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La sexualidad femenina en la primera enseñanza de Lacan08/11/2012- Por Daiana Soledad Romero -
“La sexualidad femenina en la primera enseñanza de Lacan” examina las elaboraciones lacanianas acerca de dicha temática entre los años 1955 y 1960. Sigue rigurosamente el concepto de falo y los diversos estatutos que el mismo va tomando a lo largo de la obra para analizar, en cada oportunidad, los desarrollos acerca de la sexualidad que se desprenden de cada presentación. Luego del análisis de la incidencia del falo imaginario en el mundo simbólico del sujeto que organiza la sexualidad, aborda los principales desarrollos centrados en el falo como significante. Presenta las posiciones sexuales como resultado de la ubicación de un sujeto respecto de este único elemento que inscribe la castración, la relación entre los sexos de acuerdo a la dialéctica fálica y el deseo y, específicamente, la posición femenina en función del parecer ser, por identificación al falo y a las manifestaciones esperables para su sexo. Finalmente puntualiza como Lacan entreve, ya a esta altura, lo propiamente femenino como un goce más allá del falo que lo conduce a ubicar a la mujer como lo radicalmente Otro.
La ausencia de respuesta frente a la pregunta por lo femenino invita a una continua indagación. Con ese objetivo me propongo, esta vez, adentrarme en la primera época de la enseñanza de Lacan para abordar sus elaboraciones al respecto.
Con ese fin examinaré principalmente algunos capítulos del Seminario 3 y del Seminario 5 y los artículos “La significación del falo” e “Ideas directivas para un congreso sobre la sexualidad femenina”, textos escritos entre 1955 y 1960.
Analizaré el concepto de falo como articulador central de los desarrollos que Lacan propone en ésta época, en que lo designa como el significante de la razón del deseo. Investigaré sobre las posiciones sexuales femenina y masculina como resultado de una identificación, según la ubicación de un sujeto con respecto al único elemento simbólico que inscribe la castración.
Indagaré, asimismo, cómo la relación entre los sexos es pensada de acuerdo a la dialéctica fálica y el deseo. Por el lado del tener o del parecer el hombre y la mujer se construirán un ser para convocar el deseo del Otro que les permita un encuentro con el partener que a nivel de relación no es más que una comedia.
Este recorrido por los primeros artículos de Lacan que puedan dar luz sobre la cuestión de lo femenino implica el armado de una base a partir de la cual avanzar en un próximo ensayo sobre la clínica de la sexuación.
Palabras claves: sexualidad femenina, significante fálico, identificación sexual, deseo.
Introducción
Lacan articula los desarrollos acerca de la sexualidad femenina en esta primera parte de su enseñanza centrándose en el concepto de falo, concepto que toma diversos estatutos a lo largo de su obra. Indagaré la construcción de dicho concepto desde su prevalencia imaginaria, durante los primeros tiempos, hasta su desplazamiento al registro simbólico, una vez elevado a la calidad de significante, y su designación como “significante de la razón del deseo”. Analizaré en cada oportunidad la enseñanza que Lacan presenta acerca de la sexualidad que se desprende de dicha conceptualización, en especial, en lo concerniente a la feminidad.
Expondré, en un primer momento, cómo Lacan trabaja la incidencia del falo imaginario en el mundo simbólico del sujeto. Trabajaré sobre la repercusión del falo como imagen faltante en la disimetría significante que impide nombrar lo femenino y, luego, la cuestión del falo como significado producto de la estructuración edípica.
En un segundo momento, introduciré la conceptualización del falo como significante. Incluiré en este punto el falo como medida común, las posiciones sexuales como resultado de una identificación, la dialéctica del deseo para pensar la relación entre los sexos y algunas cuestiones relativas al amor.
Señalaré, sobre el final del ensayo, cómo Lacan, ya en alguno de estos artículos, vislumbra que el falo resulta insuficiente para pensar lo relativo a la sexualidad femenina al ubicar el goce femenino más allá de la lógica fálica y a la mujer como lo radicalmente Otro.
Desarrollo
Prevalencia del falo imaginario y sexualidad femenina
Comencemos por señalar que la posición sexual de un sujeto no es un dato que arroje la biología. Que alguien llegue a definirse como hombre o mujer está en el ser humano ligado al reconocimiento simbólico, más precisamente, por su condición de ser hablante. Se requiere de la implicación subjetiva del sexo por parte de un sujeto y es en este punto donde el complejo de Edipo, introducido por Freud y articulado por Lacan desde otra perspectiva, viene a cumplir su papel de ser el aparato simbólico que instaura la ley en la sexualidad.
En esta primera parte del trabajo, analizaremos las presentaciones imaginarias del falo y su repercusión en el mundo simbólico del sujeto que organiza la sexualidad. Si bien, el falo imaginario no puede ser pensado de forma autónoma respecto de lo simbólico proponemos presentarlo de este modo, como una forma posible de abordaje, debido al hecho que Lacan mismo oscila durante un tiempo en su conceptualización y lo trabaja en esta línea. Aún así, debemos tener en perspectiva la articulación de los registros que iremos de a poco desarrollando.
Ausencia imaginaria, disimetría significante
Un primer artículo en el que podemos rastrear la conceptualización que Lacan desarrolla sobre la temática de la sexualidad femenina alrededor de los años 50 es el seminario 3 Las Psicosis (1955-1956).
El sujeto neurótico es presentado como aquel que se ve llevado a interrogarse sobre si mismo debido a que lo simbólico carece de significante sobre dos puntos precisos que cuestionan su ser: lo femenino y la existencia. El agujero en lo simbólico se hace sentir a nivel del narcisismo, movilizando el ideal de unidad que la identificación no termina de proveer.
La ausencia de simbolización del órgano femenino conduce a la disimetría en la realización del sexo en el complejo de Edipo en el hombre y en la mujer –articulaciones trabajadas por Freud[1] desde otras coordenadas.
Destaquemos la importancia que Lacan otorga al falo imaginario en su incidencia en el mundo simbólico, dice “Hablando estrictamente no hay, diremos, simbolización del sexo de la mujer en cuanto tal… lo imaginario solo proporciona una ausencia donde en el otro lado hay un símbolo muy prevalente.”[2] El falo como imagen faltante repercute a nivel simbólico incidiendo en la realización del Edipo y ordenando las posiciones sexuales.
El complejo de castración cobra importancia en la realización del Edipo debido al hecho de que cada sujeto, tanto mujer como varón, se ve llevado a tomar una posición frente al falo como único elemento simbólico, “Esta disimetría significante determina las vías por donde pasará el complejo de Edipo. Ambas vías llevan por el mismo sendero: el sendero de la castración.”[3]
Decimos, por un lado, que el falo es el único elemento simbólico ya que no hay simbolización del sexo de la mujer y, por otro lado, hablamos de la prevalencia imaginaria del falo en estos trabajos de Lacan, oscilación que aparecerá durante este periodo. A posteriori, podremos decir que lo imaginario del falo no es sin lo simbólico, pero hasta llegar a una clara conceptualización simbólica del mismo, mantendremos la dicotomía que se puede observar.
Hasta ahora hemos ubicado cómo la ausencia del falo en lo imaginario se articula a la disimetría significante dando lugar a la realización de la sexualidad por medio de un único elemento simbólico frente al cual cada sexo toma posiciones diferentes. Veremos luego que estas posiciones estarán dadas por medio de una identificación como saldo del paso por el Edipo.
Con estas conceptualizaciones no es de sorprender que a esta altura Lacan presente la falta de representación de lo femenino en el inconsciente como una dificultad en la mujer para el logro de la identificación que le permitiría la realización de la sexualidad, señala “El sexo femenino tiene un carácter de ausencia, de vacío, de agujero, que hace que se presente como menos deseable que el sexo masculino en lo que éste tiene de provocador.”[4]
Esta definición será cuestionada luego. Por una parte, porque tampoco el hombre logra una identificación adecuada ya que la neurosis, en general, es referida a una falta de identificación. Por otra parte, debido al hecho de que, en su última enseñanza, Lacan llegará a ir más allá de lo simbólico interesándose por lo real, lo que le permitirá hacer un uso positivo de la ausencia.
En el seminario que estamos trabajando Lacan señala, además, una de las consecuencias de la falta de representación del sexo femenino para la mujer. Indica que el símbolo prevalente le sirve al hombre para lograr una identificación sexual apropiada, por lo que el varoncito tomará del padre aquello que le permitirá su realización viril.
La mujer, por su parte, carece del material que se supondría propiamente femenino al cual identificarse y, por eso, se ve llevada a hacer un rodeo adicional. La prevalencia de la gestalt fálica, único elemento simbólico para la realización de la sexualidad para los dos sexos, llevaría a la mujer a identificarse con el padre.
Mencionemos que este recurso identificatorio para la mujer implica más una respuesta que tapona una ausencia que una solución. Así la feminidad se presenta como enigma[5] ante el cual un sujeto puede detenerse. Interrogar lo femenino es, según Lacan, lo contrario de llegar a serlo.
Objeto imaginario del deseo
Más tarde, el falo pasa a ser presentado como el objeto imaginario del deseo de la madre ofrecido a la identificación del sujeto y la falta de identificación, que había sido trabajada como el déficit identificatorio narcisista -que conducía al sujeto al cuestionamiento de su ser-, es retomada como identificación fálica, lo que produce un salto importante. Miller dice “al lugar del estadio del espejo viene el estadio del deseo de la madre, donde prevalece la imagen fálica ofrecida a la identificación del sujeto.”[6] El sujeto neurótico estaría entonces movilizado por ser el falo de la madre, identificarse con el objeto imaginario de su deseo, el de ella, que la madre simboliza en el falo.
Dejemos indicado que si bien nos referimos al falo como objeto imaginario, el hecho de que la madre sin tenerlo, lo haga surgir, generando el lugar ofrecido a la identificación del sujeto, ya da cuenta del orden simbólico operando allí y el estatuto simbólico del falo mismo.
Antes de detenernos en el seminario 5, veremos como Lacan lo presenta en el artículo “De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de las psicosis” (1955-1956), contemporáneo al seminario indicado. Allí dice que se trata de “concebir cómo el niño, en su relación con la madre, constituida en el análisis, no por su dependencia vital, sino por su dependencia de amor, es decir, por el deseo de su deseo, se identifica con el objeto imaginario de ese deseo en cuanto que la madre misma lo simboliza en el falo.”[7]
De inmediato Lacan se ve llevado a considerar la repercusión de tal cuestión en lo referente a la sexualidad del sujeto, dice “Freud develó, pues, esta función imaginaria del falo como pivote del proceso simbólico que lleva a su perfección en los dos sexos el cuestionamiento del sexo por el complejo de castración.”[8]
Destacar la identificación del niño con el objeto del deseo de la madre implica tomar en cuenta respecto del falo su función de significación. Hay una significación fálica respecto del deseo de la madre, una imaginarización de su deseo y es allí donde el niño irá a identificarse esperando colmarla. Lacan trabaja la significación fálica como producto de la operatoria de una metáfora. Para precisarlo diremos que dicha significación es evocada en lo imaginario por el funcionamiento simbólico de la metáfora paterna. Esta permite concebir cómo el niño pasa del tiempo inicial a constituirse luego como hombre o mujer.
Metáfora paterna y significación fálica
En el seminario 5 Las Formaciones del Inconsciente (1957- 1958) Lacan desarrolla la operatoria de la metáfora paterna[9] en las neurosis. Por medio de esta conceptualización reescribe en términos estructurales el mito del Edipo planteado por Freud cuyo funcionamiento repercute directamente en la asunción del sexo por un sujeto. Si bien en la metáfora paterna se destaca el carácter de significación imaginaria del falo, como lo venimos planteando, dejemos indicado para desarrollar luego, que en el mismo seminario se produce un cambio con respecto al estatuto del mismo.
Lacan articula, a esta altura, el Edipo con el complejo de castración[10] en lo concerniente a la realización del sexo para un sujeto y la cuestión de la función del padre respecto de ambos.
La función del padre se presenta como aquella que posibilita la operatoria de la metáfora y su intervención efectiva es fundamental en el paso de uno a otro de los tiempos que luego Lacan considera para la misma. El padre es un significante que viene al lugar de otro significante, más precisamente, del significante materno y así funciona como mediación entre la madre y el niño.
Como ha sido indicado, el niño se ve llevado a identificarse con el objeto imaginario del deseo de la madre y, en este punto, la función del padre es la de intervenir para facilitarle al pequeño no quedar sometido al capricho materno. Su función es la de privar a la madre del objeto de su deseo, el falo, –aquello que ella no tiene y que solo lo tiene porque lo hace surgir a nivel simbólico- permitiéndole al niño abrir la dimensión en ella del deseo de Otra cosa que satisfacer el deseo del niño. Esto es posible en tanto exista para ella un orden simbólico del cual dependa que le permita fundamentar al padre como mediador.
Es interesante hacer notar que Lacan dice que el padre entra en función como aquel que castra, pero lo que es castrado no es el sujeto sino la madre. Lo que se plantea para el sujeto es la cuestión de aceptar o no esa privación. “Si el niño no franquea ese punto nodal, es decir, no acepta la privación del falo en la madre operada por el padre, mantiene por regla general… una determinada forma de identificación con el objeto de la madre…”[11]
El asunto que se juega para el sujeto es el de ser o no el objeto de la madre, “ser o no ser, to be or not to be el falo”[12] Para Lacan es allí donde el sujeto deberá elegir. Sin embargo, no es un elegir tan libre debido a que lo simbólico ha sido de antemano organizado por sus padres.
Lacan explica que hay una diferencia significativa entre esta alternativa y la que surgirá en otro momento de tener o no tener, ¿de que se trata?, así lo indica: “de él dependen estos dos hechos –por una parte, que el niño se convierta en un hombre, por otra parte, que la niña se convierta en una mujer. En ambos casos, la cuestión de tener o no tener se soluciona –incluso para aquel que, al final está en su derecho de tener, es decir el macho- por medio del complejo de castración”[13]
Puntuemos hasta en momento lo siguiente: el niño se identifica con el falo, objeto imaginario del deseo de la madre. La función del padre será la de mediar entre ambos para permitirle al niño no quedar atrapado allí, aunque es el sujeto el que deberá elegir ser o no ser el falo. En un segundo momento lógico, el sujeto también deberá elegir, esta vez, entre tener o no tener el falo, a consecuencia de lo cual podrá el niño convertirse en un hombre y la niña en una mujer. En ambos casos, la solución más prometedora implica la posibilidad de la pérdida, esto es, la articulación del Edipo con el complejo de castración. Nuevamente, es la función del padre la que incidirá en la solución que el sujeto pueda alcanzar allí.
De la metáfora paterna a la realización de la sexualidad
Si bien, la operatoria de la metáfora paterna es estructural, esto es, opera -entonces estamos en el campo de las neurosis- o no opera –para la psicosis- Lacan planteó, respecto del primer caso, su despliegue en tres tiempos lógicos. Pasemos a desarrollar en qué consiste cada uno de ellos.
En un primer momento el niño al entrever al falo en el deseo de su madre, buscará ser ese objeto y para ello se identificará imaginariamente con él. Lacan dice que es la etapa fálica primitiva en la cuál la metáfora paterna actúa en sí porque la primacía del falo esta instaurada por la existencia de la ley del símbolo.
Lacan señala que en este primer tiempo lo efectivo en cuanto al padre no es su intervención real sino la del significante del Nombre del Padre, esto es, la inscripción de dicho significante en lo simbólico. Lo demás implica la relación entre el deseo de la madre y el del niño que precipite la identificación de este último con aquel objeto que imaginariamente colma el deseo de ese Otro primordial.
Mencionemos que un sujeto no siempre logra instalarse cómodamente como objeto del deseo del Otro[14]. Esto depende de la legalidad que tengan las idas y venidas de la madre y de la forma en que ese Otro primordial aloje al sujeto.
En el segundo tiempo el padre interviene en el plano imaginario como aquel que priva a la madre. Este padre prohibidor y privador se ubica en el discurso del Otro materno, en el punto en el que ella no se remite a su ley sino a la del Otro. La madre pasa de ser un Otro absoluto, como lo era en el primer tiempo, a ser un Otro castrado, tachado. Además, la madre depende de un objeto que el padre tiene o no tiene.
Si bien el padre introduce un límite entre la madre y el niño, la función es siempre fallida y lo concerniente al deseo del Otro se juega para el sujeto. Es por esto que es fundamental la intervención efectiva del padre en este nivel.
En el seminario que estamos trabajando, Lacan dice que es importante que el pasaje de un tiempo al otro del Edipo se cumpla de la forma más acabada posible ya que el resto de identificación al falo de la madre da lugar a la posición perversa a nivel clínico. Asimismo, en el artículo “La significación del falo” (1958), que desarrollaremos luego, Lacan dirá que lo decisivo en cuanto a la cuestión de la falta de falo en la madre que se juega en el complejo de castración da lugar a efectos sintomáticos o estructurales.
Del tercer tiempo depende la salida del complejo de Edipo y el material con el que cada sujeto contará luego para su posición sexual. En este momento es fundamental la intervención del padre como real y potente. Este último ha demostrado que el falo lo daba en la medida que es portador de la ley. Para aquellos sujetos que logren pasar el segundo tiempo, el padre interviene en este tercero como aquel que tiene el falo y lo puede dar. El falo reaparece como el objeto deseado por la madre y no solo como aquel objeto del que ella es privada.
La salida favorable del complejo de Edipo en el caso del niño implica la identificación con el padre que constituye el Ideal del yo. Esto le permite al pequeño tener en reserva lo que se requiere para ser un hombre “el niño tiene en reserva todos los títulos para usarlos en el futuro”[15] Destaquemos que éste desarrollo está en línea con lo que en el seminario 3 Lacan indicaba respecto de la solución identificatoria para el hombre. El varón puede tomar del padre, identificación mediante, lo que luego le permitirá ser un hombre.
La mujer, por su parte “no ha de enfrentarse con esa identificación, ni ha de conservar ese título de virilidad. Sabe dónde está eso y sabe donde ha de ir a buscarlo, al padre, y se dirige hacia quien lo tiene…” Como hemos trabajado, no hay simbolización del sexo para la mujer, por lo cuál, si bien se dirige hacia el padre la identificación no le proporciona una respuesta satisfactoria en lo concerniente a la cuestión de su feminidad.
Lacan dice en línea con lo anterior “…una verdadera feminidad, siempre tiene hasta cierto punto una dimensión de coartada. Las verdaderas mujeres, eso siempre tiene algo de extravío.” [16] Freud ya había trabajado cómo en lo concerniente a la feminidad[17] el Edipo no cierra para la mujer y sí concluye para el hombre funcionado como ordenador. Indicaremos sobre el final del ensayo como, asimismo y siguiendo la cuestión del extravío, Lacan vislumbra que el falo como medida no alcanza a dar cuenta de lo femenino.
Significante falo y sexualidad femenina
Hasta ahora hemos destacado la repercusión del estatuto imaginario del falo en la sexualidad femenina. Comenzamos por mostrar cómo, en un primer momento, Lacan señala que la ausencia de falo a nivel imaginario repercute en la falta de simbolización del sexo femenino y que ésto da lugar a un déficit identificatorio narcisista en las neurosis llevando al sujeto a cuestionarse su ser.
Pasamos luego a considerar como la cuestión identificatoria es retomada en términos fálicos. El falo aparece como imagen ofrecida por la madre a la identificación del sujeto. La metáfora paterna, desplegada en tiempos lógicos, permite analizar cómo el niño pasa de este tiempo inicial a constituirse luego como hombre o mujer, siendo la función del padre fundamental en este recorrido.
Destacamos que el hombre consigue sus títulos de virilidad por identificación al padre, mientras que a la mujer la identificación –al padre- no le da una respuesta sobre su feminidad. Ella, por su parte, sabrá donde buscar lo que desea.
Sin embargo, Lacan introduce un estatuto diferente del falo en torno al cual se plantean los principales desarrollos sobre la sexualidad en este primer periodo de su enseñanza. Es por eso que pasaremos, en este punto, a considerar la sexualidad femenina en torno al falo como significante.
Significante fálico y deseo
Lacan introduce en el seminario comentado la posición de la mujer como objeto de deseo de un hombre, conceptualización que requiere considerar el estatuto del falo como significante y su articulación con dialéctica del deseo. El escrito “La significación del falo” condensa estos desarrollos, pero analizaremos, en este punto, el camino que Lacan recorre hasta llegar allí.
Cuando proponíamos que el niño va al lugar del deseo de la madre ya esbozamos la idea de lo simbólico operando, si bien priorizamos entonces la cuestión de la identificación imaginaria. Trabajaremos ahora las articulaciones que nos permitan plantear cómo llega Lacan a presentar al falo como el significante del deseo del Otro y la posición de la mujer desde esta perspectiva.
El estatuto del falo no es claro de entrada para Lacan quien oscila en considerarlo como una imagen o como un significante. Más de una vez se preguntará qué es el falo en su intento de definirlo. Así, por ejemplo, en el artículo “De una cuestión preliminar…” propondrá, al referirse al corte que produce lo simbólico en el organismo, respecto del falo lo siguiente: “Este momento de corte está asediado por la forma de un jirón sangriento: la libra de carne que paga la vida para hacer de él el significante de los significantes, como tal imposible de ser restituido al cuerpo imaginario; es el falo perdido del Osiris embalsamado”[18]
En el punto en que Lacan presenta al falo como un significante se ve llevado a articularlo a la cuestión del deseo. Explica: “la función constituyente del falo en la dialéctica de la introducción del sujeto a su existencia pura y simple y a su posición sexual es imposible de deducir si no hacemos de él el significante fundamental por el que el deseo del sujeto ha de hacerse reconocer como tal deseo, trátese del hombre o de la mujer.” [19]
Quedan articulados falo y deseo, un como signo de la falta y el otro cómo aquella movilización en el sujeto producto de esa hiancia, “este signo solo lo obtiene si se mutila de algo a cuenta de cuya falta irá todo el resto.” [20] El significante fálico, al implicar una falta, aquel corte en el viviente por habitar el lenguaje, da lugar al deseo.
Por ser un significante, es desde el lugar del Otro que el sujeto accede al falo, Lacan dice “ese significante no está allí sino velado y como razón del deseo del Otro, es ese deseo del Otro como tal lo que al sujeto se le impone reconocer, es decir, el otro en cuanto que es él mismo sujeto dividido de la spaltung significante.”[21]
El sujeto ubica al falo en el deseo del Otro en el punto en que lo descubre deseante. Deseo que se reconoce tachado, imposible de ser satisfecho por intermedio de la demanda, una vez que el sujeto se confronta con la falta fálica del Otro, como lo hemos desarrollado, en el segundo tiempo del Edipo, “en este deseo tachado por intermedio del Otro se produce el encuentro del sujeto con su deseo más auténtico, a saber, el deseo genital. Por esta razón, el deseo genital lleva la marca de la castración, dicho de otra manera, de determinada relación con el significante falo.”[22]
Luego de descartar que el falo sea un fantasma o un objeto Lacan alcanza la siguiente definición: “el falo… es un significante. Que sea un significante es lo único que nos permite concebir y articular las diversas funciones que adquiere en los distintos niveles del encuentro intersexual. Un significante, no basta con decir que es un significante. ¿Cuál? Es el significante del deseo.” [23]
Como vemos, significante fálico y deseo quedan anudados en un mismo movimiento, ambos son efectos en el sujeto de su inserción y constitución en el mundo del lenguaje y la palabra. La conceptualización del falo como significante del deseo será desplegada más adelante, pero detengámonos ahora en la cuestión del deseo para ampliar lo que estamos abordando.
El deseo
Respecto del deseo diremos, una vez más, que el mismo no es independiente del recorte que implica el lenguaje en el ser hablante. Este corte fragmenta las necesidades y las hace pasar por la estructura del significante convirtiéndolas en demanda.
La necesidad queda perdida para el ser hablante por tener que pasar por la cadena significante para ser satisfecha. Sin embargo, la demanda que así se constituye no recubre la necesidad por completo y arroja un resto. Este resto, nos dice Lacan, es lo que constituye el deseo, “el deseo no es ni el apetito de la satisfacción, ni la demanda de amor, sino la diferencia que resulta de la sustracción del primero a la segunda”[24] Lacan caracteriza a este resto que constituye el deseo como “paradójico, desviado, errático, excentrado, incluso escandaloso” [25] y explica que se afirma como condición absoluta.
El deseo queda ubicado en el intervalo que cava la demanda más acá y más allá de ella misma. Más acá de las necesidades que el Otro puede colmar, la demanda no es más que demanda de amor, aquello que el Otro puede dar. El sujeto por su carencia en ser se ve llevado a demandar al Otro su complemento, pero al Otro también le falta su ser y lo que puede dar es amor, el “don de lo que no tiene”[26]. Es demanda incondicional de la presencia y la ausencia.
Pero el deseo también se produce en el más allá de la demanda, lo cual remite a la metonimia del deseo. El deseo no va a ser satisfecho en la respuesta que se le pueda dar a la demanda, lo que se desea es siempre otra cosa que aquello que se articula con significantes, es lo que queda en el intervalo. Así decimos que el deseo es siempre deseo de otra cosa y esto es lo que ya señalamos como deseo tachado.
Un último aspecto interesante para señalar acerca del deseo que Lacan presenta en su artículo “La dirección de la cura y los principios de su poder” (1958) es el deseo como deseo del Otro, debido a que el mismo se constituye en el agujero abierto por los significantes de aquellos que representan para un sujeto al Otro. Dice “si el deseo está efectivamente en el sujeto por esa condición que le es impuesta por la existencia del discurso de hacer pasar su necesidad por los desfiladeros del significante” Continúa “si… hay que fundar la noción del Otro […] como lugar del despliegue de la palabra… hay que concluir que… el deseo del hombre es el deseo del Otro.”[27]
Quedan desplegadas las nociones de significante fálico y deseo para, posteriormente, desde esta dialéctica, plantear la relación entre los sexos.
Mujer como objeto del deseo del hombre
En base a las articulaciones precedentes despleguemos ahora la posición que Lacan propone a esta altura para la mujer como objeto del deseo del hombre. Situemos, para empezar, que ubicarse como objeto de deseo implica identificarse al falo como significante para causar desde allí el deseo del Otro. El problema que se le presenta a la mujer en la dialéctica del deseo es ser o no ser el falo.
Mientras Lacan expone que la mujer alcanzará su satisfacción por las vías sustitutivas del falo a donde irán el pene y luego el niño, ambos como fetiches, nos dice que, en el plano de su deseo, ella “se encuentra sujeta a la necesidad que implica la función del falo, en determinado grado variable, de serlo, dicho falo, en tanto que es el propio signo de lo deseado.”[28]
Un ejemplo permite figurar estos desarrollos mediante la articulación del falo como significante, el deseo y la mascarada, modalidad identificatoria de velar la falta en la mujer. Lacan trabaja sobre el análisis de un sueño de una paciente de Freud.
El ejemplo es sobre una mujer que en un sueño contesta “No vale la pena” a una pregunta de su marido. Esta frase la había dicho el día anterior en la casa de una amiga cuando le sugirieron que se quitara el abrigo. Freud recuerda que durante el análisis ella se había llevado la mano a la chaqueta, luego de abrirse un botón, como si dijera “no mire, no vale la pena”
En este punto introduce la posición de la mujer cuando se propone como el objeto del deseo del Otro. Ella se hace máscara, identificada al falo. Indica detrás del velo algo que se le presenta al deseo sin poder acceder allí porque no se lo va a encontrar. Lacan dice “al igual que no se puede ser y haber sido, tampoco se puede ser y no ser. Si es preciso que lo que no se es sea lo que se es, lo que queda es no ser lo que se es, es decir, rechazar lo que se es en el parecer” [29]
Esta es la posición fundamental de la mujer con respecto al hombre en lo concerniente al deseo: no hay que ir a ver detrás de la blusa porque no habrá más que significante del deseo. El velo es lo que cubre en el hombre al falo y en la mujer a la casi totalidad de su ser. Detrás del velo no hay más que significante falo, una ausencia. Es lo que Freud articulo como el horror básico a la mujer[30]. El Otro como objeto de deseo es percibido como falo, lo problemático es que se trata de una falta.
Lacan quiere articular la posición de la mujer pero presenta a este caso como un caso de histeria. Entonces, a esta altura de sus desarrollos ¿cuál sería la diferencia entre histeria y feminidad? Una mujer en posición femenina podría, sin quedar totalmente identificada al falo, hacer uso de la mascarada[31] para convocar el deseo de su partener, a diferencia del sujeto histérico que en lugar a consentir a esta posición, se abstiene y rechaza aquello que ha convocado.
Podemos notar que la posición sexual de la mujer está dada a esta altura por una identificación con el objeto que causa el deseo del Otro. Veremos como Lacan planteará las posiciones sexuales femenina y masculina como resultado de una identificación respecto del falo.
Medida fálica
Destacamos desde el comienzo del ensayo que la sexualidad de un sujeto no está dada por los datos de la biología. Insistimos en que, a pesar de que la implicación subjetiva del sexo por parte de un sujeto involucra el Edipo como aparato simbólico, hay un agujero en lo que respecta al sexo de la mujer en este registro que hace que no se cuente con dos significantes que inscriban una relación sino que es el falo la única referencia, la medida común, para ordenar dos posiciones.
La medida fálica es la consecuencia en el sujeto de su paso por el complejo castración e implica la puesta en juego de dicha falla simbólica que impide que, en la relación entre los sexos, funcione la idea de complemento o armonía que desde lo imaginario –como el amor, por ejemplo.- se puede suponer.
El artículo “La significación del falo” condensa y articula los desarrollos anteriores con esta cuestión. No introduce el asunto de la significación, como podría esperarse, sino que propone y trabaja al falo como significante. El escrito comienza otorgando al complejo de castración, que implica contar con este único elemento para dos posiciones, la función de nudo en relación a dos puntos que tocan la cuestión de la sexualidad.
El primero punto involucra la participación del complejo de castración en la estructuración de los síntomas y la constitución de las estructuras psicopatológicas, mientras que el segundo hace referencia a su papel fundamental en el destino sexual de un sujeto, Lacan explica: “función de nudo…en una regulación del desarrollo que da su ratio a este primer papel: a saber, la instalación del sujeto en una posición inconsciente sin la cual no podría identificarse con el tipo ideal de su sexo, ni siquiera responder sin graves vicisitudes a las necesidades de su partener en la relación sexual, e incluso acoger con justeza las del niño que es procreado en ellas.” [32]
Lacan, al señalar la dificultad en la asunción del sexo por parte de un sujeto, se pregunta, “¿por qué no debe asumir sus atributos sino a través de una amenaza, incluso bajo el aspecto de una privación? Es sabido que Freud, en el malestar en la cultura, llegó hasta sugerir un desarrollo no contingente, sino esencial de la sexualidad humana…”[33]
El complejo de castración bajo la modalidad de una amenaza, en el caso del hombre, o de una privación, en el caso de la mujer, hace del falo el patrón de medida por medio del cual cada sujeto puede lograr instalarse en determinada posición subjetiva desde la cual acceder a una identificación con aquello que se espera según sea su sexo.
Al considerar, nuevamente, el estatuto del falo en este artículo y una vez que ha descartado su carácter de fantasía, objeto o el órgano que simboliza, en el intento de dejar atrás los desarrollos postfreudianos que se perdieron en las cuestiones imaginarias de la diferencia anatómica, Lacan acentúa, una vez más, su carácter de significante. Expone “…el falo es un significante… el significante destinado a designar en su conjunto los efectos del significado, en cuanto el significante los condiciona por su presencia de significante.”[34]
Hemos mencionado que la elevación del falo como significante fundamental repercute en la división del sujeto y da lugar a la puesta en juego del deseo. Agreguemos, ahora, una característica más del falo. En línea con lo anterior decimos que la concatenación significante a la que el falo da lugar permite la producción de significados que remiten a una falta. Es decir, significante y significado dejan de ser unívoco, el falo “se convierte entonces en la barra que, por la mano de ese demonio, cae sobre el significado, marcándolo como la progenitura bastarda de su concatenación significante.”[35]
Veamos ahora como el falo ordena la relación entre los sexos e incluye allí lo mencionado.
Relación entre los sexos
Lacan definirá, finalmente, al falo como “el significante de la razón del deseo”[36] y, en torno a esta conceptualización ordenará los desarrollos respecto de la sexualidad en esta primera parte de su enseñanza. El falo crea la ilusión de que podría haber una relación, donde no hay más que malentendido y desencuentro, debido al hecho de la pérdida de la necesidad y de la naturalidad y del recurso al falo como único elemento simbólico.
Trabajaremos en este punto cómo es que Lacan articula el encuentro entre los sexos en el campo del deseo en torno al falo como denominador común. Situemos de entrada que el mismo se juega en función de “la dialéctica de la demanda de amor y de la prueba del deseo.”[37]
Es en este orden, además, en el cual Lacan ubica los desarrollos relativos a la identificación del sujeto con el objeto imaginario del deseo de la madre que ya hemos considerado. Revisémoslo, rápidamente, una vez más.
Lacan nos recuerda que una vez introducido el sujeto en el lenguaje –notemos que está allí desde siempre- recurrirá en busca de satisfacción a la demanda de amor y en este movimiento surgirá un deseo cuyo significante es extraño, “Si el deseo de la madre es el falo, el niño quiere ser el falo para satisfacerlo. Así la división inmanente al deseo se hace sentir ya por ser experimentada por el deseo del Otro”[38]
Pero, una vez que el niño se entera que la madre no tiene el falo “se sella la conjunción del deseo en la medida en que el significante fálico es su marca, con la amenaza o la nostalgia de la carencia de tener”[39], modalidad por medio de la cual el sujeto asumirá, luego, los atributos de la sexualidad.
A nivel subjetivo la sexualidad quedará marcada para el varón por la amenaza de perder aquello que en lo real él tiene y para la mujer por la nostalgia de no tener, de estar privada. El falo viene a ordenar la relación entre los sexos de acuerdo a la dialéctica del ser y el tener. En palabras de Lacan: “Digamos que esas relaciones girarán alrededor de un ser y un tener que, por referirse a un significante, el falo, tienen el efecto contrariado de dar por una parte realidad al sujeto en ese significante, y por otra irrealizar las relaciones que han de significarse.”[40]
El sujeto mediante el significante logra un encuentro con el partener que, sin embargo, no es más que de desajuste. Más tarde Lacan dirá que a consecuencia de no haber más que un único elemento en lo simbólico para ordenar dos posiciones no se hace pareja, no hay relación sexual.
De este modo, notamos que el encuentro del sujeto con el partener no es más que una comedia si de relación se trata porque, por una parte, lo que se presenta al otro para lograr el encuentro no es más que un semblante, un parecer y, por otra parte y por eso mismo, no da lugar a una satisfacción adecuada.
Lacan explica que los parteners “no pueden bastarse por ser sujetos de la necesidad, ni objetos de amor, sino que deben ocupar el lugar de causa de deseo.”[41], esto implica tomar un semblante. ¿Cómo lo hacen?
“… por la intervención de un parecer que se sustituye al tener, para protegerlo por un lado, para enmascarar la falta en el otro, y que tiene el efecto de proyectar enteramente en la comedia las manifestaciones ideales o típicas del comportamiento de cada uno de los sexos, hasta el límite del acto de la copulación”[42]
Si los seres hablantes no pueden ser de forma natural un hombre o una mujer, lo que pueden es mediante identificación a las manifestaciones esperables para cada sexo parecerlo, saldo del posicionamiento respecto del falo en el complejo de castración y el paso por el Edipo. Los semblantes identificatorios como la mascarada o la impostura permiten la atracción sexual al despertar el deseo, solución por el lado del Ideal, que no puede ser más que fallida por no ser fija, instintiva.
Silvia Tendlarz en su artículo “Metáfora del amor y dialéctica del deseo” (2002) retomando estos desarrollos explica: “A falta de ser el falo, objeto deseado de la madre, el neurótico desea tenerlo; debe encontrar, pues, una solución a su falta en ser a través del tener. Del lado del hombre, el pasaje del ser al tener le trae problemas con el tener. Si bien funcionan las identificaciones viriles con el padre, tiene dificultades con relación a qué hacer con lo que tiene. Del lado de las mujeres, de la falta en ser pasa a la falta en tener. La mujer no tiene falo ni tampoco lo es, le queda entonces la solución del parecer ser.”[43]
Y Miller, por su parte, leyendo este artículo de Lacan señala al respecto en su libro De la naturaleza de los semblantes que: “el efecto del significante fálico es hacer intervenir un parecer en la relación sexual, lo que ya supone dar una función esencial al semblante en lo que todavía no llama la inexistencia de la relación sexual. Se trata de un semblante cuya función del lado del hombre consiste en proteger el tener y del lado de la mujer, en enmascarar la falta en tener, en ambos casos debe cumplir la proyección de la relación sexual en la comedia.”[44]
La relación entre los sexos queda ordenada, así, por medio de semblantes, soluciones por el lado del parecer a la falta en ser.
Amor y deseo
Veamos a esta altura, algunas cuestiones relativas al amor y al deseo que Lacan expone a continuación en el escrito que estamos trabajando.
Lacan plantea que en el caso de la mujer, a diferencia del hombre para quien vale la escisión amorosa [45]desarrollada por Freud, convergen amor y deseo en el mismo objeto -temática que relativizará sobre el final del mismo artículo-. Esto se debe a que la mujer encuentra el significante de su deseo propio en el cuerpo de aquel hacia quien ella dirige su demanda de amor. Al tratarse del falo, el órgano no vale en cuanto tal sino por su valor de fetiche, el pene está revestido de la función significante fálica. Para ella “convergen sobre el mismo objeto una experiencia de amor que como tal la priva idealmente de lo que da, y un deseo que encuentra en él su significante.” [46]
Lacan explica que por dicha razón, esto es, la convergencia de amor y deseo en el mismo objeto, la mujer toleraría más la falta de satisfacción sexual. Señalemos que Lacan vuelve sobre esta temática en su escrito “Ideas directivas para un congreso sobre la sexualidad femenina” (1960). Dedica una parte de su desarrollo al tema de la oscuridad respecto de la satisfacción vaginal y plantea que la cuestión del orgasmo vaginal “conserva su tiniebla inviolada” [47] Expone que la ausencia de orgasmo vaginal se debe al hecho de no haber en este órgano terminaciones nerviosas y que, en caso de que se presente, el mismo respondería a una cuestión histérica. En elaboraciones posteriores Lacan dirá que no se trata de frigidez sino de otro goce distinto y suplementario al goce fálico.
En el hombre, por su parte, de lo que se trata en el amor es, “de acuerdo con la propia definición del amor, dar lo que no se tiene, es de dar lo que no tiene, el falo, a un ser que no lo es.” [48] El hombre en el amor da lo que no tiene a una mujer.
En lo concerniente al deseo, sin embargo, el sujeto es conducido hacia otra mujer. Ya Freud nos había hecho notar que en el hombre se juega la más generalizada degradación de la vida amorosa[49] (1912), título que propone para el artículo que dedica a esta cuestión. Es en otra mujer distinta de la amada donde puede aparece el significante fálico de diversas maneras, ya sea como virgen o prostituta.
Pero volviendo a situar lo relativo a la mujer, Lacan encuentra que dicho desdoblamiento también aparece en su vida sexual a causa de que para la mujer “el Otro del Amor como tal, es decir, en cuanto que está privado de lo que da, se percibe mal en el retroceso en que se sustituye al ser del mismo hombre cuyos atributos ama.”[50] Si bien, por un lado, la mujer quiere ser amada, que su partener le de lo que no tiene, en su deseo ella quiere recibir aquello que él sí tiene y aquí habría también para ella una escisión.
En el escrito “Ideas directivas” Lacan agrega algunas cuestiones interesantes en lo que respecta al amor y la elección de objeto. Dice “Si la posición del sexo difiere en cuanto al objeto, es con toda la distancia que separa a la forma fetichista de la forma erotomaníaca del amor.”[51]
En el caso del hombre la elección de objeto es fetichista, se trata de encontrar en el partener algún rasgo con valor fálico que cause su deseo. Lacan agrega que en los objetos que él elige con valor fálico el hombre tramita su propio deseo de falo, el falo deseado por la madre.
En el caso de la mujer, la elección de objeto es erotomaníaca, ella se haría amar por un partener que, debido al hecho de que “no hay virilidad que no sea consagrada por la castración, es un amante castrado o un hombre muerto” [52] Podemos enlazar los dos textos en este punto. El partener capaz de amar a una mujer es aquel que ha pasado por la castración. Puede amar aquel a quien algo le falta. Sin embargo, en el plano de su deseo, la mujer quiere recibir lo que su compañero tenga para dar.
¿Alcanza el falo para dar cuenta de lo femenino?
Hasta este punto hemos intentado desplegar las posiciones sexuales ordenadas de acuerdo a una identificación con el falo como “significante de la razón del deseo” y, con este lineamiento, pensar la relación entre los sexos.
Hemos indicado así, como la satisfacción para el hombre queda regulada por el significante fálico. Soluciona su falta en ser mediante la impostura de quien lo tiene y de esta forma intenta despertar el deseo en la mujer a la que se dirige. Da en el amor lo que no tiene a un ser que no lo es y, en el plano de su deseo, se dirige hacia quien encarna el falo de alguna forma. Las condiciones eróticas, nombradas de acuerdo a determinados significantes, le permiten relacionarse con su partener.
En el caso de la mujer, el falo le permite ordenar la cuestión del amor y de su deseo. Pero veremos a continuación que surge en ella otra vertiente de lo pulsional femenino que no termina por satisfacerse a este nivel y que Lacan comenzará a situar.
Nos proponemos analizar ahora la forma en que Lacan comienza a reconocer que lo relativo a la sexualidad femenina no se agota desde esta perspectiva fálica. Ubicamos estas interrogaciones como antecedentes de lo que más tarde trabajará, precisamente en el seminario 20, sobre el goce femenino.
Límite de la solución identificatoria
Señalemos, para empezar, como la solución identificatoria, “el parecer ser”, le sirvió en un tiempo para pensar la posición femenina. Para tomar un ejemplo recordemos como en el seminario 5 plantaba la cuestión de la feminidad como la posición de una mujer identificada al falo para atraer el deseo de un hombre. En ese momento exponía, en referencia a la mujer, que “todo lo que muestra de su feminidad está relacionado precisamente con esa identificación profunda con el significante fálico, el más vinculado con su feminidad.”[53]
Sin embrago, tanto en “La significación del falo” como en “Ideas directivas” Lacan deja entrever –cuestión que trabajará en su última enseñanza- que lo propiamente femenino estaría más allá de aquella posición que se pueda tomar respecto del falo. En el primer artículo propone que: “Por muy paradójica que pueda parecer esta formulación, decimos que es para ser el falo, es decir, el significante del deseo del Otro, para lo que la mujer va a rechazar una parte esencial de la feminidad, concretamente todos sus atributos en la mascarada.”[54]
Hay un cambio significativo de plantear que lo más vinculado con la feminidad es identificarse al objeto del deseo del Otro inventando una manera de ser mujer en la mascarada a señalar que ser el falo implica rechazar los atributos de la feminidad. Tomando esta segunda perspectiva, podemos decir que la forma más común de seducción entre los sexos aleja a la mujer de su esencia, en la mascarada dejaría ella de lado lo propiamente femenino.
El goce femenino es no todo fálico
En el segundo escrito mencionado Lacan continúa interrogándose estos puntos. En dicho artículo se propone reencausar el estudio de la sexualidad femenina de acuerdo a los conceptos que él viene trabajando por encontrar en los postfreudianos una pérdida de orientación al respecto.
Ya en la definición del tema Lacan se interroga por las vías de la libido en el caso de la mujer. Esta pregunta da cuenta de que lo que hasta hace un tiempo le alcanzaba para pensar la sexualidad tanto femenina como masculina, el falo, ahora le resulta insuficiente en el caso de la mujer.
Pensemos un poco el término freudiano libido utilizado por Lacan, ¿qué querrá decir con él? Si, por un lado, el mismo hace referencia al deseo que surge a consecuencia del recorte significante que marca el cuerpo, por otro lado, indica algo más que no se deja ubicar en la dialéctica fálica en lo que respecta a la sexualidad femenina. Si solo haría referencia al deseo, la cuestión quedaría circunscripta al falo y Lacan entrevé, como veremos, que “no todo” lo femenino se agota allí. Más tarde Lacan conceptualizará libido también como goce.
Es así como Lacan señala, por una parte, que lo que interesa por repetirse en los hechos es “la posición clave del falo en el desarrollo libidinal”[55] mientras, por otra parte, se interroga “si la mediación fálica drena todo lo que puede manifestarse de pulsional en la mujer” Y a continuación se pregunta “¿Por qué no plantear aquí el hecho de que todo lo que es analizable sea sexual no implica que todo lo sexual sea accesible al análisis?”[56] (El subrayado es propio)
Lacan cuestiona que lo pulsional en la mujer quede centrado en torno al falo. Pero, además, la segunda pregunta indica que lo sexual es no todo analizable, lo que se desprende como no todo fálico, ya que hemos señalado la estructura del lenguaje en el inconsciente de acuerdo al ordenamiento fálico y sus características. Algo en lo sexual femenino escapa a dicho orden.
Podemos relacionar esta temática, esto es, lo femenino como más allá de aquello que puede ser puesto en palabras o analizado, con la imposibilidad misma de las mujeres de decir sobre lo femenino que Lacan mismo sitúa en este texto cuando dice que “Las representantes del sexo, por mucho volumen que tenga su voz entre las psicoanalistas, no parecen haber dado lo mejor de sí para el levantamiento de ese sello.” [57] No es que no hayan dado lo mejor sino que hay algo de la satisfacción femenina que no entra en el discurso ordenado por la lógica masculina, fálica.
Destaquemos, además, que Lacan nos invita a recordar “el consejo que Freud repite a menudo de no reducir el suplemento de lo femenino a lo masculino al complemento del activo al pasivo.”[58]. De esto deducimos, por un lado, la falta de complemento en lo que respecta a los sexos como, así también, la idea de suplemento en lo referente a la feminidad.
Sobre el final del escrito nos da una definición del goce femenino más allá del falo, dice: “la sexualidad femenina aparece como el esfuerzo de un goce envuelto en su propia contigüidad (de la que tal vez toda circuncisión indica la ruptura simbólica) para realizarse a porfia del deseo que la castración libera en el varón dándole su significante en el falo.” (El subrayado es propio)
Vemos así como el falo es insuficiente para dar cuenta de lo relativo al goce en la mujer, lo propiamente femenino, fuera de discurso y, por eso, no analizable. El goce femenino se produce por fuera de la lógica fálica que ordena la cuestión del deseo.
La mujer como Otro absoluto en la dialéctica falocéntrica
Veamos, para concluir, algunos conceptos que Lacan introduce en este escrito que nos permitan, en un próximo ensayo, continuar interrogando la cuestión de lo femenino.
Lacan dice, por ejemplo, en la relación del hombre con la mujer que “El hombre sirve aquí de relevo para que la mujer se convierta en ese Otro para sí misma como lo es para él.” Y un poco más abajo agrega “Todo se puede poner en la cuenta de la mujer en la medida en que, en la dialéctica falocéntrica, ella representa el Otro absoluto.”[59]
Lacan explicita claramente lo femenino como lo radicalmente Otro respecto de la dialéctica fálica, cuestión que podemos enlazar con lo trabajado en el punto anterior. Mientras el hombre está totalmente ubicado allí, la mujer lo está del todo pero para ella no todo se juega en ese terreno, lo propiamente femenino está más allá del falo aunque no pueda ser articulado, como hemos visto.
El otro punto destacado es que la mujer no solo es Otro para el hombre sino que, asimismo, es Otro para si misma y que el hombre le permitiría a ella acceder a esta posición femenina que, aunque no se pueda decir, ella podría experimentar.
En relación a esta temática, Miller en su seminario Los divinos detalles (1989) dice “si se pueden oponer el hombre y la mujer es como lo Mismo y lo Otro… Y por esto entonces el hombre no sería diferente (Otro) de la mujer, sino que, por el contrario, el hombre es el Mismo mientras que la mujer es Otra.” Y un poco más adelante agrega “Otro como tal quiere decir no semejante ni siquiera a ella misma. Toda la contribución de Lacan sobre la cuestión de la sexualidad femenina en el texto que lleva ese título en los escritos tiene como pivote que la mujer no es semejante ni siquiera a ella misma.”[60]
Nos surge sobre el final la interrogación acerca de qué posibilidad de relación tiene los sexos mientras la sexualidad para el varón queda totalmente regulada por el falo respecto del cual la mujer es lo Otro absoluto. Pregunta que nos llevará en un próximo ensayo a abordar la última enseñanza de Lacan. Unas palabras de Miller nos ayudan a concluir: “En el inconsciente hay un punto de no saber: del hombre sobre la mujer y de la mujer sobre el hombre. Ello puede formularse así: los dos sexos son extraños el uno al otro, exiliados. Sin embargo, esta formulación simétrica no es la más correcta. De hecho, el no saber de qué se trata recae selectivamente sobre la mujer. Si no se sabe nada del otro sexo es, sobre todo porque no se sabe nada de la mujer en el inconciente. De allí la escritura: Otro sexo, para decir que es Otro, distinto absolutamente.”[61]
Conclusiones
Desde un principio se destaca la falla significante para nombrar lo femenino. En su lugar y como saldo del Edipo una mujer podrá hacer uso de la mascarada mediante identificación al falo y a las manifestaciones esperables de su sexo para entrar con este semblante a la dialéctica del deseo que le permita relacionarse con un partener. Durante un tiempo fue esta posición la que Lacan destacó como propiamente femenina.
Sin embrago, lo pulsional no se agota allí y Lacan ubica un goce envuelto en su propia contigüidad más allá del falo que da cuenta de lo propiamente femenino. Situar este goce por fuera de la lógica fálica ubica a la mujer como Otro absoluto, no semejante ni siquiera a ella misma en la dialéctica falocéntrica, constituyendo su escisión fundamental. Temática que nos quedará por desarrollar y que nos conduce a interrogar “la relación sexual ¿?”
Bibliografía:
Lacan, J., Las Psicosis (1955- 1956). Buenos Aires, Paidós, 2006. Cap. 12 y 13.
Lacan, J., “De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de las psicosis” (1955-1956) en Escritos 2, Buenos Aires, Siglo XXI Editores, 2008.
Lacan, J., Las Formaciones del inconsciente (1957- 1958). Buenos Aires, Paidós, 1999. Cap. 8, 9, 10, 11 y 15.
Lacan, J., “La dirección de la cura y los principios de su poder” (1958), en Escritos 2, Buenos Aires, Siglo XXI Editores, 2008.
Lacan, J., “La significación del falo” (1958) en Escritos 2, Buenos Aires, Siglo XXI, 2008.
Lacan, J., “Ideas directivas para un congreso sobre la sexualidad femenina” (1960) en Escritos 2, Buenos Aires, Siglo XXI, 2008.
Miller J. A., Los divinos detalles (1989), Paidós, Buenos Aires, 2010.
Miller J. A., De la naturaleza de los semblantes (2002) Paidós, Buenos Aires, Barcelona, México, 2009.
Miller, J., “Otro Lacan” en Matemas I (1987), Manantial, 1ª. ed 6ª. Reimp, Buenos Aires, 2010
Tendlarz, S: “Metáfora del amor y dialéctica del deseo” en Las mujeres y sus goces, Buenos Aires, Colecciones Diva, 2002.
[1] Léase al respecto Freud, S.: “Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia anatómica de los sexos” (1926)
[2] Lacan J., Las Psicosis (1955-1956) Paidós, Buenos Aires, Barcelona, México, 2006, p. 251
[3] Lacan J., Las Psicosis, op. cit., p. 251
[4] Lacan J., Las Psicosis, op. cit., p. 252
[5] Detenerse en el enigma de lo femenino es uno de los rasgos propios de la histeria como entidad clínica, la cuál no es privativa de la mujer. Para ampliar este punto –sin ser el objetivo del presente trabajo- consúltese Lacan, J., "Intervención sobre la transferencia" (1951) donde se trabaja sobre el artículo “Fragmento de análisis de un caso de histeria” (1986) de S. Freud.
[6] Miller J. A., De la naturaleza de los semblantes (2002), Paidós, Buenos Aires, 2009, p. 240
[7] Lacan, J., “De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de las psicosis” (1955-1956). Escritos 2, Buenos Aires, Siglo XXI Editores, 2008, p. 531
[8] Lacan, J., “De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de las psicosis”, op. cit., p. 531
[9] Lacan introdujo, por primera vez, la metáfora paterna para destacar su falla en las psicosis. Al respecto léase “De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de las psicosis”
[10] Sin ser objeto del presente trabajo indiquemos que Lacan separará Edipo y castración a la altura del seminario 17, “El reverso del psicoanálisis” (1969-1970) al destacar su carácter real consistente en la afectación del goce por el lenguaje. Como ejemplo de lo dicho tomemos la siguiente cita de la página 136 “La castración es la operación real introducida por la incidencia del significante, sea el que sea, en la relación del sexo.”
[11] Lacan, J., Las formaciones del inconsciente (1957-1958), Paidós, Buenos Aires, Barcelona, México, 2005 p. 191
[12] Lacan, J., Las formaciones del inconsciente, op. cit., p.191
[13] Lacan, J., Las formaciones del inconsciente, op. cit., p. 192
[14] Cuando predomina la interrogación en torno al deseo enigmático del Otro, se presenta una clínica en la que predomina la angustia, a diferencia de la clínica clásica de las neurosis, en torno a la dialéctica fálica y el deseo insatisfecho. Cuestión que no desarrollaremos en este ensayo.
[15] Lacan, J., Las formaciones del inconsciente, op. cit., p. 201
[16] Lacan, J., Las formaciones del inconsciente, op. cit., p. 201
[17] Para ampliar léase Freud S., “Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis” (1932), 33ª Conf. En Obras Completas, Amorrortu, Buenos Aires, 2004, vol .22
[18] Lacan, J., “La dirección de la cura y los principios de su poder”, op. cit., p. 599
[19] Lacan, J., Las formaciones del inconsciente, op. cit., p. 281.
[20] Lacan, J., Las formaciones del inconsciente, op. cit., p. 282
[21] Lacan, J., “La significación del falo” (1958), Escritos 2, Buenos Aires, Siglo XXI Editores, 2008, p. 660
[22] Lacan, J., Las formaciones del inconsciente, op. cit., p. 375
[23] Lacan, J., Las formaciones del inconsciente, op. cit., p. 382
[24] Lacan, J., “La significación del falo”, op. cit., p. 658
[25] Lacan, J., “La significación del falo”, op. cit., p. 658
[26] Lacan, J., “La significación del falo”, op. cit., p. 658
[27] Lacan, J., “La dirección de la cura y los principios de su poder” (1958), Escritos 2, Buenos Aires, Siglo XXI Editores, 2008, p. 598
[28] Lacan, J., Las formaciones del inconsciente, op. cit., p. 358
[29] Lacan, J., Las formaciones del inconsciente, op. cit., p. 388
[30] Freud S., “El tabú de la virginidad” (1918) En O C, op. cit., 2003, vol. 11, p.194
[31] Lacan J., trabaja sobre este concepto desarrollado por Joan Riviere en Las formaciones del inconsciente, p. 262
[32] Lacan, J., “La significación del falo”, op. cit., p. 653
[33] Lacan, J., “La significación del falo”, op. cit., p. 653
[34] Lacan, J., “La significación del falo”, op. cit., p. 657
[35] Lacan, J., “La significación del falo”, op. cit., p. 660
[36] Lacan, J., “La significación del falo”, op. cit., p. 660
[37] Lacan, J., “La significación del falo”, op. cit., p. 660
[38] Lacan, J., “La significación del falo”, op. cit., p. 660
[39] Lacan, J., “La significación del falo”, op. cit., p. 660
[40] Lacan, J., “La significación del falo”, op. cit., p. 661
[41] Lacan, J., “La significación del falo”, op. cit., p. 658
[42] Lacan, J., “La significación del falo”, op. cit., p. 661
[43] Tendlarz, S: “Metáfora del amor y dialéctica del deseo” en Las mujeres y sus goces, Colecciones Diva Buenos Aires, 2002, p.115
[44] Miller, J: De la naturaleza de los semblantes, op. cit., p. 148
[45] Freud S., “Sobre la mas generalizada degradación de la vida amorosa” (1921), O. C., Buenos Aires, Amorrortu editores, p. 177.
[46] Lacan, J., “La significación del falo”, op. cit., p. 661
[47] Lacan, J., “Ideas directivas para un congreso sobre la sexualidad femenina”(1960), Escritos 2, Buenos Aires, Siglo XXI Editores, 2008, p. 693
[48] Lacan, J., Las formaciones del inconsciente, op. cit., p 359
[49] Freud S., “Sobre la mas generalizada degradación de la vida amorosa”, (1912), O. C., Buenos Aires, Amorrortu editores, vol .11.
[50] Lacan, J., “La significación del falo”, op. cit., p. 661
[51] Lacan, J., “Ideas directivas para un congreso sobre la sexualidad femenina” , op. cit., p. 696
[52] Lacan, J., “Ideas directivas para un congreso sobre la sexualidad femenina” , op. cit., p. 696
[53] Lacan, J., Las formaciones del inconsciente, op. cit., p 358
[54] Lacan, J., “La significación del falo”, op. cit., p. 661
[55] Lacan, J., “Ideas directivas para un congreso sobre la sexualidad femenina” , op. cit., p. 690
[56] Lacan, J., “Ideas directivas para un congreso sobre la sexualidad femenina”, op. cit., p. 693
[57] Lacan, J., “Ideas directivas para un congreso sobre la sexualidad femenina”, op. cit., p. 691
[58] Lacan, J., “Ideas directivas para un congreso sobre la sexualidad femenina”, op. cit., p. 694
[59] Lacan, J., “Ideas directivas para un congreso sobre la sexualidad femenina”, op. cit., p. 695
[60] Miller, J., Los divinos detalles (1989), Paidós, Buenos Aires, 2010, p. 103 y 104
[61] Miller, J., “Otro Lacan” en Matemas I, Manantial, 1ª. ed 6ª. reimp. Buenos Aires, 2010
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