, entonces, no se refiere a la instauración de un Ideal, sino a un modo singular de producir un síntoma, como una verdad que no puede ser integrada en el sobre del discurso capitalista, una detención, un amarre que puede encontrarse por la vía que Lacan nos indica en “El despertar de la Primavera” despertar de los sueños, que lleva al lazo social, que da lugar a la entrada del sujeto en un discurso que no esté desamarrado de lo real.

 

Nota: el escrito se corresponde con la ponencia que ha tenido lugar en la Biblioteca Nacional el día 23 de junio de 2002, como parte del Ciclo coordinado por Silvia Ons: “El psicoanálisis en la cultura”

 

Bibliografía

André Malraux, Antimemorias, Sudamericana, Buenos Aires, 1968

Wedekind, Franz, L´éveil du printemps, Gallimard, París, 1974, Traducción de François Regnault, p. 20

Agamben, Giorgio, Infancia e historia, Adriana Hidalgo editores, Buenos Aires, 2001, p. 8

Lacan, Jacques, L´éveil du printemps, “Preface”, Gallimard, Paris, 1974, p.10

Lacan, Jacques, Autres écrits, “Allocution sur les psychoses de l´enfant”, p. 369

Lacan, Jacques, Escritos 1, “La ciencia y la verdad”, S. XXI Editores, 1979, Madrid, p. 340

Lacan, Jacques, Seminario 19, Ou pire, inédito, Clase del 6 de enero de 1972

Kant, Emmanuel, En defensa de la ilustración, “Respuesta a la pregunta: ¿Qué es la ilustración”, S. XXI, Editores, p 64

Miller, Jacques-Alain, Uno por Uno, “Patapúm: sobre el fracaso de las luces”, Eolia, p.

Miller, Jacques-Alain, Estructura, desarrollo e historia, Gelbo, Bogotá 1998, p. 42

Murray, Phillipe, Aprés l´histoire,

Laurent, Éric, Letterina 22, “Carte Blanche”, p. 2

 

 

 


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