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“El Horla” de Guy de Maupassant, narración de la emergencia del “objeto siniestro”. El tema del “doble”20/08/2015- Por Viviana Hanono - Realizar Consulta
El sentimiento de desposesión citado por Lacan en el Seminario de10, La angustia, las consideraciones que hace J. A. Miller en torno a la angustia lacaniana, y su remisión a lo siniestro freudiano orientarán mi trabajo. Elegiré como objeto de análisis, en el campo de la literatura fantástica, a la novela- cuento, “El Horla” de Maupassant, tomando en consideración, algunos de los aspectos que desarrolla T. Todorov en Introducción a la literatura fantástica; y aportes de E. Trías en Lo Bello y lo Siniestro.
Cruce entre el psicoanálisis y la literatura fantástica, a raíz de un fenómeno de despersonalización, en una esquizofrenia- paranoide. El tema del “doble”.
“Por otra parte el sentimiento de desposesión fue perfectamente señalado por los clínicos de la psicosis. En ella la especularización es extraña, odd, como dicen los ingleses, impar, fuera de simetría. Es El Horla de Maupassant, el fuera de espacio, en la medida en que el espacio es la dimensión de lo que se puede superponer”
Seminario de J. Lacan, Libro10. La Angustia (1962-1963)-
23/1/1963 (página 134).
J. A. Miller en su libro, La angustia lacaniana, explica la razón del rodeo que Lacan da por lo imaginario para introducir el afecto de angustia. Es por la vía de lo imaginario que la moción pulsional freudiana- el Triebregung - se convierte en un objeto extraño; incluso, se vuelve un objeto. De ahí, el aforismo de Lacan: “La angustia no es sin objeto” (pas sans). Es, precisamente, en esta fórmula, donde aparece el carácter del objeto del que se trata. No es un objeto normal, sino un objeto de otro tipo; o sea, que no pertenece al mundo de los objetos comunes. Y, refiriéndose a El Horla, agrega: “Su manifestación más perturbadora, más ansiógena, se da en la experiencia personal, autobiográfica, que refiere Maupassant en su novela El Horla, donde la despersonalización llega hasta el punto en que el personaje se descubre a sí mismo visto de espaldas”. [1] Es en este punto extremo, en que el anverso está en continuidad con el reverso y en el que el sujeto se confronta consigo mismo, que aparece el objeto a como inorientable y se presenta el tema del doble.
La cita de Lacan que figura en el epígrafe, las consideraciones que hace J. A. Miller en torno a la angustia lacaniana, en la obra citada y su remisión a lo siniestro freudiano orientarán mi trabajo. Elegiré como objeto de análisis, en el campo de la literatura fantástica, a la novela- cuento, El Horla de Maupassant[2], tomando en consideración, algunos de los aspectos que desarrolla T. Todorov en Introducción a la literatura fantástica[3], y aportes de E. Trías en Lo Bello y lo Siniestro[4].
Lo fantástico, en Maupassant, no proviene sólo de su imaginación sino también de sus propias angustias y temores, entre los que se destaca el temor a la locura. Podemos decir que se trata de una profecía autocumplida, ya que el autor, a raíz de del avance de los disfuncionamientos mentales que padece, es internado en un hospital psiquiátrico y termina suicidándose.
En El Horla, el miedo como amenaza constituye el elemento esencial. No surge de un peligro visible o racional sino de algo presente- ausente, que no se comprende; es decir, que escapa a todo proceso de racionalización. En muchos de sus relatos y en éste en particular, la noche y la soledad crean las condiciones de emergencia de lo fantástico.
Para ello, puede producirse, un acontecimiento inesperado- en este caso, el paso de un bergantín brasileño, delante de la casa que el protagonista- narrador habita frente al Sena. Así narra: “Después pasaron dos goletas inglesas… y un soberbio bergantín brasileño, blanco y admirablemente limpio y reluciente. Saludé su paso sin saber por qué, pues sentí placer al contemplarlo” (pág. 22). Con el avance del relato, veremos que, aquí, reside para el protagonista el origen de su mal: una epidemia de locura venida del Trópico que llega con el soberbio bergantín: “Nos llega una noticia muy curiosa de Río de Janeiro. Una epidemia de locura… se ha producido en el Estado de San Pablo”;” Los habitantes despavoridos abandonan sus casas…. creyéndose poseídos y dominados… por seres invisibles aunque tangibles,…que se alimentan de sus vidas mientras los habitantes duermen…” (pág. 60). Y agrega: ¡Ah! ¡Ahora recuerdo el hermoso bergantín brasileño que pasó frente a mi ventana…”. “Allí estaba él…..”¡Y me vio!...y saltó del navío a la costa” (pág. 61).
También, puede surgir un error en la percepción, una extraña falta de la propia imagen en el espejo: “se veía como si fuera pleno día, ¡y sin embargo no me vi en el espejo!... “Mi imagen no aparecía y yo estaba frente a él! (pág. 68).
Incluso, manifestarse una alteración de los sentidos auditivos y sobre todo visuales-“parece que me gritará su nombre y no lo oyese… el…sí grita…Escucho… ¿cómo?...repite…el…Horla… He oído…el Horla… es él… ¡el Horla… ha llegado “ (pág63). “Sentía que él estaba allí, pero que se me escaparía otra vez, con su cuerpo imperceptible que me impedía reflejarme en el espejo” (pág. 68)”. “¡Lo había visto! Conservo el espanto que aún me hace estremecer”. (pág. 68) Con estos avatares, la razón del protagonista se altera y personaje y relato caen en la angustia y en lo extraño que conducen a lo fantástico.
A ello, se suma que lo fantástico, para Maupassant, parte de lo cotidiano, y como permanece cercano a la realidad, se vuelve más inquietante. Al miedo, provocado por un disfuncionamiento de los sentidos, le sucede el terror y la locura, como aparece en la progresión del relato: el protagonista se siente perseguido, espiado, acosado por una presencia invisible, superior y omnisciente: “¿Es acaso el fin del mundo? Pero quien es el ser invisible que me domina? ¿Quién es ese desconocido, ese merodeador de una raza sobrenatural?”(pág. 55).
Como lectores, asistimos a la repetición de una ilusión obsesiva sobre una presencia misteriosa que toma la forma inquietante y hostil de otro- ¿tal vez, un doble? :” Entonces… yo era sonámbulo, y vivía sin saberlo esa doble vida misteriosa que nos hace pensar que hay en nosotros dos seres, o que a veces un ser extraño desconocido e invisible anima, mientras dormimos nuestro cuerpo cautivo que le obedece como a nosotros y más que a nosotros” (pág. 37).
El protagonista asiste a la confirmación de esta existencia misteriosa. Lo muestran los episodios de la desaparición del agua y de la leche de su mesa de noche sin que él la beba; el corte de una rosa que vuela por el aire sin que ninguna presencia lo acompañe, en su paseo por el jardín que rodea su casa; las página del libro, dejado abierto sobre la mesa, que dan vuelta solas como si alguien- “ un dedo” las moviera; las reiteradas pesadillas, en las que siente que lo estrangulan, que beben su sangre, que le clavan un cuchillo en el pecho, que absorben su hálito.. .También se agudiza su angustia y su miedo con el avance de los síntomas de la locura. El protagonista se pregunta si padece de un hechizo, si está sugestionado, si es juguete de su “enervada imaginación” o, en definitiva, si ha perdido la razón. Sabe que no comprende porque no puede explicarse las causas y concluye que ante esa ausencia de respuestas la imaginación lo conduce a conjeturar la existencia de “impresionantes misterios y poderes sobrenaturales”. Sin embargo, concluye con un” pasaje al acto”. Una noche, el protagonista, para deshacerse de su perseguidor,- a quién encierra en su casa,- le prende fuego y comete un homicidio involuntario, el de los criados que dormían en sus habitaciones.” Pero se oyó un grito en medio de la noche, un grito de mujer horrible…” (pág.72).” ¡Me había olvidado de los criados” (pág. 72) “Veía esa masa de fuego por todas las ventanas abiertas hacia ese enorme horno, y pensaba que él estaría allí, muerto en ese horno…” (pág. 73).
Pero surge una duda en el protagonista: “¿Y si no hubiera muerto? Tal vez sólo el tiempo puede dominar al Ser invisible y Temido” (pág. 73). ¿La destrucción prematura?¡ Todo el temor de la humanidad procede de ella! Después del hombre el Horla”. El relato termina con la certeza del protagonista: “No… no… no hay duda, no hay duda… no ha muerto… entonces tendré que suicidarme” (pág.73). Esta certeza es el signo más evidente de su locura.
Retomando el tema del género fantástico, Todorov afirma que éste tiene que ser considerado un producto de finales del siglo XVIII, que alcanza su apoteosis en el siglo siguiente y se muere con el nacimiento del siglo XX. Para el autor, la desaparición del género tiene que ver con la creación del psicoanálisis, si se admite que lo fantástico expresa de forma figurada las angustias y pulsiones de personajes, autores y lectores, la aparición del psicoanálisis significará la liquidación racional de este género basado en lo irracional.[5] Dice Todorov:” el psicoanálisis reemplazo (y por ello mismo volvió inútil) la literatura fantástica” (opus citado, pág. 116).
Siguiendo al autor, se puede decir que lo fantástico se separa de otros géneros, de acuerdo a una propiedad particular: el valor dado al incidente sobrenatural, su causa y la reacción que despierta en el lector. Para Todorov existen tres categorías dentro de lo que considera la ficción no realista: lo maravilloso, lo extraño y lo fantástico. Y estas se diferencian por la forma en que se explica al final del relato la presencia de los elementos sobrenaturales. La explicación racional pertenece a lo insólito, lo extraño; en este caso lo que desafiaba a las leyes físicas corresponde a un engaño de los sentidos. Si el fenómeno sobrenatural permanece sin explicación estamos en lo maravilloso, lo irracional forma parte del universo del relato. Finalmente, el género fantástico se encuentra entre ambos y solo se mantiene el efecto fantástico mientras el lector duda entre la explicación racional y la irracional. Debe mantenerse la ambigüedad en el relato y la vacilación en el lector. Dado que lo fantástico remite al tiempo de la incertidumbre, hasta que el lector opte por una u otra solución. Es decir, que para Todorov, cuando acaba la narración el texto no permanece siendo fantástico.
La teoría de Todorov tiene un antecedente precisamente en lo expresado un siglo antes por el propio Maupassant en una crónica titulada Lo fantástico[6], en la cual afirma que el hombre de finales del siglo XIX, ya no puede creer en las leyendas antiguas y que su percepción sobre lo sobrenatural ha cambiado para siempre. La causa, los progresos técnicos que lograron influir en los individuos y en su visión del mundo .Así, el autor debe ser más sutil para provocar la inquietud, la duda y el temor propios del género. Por ello dice:” Sin embargo, cuando al fin la duda ha penetrado en los espíritus, el arte se ha vuelto más sutil. El escritor ha buscado los matices, ha intentado rodear lo sobrenatural más que penetrarlo. Ha encontrado efectos terribles permaneciendo en los límites de lo posible, arrojando el alma a la vacilación, a la confusión.”[7]
Maupassant insiste en que lo que distingue a un relato fantástico de un cuento de hadas- que corresponde a lo maravilloso- es la oportunidad que da al lector de identificar el universo representado como el suyo propio y de intentar racionalizar los elementos sobrenaturales que quiebran las leyes del mundo y la posibilidad de conocimiento racional de la realidad. También, reitera la importancia de la presencia del temor en la identificación del relato fantástico. Todorov no coincide en este aspecto ya que lo considera un elemento que prevalece pero que puede no estar presente, o sea, que no es una condición necesaria de la existencia del género.
Sin embargo, ambos autores coinciden en que el miedo que debe provocar un relato fantástico no corresponde a la anticipación de circunstancias negativas, sino a un temor que está en el límite de lo indecible y cuya causa es la falta de explicación natural ante determinados fenómenos.
Volviendo a El Horla, el relato es, en definitiva, la historia de un hombre que enloquece a causa de la invasiva presencia de un doble maligno. Y como dijimos, algunos autores consideran que en el cuento se pueden advertir las claves ocultas de una confesión autobiográfica- por ejemplo, J. A. Miller. Para esta tradición sus relatos fantásticos son un presagio, ya manifestación, ya exorcismo de su propia enfermedad. Ésta se evidencio, en sus últimos años, cada vez más agudamente, a través de crecientes trastornos mentales.
Para culminar una pregunta a la que intentaré responder: ¿Por qué se pude relacionar este cuento con Lo siniestro – Das Unheimlich- freudiano? En su texto Freud define a lo siniestro- lo ominoso- como aquello que debiendo permanecer oculto se manifiesta. Para E. Trías, en el texto citado, Freud sigue a Schelling, dado que éste autor dice: “Lo siniestro (Das Unheimliche) es aquello que debiendo permanecer oculto se ha revelado”.[8]
Aquí lo ominoso aparece como “eso” invisible que señala la ausencia del objeto y somete al sujeto. Lo siniestro, según Freud, es lo íntimo y familiar que retorna de lo reprimido. Respecto del cuento, se puede decir que algo o alguien que debería ser visible y tangible aparece situado fuera del campo de la percepción, y sin embargo produce efectos en la conducta y el talante del narrador -protagonista y lo conduce a la locura.¿ Cuál es el carácter siniestro? Se puede responder que se trata de “el doble”, que, para algunos autores, representa al” mensajero de la muerte”. Y esto se cumple en este caso como lo expresa Lacan en el Seminario X al que ya hice referencia.” La imagen especular se convierte en imagen extraña e invasora del doble, se convierte en lo que le ocurre poco a poco al final de la vida a Maupassant, cuando comienza a dejar de verse en el espejo, y de lo que inmediatamente sabe, que él mismo no deja de tener relación con ese fantasma: cuando el fantasma se da vuelta ve que es él mismo…”[9]
En suma, el misterio pasa por la relación del personaje consigo mismo, por la fiabilidad de lo que siente y piensa – remite a los temas del Yo en Todorov. La narración se articula en torno a la duda y el relato se hace plausible, cuando como lectores admitimos el grado de veracidad que puede tener, en estrecha relación con la subjetividad del autor. Lo extraño es el hecho de experimentar un fenómeno de esta naturaleza. Se puede decir que aquí lo fantástico no se opone a lo real y aunque el drama psicológico termina en la enajenación queda al arbitrio del lector decidir si se trata de un delirio o de un fantasma.
Bibliografía
Freud Sigmund, Lo siniestro (1919), Tomo XVII, Una neurosis demoníaca en el siglo XVII (1922), Tomo XIX. Obras Completas, Amorrortu editores, Buenos Aires- Madrid.
Lacan Jacques, El Seminario. Libro 10. La Angustia. Clase IX, 23/ 1/ 1963. Editorial Paidós. Buenos Aires- Barcelona- México.
El Seminario. Libro 11. Los cuatro conceptos del psicoanálisis. Clase 2, 22 /1/1964. Editorial Paidós. Buenos Aires- Barcelona- México.
López Héctor, “La Universitas litterarum en la formación de los analistas”, en La Instancia de Lacan.
EUDEM, Mar del Plata, 2011.
Malpartida D., Freud, sturm und drung (Freud y el romanticismo). Publicado en Actualidad Psicológica, Literatura y Psicoanálisis ( Bs. As.- Santiago, Enero del 2004. N° 21). Enviado por la cátedra.
Miller Jean Jacques, La angustia lacaniana, Buenos Aires: Paidós, 2008.
Maupassant Guy, El Horla (1887). Prólogo de Griselda Gambaro. Editorial Argonauta, S.A. Barcelona/ Buenos Aires. 1988.
Todorov Tzvetan, Introducción a la literatura fantástica, Premia Editora, México 1980. Enviado por la cátedra.
Trias Eugenio, Lo Bello y lo Siniestro, Editorial Ariel, Buenos Aires, 2006.( ídem).
También he consultado:
Maupassant par les textes. Site de l´Association des Amis de Guy de Maupassant.
El Prólogo de Adolfo Bioy Casares (1940), a La Antología de la Literatura fantástica , Borges J.L.- S. Ocampo y A. Bioy Casares, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1965.
Los prólogos a El Horla de G. Gambaro, opus citado y el de Esther Benítez, opus citado.
Los textos: “El Horla”, Una estética de lo siniestro, de Federico Manson, y” La angustia como fenómeno de borde en el campo de lo imaginario, de Michel Sauval, “La Angustia “- J. Lacan, Lectura del Seminario (notas y comentarios). Sesión del 23/1/1963. Ambos consultados en línea.
[1] .J. A. Miller, La angustia lacaniana, Buenos Aires: Paidós, 2008, cap. VI, pág. 120.
[2] Maupassant G. El Horla, 1988. Editorial Argonauta S. A. Barcelona/ Buenos Aires. Las citas de Maupassant, salvo aclaración, pertenecen al cuento El Horla, en su segunda versión (opus citado). La selección de las citas no tiene carácter exhaustivo.
[3] Tzvetan Todorov, Introducción a la literatura fantástica, Premia Editora, México, 1980.
[4] Eugenio Trías, Editorial Ariel, 3era edición, Buenos Aires, 2006.
[5]Contradice esta afirmación de Todorov el hecho de que la producción literaria fantástica de la segunda mitad del siglo XX, muestra que el género está aún presente. Citaré a la obra de Julio Cortázar, Casa tomada, (1946) que fue uno de los textos propuestos como lectura en el curso del Seminario.
[6] Le fantastique, publicado en Le Gaulois en 1883.
[7] Citado por Esther Benitez, en G. de Maupassant, El horla y otros cuentos fantásticos, selección, prólogo y traducción de Esther Benitez, Madrid: Alianza Editorial, 1979, Versión corregida por la autora para su publicación en Saltana. Consultado en línea.
[8] Eugenio Trías. Epígrafe de Lo Bello y lo Siniestro. Opus citado.
[9] Citado por Federico Manson, en “El Horla”, Una estética de lo siniestro. En Arte, Psicoanálisis y Subjetividad. Trabajos de Investigación Clínica y de Inserción del Psicoanálisis en diversas Áreas Temáticas. Consultado en línea.
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