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El saber del analista tras el sendero de Nicolás de Cusa

20/07/2004- Por Juanjo García - Realizar Consulta

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En Nicolás de Cusa encontramos la valoración positiva del "deseo de saber". Nuestros conceptos de las cosas sólo son aproximadamente exactos. Siempre habrá una serie infinita de conceptos más aproximados a las cosas. La verdad absoluta siempre escapa al conocimiento finito. Hay una inadecuación constitutiva entre la representación y la cosa, que implica una imposibilidad irreductible en términos absolutos.

 

     En “Variantes de la cura tipo” Lacan aborda una problemática fundamental: la práctica misma del psicoanálisis por parte de los analistas. En el inicio mismo del trabajo discute las implicancias supuestas en el título (que le había sido dado por Henry Ey).  Hablar de “cura tipo” supone una terapéutica estándar, ajustada a una norma. Tal modelo pretende una eficiencia  sostenida en un “para todos lo mismo”.  Este “para todos”, correlativo de norma y estandarización,  nos ubica en la esfera del universal y del saber sobre el mismo. Esta temática, que no por casualidad fue tan cara al pensamiento medieval, está en el centro de la discusión de Lacan en torno a la práctica del psicoanálisis. Tal práctica se sostiene en una ética que implica una posición acerca del saber, la verdad y la palabra. En el último tramo del escrito Lacan se sumerge directamente en estos problemas.

 El título mismo del apartado, que hace referencia a la necesidad de que la analista ignore lo que sabe, anticipa la alusión directa que Lacan realizará, en el último párrafo del texto, a la obra de Nicolás de Cusa, "La docta ignorancia". Se trata de un autor del siglo XV, que de modo no poco original,   se transforma tal como lo define Alexandre Koyré en "El último gran filósofo de la edad media, que rechazó por primera vez la conservación cosmológica medieval"1, en la medida que "a él se le atribuye frecuentemente el mérito, o el crimen, de haber afirmado la infinitud del universo"2(A K pag. 10). Si bien no se puede sostener categóricamente esto último, si se puede señalar con certeza que en el pensamiento de Nicolás de Cusa existe una explícita negación de la finitud del mundo y su encierro dentro de los muros de las esferas celestes. En la medida en que sólo Dios es infinito, no afirma positivamente la infinitud del mundo sino que lo presenta como "interminado”. Tal idea implica dos aspectos: un universo carente de fronteras, por un lado, e indeterminado, carente de precisión y determinación estricta por otro. En él, la concepción metafísica deriva en una posición gnoseológica. Esta última es la que presenta bajo el nombre de " docta ignorancia". Uno de los aspectos fundamentales de ésta es la imposibilidad de construir una representación unívoca y objetiva del universo, en la medida en que éste no es sino un objeto indeterminado del que sólo se puede tener un conocimiento parcial, relativo y conjetural. "Las concepciones metafísica y epistemológicas de Nicolás de Cusa, su idea de la coincidencia de los opuestos en el absoluto que los trasciende, así como el concepto correlativo de la docta ignorancia como acto intelectual que capta esta relación que trasciende al pensamiento discursivo y racional, siguen  y desarrollan el modelo de las paradojas matemáticas implicadas en la infinitización de ciertas relaciones válidas para objetos finitos"3. (A K pag. 13).

 

 En el capítulo 3 que tiene por título "Que la verdad exacta es incomprensible", nos dice: "Dada,  pues, cualquier cosa, que no sea el mismo máximo absoluto, es evidente que es dable que exista una mayor. Y puesto que hallamos una igualdad gradual, de tal modo que una cosa es más igual a una determinada que otra, según conveniencia y diferencia genérica, específica, influyente según el lugar y el tiempo y otras semejantes, es manifiesto que no pueden hallarse dos o varias cosas tan semejantes e iguales que no sea posible hallar posteriormente un número infinito de otras más semejantes.

 

“De ahí que siempre permanecerán diferentes, por muy iguales que sean, la medida y lo medido.

 

“Así, pues, el entendimiento finito no puede entender con exactitud la verdad de las cosas mediante la semejanza. La verdad no está sujeta a más o menos, consistiendo en algo indivisible, a lo que no puede medir con exactitud ninguna cosa que no sea ella misma lo verdadero; como tampoco el círculo, cuyo ser consiste en algo indivisible, puede medirle el no-circulo. Así, pues, el entendimiento, que no es la verdad, no comprende la verdad con exactitud, sin que tampoco pueda comprender la, aunque se dirija hacia la verdad mediante un esfuerzo progresivo infinito; al igual que ocurre con el polígono con respecto al círculo, que sería tanto más similar al círculo cuanto que, siendo inscrito, tuviera un mayor número de ángulos, aunque, sin embargo, nunca sería igual, aun cuando los ángulos se multiplicaran hasta el infinito, a no ser que se resuelva en una identidad con el círculo. Es evidente, pues, que nosotros no sabemos acerca de lo verdadero, sino que lo que exactamente es en cuanto tal, es algo incomprensible y que se relaciona con la verdad como necesidad absoluta, y con nuestro entendimiento como posibilidad "4 ( N C pag. 27- 28).

 

En primera instancia, aparece como novedosa la ruptura con la idea de la finitud del conocimiento. En el mundo cristiano éste estaba vinculado estrictamente a la salvación del alma. En Nicolás de Cusa encontramos la valoración positiva del "deseo de saber"5(N C pag.21). Nuestros conceptos de las cosas sólo son aproximadamente exactos. Siempre habrá una serie infinita de conceptos más aproximados a las cosas. La verdad absoluta siempre escapa al conocimiento finito. Hay una inadecuación constitutiva entre la representación y la cosa, que implica una imposibilidad irreductible en términos absolutos. Sólo existe una gradual aproximación sin fin. En vez de un conocimiento total de la realidad, el hombre debe conformarse con la ignorancia. Pero esta ignorancia no es simple ausencia de conocimiento, sino una ignorancia que resulta del conocimiento de las limitaciones del entendimiento humano. Esta es la docta ignorancia que no desemboca en el escepticismo sino que sabe que no sabe. Lo incomprensible se incorpora  permitiendo ir más allá de las limitaciones del entendimiento humano. Es decir, que la imposibilidad del conocimiento absoluto, lejos de funcionar como obstáculo e impotencia, se transforma en la causa del deseo de saber.

 

 En el momento en que Lacan diferencia discurso verdadero y palabra verdadera, ubica al primero en relación con la pretensión de un saber objetivo de la realidad. Tal pretensión implica la concepción de verdad como adecuación del concepto a la cosa. Pero esta  no es la vía del psicoanálisis..."el analista se distingue en que hace de una función que es común a todos los hombres un uso que no está al alcance de todo el mundo cuando porta la palabra."6. Solo si hace callar en él el discurso intermedio que lo pierde en los espejismos de lo imaginario, podrá abrirse a la cadena de las verdaderas palabras, haciendo posible "colocar en ella su interpretación reveladora"7. Al rescatar la premisa de Freud de que "la ciencia analítica debe  volver a ponerse en tela de juicio en el análisis de cada caso"8, introduce la temática de la ignorancia que ya anticipa en el título del apartado. "El fruto positivo de la revelación de la ignorancia es el no saber, que no es una negación del saber, sino su forma más elaborada."9. Lacan propone entonces, la formación de los analistas precisamente en ese no saber, como único medio que permita evitar que se transforme en simples "robot de analistas"10. Precisamente cuando éste cree saber lo que la palabra tiene que decir, dejar de "portar la palabra"11, produciendo como efecto inexorable el cierre del inconsciente. Es por eso que "el análisis no puede encontrar su medida sino en las vías de una docta ignorancia."12.

 

NOTAS

1. Alexander Koyré, “Del mundo cerrado al universo infinito”, pág. 10, Siglo XXI, 1992.

2. Ídem, pág. 10.

3. Ídem, pág. 13.

4. Nicolás de Cusa, “La docta ignorancia”, pág. 27, 28, Ediciones Orbis, 1984.

5. Ídem, pág. 21.

6. Jacques Lacan, “Variantes de la cura tipo”,  Escritos 1, pág 337.  ,Siglo XXI, 1985.

7. Ídem, pág. 340 .

8. Ídem, pág. 344.

9. Ídem, pág. 345.

10. Ídem, pág. 345.

11. Ídem, pág. 337.

12. Ídem, pág. 348.

 

BIBLIOGRAFÍA

1. Alexander Koyré, “Del mundo cerrado al universo infinito”, Siglo XXI, 1992.

2. Nicolás de Cusa, “La docta ignorancia”, Ediciones Orbis, 1984.

3. Jacques Lacan, “Variantes de la cura tipo”,  Escritos 1, Siglo XXI, 1985.

 


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