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El dolor psíquico colectivo: “El malestar en la Cultura”

29/10/2024- Por Viviana Hanono - Realizar Consulta

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La autora presenta investigación para la Tesis de Doctorado: “Revisión de la Teoría crítica a la luz de los análisis freudianos”, donde se interesa por la convergencia de los postulados de la Teoría crítica y las concepciones freudianas. Se trata de una búsqueda de tipo bibliográfica, que indaga en autores procedentes de la literatura psicoanalítica, la filosofía, la historia, los estudios culturales, la historia de las ideas que han abordado la problemática elegida, con el objeto de construir una “constelación” en torno a la Teoría crítica, a partir de los aportes que proponen en sus textos y que además nos permiten configurar el trayecto de la indagación. El recorte bibliográfico consiste en una lectura de textos escritos a partir de fines de la década del sesenta, cuando se produce una revalorización de la Teoría crítica, acompañada por los acontecimientos de Mayo del ‘68.

 

                               

                                           

                                       Freud, con sus hijos, Ernst y Martin, alistados en el ejército austriaco. Primera Guerra Mundial *.

 

 

                                       

Introducción

 

  En la década del treinta del siglo XX, los miembros de la Escuela de Frankfurt, autores de la Teoría crítica, convocan al psicoanálisis desde un marxismo renovado, ante la necesidad de analizar “el factor subjetivo”, incorporándolo a sus investigaciones. El avance del fascismo, los “Socialismos realmente existentes”, la consolidación de Estados autoritarios, la adhesión de las masas y el desarrollo del Capitalismo tardío exigían incorporar esta dimensión para analizar/ interpretar las características de la sociedad contemporánea.

 

  En este caso, explicitaremos aquellos elementos de esa convergencia cotejando el pensamiento de Herbert Marcuse, uno de los miembros de la Escuela, con textos de Freud referidos al “malestar en la cultura”. Marcuse se propuso recuperar los aspectos más controvertidos de los análisis de Freud sobre las causas del dolor psíquico colectivo en las formulaciones propuestas fundamentalmente, en: “De Guerra y muerte”. “Temas de actualidad” (1915) “Psicoanálisis de las masas y análisis del yo” (1921) y “El malestar en la cultura” (1928).

 

  En cuanto a Marcuse reseñaremos algunas de las nociones expuestas en Eros y Civilización. Una lectura filosófica de Freud (1953).  De este texto haremos referencia a los capítulos I y IV de la primera parte titulada “Bajo el Dominio del principio de realidad”. Estos son: El capítulo I, “La tendencia oculta del psicoanálisis” y el capítulo IV, “La dialéctica de la civilización” y una mención al Epílogo, “Crítica del Revisionismo Neofreudiano”.

 

  Haremos también una referencia al artículo de Henning Jensen: “Reflexiones sobre el inconsciente y la historia en Sigmund Freud”. Revista de Ciencias sociales 51-52. Universidad de Costa Rica, (1991) porque el autor menciona la posición de la Escuela de Frankfurt, en relación con la cuestión del sufrimiento colectivo por efecto de las restricciones que impone la cultura.

 

  En la conclusión, cotejaremos el pensamiento de Marcuse con las formulaciones freudianas a las que historiza, insistiendo en su dimensión sociológica e histórica. 

 

 

Desarrollo                        

 

“El concepto del hombre que surge de la teoría freudiana es la acusación más irrefutable contra la civilización occidental -y al mismo tiempo la más firme defensa de esta civilización”.

 

                         Marcuse H. Eros y civilización (Op. cit., p.27)

 

  Comenzaremos analizando el texto “De guerra y muerte. Temas de actualidad”, Freud S. Obras completas. Tomo XIV (1914 – 16) Buenos Aires. Amorrortu (2008), escrito en 1915, seis meses después del inicio de la Primera Guerra Mundial. Se trata de dos ensayos: “La desilusión provocada por la guerra” y “Nuestra actitud ante la muerte”, a los que nos referiremos brevemente.

 

  Freud, en este texto sobre guerra y muerte se pregunta sobre lo que causa la “miseria anímica” entre los no-combatientes y responde que se debe a la desilusión que produce la guerra y al cambio que se experimenta en la actitud hacia la muerte. Agrega que se esperaba que las naciones de “alto grado de cultura/civilización”, zanjaran por otras vías los conflictos de intereses y los desentendimientos. Pero la constatación es otra y el “extranjero” no cesa de ser el “enemigo”, como en la antigüedad clásica.

 

  Afirma que esa desilusión no estaba justificada; lo que se muestra tanto en la falta de eticidad de los Estados que se presentan como guardianes del patrimonio y de la cultura, como en la brutalidad en la conducta de individuos que participan de ella. Considera que se trata de la destrucción de una ilusión que sólo sirve para ahorrar displacer.

 

  Frente a la idea de que las malas inclinaciones en el proceso de desarrollo son desarraigadas, Freud afirma que no hay tal “desarraigo” de la maldad. La investigación psicológica, muestra que la esencia del hombre consiste en mociones pulsionales, de naturaleza elemental, cuya meta es la satisfacción de necesidades originarias. Estas mociones no son buenas ni malas, sino que se clasifican de acuerdo con las relaciones que mantienen con las necesidades y exigencias de la comunidad humana. Las consideradas malas son las egoístas y crueles y se cuentan entre las más primitivas.

 

  También hay mociones inhibidas, guiadas hacia otras metas, que se fusionan, pueden cambiar sus objetivos, volverse sobre la propia persona… Freud se refiere a las formaciones reactivas, que simulan mudanza de contenido: del sadismo a la compasión, del egoísmo al altruismo y señala que la preexistencia de mociones malas en la infancia lleva a un vuelco en el adulto hacia el bien.

 

  En cuanto a la cultura, esta se adquiere por renuncia a la satisfacción pulsional: transposición que se realiza a lo largo de la vida en la que la compulsión externa deviene interna. El individuo no sólo recibe la influencia de su medio cultural presente, sino que está sometido a la historia cultural de sus antepasados. La aptitud para la cultura es la capacidad para transformar pulsiones egoístas bajo la influencia del erotismo.

 

  Sin embargo, para Freud, una parte de la vida pulsional permanece inmutada; ello muestra el riesgo que consiste en sobreestimar la aptitud para la cultura. En ese sentido la sociedad se conforma con que las acciones y conductas estén de acuerdo con las normas y preceptos, sin interesarse por los motivos. Por ello dice Freud:

 

“Existen más hipócritas de la cultura que hombres cultos” (Freud, 1915, p. 286).

De todos modos, aboga por su conservación, ya que aún sobre una

“base precaria propende en cada generación nueva, en cada portadora de una cultura mejor, a una reforma más vasta de las pulsiones” (Freud, 1915, p. 286).

 

  Para Freud, la guerra ha posibilitado que los hombres se sustraigan de la presión continua que ejerce la cultura, abandonando las restricciones éticas que aquella impone y dando rienda suelta a la satisfacción de las pulsiones refrenadas. Eso muestra que en las sociedades puede haber involución y regresión. Para Freud, lo primitivo puede reestablecerse porque es imperecedero (Freud, 1915, p. 287).

Por otra parte, asevera que los hombres se mueven más por sus pasiones que por sus intereses, poniendo a estos por delante para fundamentar a aquellas.

 

  El segundo punto se refiere a nuestra actitud hacia la muerte. Freud habla de una perturbación en la actitud que se tiene ante la muerte durante la guerra, que niega toda desmentida. Durante las épocas de paz, la actitud no es sincera, aunque se afirme que la muerte es “natural, incontrastable e inevitable”. Porque nadie cree en su propia muerte y ésta no se puede concebir: El inconsciente está convencido de su inmortalidad.

 

  Explicamos la muerte por accidente, enfermedad, edad avanzada; o sea rebajamos la necesidad a mera contingencia. El muerto encarna todo tipo de virtudes y ponemos su respeto por sobre la verdad. Freud la llama “actitud cultural convencional” frente a la muerte.

 

  Lo que difícilmente soportamos es la muerte de los seres queridos. Esto nos produce un descalabro y “sepultamos nuestras esperanzas(Freud remite a Asra: “morimos cuando mueren nuestros seres amados”).

 

  En el texto de presentación de “Psicología de las masas y análisis del yo”, Strachey J. hace referencia a la correspondencia de Freud, que dice que “se le ocurrió por primera vez la “simple idea” de explicar la psicología de las masas, en la primavera de 1919” (Strachey J., 1984, p. 66). Y agrega que, en este ensayo, Freud retoma las ilaciones de pensamiento de “Totem y tabú” (1912-1913), de su trabajo sobre el narcisismo (1914) y también de “Duelo y melancolía” (1917).

 

  En referencia a su título, el texto apunta a dos direcciones diferentes: por un lado, explica la psicología de las masas sobre los cambios que acontecen en la psiquis de la mente individual y por otro profundiza su investigación sobre la anatomía estructural de la psique, prefigurada en “Más allá del principio de placer” (1920).

A su vez en “El malestar en la cultura” (1930) Freud expresa que escribe una obra de carácter sociológico cuyo primer título fue: La infelicidad en la cultura- Das Unglück in der Kultur- sustituyendo, más tarde “Unglück” (infelicidad) por “Unbehagen” (malestar). Sobre el contenido, dice Strachey, que se trata del

 

“irremediable antagonismo entre las exigencias pulsionales y las restricciones impuestas por la cultura”.  (Strachey J., 1986, p. 60).

 

  Si ya en escritos tempranos, Freud podía afirmar que “el incesto es antisocial”, que la cultura consiste en la progresiva renuncia a él y que era posible responsabilizar a la civilización por la propagación de la neurastenia, aún no parecía considerar que la represión fuera enteramente causada por influencias sociales. Es sólo cuando estudia la psicología del yo y establece la hipótesis del superyó que comienza a…

 

“… indagar y elucidar la naturaleza del sentimiento de culpa…” (Strachey J., 1986, p.61).

Precisamente, “… declara su propósito de situar el sentimiento de culpa como el problema más importante del desarrollo cultural” (Strachey J., 1986, p.61).

La otra cuestión tratada es la de la pulsión de destrucción o pulsión de muerte (Strachey J., 1986, p. 61).

 

  Jensen H. en el artículo mencionado, “Reflexiones sobre el inconsciente y la historia en Sigmund Freud”, cita a Adorno:

 

“Mientras se margine lo auténticamente escandaloso del psicoanálisis, sus teorías de la pulsión y de la cultura, toda tolerancia que se le ofrezca será irremediablemente represiva”. 

 

  En el mismo texto, afirma que la Escuela de Frankfurt fue custodia de la energía crítica del psicoanálisis freudiano y que las teorías freudianas tuvieron un lugar privilegiado en las formulaciones de sus miembros. Sin embargo, considera que a pesar de esa estima fueron, a su vez, objeto de crítica. En 1955, Adorno expresa que en las ideas de Freud la Teoría crítica, “descubrió el reflejo de tiempos infaustos”, en la que los conceptos no remitían a las cosas, sino, que más bien eran testigos “de la desdicha del mundo”.

Jensen considera que:

 

“a las imágenes freudianas les es inherente una tensión en que clama el desgarramiento de los hombres”, afirmando que las reflexiones de Freud sobre la cultura no apuntan a “la aprehensión de la indudable facticidad histórica sino a una idea de verdad atinente a lo posible”, y que a ello contribuyeron, especialmente, la especulación freudiana y la teoría metapsicológica.

 

  Si retomamos la cuestión de la cultura, para Freud, está se funda en todos sus aspectos en la represión de las pulsiones y ello marca un antagonismo irreconciliable entre inclinaciones pulsionales y limitaciones impuestas: la coerción del trabajo y la renuncia pulsional son concebidos como sus elementos constitutivos. Ve en la cultura un sistema necesario para la preservación de la especie; un proceso de domesticación de la naturaleza, una institución para regular las relaciones entre los seres humanos.

 

  Reconoce que la permanencia de una sociedad sólo es posible por medio del ejercicio del poder sobre la mayoría de sus miembros y que el propósito de las instituciones culturales es tanto la organización del trabajo y la distribución de los bienes como la perpetuación de una  determinada forma de dominación.

 

  Freud define a la cultura como la suma de conocimientos y habilidades adquiridas por los hombres para dominar las fuerzas de la naturaleza y para obtener bienes para la satisfacción de las necesidades humanas. Pero no sólo es eso, sino también el conjunto de instituciones para regular las relaciones entre los hombres, en especial, la distribución de los bienes alcanzables (1927). Jensen emparenta estas aseveraciones con los conceptos marxianos de fuerzas productivas y relaciones de producción. Cita a Freud:

 

“el ser humano individual ingresa en la relación de un bien con otro; en tanto que éste utiliza su fuerza de trabajo o lo toma como objeto sexual” (1927).

Sobre la fuerza del marxismo, agrega que ésta “reside en la demostración del obligante influjo que las relaciones económicas de los hombres tienen sobre sus orientaciones intelectuales, éticas y artísticas” (1933).

 

  En este texto se ocupa, también, de la intención de la teoría freudiana de la historia. Su respuesta lleva a emparentar el psicoanálisis con la Ilustración, cuya utopía comparte: liberar al ser humano de todos los poderes hipostasiados. La teoría psicoanalítica “desea comprender la desdicha de los hombres, su malestar en la cultura”.

 

  Y por ello, nos incita a “descubrir en la civilización actual la herencia arcaica de la humanidad, a saber el principio de dominio social”.

La psicología individual se configura así en psicología colectiva, en tanto que el individuo “en el marco general de la experiencia cultural mantiene la equivalencia arcaica de la especie”.

 

  Para Freud, las libertades que ha traído el avance de la civilización han crecido sobre el terreno de la servidumbre y conservan la marca de su nacimiento.

Nos referiremos, brevemente, a los aportes de Herbert Marcuse en la obra mencionada.

 

  En el primer capítulo de Eros y Civilización, “La tendencia oculta del psicoanálisis”, Marcuse afirma que la historia del hombre es la historia de su represión, dado que la cultura restringe su existencia social y biológica y que esta restricción es la precondición social del progreso, ya que los hombres librados a ellos mismos y persiguiendo sus objetivos naturales, significarían el fin de toda asociación duradera.

 

  La civilización, dice Marcuse, comienza cuando el objetivo primario −la satisfacción integral de las necesidades− es abandonado. O sea que los instintos (denominación que da a las pulsiones) deben ser desviados en su meta e inhibidos en sus objetivos. Para Marcuse los instintos son historizables. Incluso, los mismos conceptos psicoanalíticos implican esta mutabilidad (sublimación, identificación, proyección, introyección, represión). En suma, la forma de los instintos, necesidades y satisfacciones dependen de un mundo socio-histórico.

 

  El principio de placer irrestricto entra en conflicto con el ambiente natural y humano porque la gratificación total es imposible. Es a través de la conciliación y por medio de la renuncia y la restricción que el principio de realidad se impone al principio de placer.

 

  Marcuse apunta a prolongar, el pensamiento de Freud, a fin de mostrar que una sociedad no represiva es posible, sin que eso signifique un caos. Pero admite que la forma de esta utopía es aún desconocida, porque reposaría sobre una revisión completa de las normas de la sociedad moderna.

 

  Retoma la teoría de Freud del lazo entre civilización y represión y del dolor psíquico colectivo que implica. El principio de realidad se encarna en las distintas formas represivas de la sociedad, como por ejemplo la ley y el orden social; estas formas se perpetúan gracias a la interiorización en la memoria y en el inconsciente de los imperativos de las realidades tanto pasadas como presentes.

 

  Explica los funcionamientos represivos, apoyándose sobre la hipótesis freudiana del parricidio en la horda primitiva, que inscribe en la memoria el fantasma de muerte y la transmisión de un sentimiento de culpa, responsable de la represión que ejerce el orden social a lo largo de la historia de las generaciones. Así, se habría transmitido una “herencia arcaica” que conecta la psicología individual con la psicología de masas. Sin embargo, critica la revisión del psicoanálisis freudiano porque esta desemboca en una sobrevaloración de los determinantes culturales en desmedro de lo pulsional.

 

  Desde su perspectiva, Freud somete al sujeto a una norma comportamental insuperable, y convirtiendo a la represión en una necesidad absoluta plantea que “la infelicidad general de la sociedad” es el límite infranqueable de la terapia y de la normalidad.

 

  Frente a la justificación freudiana de la represión para protección de los individuos contra ellos mismos, replica que la persistencia de violencias importantes es probablemente el efecto de esa represión de las pulsiones de vida. Y agrega, que las condiciones materiales e intelectuales alcanzadas por la sociedad contemporánea no justifican más las formas represivas antiguas, necesarias a la supervivencia y que éstas sólo se mantienen a través del dominio y el poder que ejercen las clases acomodadas sobre el resto de la sociedad.

 

  En el capítulo IV, “La dialéctica de la civilización”, Marcuse comienza diciendo que Freud atribuye al sentimiento de culpa un papel decisivo en el desarrollo de la civilización, estableciendo una correlación entre el progreso y el aumento de aquel.

 

En “El malestar en la cultura” Freud, expone su intención:

 

“representar el sentido de culpa como el problema más importante de la evolución de la cultura y comunicar que el precio del progreso en la civilización se paga perdiendo la felicidad mediante la elevación del sentido de culpa”. (Cit. por Marcuse, p.133).

 

  Esta cita nos conduce directamente a nuestro tema: el dolor psíquico colectivo y la infelicidad de los hombres. La civilización implica un círculo de guerra cada vez más amplio. Marcuse se refiere a la persistencia de persecuciones ubicuas, al antisemitismo, al racismo, al fortalecimiento de las ilusiones, a la fatiga social, a las enfermedades y a la miseria en medio del crecimiento, del bienestar y del aumento del conocimiento. 

 

  La cuestión del parricidio y del sentimiento de culpa consecuente retorna y aunque el hombre se abstiene del acto, de generación en generación, revive el impulso agresivo dirigido contra el padre y sus sucesores/ sustitutos. Por eso, esa agresividad debe ser nuevamente inhibida. Y así, explica la excesiva severidad del Superyó, que toma el deseo por el acto. Marcuse lo explica en términos de la eterna lucha entre Eros y el instinto de muerte, derivando de éste el impulso agresivo contra el padre.

 

  Es sobre la base de la renunciación que Eros comienza su trabajo cultural al combinar la vida en unidades cada vez más amplias. Pero también se acrecientan las prohibiciones e inhibiciones, así como los impulsos agresivos y sus objetos. Con ello crece por parte de la sociedad la necesidad de fortalecersus defensas y reforzar el sentido de culpa.

 

  La existencia de la civilización depende de la reglamentación y del control, que son extendidos e intensificados. Cada individuo contribuye con sus renuncias; primero, bajo el imperativo de la compulsión externa, que luego es interiorizada. Dice Freud que a partir de “estas fuentes han sido acumulados los valores públicos comunes del bienestar material e ideal de la civilización” (Cit. por Marcuse, p.87).

 

 

Conclusión

 

  A modo de conclusión, diremos, remitiendo nuevamente al artículo de Jensen, que el psicoanálisis es una “teoría de la violencia”, y agregamos del dolor y del sufrimiento colectivo resultante, cuya ubicuidad Freud descubre en todas las sociedades antiguas y presentes y en todas las culturas. Mientras Hegel veía en la inauguración de la modernidad “una espléndida alborada”, Freud en su confeso “pesimismo”, busca articular “la reflexión de una cultura que no se concibe ya idéntica a sí misma”.

 

  El malestar en la cultura dice Jensen “es también malestar de esa cultura que se ve a sí misma desgarrada”.

Con respecto a la relación entre Marcuse y las lecturas de Freud, el filósofo se sitúa a contra corriente de las interpretaciones de los miembros de las corrientes progresistas, en particular la de Eric Fromm, que consideraba que “el pesimismo freudiano” tenía un carácter conservador.

 

  En el Epílogo de Eros y civilización, expone su crítica a lo que se denomina el “revisionismo neo-freudiano”, dado que en sus expresiones se niega la centralidad de la sexualidad, de la sexualidad infantil y de la pulsión de muerte. Y en oposición a la posición de Eric Fromm, considera que, en el núcleo de los conceptos freudianos, se sitúa la posibilidad de una interpretación y de una teoría que puede conducir a la liberación de la humanidad encontrando en ella una “promesa de libertad”.

 

  La aceptación del concepto de la pulsión de muerte, considerada la parte más especulativa, la más filosófica del trabajo de Freud, enunciada en el giro de 1920, y la teoría biológica de las pulsiones, contienen, para Marcuse, su propia dimensión sociológica. Su propósito es historizar los conceptos freudianos, que son concebidos por Freud, como eternos, a-históricos y de carácter esencial.

 

  En ese sentido, para Marcuse, las categorías psicológicas, que tenían función y utilidad en una época histórica en la que el “individuo autónomo” existía, carecen de validez, cuando éste se ve absorbido en la cultura de masas. Así, remite a la intuición de Freud en “Psicología de las masas y análisis del yo”, cuando este dice que toda psicología es simultáneamente psicología social. Y tal, como el autor en cuestión expresa, apunta a revelar “la tendencia oculta del psicoanálisis”, −que es una tendencia a la liberación−, aplicando los principios de una puesta en perspectiva histórica, para poner de relieve, precisamente, la substancia histórica contenida en él.

 

 

Notas:

 

Freud, (1915 [2008]), “De guerra y muerte. Temas de actualidad”, Obras completas, Tomo XIV, Buenos Aires, Amorrortu.

Strachey J. (1984), “Nota introductoria”, en Freud, S., “Psicología de las masas y análisis del yo”, Obras completas, Tomo XVIII, Buenos Aires, Amorrortu.

Strachey J. (1986), “Nota introductoria”, en Freud, S., “El malestar en la cultura”, Obras completas, Tomo XXI, Buenos Aires, Amorrortu.

 

 

Bibliografía

 

-Assoun, P. L.: Introducción a la Epistemología Freudiana. Siglo XXI editores (2020), [Primera edición en francés 1981]e Introducción a la Metapsicología Freudiana. Paidós (1994). [Primera edición en francés 1993]

La Metapsicología. Siglo XXI Editores.Primera edición en español, 2002.

-Eisenberg, E.: El Dolor Psíquico. Angustia Neurótica. Dolor Melancólico. Masoquismo Perverso. Eudeba, Ciudad de Buenos Aires, 2015.

-Freud, S.: “Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico. Trabajos sobre metapsicología y otras obras” (1914-1916), Tomo XIV, Obras completas, Amorrortu editores, 2008.

Freud, S.: “Más allá del principio de placer. Psicología de las masas y análisis del yo y otras obras” (19220-1922) Tomo XVIII. Ibídem anterior.

Freud, S.: “El porvenir de una ilusión. El malestar en la cultura y otras obras” (1927-1931) Tomo XXI. Ibídem anterior.

-Giami, A.: “Eros et civilisation de Herbert Marcuse”. Séminaire du CERSES, Abril 2000, Paris, France. Pp.61-80.

-Jensen, H.: “Reflexiones sobre el inconsciente y la historia en Sigmund Freud”. Conferencia Agosto-Septiembre 1990, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad Nacional Heredia, Costa Rica en Ciencias Sociales 51-52: 79-88 (1991).

-Marcuse, M: Eros y Civilización. SARPE. Madrid (1953/1983).

-Marcuse, M: El hombre unidimensional. Seix Barral. Barcelona. (1968/1984).

-Plon, M., Rey-Flaud, H.: (directores) La pulsión de muerte. Entre psicoanálisis y filosofía. Ediciones Nueva Visión. Buenos Aires, (2004/2006).

 

 

Nota*: Este trabajo fue presentado en el marco del Seminario sobre Teoría: El Dolor Psíquico. Angustia. Melancolía. Masoquismo, de la Doctora Estela Eisenberg, en el Pos Grado de Psicoanálisis de la facultad de Psicología de la UBA.

 

Fotografía*: tomada en 1916. Incluida en el libro SIGMUND FREUD. His life in pictures & words. Editado por Ernst Freud, Lucie Freud and Ilse Grubrich-Simitis (Editorial W.W.Norton&compañy. New York, Londres)

 

 


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